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jueves, 17 de octubre de 2013

Elecciones 2013: la recomposición del sistema electoral (II de II)

Camilo González

Analizados ya Veracruz y los estados del norte, este año también hubo elecciones en Tamaulipas (43 alcaldes y 36 diputados a la LXII Legislatura, donde la mayoría la tiene el PRI seguido del PAN), Hidalgo (arrasa el PRI, elección en la que solamente se eligieron diputados, ya que los ediles son, al igual que en Veracruz, electos cada 4 años), Tlaxcala (se eligen 60 munícipes y 32 diputados locales, 13 plurinominales. El estado sin duda muestra su diversidad al haber sido gobernado por todos los partidos registrados en su instituto electoral a nivel municipal); en Puebla (217 ayuntamientos y 34 diputados) y Oaxaca (153 ayuntamientos regidos por el sistema de partidos [570] y 42 diputados) donde se consolidaron electoralmente los gobiernos en turno, condición que acompaña a cada una de las elecciones de este año) y Quintana Roo (10 ayuntamientos y 25 diputados), donde gobierna el PRI. 

En 2014 se elegirán diputados (31) y alcaldes (20) en Nayarit, diputados locales en Coahuila (25), así como los presidentes municipales de Hidalgo (94). 

La cuestión sobre si se deben homologar las elecciones parece que ya no está en discusión, pues ya se tomó la decisión de reformar al IFE en INE, al parecer, incorporando la llamada “experiencia” de los institutos locales. 

Aunque parezca ocioso, recordemos cuál es la postura de Guillén Vicente, de la UNAM, sobre el tema: “Si a la luz de la experiencia de las elecciones federales de 2012 y las locales de 2013 se mira que algunos de los principales obstáculos para la democracia mexicana radican en los comicios en estados y municipios, el solo tránsito a la homologación total de las elecciones en nuestro país, sin revisar todo el entramado del federalismo mexicano, únicamente traerá a la escena política, aunque por otros caminos, aquello que se ha querido corregir con la concurrencia de las jornadas electorales, a saber, la afectación de los trabajos de negociación entre los partidos políticos, la relación entre los Poderes Legislativo y Ejecutivo de la Unión.” (http://bit.ly/179rpBb

La decisión ha sido impulsada dentro del Pacto por México al que Ricardo Alemán le da muy pocos meses de vida, y lo califica como una herramienta exclusiva para lograr 3 reformas importantes (http://bit.ly/15BDIbC). 

Por otro lado, las condiciones reales del escenario económico han complicado la argumentación que busca consolidar la reforma hacendaria. Las negociaciones políticas por parte de las bancadas que aprobarán esta semana el ingreso del paquete económico, consolidarán las negociaciones hechas dentro del Pacto de avanzar con las reformas, pero eso no quiere decir que van a lograr mejores resultados o que van a mejorar las condiciones de la economía. 

La visión de Estado atrás del gobierno en turno es la de un modelo que “muestra absolutamente un crecimiento insuficiente, los últimos doce años fueron peores, francamente mediocres, pero eso sí exitosos en generación de pobreza y desindustrialización. 

“Alguien tiene que apoyar para resolver este problema. 

“El Banco de México con una gran visión (espero que no sólo sea ocurrencia o coincidencia del doctor Agustín Carstens), y previendo las resistencias que enfrentarían los proyectos de reformas estructurales (hacendaria y energética...), trata de resolverlo y se adelanta a estos procesos: baja la tasa de referencia generando con ello expectativas positivas, enviando señales al mercado para bajar las tasas de interés, dándole un importante respaldo al mercado interno y a la economía en su conjunto, tratando de generar un entorno estable en el ámbito de la inflación, la formación de precios y posibilitando una mayor oferta crediticia y estabilidad cambiaria. 

“Recordemos que la tasa de referencia que determina el Banco de México (nuestro banco central), influye en el precio de los activos, en las diferentes tasas de interés y plazos, en el costo del crédito y el tipo de cambio. 

“La baja en la tasa de referencia en el contexto en el que estamos viviendo, no solo (sic) es relevante, sino es una medida estratégica para generar estabilidad en los mercados.” 

Continúa el Dr. Eduardo Pagaza Robles (http://bit.ly/1bIetcx): “Pero hay que reconocer que esto es totalmente insuficiente. Las posibilidades del Banco Central están acotadas, las reformas estructurales que se aprobaron a inicios de los noventa, entre ellas, la nueva Ley del Banco de México (que se aprobó en diciembre de 1993), le cortaron las manos, limitaron el ámbito de acción del Banco de México, para poder apoyar con mayores instrumentos a la economía, a la estabilidad de los mercados, el crecimiento y la generación de empleo. 

“La Ley del Banco de México, en sus artículos 2 y 18, le da un mandato en el que sólo debe responsabilizarse y preocuparse por el control de la inflación (estabilidad de precios).” 

ARTICULO 2o.- El Banco de México tendrá por finalidad proveer a la economía del país de moneda nacional. En la consecución de esta finalidad tendrá como objetivo prioritario procurar la estabilidad del poder adquisitivo de dicha moneda. Serán también finalidades del Banco promover el sano desarrollo del sistema financiero y propiciar el buen funcionamiento de los sistemas de pagos. 

ARTICULO 18.- El Banco de México contará con una reserva de activos internacionales, que tendrá por objeto coadyuvar a la estabilidad del poder adquisitivo de la moneda nacional mediante la compensación de desequilibrios entre los ingresos y egresos de divisas del país. 

“Como se puede ver, nuestros legisladores le amarraron las manos, quitándole instrumentos de intervención para apoyar al mercado interno y hacer más robusto el crecimiento de la economía. 

“El Banco de México, en la actualidad no tiene el mandato de apoyar el crecimiento económico, pero con la manipulación de la tasa de referencia lo hace indirectamente y reconoce con ello la necesidad de intervenir.” El resto de la propuesta del Dr. Pagaza incita al gobierno federal a tomar las reservas de divisas y dotar al banco central con mayores poderes para “impulsar el crecimiento de la economía [...] con el fin de fortalecer el mercado interno.” 

Me gusta su crítica a la actitud legislativa, en la conclusión de su artículo: “Espero que nuestros legisladores no se atraganten con tantos temas y proyectos de reformas que tienen que conocer, entender y procesar, sean estructurales o no.” No estoy de acuerdo en que “haya que sacar adelante” estas propuestas. La propuesta mejor debería ser que pudiéramos “sacar adelante” una reforma que nos permita sacar a los del gobierno. Pero como los legisladores no van a morder la mano que les da de comer, y los partidos políticos mucho menos, las cosas por lo pronto tendrán que cambiar, apresuradamente, para que todo siga igual. 

lunes, 13 de mayo de 2013

¿Por qué ganó las elecciones el PRI?

Sor Juana Inés de la Cruz alguna vez observó: “Hay muchos que estudian para ignorar”. Es oportuno el recordatorio, pues la pregunta que da título al presente artículo a menudo la formulan –y responden equivocadamente– círculos que tienen una relación íntima con la academia y/o la vocación intelectual. Extramuros, es decir, fuera de los confines de la reflexión cuadriculada la respuesta de rigor es: “con fraude” o “la compraron”. Si bien esta contestación estándar es absolutamente acertada, y a pesar de la aparente terquedad de la pregunta, habría que detenerse a responder con más sistematicidad esta pregunta, máxime debido a la alarmante imprecisión de las explicaciones que esgrimen “los estudiosos” a los que alude Inés de la Cruz (léase doctos o especialistas en la materia), que insisten en cargarle el muerto de la “restauración priista” a la inoperancia institucional o a la laxa politización-civilidad de la sociedad mexicana. Un subterfugio que si bien es preocupante, tan sólo es característico de la caducidad de los análisis académicamente “imparciales”, políticamente correctos. El francés Gilles Lipovetsky no desatiende este patente fenómeno: “Por todas partes se propaga la ola de deserción, despojando a las instituciones de su grandeza anterior y simultáneamente de su poder de movilización emocional. Y sin embargo el sistema funciona, las instituciones se reproducen y desarrollan, pero por inercia, en el vacío, sin adherencia ni sentido, cada vez más controladas por los ‘especialistas’, los últimos curas como diría Nietzsche, los únicos que todavía quieren inyectar sentido, valor, allí donde ya no hay otra cosa que un desierto apático”. Encuentran eco las palabras de Sor Juana: los especialistas “estudian para ignorar”. Pero lo que nos interesa e intriga es el diagnóstico de Lipovetsky, pues refiere a una primera pista para responder la pregunta que se ha formulado: “el sistema funciona, las instituciones se reproducen y desarrollan, pero por inercia…” 


El indiscreto desencanto de la política 

El gran cáncer de nuestra era: la apatía. Que el PRI comprara votos, adulterara el cómputo con la venia del IFE, contraviniera la ley electoral, es un hecho menor si se le contrasta con la indiferencia que domina entre gruesos sectores de la sociedad, particularmente en relación con la res pública. En la era posmoderna o de capitalismo avanzado, las solidaridades se han fracturado (el programa “Solidaridad” es un chascarrillo de ironía prepotente). La sociedad actual se agrupa en torno a intereses privados, y la defensa del derecho público no pocas veces se califica como un acto de inadaptación social. Toda movilización colectiva, en las histéricas cruzadas de la prensa amarillista, y en la apática vox populi de amplia cobertura, tiene un tufo de perturbación del orden público, vandalismo o desencadenamiento de resentimiento populachero. El sistema político mexicano encontró en la abulia a su más leal cómplice. Porque la defraudación específicamente electoral es sólo un eslabón más en la operatividad natural de la maquinaria estatal. Al final, es la deserción de vastos segmentos sociales en relación con la cosa pública, lo que ha permitido, al menos parcialmente, la reedición-continuación de un poder caduco. Pero este desierto no es accidental: los intereses privados que intervienen efectivamente en los ritos “democráticos” inducen esta indiferencia. Los llamados poderes de facto han sustraído el mando a los poderes de derecho: si las decisiones cruciales relativas a la educación, la salud, la economía, la cuestión alimentaria, las finanzas, se toman en otras instancias (las juntas administrativas de las transnacionales) ¿qué caso tiene atender las convocatorias de un cuerpo exangüe –el cuerpo político? La política transitó hacia el espectáculo, se vació de su otrora sustancia. La nación languidece, aunque el estado de competencia prospere. O más bien, el estado de competencia florece a expensas de la nación. Que nadie se alarme con el triunfo electoral del PRI. En la era de la apatía, el desencanto, la indiferencia, cualquier estulto –grupo de interés o individuo– se entroniza sin impugnaciones u objeciones que desafíen su oprobioso reinado. 


Las elecciones de la ignominia 

En algo acertó Javier Sicilia: las de 2012 serían “las elecciones de la ignominia”. Que el PRI, y su candidato de papel o teleprompter, obtuvieran el triunfo en la elección federal es sólo sintomático de la degradación que priva en las borrascosas cumbres palaciegas, y en una buena parte de la sociedad. “El que llegue [al poder] va a administrar la desgracia en este país, porque va a llegar no con la unidad ciudadana, sino con votos relativos”, advirtió Sicilia. Y para esto de gobernar en la ignominia, administrar la desgracia, facilitarse triunfos sin respaldo popular, comprar votos a granel, regir en un entorno de criminalidad, corrupción e impunidad demencial, no existe persona moral o entidad política más idónea que el PRI. Pero extrañamente casi nadie quiere recordar este contexto deshonroso que enmarca las elecciones. Ramón Kuri sí, y escribe: “Escindir la jornada electoral del 2012 de su contexto y de su historia es un asunto de supervivencia para la clase dirigente. Recordar y reclamar lo hecho y lo deshecho los condena. De ahí el interés por considerar sólo la cantidad de votos, no la calidad de la elección” (Erase una vez la suave patria). 


La certeza del fraude 

El PRI ganó las elecciones porque no podía ganar nadie más. El PRI no es un partido; válgase la aclaración, especialmente para politólogos o analistas políticos (“muchos que estudian para ignorar”). El PRI es un estado, una cultura, una estructura histórica, una forma de ejercicio y tenencia del p
oder. Aunque se escinda en múltiples colores –amarillo, verde, blanquiazul–, al final el contendiente es uno solo: el PRI.

http://www.jornadaveracruz.com.mx/Nota.aspx?ID=130510_052958_661


miércoles, 17 de octubre de 2012

La alternancia en Veracruz, posibilidades y consecuencias.

A diferencia del pasado triunfo electoral del PRI, donde no hubo festejos ni celebraciones populares espontáneas o inducidas, el mes de julio del 2000 fue testigo de la euforia ciudadana por el advenimiento de la alternancia política gracias al triunfo del PAN. Incluso el ambiente académico y de analistas ‘serios’ de la política nacional festejó a su manera, considerando el hecho como el inicio de la modernidad y la democracia en México. Ahora muchos de ellos prefieren olvidar su entusiasmo, ocultando  mal su alegría por el regreso del parque jurásico.

En aquel amanecer del nuevo siglo, los estudiosos de la política consideraron concluida la transición, tomando en cuenta que se cumplían con el triunfo panista, las condiciones básicas para considerar a México un país democrático. Las otras dos serían la existencia de un sistema de partidos estable, competitivo, así como de órganos electorales autónomos que barnizaban de legitimidad los procesos electorales.

Las condiciones actuales nos enseñan que esas condiciones, si bien se cumplieron formalmente hace doce años, no fueron suficientes para seguir manteniendo el optimismo. Los órganos electorales han perdido buena parte de la legitimidad de la que gozaban; los partidos junto con los políticos, están hoy peor calificados que la policía (aunque es seguro que nunca estuvieron en primer lugar en la confianza ciudadana); y la alternancia provocó un desencanto tal que resulta casi imposible disociarlo de la pasividad de la población ante la imposición del copetesaurio.

Sin embargo las cosas han cambiado, para bien o para mal. El relativo cambio del sistema político mexicano -que Cosío Villegas definió a partir de la relación entre el presidente y el partido como sus piezas fundamentales- hoy ya no funciona igual. Tal vez por ello los ganadores de hoy sueñan con revivir los tiempos de Díaz Ordaz. Pero el horno ya no está para esos bollos con forma de dinosaurios. El tigre anda suelto, como dijo Porfirio Díaz antes de subirse al Ipiranga, y no se ve quien pueda meterlo a la jaula otra vez. Habrá que señalar que el tigre de hoy no es amarillo con rayas sino verde olivo. 

Es por eso que considero que la alternancia en Veracruz, si bien no sería un parteaguas de la política del estado, aparece como una necesidad histórica, como una prueba de que los cambios tocan también al territorio heredado por Santa Anna a la jarana y la marimba. Y lo digo porque en otro estado tradicionalmente gobernado o explotado (elija usted de acuerdo a su ideología) por el PRI, como lo es Oaxaca, las cosas parecen alejarse de la modorra política de décadas, al grado de que algunos añoran la mano dura mientras que los menos conciben escenarios inéditos aunque sin soltar las campanas al vuelo.

Lo que se ha visto en Oaxaca es la ausencia de un centro político fuerte, abriendo nuevos espacios para actores político otrora marginados por el partidazo y sus integrantes. Pero además, la población empieza a vivir un mundo desconocido y apenas imaginado en otros tiempos: un mundo sin el PRIcámbrico. Y esa experiencia difícilmente evitará que los oaxaqueños empiezan a pensar en construir nuevas condiciones, nuevas organizaciones, nuevas ideas para enfrentar a los caciques, a las oligarquías, los dueños del dinero que por generaciones han dominado la cuan de Juárez. El sólo hecho de haber derrotado al PRI resulta un desafío, un acto de rebelión, un acto de conciencia y madurez política, a pesar de sus limitaciones, que los maximalistas no dejan de señalar.

Lo anterior no puede ser pasado por alto en Veracruz por los que han vivido montados en el macho por más de cincuenta años y por eso están muy preocupados con la posible y probable alianza entre el PAN y el PRD, aunque declaren lo contrario. Habrá que decir que ante la eventualidad de que MORENA se convierta en  partido político, las posibilidades de que la alianza mencionada sea efectiva se reducen pues buena parte del voto perredista en la entidad se dividiría. Pero aun así, tarde o temprano la alternancia en Veracruz llegará, con sus defectos y limitaciones, y las consecuencias serán imprevisibles pero estimulantes. Y al igual que en Oaxaca será producto de una acto de conciencia, de rebeldía, de madurez política.

sábado, 15 de septiembre de 2012

Elecciones 1988, 1994, 2006, 2012: Golpes de Estado Constitucionales


La historia oficialista u oficiosa documenta que el último golpe de Estado en México ocurrió en 1913, tras la ejecución de Francisco Madero y José María Pino Suarez y la consiguiente instalación de una dictadura militar comandada por Victoriano Huerta, a quien a menudo se le endosa la etiqueta de “traidor”. La natural mutación de los conceptos, sumado a un oscurantismo sostenido y sustentable, impide advertir que la historia reciente del país está marcada por el signo del golpismo, sombra tenaz de la política latinoamericana, fórmula tosca de arrodillamiento ante los intereses de la metrópoli en turno. 

Siempre un paso atrás de Estados Unidos, México señorea a los países de la región (felizmente cada vez son menos) que siguen con adhesión casi fanática las disposiciones emitidas desde la mal llamada “América” (aunque su otrora extensión irrestricta permite pensar que el apelativo continental no fue gratuito). Pero esta alienación nacional sólo ha podido sostenerse con base en la violencia e imposición, la violación sistemática de las normas legales, la vulneración obstinada de los mecanismos de sucesión gubernativa, la desestabilización de la economía, el caos social sembrado desde el poder, la instalación de una dictadura que, no obstante su aparente blandura, usurpa y monopoliza eficazmente el poder político. Se trata exactamente de los elementos que figuran como referentes de un golpe de Estado de carácter constitucional: a saber, un golpe orquestado por el grupo que está en el poder para producir un cambio de régimen pero sin desplazar a las fuerzas que gobiernan. Nótese que un golpe de Estado no supone necesariamente el derrocamiento de un sistema. Basta con tomar el poder de modo violento, accidentado, ilegítimo (nula aceptación ciudadana) e ilegal para hablar ya de un coup d’État

Las elecciones en México, y más claramente desde 1988, están impregnadas de un tufo golpista: con la tristemente célebre “caída del sistema” de 1988, y el advenimiento de un sistema multipartidista, se inaugura la figura del golpe de Estado constitucional como canon de transición en el poder, en sustitución del antiguo “dedazo” –modalidad anacrónica para la naciente “democracia mexicana”. En 1994, tras un sexenio marcado por el latrocinio, las elecciones de este convulsionado año se resolvieron con violencia típicamente golpista: Luis Donaldo Colosio, candidato virtualmente triunfador, fue ejecutado –se presume– por su propio personal de seguridad. El crimen nunca se aclaró. Y la extraordinaria impunidad que rodeo al caso conduce a sospechar que las más altas esferas del poder político estuvieron involucradas. En 2006, se vivió acaso el proceso electoral más viciado, siniestro e irregular que se conoce hasta ahora. Se trata del más claro caso de golpismo constitucional. El fraude estrictamente electoral se efectuó por múltiples flancos: propaganda “sucia”, coacción de voto, manipulación de conteo y cómputo, etc. El golpe se confirmó inmediatamente después de la toma de protesta del presidente (no)electo, con la instalación de una política de Estado belicista, la suspensión de facto del derecho público, la militarización y paramilitarización del país, la entronización de una guerra civil arbitraria y el consecuente ensangrentamiento del suelo nacional. 2012 corrobora cuán efectivo fue el golpe de 2006: en un entorno de desestabilización generalizada, pudrimiento institucional, desgarramiento social, violencia estructural, se pudo imponer un régimen ilegítimo e ilegal a través de los conocidos métodos golpistas que rigen la sucesión político-administrativa en nuestro país. 

Eso que los intelectuales a sueldo llaman “incipiente democracia mexicana” es más bien un sistema político cuyo modus operandi natural, sexenal, es el golpe de Estado constitucional.

jueves, 19 de julio de 2012

El #YoSoy132Xalapa y la derrota del PRI en la capital de Veracruz


Los resultados de las elecciones para diputado federal en Jalapa demuestran, en primer lugar la alta volatilidad de las preferencias electorales en el distrito; pero también la estrecha relación y particular lectura que los movimientos están haciendo de los conflictos en el escenario nacional e internacional, lo que les permite romper el cerco institucional y mediático para combatir el sometimiento y la humillación.

En el estado de Veracruz, Jalapa se distingue por haber vivido ya la alternancia en la presidencia municipal y en el congreso local. Esta vez el ganador (PRD) gana y por mucho a un candidato que había sido edil de oposición -antes del neoalemanismo- para iniciar una carrera burocrática en ascenso… hasta los acontecimientos de principios del año en Boca del Rio. Si se toma en cuenta que tradicionalmente el estado de Veracruz ha sido un bastión del PRI, (aunque mucha gente se pregunta por que perdió Peña y ganaron casi todos  los candidatos a senadores y diputados) la particularidad del votante jalapeño lo distingue en y lo coloca al lado de Oaxaca, Guerrero, Tabasco y el Distrito Federal. ¿Cuáles fueron las causas de los resultados electorales?

En el plano nacional el efecto AMLO jugó un papel destacado, cobijando a una delegación partidista débil y fragmentada y a un candidato que contó con poca cobertura mediática y menos propaganda a lo largo de toda la campaña, y esta última aplastada por la propaganda de los otros partidos, incluyendo la campaña presidencial y la de senadores. El aumento de la inflación, el desempleo y la violencia así como la militarización rampante aportaron casi todo lo demás. La desastrosa administración de Calderón agudizó los conflictos y la crisis mundial le dio la puntilla a la continuidad panista en Los Pinos. La pelea fue entre AMLO y Peña y el presidente no dejó lugar a dudas de quien era su gallo. Este hecho marcó la coyuntura nacional y definió el voto de much@s.

En el plano local, el asesinato de Regina Martínez, en un contexto de aumento de la violencia en la ciudad y el estado de Veracruz, caracterizó en gran medida la coyuntura electoral jalapeña; sucedió casi en medio del proceso y capturó la atención de medios internacionales -sobre todo hacia la situación de los derechos humanos en la entidad- lo que afectó la imagen oficial, principal aval de sus candidatos. El único distrito ganado por el PRD en el estado fue la capital, lo que subraya el impacto del terrible acontecimiento, que muy probablemente generó un sentimiento de indignación que abonó para la aparición del movimiento juvenil #YoSoy132  en Jalapa.

Tal vez les resulte chocante a los estudiantes saber que sus manifestaciones y en general toda su crítica al sistema haya afectado a los partidos políticos, dado su apartidismo, pero se puede sostener que fue un efecto colateral, no calculado y sobre todo imposible de ignorar. Los aplausos, toques de bocinas y el apoyo que los habitantes de Jalapa brindaron a los manifestantes tuvo un impacto en los resultados electorales; que no se pueda calcular con exactitud no quiere decir que el fenómeno sea inexistente. Si a esto se agrega que durante el último año varias partes del mundo han experimentado movimientos similares, no se puede dudar del efecto #132 en los resultados electorales.

La coyuntura internacional tuvo mucho que ver para la conformación de un movimiento estudiantil que contribuyó a popularizar la idea de castigar al sistema. La primavera árabe, los indignados en España y los Ocupa en Estados Unidos son fuente de inspiración, no sólo para la juventud si no para la población en general. En particular para los estudiantes en Jalapa habría que agregar que el movimiento estudiantil en Chile, encabezado por Camila Vallejo y estuvo en la mira internacional por varias semanas, no debió haberles sido indiferente. 

Se podría decir que el elemento más prometedor y halagador (si es que caben los halagos en el mundo en que vivimos)  de esta coyuntura electoral se localiza en el corazón y la mente de los que participan en el #132 y en organizaciones  y colectivos estudiantiles en buena parte del territorio nacional. Su compromiso ético, su capacidad para burlar el cerco mediático, su optimismo arrollador, son una consecuencia inesperada de un proceso electoral deprimente y humillante, o al revés, del cual nada bueno podía y podemos esperar. 

Resulta en extremo necesario que se imaginen otros mundos, que se pueda pensar al margen del poder y sus símbolos. Las manifestaciones estudiantiles en Jalapa y en México  fortalecieron a la oposición partidista, si bien de manera limitada, canalizando el hartazgo de una amplia franja de la población hacia la resistencia y la oposición al régimen. 

Lo anterior puede parecer la confirmación de la especie, difundida por buena parte de la opinión pública nacional, de que el #132 es un movimiento controlado por los partidos políticos. Pero esto no deja de ser un argumento descalificador y limitado pues el movimiento, a pesar de su apartidismo no es un movimiento apolítico. Pero a diferencia de los partidos políticos concibe la política más allá de las elecciones, aunque no las desprecia en su respeto a la legalidad. 

Hasta el momento ha sobrevivido a la emergencia popular, producto del megafraude, manteniéndose fiel a sus principios y concibiendo sobre la marcha una manera de comunicarse en una estructura nacional pero manteniendo la autonomía de las asambleas locales y procurando adaptar, operar, los acuerdos nacionales en la realidad local y regional. Lo que está claro es que el #132 pisa con ganas en la arena política y está abierto a alianzas con otros movimientos. ¿Hasta dónde llegará?

lunes, 16 de julio de 2012

Extinguir al Dinosaurio

Rafael Toriz y Ernesto Priego
 
¿Quién que tenga mirada puede quedarse callado? En un artículo reciente, publicado por Milenio (el mismo periódico que durante toda la campaña electoral se abocó a inflar la candidatura del priísta Enrique Peña Nieto, como quedaría reconocido por el pseudo periodista Ciro Gómez Leyva, uno de sus principales epígonos) León Krauze publicó el artículo El destino de AMLO, en el que señalaba, redondeando la farsa electoral que desean maquillar como una elección democrática, lo siguiente:

viernes, 6 de julio de 2012

“México votó, Peña no ganó”: Crónica de un patria agraviada


1º de julio, jornada matutina-vespertina 

 La contienda electoral transcurre con las habituales “anormalidades” protocolarias –invitadas de rigor al banquete cívico-democrático comicial: decenas de camiones transportando acarreados; “mapaches” merodeando las casillas con la soberbia e indiscreción que confiere la impunidad suscrita desde el poder –una suerte de fuero paracomicial; traslado masivo de grupos afiliados al partido oficial, filtrados selectivamente en casillas, a fin de disminuir los votos de electores no coaccionados; esperas de 8-10 horas para ejercer el derecho incoloro –cortesía de la democracia teatral– de tachar una boleta con sospechoso lápiz deleble; protestas ciudadanas ante la insuficiencia de boletas en casillas, sofocadas toscamente con represión policial; despliegue aparatoso de convoyes militares; funcionarios de casilla prepotentes e incompetentes; módulos para la atención de delitos electorales atestados con denunciantes; brotes de violencia política a granel; agresiones sistemáticas a observadores acreditados e independientes; conatos de bronca en casillas especiales (foráneas); reportes de balaceras en no pocas entidades; robo de urnas en múltiples casillas; ciudadanos frustrados al no poder emitir su voto… 

1º de julio, jornada nocturna 

Al cierre de la edición comicial, Leonardo Valdés Zurita, presidente del Instituto Federal Electoral, profiere el siguiente mensaje en televisión abierta: “México tuvo una jornada electoral ejemplar, participativa, pacífica… Hoy vivimos la democracia con absoluta normalidad y tranquilidad. Hemos consolidado nuestra democracia electoral”. Más tarde, el licenciado Felipe Calderón, con gesto de júbilo contenido, secunda: “Siempre he creído que cuando hay elecciones libres, quien verdaderamente gana es el pueblo de México… Hoy, México se refrenda como un país de libertades, que ocupa un lugar privilegiado de pleno derecho, en el grupo de naciones democráticas del mundo”. Al filo de las 23:45, tras darse a conocer anticipadamente las cifras preliminares “oficiales” (22.25% de las actas registradas), las televisoras sintonizan un discurso de Enrique Peña Nieto en el auditorio de la sede nacional priista, donde el candidato se autoproclama vencedor indiscutible en los comicios, y pomposamente se declara presidente electo: “Esta es una noche de júbilo, de fiesta y alegría porque los resultados son precisos y claros de que Compromiso por México [sic] ha ganado y con ello ganó México… La mía será una presidencia moderna…” En redes sociales empieza a circular el juicio de la ciudadanía: “Montaje insultante”. 

2 de julio 

Cientos de miles de personas, predominantemente jóvenes, se manifiestan en las calles de las principales ciudades de la república, lanzando consignas de repudio a los órganos electorales, a las televisoras, al candidato del PRI, y al proceso comicial en su conjunto: “México votó, Peña no ganó”; “Peña, entiende, el pueblo no te quiere”; “Aquí se ve, aquí se ve, que Peña Nieto Presidente no va a ser”; “Televisa, y el PRI, vendieron mi país”; “Ni un fraude más”. La gente desde sus automóviles pitaba en señal de respaldo. Contagiados por el ánimo combativo de los manifestantes, los transeúntes se sumaban a los nutridos contingentes. Padres de familia trasladaban en auto a sus hijos hasta las inmediaciones de los campamentos insurgentes, azuzándoles con un “¡No se dejen!”.

 5 de julio 

Con un avance parcial en los cómputos distritales, e ignorando el arsenal de irregularidades, el IFE confirma el triunfo virtual del candidato priista. El PRD, partido de oposición, solicita un recuento integral de las actas. El IFE únicamente concede la apertura de un 54% de los paquetes electorales. Más tarde, el “supremo” órgano electoral anuncia que el cómputo –otra vez plagado de inconsistencias– no varía un ápice. Se intensifican las movilizaciones. Los jóvenes toman por asalto las avenidas y plazas públicas en el país. Un banquete de consignas musicalizan las marchas: “Ese recuento, es puro cuento”; “México te quiero, por eso te defiendo”; “Si hay imposición, habrá revolución”. Reaparece la manta que corteja las manifestaciones juveniles desde su emergencia: “Se tardaron, pero qué bueno que ya llegaron. Atentamente, La patria”.

miércoles, 4 de julio de 2012

Contrapolítica y ciudadanía. Las lecciones del proceso electoral en México


Un pilar de la política liberal es el concepto de ciudadanía, ya que permite establecer de manera virtual la igualdad entre los miembros de una república aunque en la realidad es una pantalla muy útil para que siga operando la desigualdad. ¿Cuáles son los mecanismos que apuntalan esta idea? Las elecciones, los partidos políticos y la representación.

Las elecciones ofrecen una ‘realidad’ en la que, en su calidad de ciudadanos, todxs los mayores de 18 años pueden votar con el argumento de que es hasta esa edad en la que se puede tener conciencia de la responsabilidad que implica ejercer derechos políticos. Lo mismo decían en el siglo XIX de las mujeres y los esclavos, los cuales por su condición social se les consideraba ayunos de conciencia y responsabilidad, aunque tuvierna mas de veinte años, trabajaran y mantuvieran una familia. En el fondo está la idea de que para ejercer derechos es necesaria una educación que permita ´humanizar´ a las clases peligrosas y que, gracias al  ascenso intelectual dejaría de ser parte de ellas, especie hoy más vigente que nunca. En el pasado sólo era digno de confianza, probo, honrado y por lo tanto elegible para decidir, aquel que demostraba su calidad intelectual, su capacidad de razonar de acuerdo a los principios del liberalismo y que fuera propietario. En nuestros días se podría pensar que hemos prosperado pues el voto universal se ha implantado en buena parte de los países del mundo, pero los resultados electorales parecen ser operados por la voluntad de unos cuantos, convirtiéndose en una imposición que alimenta la creencia de que la democracia liberal es la mejor forma de gobierno, aunque ganen los autoritarios, los fascistas y los ladrones.

Y es que el mecanismo fundamental para articular la crítica al concepto de ciudadanía radica en la conformación de la representación y en el control que los partidos ejercen sobre ella. Es a la hora de reclamar la posibilidad de ser votado que el sufragio universal muestra su rostro oscuro: sólo se puede ser elegible, en el caso mexicano, si y solo si los dueños de los partidos políticos lo admiten en sus filas. Es tal la sofisticación del mecanismo que incluso sus usuarios privilegiados están proponiendo una reforma que permita la existencia de las candidatura independientes, las cuales seguramente servirán para ocultar el hecho de que son las oligarquías políticas y sus jefes, las oligarquías económicas, las que seguirán gozando de una ciudadanía de excepción. Y si no pregúntele a los dueños de las televisoras, que vienen a completar la farsa del sufragio universal con su propia contribución para hacer prácticamente imposible que un ciudadano ajeno a los dueños del dinero pueda convertirse en un representante popular.

Este mecanismo aclara entonces el tendón de Aquiles del concepto de ciudadanía pues su esencia tiene que ver con la igualdad, o mejor dicho con la promesa de igualdad, de todos los miembros de una república liberal. Justo cuando se instala la competencia electoral en México resulta más evidente este artilugio ideológico para crear una realidad virtual, un velo que oculte con ‘elegancia’ cínica que la igualdad política es una quimera. Que las elecciones están para confirmar la elección de un candidato previamente autorizado por los grupos de poder, nacionales o extranjeros.

Base del edificio liberal construido a lo largo del silgo XIX y parte del XX, la ciudadanía es hoy una concepto vacío que ya no entusiasma más que a los desesperados o a los mercenarios del poder estatal. La participación ciudadana no es más que el sometimiento razonado de los ciudadanos a las políticas públicas, impuestas desde arriba. Pero las cosas ya no funcionan tan bien en ese aspecto. Muchísima gente está cada vez más renuente a defender un estado poniéndose la camiseta de ciudadano o subirse en un avión y viajar miles de kilómetros para defender la democracia liberal a balazos. Hay que prometer ciudadanía (que ironía) o buenos sueldos para que, obligadas por la necesidad, surjan personas dispuestas a matar  o morir por una bandera. El caso de la guerra de Irak demuestra lo anterior. Miles de personas en EEUU fueron persuadidas, gracias a la oferta de becas universitarias o regularización de su calidad migratoria, para lanzarse al vacío de una guerra en donde simplemente luchaban para sobrevivir para poder obtener su recompensa.

En este sentido, las recientes elecciones presidenciales en México se disputaron entre tres candidatos de tres partidos políticos que aplicaron un férreo control sobre las designaciones de los candidatos y que apelaron a los ‘ciudadanos’ para elegir entre los individuos que las burocracias partidistas habían seleccionado previamente. El resultado de la elección ha sido cuestionado por muchos y festejado por no tantos y siguiendo la concepción liberal de ciudadanía, algunos insisten en culpar a la ignorancia y la pobreza como causa principal de que el megafraude priísta haya tenido éxito. Es decir, más allá del lugar que ocupen en el espectro liberal, los actores políticos siguen pensando que el problema no es la democracia electoral que reverencian con hipocresía sino, como en el siglo XIX, por la falta de conciencia y preparación de las mayorías. Y yo me pregunto: ¿Cuál es la diferencia entre el voto comprado por una despensa y el voto conservador otorgado (este si producto del razonamiento responsable y culto) por las clases medias y altas? ¿Qué el primero es producto de la manipulación que lucra con la necesidad mientras que el segundo de la manipulación sutil, ilustrada que lucra con el racismo y la discriminación? Al final, tanto el voto irresponsable e inconsciente como el informado y responsable coincidieron en regresar el reloj de la historia política mexicana a los años setenta. La discusión sobre los resultados de la elección pasa por alto que es el proceso y los mecanismos de la democracia liberal los que deben ser superados, puestos en la picota, en lugar de gastar energías en tratar de limpiarlos para regresarlos a su esencia original, imaginaria, porque la verdadera es la de siempre. Incluso el movimiento #YoSoy132 parece decirnos que el problema no son las instituciones liberales sino los seres que las controlan. Que cambiando las personas al mando el sistema funcionará perfectamente. Sin menospreciar su lucha, el movimiento estudiantil tiene que comprender que si sigue alimentándose de esa idea acabará trabajando para el sistema. De hecho se podría decir que ya lo hizo, pues incluso sus adversarios se deshicieron en elogios hacia el movimiento, lo que genera sospechas de su eventual naturaleza antisistémica. Si lo fuera en realidad, difícilmente las televisoras o los dinosaurios de diferentes colores lo hubieran elogiado y tratado con tanta deferencia.

La crítica al liberalismo pasa por la crítica a la política liberal y sus conceptos centrales. Los neozapatistas, al romper con la estrategia de dos pasos que coloca en el centro de la acción la toma del estado para después cambiar el mundo, iniciaron el asalto al liberalismo en el continente americano; creo que debe ser teorizado y practicado para construir nuevos conceptos que describan un mundo nuevo, diverso. Un mundo después del liberalismo que conciba el fin de la explotación, el racismo y la discriminación con nuevas representaciones de la realidad que abandonen definitivamente el ideal liberal, el cual cumplida su misión histórica debe ser superado.

viernes, 29 de junio de 2012

La certeza del fraude

El fraude ya se configuró. Tiene un semblante extra-comicial. El día de las elecciones sólo se confirmará formalmente su fatal materialización. Y es que la democracia electoral es por sí misma un fraude aparatoso, una simulación cuyo objeto es dotar de legalidad a un sistema social tiránico. Los partidos políticos sencillamente constituyen un mecanismo de sublimación que desplaza la conflictividad ontológico-política –inherente a una sociedad estratificada– al terreno que más conviene a la clase social dominante: a saber, el de la farsa, el de la fórmula circense a veces con pan, a veces con tortas condimentadas con estafilococos (recuérdese los más de 700 intoxicados en un mitin de Sergio Dolores, priista, en el Edo. de Guerrero).

Carlos Reygadas, director de cine, acierta parcialmente cuando sostiene que “en democracia muchas veces se vota por el menos malo, [aunque] esta vez se ha rebasado el límite de la subrepresentación”. Lo que no dice Reygadas, ya sea por desconocimiento o mala memoria, es que la subrepresentación es la norma en los sistemas democráticos, inclusive en aquellos que se ufanan de ser altamente funcionales. Cabe recordar, que el formato democrático vigente supone la delegación de facultades individuales a un “todo” abstracto: el Estado. Los partidos políticos, entelequias enquistadas en la maquinaria estatal, tienen la encomienda de llevar a feliz término la realización de la “voluntad general”, concepto eufemístico que bien pudiera traducirse como “dictadura de una mayoría al servicio de una minoría”. Resumidamente, en democracia la representatividad sólo abarca a los estamentos dirigentes. Otra vez un director de cine, esta ocasión Alfonso Cuarón, aduce con incisiva precisión: “la tiranía del siglo XXI se llama ‘democracia’”. 

Por eso llama la atención que el Instituto Federal Electoral (IFE) exhorte a los candidatos a convalidar anticipadamente un proceso fraudulento de principio a fin. En sentido estricto, es un llamado a la ciudadanía a aceptar las reglas de un ejercicio político orgánicamente viciado. Esto es, a suscribirse sin recurso de amparo a una normatividad –la democracia constitucional– que aquí hemos definido como una “política de pequeñas concesiones, grandes saqueos a las masas”. No es casual que frente a las demandas ciudadanas expresadas ante el IFE (incorporación de observadores del YoSoy132, presencia ciudadana durante el cómputo electoral, etc.), seudoperiodistas de distinguida prosapia como Héctor Aguilar Camín sostengan casi socorridamente que “…Todas estas cosas [solicitudes ciudadanas] son imposibles física o legalmente”. Sólo les falta añadir: “Entiendan que la democracia tiene límites insoslayables, méndiga prole resentida”. Es apenas sintomático que el IFE haya atendido tan solícitamente el llamado a los candidatos que emitió el Consejo Coordinador Empresarial para que éstos se comprometieran por escrito a respetar el resultado de la contienda. Mientras que, por otro lado, aplicando un criterio marcadamente sesgado, hiciera caso omiso a las peticiones de los jóvenes YoSoy132 en lo tocante a la realización de un tercer debate presidencial y a la participación de estos jóvenes como observadores de casilla. 

Imperativos categóricos de la democracia: a saber, la ley de hierro de la oligarquía, la irrenunciable subrepresentación de la ciudadanía, el consenso forzado como estrategia para atemperar el disenso razonado. 

Ante la certeza del fraude, ¿qué hacer el próximo 1º de julio? Uno de los escasos argumentos valiosos que leí a favor del voto se lo debo a un colectivo feminista. Reprodúzcole a continuación: “Quiero que gane [AMLO] para debatirle sus posturas sobre nuestros temas. Prefiero convertirme en la oposición de AMLO que de cualquiera de los otros” (Marta Lamas, Proceso). 

En suma, de los fraudes el menor.

jueves, 28 de junio de 2012

Fraude

A escasos días de que se lleve a cabo la jornada electoral en nuestro país bien valdría la pena llevar a cabo algunas reflexiones que vayan más allá de la política partidista en la que nos hemos visto envueltos los últimos meses. Ante tanta propaganda, manipulación mediática, debates, acusaciones y grilla barata, es fácil perder de vista la realidad del juego electoral. Es necesario poner en perspectiva tanto los acontecimientos recientes como lo que ocurra después del 1º de julio y dilucidar así el sentido real del proceso democrático.

Las elecciones nos presentan una falsa disyuntiva en la que el dilema no es entre votar por un candidato u otro. La verdadera disyuntiva se encuentra en legitimar o no mediante el sufragio un sistema de representación que dice ser “del pueblo para el pueblo”, y termina siendo de unos pocos para otros menos.

Tanto el abstencionismo como el voto nulo son expresiones del descontento generalizado ante un sistema cuya ineficacia para resolver los problemas estructurales de la sociedad es probada. Los partidos políticos no se representan más que a ellos mismos, y los gobiernos electos ejercen el poder en función de determinados intereses que, en el mejor de los casos, no coinciden con los de las mayorías, por no decir que son completamente opuestos.

El gran problema radica en la vaga definición que existe de la democracia. Un sistema de gobierno de ineficacia probada, cuando de canalizar y resolver demandas sociales se trata. Sin embargo, es también un modelo extremadamente útil y eficaz a la hora de dar una apariencia de cambio, al tiempo que se mantienen y refuerzan las condiciones necesarias para la reproducción de un modelo económico intrínsecamente desigual.

El próximo domingo no habrá un fraude orquestado desde las altas esferas del poder para impedir el eventual triunfo de un candidato determinado en la manera en la que se practicaba hace décadas en la tradicional política mexicana. El fraude existe ya, aún antes de que se instalen las primeras casillas. El fraude es por sí mismo el sistema democrático tal cómo se lleva a la práctica en la mayor parte del “mundo civilizado”.

A nadie le quede duda de que, en este sentido, México es una verdadera democracia consolidada. Una democracia en la que, gane quien gane, gran parte de lo que es verdaderamente importante cambiar se mantendrá exactamente igual. Así sean gobiernos de ideologías supuestamente encontradas, de derecha o de “izquierda”, en una democracia consolidada como la nuestra los intereses económicos de un puñado están por encima de los de las mayorías. Una democracia consolidada se pliega a los dictados de los organismos financieros internacionales y las potencias extranjeras en casi cualquier ámbito: política interna, de seguridad, de gasto, monetaria, etcétera.

La libertad de expresión es fundamental en un sistema democrático como el nuestro, siempre y cuando se mantenga light y no ponga de manifiesto las desigualdades estructurales del sistema. Las libertades de organización y manifestación son derechos establecidos y protegidos constitucionalmente, siempre y cuándo dichos grupos organizados no amenacen la continuidad del sistema.

En fin, una democracia consolidada es aquella en la que las elecciones transcurren periódicamente, cambia la cabeza constantemente, y en el fondo nada cambia.

Por eso, este domingo salga a votar. Por el candidato de su preferencia o por ninguno de ellos. O quédese en casa. Lo que hace grande a un país, contrario a lo que le haya dicho el IFE, no es la participación de su gente en una farsa montada cada seis años. Lo que realmente es necesario es tomar conciencia de que la elección de un candidato no representa la solución a los problemas del país. De que la participación política debe salirse de la esfera institucional y partidista, para traducirse en acciones concretas que hagan evidente la imposibilidad de seguir por el mismo rumbo.

miércoles, 27 de junio de 2012

Perlas electorales: Peña Nieto y el nuevo (viejísimo) rostro del PRI


A menos de una semana de las elecciones presidenciales en México y en este periplo que ha procurado identificar el eje de las campañas electorales encarnadas en sus candidatos, solo falta enfocarnos en el candidato del PRI y mostrar sus miserias, inocultables, a pesar de la que probablemente sea la operación mediática más sofisticada y más cara de la historia política del país. 

La idea rectora de la campaña priísta resulta grotesca: Peña representa el cambio necesario, el nuevo rostro de la política nacional. Algunos incluso han elaborado la especie de que el PRI llega por primera vez al poder en sana competencia y en un contexto democrático, lo cual conduce a pensar que sólo un nuevo instituto político, ajeno a su larga tradición autoritaria, respetuoso de la normatividad electoral y sin el apoyo del presidente en turno, podría lograrlo. 

Comparado con lo anterior, los tropiezos de Peña Nieto -que iniciaron a cobrar notoriedad en la Feria de Guadalajara, cuando quedó al descubierto su torpeza para improvisar y que tomaron fuerza en el encuentro con estudiantes de la Ibero, donde reveló su verdadero rostro, más cercano al estilo de Díaz Ordaz que al de a un galán de telenovela- son sólo consecuencia de su (de)formación política y de la ineptitud de sus asesores de campaña.

Vender la idea de que el PRI ha cambiado para satisfacer la demanda de una sociedad democrática, para ponerse a tono con los nuevos tiempos, no puede lograrse más que a través de la imposición monumental, al viejo estilo, echando mano de toda su experiencia para justificar el fraude patriótico, como lo hizo en 1988. En ella radica la doble cara de Peña Nieto, su contradicción fundamental.

Para enfrentar semejante contradicción Peña Nieto no tiene empacho en declarar que “… son los otros (partidos) los que no han cambiado... mientras el PRI formó nuevos cuadros, jóvenes modernos…” manteniéndose fiel a la promoción del nuevo rostro del partido. Sin embargo, cuesta trabajo encontrar cuadros jóvenes en las listas de candidatos a senadores y diputados y es evidente la presencia de la vieja guardia.

Dice Roger Bartra que el PRI no puede regresar al pasado porque nunca salió de él. Después de tres meses de campaña la frase cobra sentido al observar en videos compra de voto, acarreo, golpizas a opositores, bodegas repletas de ‘propaganda’ y detenciones arbitrarias de jóvenes del #132. Anclado en el pasado, el partido de la revolución sólo puede ofrecer un nuevo rostro en el discurso, amplificado hasta la náusea por los medios de comunicación, pero nada más, pues incluso las ideas centrales del ideario político de Peña Nieto abrevan de la más rancia tradición autoritaria.

Su propuesta de reformas políticas apunta a centralizar el poder en manos del presidente, manteniendo el control del Congreso vía reducción de los diputados de representación proporcional y legalizando la reelección, ya que ésta funciona de facto. Pero además le molesta que el Congreso tenga que ratificar a miembros del gabinete del ejecutivo: “… la Constitución le otorga (al presidente) la facultad de designar a su equipo directamente. Más vale que se le permita designar a quienes deberán cumplir con las expectativas” Su idea de eficacia gubernamental, en caso de concretarse, regresaría el sistema político a los años setenta, cuando surgió el sistema de representación plurinominal, y rompería con la tendencia a acotar los poderes del ejecutivo federal, inaugurada con las reformas electorales de 1997.

Lo anterior no es una coincidencia o una ocurrencia casual. En realidad denota un desprecio por los acuerdos que la clase política mexicana configuró para mantenerse en el poder y una fuerte inclinación por volver al presidencialismo tradicional. Lo que nos está tratando de decir Peña Nieto es que los problemas que vivimos son consecuencia de la supuesta transición a la democracia, de ese acuerdo político que nunca debió existir. Por eso es necesario  rescatar los viejos equilibrios para revitalizar el viejo régimen pues de ello depende la salvación de la patria. 

La esperanza de recuperar el paraíso perdido, de seguir viviendo en el pasado, nos son otra cosa que la manifestación más clara de la decadencia del PRI y de la imposibilidad de renacer con una nueva identidad. Por eso a Peña Nieto no tiene más remedio que continuar con la táctica que confirma su inmovilismo: “Los mexicanos ya no queremos más de lo mismo y rechazamos dar un salto al vacío... Juntos vamos a dejar atrás las prácticas de la vieja política”

miércoles, 20 de junio de 2012

Perlas electorales: AMLO y el ‘Ulises criollo’ de su gabinetazo


Como lo señalamos en una colaboración anterior, las exigencias mediáticas del proceso electoral han obligado a los candidatos a sacarse ases (¿o heces?) de la manga para mantener y apuntalar su presencia en la carrera por la presidencia de la república. En esta ocasión nos ocuparemos de AMLO y su propuesta de gabinete. 

Omitiremos señalar su propuesta de la república del amor o su actitud de perdonavidas hacia sus adversarios políticos, como Salinas, Televisa y demás, que contienen perlas electorales de alto mérito. Tampoco entraremos en el tema de su imagen de viejito buena onda, siempre en control de sus emociones y con la misma cantinela -que no varió en los dos debates oficiales más el reciente organizado por los jóvenes del #132- concentrado en mostrarse conciliador y sin dientes. Sin duda que en los últimos seis años su transitar por los caminos de terracería le han aflojado bastante su actitud crítica, convirtiéndose en una sombra de lo que fue en la campaña del 2006.

Así las cosas, nos vamos a concentrar en su propuesta de gabinete, que no es más que una muestra clara de las exigencias que impone la mercadotecnia política y de su calculado desplazamiento hacia la derecha, como bien lo señaló hace ya varios meses el subcomandante Marcos. En su gabinetazo podemos encontrar una prueba de lo dicho por el sup pues evidencia los compromisos políticos que el tabasqueño suscribió públicamente para utilizarlos como moneda de cambio por votos. Empresarios, burócratas de alto rango y personalidades del mundo de la cultura y la ciencia no dejan lugar a dudas de que su proyecto no quiere molestar a los dueños del país sino pavimentar el camino para la continuidad del modelo económico.

Para muestra basta un botón: Juan Ramón de la Fuente, ex secretario de Salud con Ernesto Zedillo, y por si fuera poco represor de estudiantes de la UNAM y cabeza visible del proyecto privatizador de la educación superior, como eventual secretario de Educación. Cómo olvidar el papel que jugó de la Fuente en el conflicto universitario de 1999-2000, su petición para violar la autonomía universitaria y solicitarle al gobierno federal la intervención de la Policía Federal Preventiva (PFP) –que por cierto se estrenó con esa infame acción. Cómo olvidar su paso por la rectoría de la UNAM, que no tuvo otro objetivo que posicionarlo para que fuera mencionado como posible candidato a la jefatura del Distrito Federal. Pero sobre todo, cómo olvidar que gracias a su amor por la educación pública envió a la cárcel a más de mil estudiantes y los acusó de terrorismo, sabotaje y demás linduras.

A los que estuvimos en esos días en la UNAM nunca dejó de sorprendernos la frialdad y el cinismo con que se condujo a lo largo y después del conflicto estudiantil. Y además cómo -después de haber metido a la policía militar y ‘recuperado’ el control de la UNAM- improvisó una campaña mediática que promovió lo que ya todos sabíamos desde antes del fin de siglo: que la UNAM es la universidad más importante de habla hispana en el mundo. Gracias a ella quedó como el salvador de la UNAM, pues muchos pensaron que la Máxima Casa de Estudios jamás se repondría de la enorme campaña de desprestigio instrumentada por los poderes fácticos en contra del movimiento estudiantil y de la educación gratuita, laica y obligatoria entre 1999 y 2000.

Con esos antecedentes, AMLO tuvo la ocurrencia de anunciar que “…quiero que Juan Ramón de la Fuente se convierta en el nuevo José Vasconcelos para sacar adelante la educación” El referido Vasconcelos fue un personaje claramente emparentado con la derecha católica mexicana en los años veinte y simpatizante de Alemania durante la II guerra mundial. Pero en el colmo de su optimismo edulcorado, AMLO cierra el anuncio diciendo que daría completa libertad de maniobra a de la Fuente “… porque no es sólo mejorar la calidad de la enseñanza, es garantizar el acceso de todos a la educación”. Pero ¿no fue el señor de la Fuente el que se enfrentó y reprimió a un movimiento estudiantil que defendía precisamente el acceso de todos a la educación?

Ahora bien, si el perredista se refería a la simpatía que externó Vasconcelos con respecto al nazismo y su desprecio por la democracia, no me queda más remedio que reconocer que Juan Ramón de la Fuente, gracias a su demostrada inclinación por el autoritarismo y la represión, se ajusta plenamente al perfil político del autor del Ulises criollo. Pero además, esta perla nos demuestra hasta donde se ha recorrido AMLO hacia la derecha, haciéndose el olvidadizo  a cambio de reforzar una imagen de conciliación y cordura política. Supongo que en el fondo de semejante táctica está la idea de que los mexicanos no tienen memoria histórica y por lo tanto su dislate, por decir lo menos, no le pasará la factura. Veremos dijo el ciego.

miércoles, 13 de junio de 2012

La dignidad a la política

Por: Camilo González 

La dignidad en la lucha política tiene su manifestación material en la obtención de las cinco condiciones que hemos encontrado como básicas, es decir, una vivienda y una alimentación dignas, una educación y un sistema de salud justo y digno y un trabajo digno para todas las personas.

En tiempos donde las políticas públicas internacionales y por tanto las de Estados Unidos, así como las políticas nacionales y por tanto las de Estados Unidos, como la referente a la Iniciativa Mérida, están hechas para controlar por la vía militar a los territorios que no se dejen controlar por el mercado libre ya en decadencia o por la ideología liberal a la que desde hace mucho se le había predicado su muerte; en estos tiempos, decía, las condiciones de vida siguen siendo espantosas, de lesa humanidad.

Quizá deberíamos acusar al capitalismo financiero de lesa humanidad. Lo cierto es que lo podemos acusar de poco virtuoso, en cuanto a las 4 referidas por los griegos. Lo importante es que ya no importa el discurso político liberal. Incluso, es una fórmula que hasta dejó de ser políticamente correcta.

Ahora lo fundamental es comenzar la crítica del liberalismo y de toda la ideología liberal, para que en algún momento podamos pensar en una filosofía política que termine con el pan en la mesa, y no con el fusil.
 
Un movimiento armado no tiene sentido en estos momentos. El llamado a la violencia solo puede salir de las llamadas “fuerzas del orden” porque son las que provocan la violencia, y que son destacadas en el tema entre la serie de incongruencias institucionales de la teología capitalista.

El gran problema es la democracia, pues sin la ideología liberal reinando sobre el régimen político, es muy probable que logremos un sistema mucho más humano, contrario al capitalista democrático.

Cierto es que a nadie le interesa pensar en los cambios que sufren los sistemas políticos en las regiones de México y en el nivel federal tal vez haya uno que otro cronopio perdido que piensa sin que culmine en una acción que es trascendental cambiar el sistema político capitalista por uno más humano.

Y yo lo entiendo. Seria desperdiciar el dinero que se le ha dado al IFE. LoL.

No puede haber más violencia en nuestro país deberían ser nuestras palabras.

Para muestra, les dejo esta liga:

http://english.pravda.ru/world/americas/25-05-2012/121231-mexico_presidential_elections-0/

Fuente: http://esp.mexico.org/lapalabra/una/45960/la-dignidad-a-la-politica

sábado, 9 de junio de 2012

A rio revuelto, ganancia de pescadores o nadie sabe para quien trabaja

El trastorno, la perplejidad, el sospechosismo, se apoderan de la psique del mexicano al son de un ensordecedor barullo electoral. Esta confusión reinante, apenas sintomática de la desquiciada manipulación que se ejerce desde el poder, alcanza proporciones inéditas, acaso demenciales, en el proceso comicial en curso. En este teatro prosaico de bufones, jorobados y enanos, de intrigas palaciegas inexcusablemente sórdidas, donde “el noble y el villano, el pro hombre y el gusano bailan y se dan la mano sin importarles la facha”, el pueblo (categoría que se refiere a todo aquello que está fuera de los círculos del poder) se enreda en la maraña de intereses creados que le resultan a menudo ajenos. No pocas veces renuncia a la participación, o bien, participa en condición de juguete subordinado a poderes extraños. 

El “joven” rostro de la vetusta Revolución Institucionalizada (oxímoron fatal), en un gesto de evidente oportunismo, inaugura un inverosímil Plan de Concertación Nacional, al que se suman figuras provenientes de fuerzas sólo nominalmente opositoras, aunque en la práctica tan indignas como el partido que representa el Nieto mimado de Atlacomulco-Salinas. Con una larga lista de “ex” entre las filas de este innoble séquito de neófitos a sueldo, donde destacan el horroris causa Vicente Fox, el neo-franquista Manuel Espino y la seudofeminista Rosario Robles, el priismo busca emular el proyecto de concordia lopezobradorista, aunque fuere con personajes residuales de la artificial oposición. 

Ante los calamitosos resultados de su –intencionadamente– fallida campaña, la única mujer candidata (si bien a veces pareciera ideóloga del patriarcalismo más refractario) mueve sus piezas intramuros con el fin de afianzar, al menos, el registro de su fracturado partido. Sólo las encuestas de MITOMANOfsky y GEA/RISA la colocan como aspirante al segundo puesto. En ese vaivén de “cambios estructurales” intestinos, la señora del apellido políticamente incorrecto recurre a hombres diestros en materia de guerra sucia, y reedita la estrategia de manipulación propagandística de 2006, lanzando al aire spots que tergiversan alevosamente las recientes alocuciones del malquerido tabasqueño, reconociendo, acaso tácitamente, que otra vez el adversario a vencer es el otrora “peligro para México”. 

Y mientras en 2009, en el marco de las elecciones intermedias, los principales promotores del voto nulo fueron los panistas, a través de organizaciones presuntamente ciudadanas con fines presuntamente apartidistas, izando criterios presuntamente democráticos, en este 2012 el principal panegirista de la campaña pro voto nulo es el impredecible poeta Javier Sicilia. Cabe apuntar, no obstante, que entre las huestes del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que comanda el discursivamente caprichoso poeta, destaca un personaje oscuro, a saber: Carlos Emiliano Salinas Occelli, vástago del omnipresente Carlos Salinas de Gortari, padrino político de Enrique El Iletrado. ¡Sorpresas que da la vida! 

Y para que la cuña apriete, en este mar de imprevisibles oleajes, la prensa, factor perverso en la anarquía ético-intelectual reinante, insistentemente destaca la presencia de Paloma Guillen Vicente, hermana del sub-comandante Marcos, en el equipo de campaña de Peña Nieto. 

Es evidente que el propósito oculto de esta confusión inducida es el envenenamiento del pensamiento por todos los flancos. En el actual proceso electoral, todos los caminos parecen o pretenden conducir al des-Peña-dero. Las ideas se nublan; las alternativas se acotan dramáticamente. Todo con el afán de hundir al país en un estado de creciente e insufrible incertidumbre. Y esperar que el próximo 1º de julio se imponga el voto conservador.

viernes, 25 de mayo de 2012

AMLO vs. EPN

La contienda comicial se acerca a la etapa final. El auditorio ciudadano sigue con indignación las bochornosas peripecias manipulativas de comunicadores e intelectuales afiliados al Tlacatecuhtli en turno (vía nómina o prebendas metaconstitucionales). Llama la atención la desesperación que ronda en los pasillos del carcomido edificio PRIcámbrico. Dignatarios de tricolor linaje, otrora reverenciados por su presunto estoicismo, ascienden al ring ahora en condición de rudos, desprovistos de todo escrúpulo, pretensión de ecuanimidad o máscara con ínfulas de heroicidad. Exhibidos tal como son, arrastrados a un striptease involuntario, confinados en el recurso de la estadística adulterada, reducidos a esa animalidad que retrata Luis Buñuel en El secreto encanto de la burguesía, las huestes priistas e ideólogos secuaces se enfrascan en una campaña sucia que abarca una amplia gama de disparates, simulaciones y subterfugios deshonrosos. Estrategia que bastó en 2006 para amarrar el cuestionable triunfo del panismo militarista que propició el ensangrentamiento del suelo nacional. Sin embargo, en esta nueva edición comicial, la votación se les escapa de las manos. El “Yellow Submarine” (PRD) cada vez suma más prosélitos a la causa del “cambio verdadero” (slogan eficaz aunque pedestre) ya sea por convencimiento, pragmatismo, o repudio al nuevo “rostro” de la (contra) Revolución Institucional. 

La sociedad en México, incluidos estratos medios tradicionalmente acomodaticios, encontró nuevos espacios (Internet) para expresar un hastío acumulado durante décadas, exacerbado por la reciente instrumentación de una guerra con objetivos inconfesables (“No creo que la guerra contra las drogas es un fracaso, tiene un propósito diferente al anunciado” –N. Chomsky), abriendo un boquete en el cerco informativo tendido por el duopolio televisivo y la prensa escrita chayotera (sobresale el caso de la OEM que preside Mario Vázquez Raña). En internet, espacio acaso menos coartado por la censura, el aspirante puntero, con amplio margen, es AMLO. En las redes sociales se confirma que la lucha por la presidencia tan sólo tiene dos candidatos reales: AMLO y EPN (aunque este último con poca o nula aceptación tangible). El hipster neoliberal, Gabriel Quadri Gordillo, brilla por su ausencia. El caballo de Troya con falda blanquiazul, Josefina Vázquez Mota, no convence ni a sus correligionarios con las incoherencias de su discurso (no sabemos si se trata de adivinanzas): “Lo mismo pero diferente”; “Renovar sin claudicar”; “Voy a ser una presidenta con falda pero con muchos pantalones [¡olé macho!]”. 

 Pero la prensa oficialista sigue aferrada a su último recurso: a saber, la simulación, la mentira. En no pocos medios se leen aserciones inverosímiles como las siguientes: “Vázquez Mota y López Obrador se disputan, de forma cada vez más cerrada, el segundo lugar de la contienda”; “Todas las encuestas ponen en primer lugar al candidato del PRI mientras que la pugna sigue siendo por el segundo lugar (¡sic!)”. 

El sub-Marcos escribe: “Mentir en grande y hacerlo impunemente, eso es el Poder… Mentiras gigantes que incluyen acólitos y feligreses que les den validez, certeza, estatus”. En el proceso electoral en curso, el Poder actúa en cuanto Poder: miente, y procura eludir los costos de la mentira. La prensa actúa en cuanto prensa: ennoblece las “mentiras gigantes” revistiéndolas con solemnes apologías. 

 Al priismo le salió un absceso cancerígeno: se llama AMLO. El PAN fue más bien un reconstituyente temporal para una mal terminal, una especie de jarabe para una neumonía, nunca una alternancia. La desesperación que reina en los círculos del poder político cupular es comprensible: el 1º de julio se juegan su continuidad frente a un rival con un apoyo social visiblemente mayoritario. 

Que el próximo julio no se efectúe otro fraude dependerá de la movilización ciudadana, no de las instituciones. “Que la injusticia no sea la última palabra” (Horkheimer).

sábado, 19 de mayo de 2012

Nueva estrategia de satanización: la "intolerancia"

En el liberalismo decadente, el concepto de “tolerancia” ha cobrado una notoriedad que vale la pena escrutar. Todos los gobiernos del mundo izan la bandera de este valor. Pocos grupos de interés, partidos u organizaciones de cualquier índole enarbolan la intolerancia sin tapujos. En esta última categoría es posible identificar a neonazis, neofranquistas o yunquistas de blanquiazul pelaje. Empero, salvo algunas otras escasas excepciones que confirman la norma, el resto del mundo, occidental u oriental, se autoproclama adalid irreductible de la tolerancia. Y este es uno de los grandes éxitos de la democracia liberal: a saber, la apropiación de valores que son absolutamente ajenos a su naturaleza material e inmaterial. Así, Estados Unidos, acaso el más destructivo dominio imperial que ha conocido el hombre en su corta historia, y cuyos crímenes de odio e intolerancia tardarán años en registrarse íntegramente, presume sin ruborizarse su devoción fraudulenta hacia el precepto de la tolerancia. No obstante, la presunta universalidad de este valor preconizado en Estados Unidos es una máscara que oculta intereses particulares. 

En México, como bien dice el refrán, “no cantamos mal las rancheras”. Curiosamente, este fenómeno de tolerancia espuria constituye, en la actual coyuntura comicial, el quid de la estrategia del partido "puntero" (adviértase el entrecomillado). Formalmente, todos los ciudadanos tienen derecho a expresar su opinión siempre que tal manifestación de ideas no contravenga la ley escrita. Y si bien es cierto que los casos de represión directa son contados, cabe decir que en el periodo electoral en curso las voces discordantes han sido víctima de satanización o linchamiento mediático. 

De esta forma, todo aquel que ha resuelto manifestar reprobación se le ha endosado la etiqueta de “intolerante”. Esta estrategia –síntoma inequívoco de la desesperación que reina en los círculos del poder– comparte elementos comunes con la guerra sucia que se implementó en medios de comunicación durante las elecciones de 2006, con los resultados que todos conocemos (destaca la espiral de violencia que sobrevino al término de aquel proceso electoral). 

Véase las siguientes aseveraciones que dan fe de esta nueva campaña de odio, disfrazada de tolerancia civilizada: “El extremismo y la intolerancia… constituyen una afrenta al espíritu universitario”, o bien, “[El candidato tricolor] fue víctima de un complot de reventadores” (en alusión al episodio de la Universidad Iberoamericana); “La estrategia de la izquierda… es la de buscar la agresión y provocar al partido”; “[Los simpatizantes de López Obrador] son el único síntoma de fascismo que hay en México”; “Diga usted, ciudadano López Obrador, a sus enjundiosos partidarios que dejen de ladrar, porque acaban logrando solo que otros ladren como ellos”. 

Esta andanada de juicios viscerales remite a esa condición ideológica afín a la tolerancia que predica la democracia liberal, a saber: Todos son libres de elegir y opinar, siempre que elijan y opinen conforme a los criterios que convienen al poder. Y esto desemboca en la lógica que actualmente reina en el ámbito de la “opiniomanía”: Todas las acciones del candidato "puntero" son justificables, o bien, cuestión de táctica; mientras que todo acto proveniente de la oposición es condenable, censurable, reprochable. 

Esto explica el acento de la consigna mercadológica que ha puesto en circulación la maquinaria del partido tricolor: “Tanta gente no puede estar equivocada”. Una vez más, véase como esta presunta universalidad, que aventuradamente iza la bandera de la tolerancia, constituye un antifaz que esconde intereses irrenunciablemente particulares. 

En la democracia electoral, la “tolerancia” opera como un gesto formal de condescendencia.

jueves, 10 de mayo de 2012

Perlas electorales: Gabriel Quadri y el Neoliberalismo Verde Región 4


Sin la intención de analizar las peripecias del debate -que pudo más que un partido de futbol y las amañadas predicciones de Salinas Pliego- y a pesar de la remotísima posibilidad de que Gabriel Quadri gane la elección presidencial, no me queda más remedio que desenmascarar sus ‘propuestas’ en vista de su éxito relativo que se vio reflejado en el crecimiento de las intenciones de voto para su causa.

Muchas personas quedaron impresionadas por la forma en que articuló sus propuestas, perdiendo de vista su contenido, su esencia. En las redes sociales fue notoria cierta fascinación por la manera en que respondió a las preguntas, por su apariencia y su relativa espontaneidad que contrastó con la grisura de los otros candidatos que estuvieron lejos de comunicar emociones, apegándose hasta la náusea a un guió predeterminado por su equipo de asesores. 

En realidad, las propuestas de Quadri no son otra cosa que lo que hace ya algunos años se empezó a manejar en EEUU para mejorar la imagen del neoliberalismo en decadencia: el neoliberalismo verde, mejor conocido en nuestro territorio como desarrollo sustentable. Este adefesio de modelo económico es sólo una versión edulcorada del neo extractivismo que estamos viviendo -por ejemplo en el estado de Veracruz con los proyectos mineros e hidroeléctricos.  

El neoliberalismo verde se caracteriza por el intento de vender la idea de que es posible seguir explotando la naturaleza sin depredarla, de que el capitalismo puede moderar su sed de ganancias en aras del mantenimiento del equilibrio ecológico. Dada la dinámica de acumulación de riqueza, que coloca en la cúspide la rentabilidad de las inversiones, tal argumento no es más que una vil patraña. La propuesta es promovida desde hace tres años por el Programa de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente (PNUMA) y su objetivo real es alargar lo más posible la existencia del neoliberalismo depredador alrededor del mundo. 

En este sentido, las ‘originales’ propuestas del empresario Quadri (así se presentó al iniciar su intervención en el debate) no son más que una versión del neoliberalismo verde para la región 4 (así se denomina a los dvd’s que pueden ser reproducidos en México) de un modelo económico que ha operado en México por treinta años con los resultados que todos conocemos. Su fe en el empresariado como factor de cambio resulta a estas alturas el colmo de la demagogia. El propio Quadri ha sido acusado de utilizar las bondades del ecologismo para su beneficio personal. En el sexenio de Ernesto Zedillo tuvo que abandonar el puesto de director general de normatividad del Instituto Nacional de Ecología (INE) por vender permisos para el manejo de de residuos peligrosos sin respetar la normatividad vigente. Mejor ejemplo de lo que hay detrás del neoliberalismo verde no puede haber. 

Pero lo peor de todo es su táctica de colocarse como el ciudadano ejemplar, independiente, interesado por mejorar la economía nacional y sobre todo ajeno a los enjuagues y prácticas de los políticos, cuando en realidad representa a un actor político profundamente corrupto y criado en las miasmas del sistema político mexicano: Elba Esther Gordillo. A esos que ven con simpatía su aparente independencia habrá que recordarles que la estrategia de Quadri y del Partido Nueva Alianza (PANAL) es lograr mantener el registro -que es el negocio familiar de su patrona- camuflada en un modelo económico que parece ‘innovador’ pero profundamente demagógico.
Más aún, además de procurar mantener con vida un partido familiar, simulando autonomía y capacidad, el señor Quadri y su ventrílocuo están trabajando para quitarle votos a la oposición -sobre todo a la encabezada por el candidato de las ‘izquierdas’- y contribuir así a que, en un escenario probable de elección cerrada, el dinosaurio pueda volver a Los Pinos. Y si no como explicar que el títere de la mamá del Chucki le entró también a la guerra de lodo que tanto denunció para atacar a López Obrador, mientras que a los otros no los tocó ni con el pétalo de un rosa. No sería una sorpresa que le tocara un huesito en el gabinete si gana Peña, para recompensar sus servicios. 

Así las cosas y a pesar de que los otros candidatos evitaron engancharse en las provocaciones que les lanzaba el candidato del PANAL para no hacerle el caldo gordo, habrá que seguirlo con atención como el demagogo más perverso y peligroso en esta campaña presidencial, lo que demuestra que no fue elegido al azar y que es un digno representante de la Gordillo y su estilo político. De eso no me queda la menor duda.