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viernes, 11 de diciembre de 2015

La guerra es la agenda del Occidente en decadencia

Los atentados terroristas en París y las rutinarias masacres en Estados Unidos (California recientemente) obligan a problematizar la situación política e histórica  de Occidente, y a atender teóricamente la responsabilidad de las potencias occidentales en el incremento de la guerra, el terrorismo y la violencia a escala global. Situar en el centro de la reflexión el fundamentalismo islámico, sustraído de su momento constitutivo, es un error teórico. Urdir narrativas alarmistas en torno de ese seudoproblema es un gesto canalla, tristemente habitual en la prensa. Aplaudimos la consigna de los pensadores honestos: “aquellos que no quieran hablar críticamente de la democracia liberal deberían guardar silencio también sobre el fundamentalismo religioso”. Esta es sólo una breve reflexión que atiende esa justa apreciación..

Tras los atentados en París, la prensa redobló los llamados a la unidad y solidaridad de todos los pueblos occidentales (incluidos aquellos cuya occidentalización es resultado de una oprobiosa imposición), y a la unanimidad condenatoria, a cuya exhortación han asistido figuras públicas de todas las procedencias, posicionamientos e idearios no pocas veces divergentes, claramente abonando a la confusión del público. Es el mismo subterfugio discursivo que envolvió a la tragedia de Charlie Hebdo: condenación ética, lamentos ideológicos, lutos fascistas. Y las explicaciones teóricamente relevantes brillan por su ausencia.

Occidente no reconoce que la guerra es la agenda prioritaria de las potencias que convergen en su manto. Hay por lo menos cuatro intervenciones que inauguraron o profundizaron escenarios bélicos de alto impacto en África septentrional y Oriente Medio: Egipto, Siria, Libia e Irak. En nombre de la democracia y la libertad, la coalición de metrópolis occidentales sembró la guerra en esos países, prepotentemente conjeturando que esa acción no traería consecuencias. El terrorismo tiene tres fuentes primarias: uno, el rencor e ira de los inmigrantes musulmanes en Europa y Estados Unidos, encadenados a procedimientos rutinarios de discriminación; dos, el encono político acumulado de los pueblos islámicos damnificados por el coloniaje occidental; y tres, el financiamiento-patrocinio franco, abierto e interesado de grupos de poder occidentales a células terroristas al servicio de la agenda de Occidente. 

En este sentido, el programa injerencista occidental tiene un componente doblemente agravante. Zizek escribe: “Lo que hace tan insoportable al Occidente liberal es que no solo practica la explotación y la dominación violenta, sino que, añadiendo el insulto al agravio, presenta esta realidad brutal con la apariencia de lo contrario, de libertad, igualdad y democracia”. 

En ese “insulto al agravio” radica la fuente subjetiva del terrorismo. La objetiva, es la guerra que declara el Occidente configurando enemigos a su antojo y capricho, curiosamente todos oriundos de las regiones en cuyo territorio se aloja una diversidad de recursos naturales, humanos e infraestructurales claves para la dominación imperial. 

Al respecto, Toni Negri describe las características definitorias de estas guerras multimodales, y los objetivos que persiguen a espaldas de la población:

“La guerra, así como hoy ha sido inventada, aplicada y desarrollada, es una guerra constituyente. Una guerra constituyente significa que la forma de la guerra ya no es simplemente la legitimación del poder, la guerra deviene la forma externa e interna a través de la cual todas las operaciones del poder y su organización a nivel global se vienen desarrollando… en su misma forma es una guerra constituyente, una guerra biopolítica que implica el ordenamiento de la vida, de la producción y reproducción de la vida… una guerra que engloba la relación social en el sentido más completo de la expresión… Todo cuanto Ignacio Ramonet decía inicialmente acerca de la sobreposición de guerra económica, guerra social, guerra militar, es perfectamente correcto: son cosas que están todas juntas porque existe un proyecto organizativo constituyente, que atraviesa este mundo, de hacer la guerra. Ya no se trata de la guerra imperialista que va a expandir los poderes de las naciones singulares: ésta es una guerra en nombre del capital global”. 
Pero este ensamblaje de guerras requiere de una justificación. El ejercicio de violencia por sí sola es inmoral. Occidente excusa las intervenciones militares con una presunta “promoción” de valores, señaladamente la democracia. Pero el principio de realidad, señaladamente el terrorismo, contradice ese falsario empeño. Cuando el relato de la democracia se agota, como a menudo ocurre, el ardid justificatorio transita hacia el estribillo de la “seguridad”. Y es allí donde se hace necesaria la construcción de enemigos. Los narcotraficantes o los yihadistas o los fundamentalistas son, como bien señala el analista Alfredo Jalife-Rahme, “activos estratégicos” o “instrumentos geoestratégicos” para hacer la guerra. Las potencias occidentales apoyan o persiguen regímenes u oposiciones, dirigentes legítimos o criminales, en función de su agenda e intereses. No pocas veces esos instrumentos de beligerancia estallan en las manos de las potencias occidentales. Francia y Estados Unidos son los ejemplos más notables. Pero el Estado Islámico no es solo un asunto que se salió de control: el EI es un aliado de los intereses articulados a la estrategia de recolonización occidental, que encabeza Estados Unidos en su carrera por la supremacía, y cuyos principales rivales son Rusia y China o incluso una posible coalición de estos dos. 

El bombardeo aéreo de los supuestos campamentos de Isis son pura coreografía cosmética. Es una especie de oda a la guerra. Es una escenificación que allana e inaugura el camino para un estado de guerra conscientemente orquestado, y con un alcance temporal indefinido pero previsiblemente prolongado. La seguridad de Estados Unidos, Francia y acólitos es la guerra.

La guerra es la agenda del Occidente en decadencia. Que ciertos gobiernos occidentales pretendidamente liberales-progresistas derechizaran agendas y discursos no es ningún accidente: es la garantía de que prevalezca la guerra. 

Y en eso también acierta Zizek cuando escribe acerca del ideario demo-liberal: “Para que ese legado clave sobreviva, el liberalismo necesita la ayuda fraternal de la izquierda radical. Esta es la única manera de derrotar al fundamentalismo, mover el suelo bajo sus pies”.


Isis quiere que ataquen a musulmanes

Ahora que se supone que todos estamos involucrados en la batalla mundial contra nuestro peor enemigo desde Hitler (no, no se trata del cambio climático, claro, sino del Isis) es momento de entender cómo funcionan las fuerzas de la ley, el orden y la seguridad que se supone nos protegen, y cómo éstas pueden hacer más por reclutar musulmanes europeos para la causa extremista que todos los videos de Isis juntos.

Se trata de la historia de cómo la policía, debido a la ignorancia y el racismo, provocó que el Isis le mandara mensajes burlones a un joven que probablemente hace más por prevenir el terror en las calles de Bruselas que nadie más.

Montasser al De’emeh es un académico palestino, escritor y ciudadano belga, que además es especialista en una materia en la que los policías ahora se creen expertos: la radicalización o la proliferación interna de los terroristas de Isis.

De’emeh dirige un centro cuya misión es captar radicales y tratar de alejarlos de su obsesión con el culto a Isis. Una labor importante en Bélgica, que ha enviado a 350 combatientes a Siria, proporcionalmente más que cualquier otra nación europea. También es coautor de un libro muy aclamado sobre el Isis titulado La caravana de la yihad: un viaje a las raíces del odio.

De’emeh es bien conocido en Bélgica. Ha sido filmado por equipos de televisión en sus viajes por Bruselas; además ha sido entrevistado por el diario The Washington Post y medios belgas.

La semana pasada, el experto conducía hacia su hogar después de hablar ante parlamentarios belgas flamencos cuando fue detenido por la policía. No hubo problema. De’emeh es el tipo de persona del que tenemos que cuidarnos en estos días peligrosos de matanzas de Isis y discursos dignos de director de escuela estilo Hilary Benn.

Al menos eso se pensaría.

Según De’emeh, iba en dirección a su hogar en Molenbeek (el mismo Molenbeek que ahora se considera semillero del terror de Isis) cuando se le detuvo en un puesto de vigilancia policial. Él lo consideró normal, pues los ataques de París habían ocurrido semanas atrás y Bélgica estaba en estado de emergencia.

Los policías me pidieron mis papeles, me relata De’emeh. “Se los di sin problema. Me preguntaron cuántos idiomas hablo. Les dije que holandés, francés, inglés y árabe. Uno de ellos me dijo: ‘Aquí en Bélgica no nos gusta que se hable en árabe’. No fueron amables. Preguntaron qué había en mi auto y encontraron ejemplares de mi libro La caravana de la yihad. Un policía me dijo: “aquí en Bélgica no le permitimos tener este libro en su auto. Aquí no tenemos yihad’.

Me hicieron salir del coche y poner las manos sobre el techo del vehículo. Me pidieron la clave de mi teléfono y no se las di. Abrieron mi teléfono, le sacaron la tarjeta de memoria, escribieron algunos números y me la devolvieron. Luego revisaron todos mis papeles y los arrojaron de nuevo al interior del auto. Algunos cayeron en el pavimento, continuó.

De’emeh, ya indignado, reclamó a los policías. Les dije que acababa de dar un discurso ante el Parlamento sobre la radicalización. Que estoy al frente de un centro que se encarga de liberar a la gente de Isis. Durante dos años lo he estado haciendo. Trato de desradicalizar a esta gente. Pero Isis quiere que cosas así sucedan. Quieren que la policía amenace a los musulmanes y se comporte así. Socavan nuestra labor y ayudan a Isis.

La policía local trató de dar excusas por este pequeño incidente. Vimos que personas habían filmado puestos policiales y militares desde su automóvil. Presumiblemente se trató del equipo de televisión que ha documentado el trabajo de De’emeh.

También acusaron al experto de haber incitado a transeúntes contra la policía, lo cual viola la ley en Bélgica.

Pero lo peor estaba por venir. De’emeh comenzó a recibir mensajes de Isis.

Se reían de mí. Me escribieron que ahora yo iba a ver lo que pasa cuando la gente se opone a Isis. Uno de los mensajes decía: ¿Qué te pasó, eh? ¿Tienes problemas? Isis estaba muy complacido con lo ocurrido. Quieren que esto nos pase a los musulmanes. Quieren que la policía ataque a los musulmanes. Quieren una guerra entre los musulmanes europeos y el resto de la población.

La ironía de todo esto sería demasiado obvia. Los policías belgas tendrían que haber estado leyendo el libro de De’emeh en vez de condenar al autor por llevar ejemplares en su auto. Debían haber tenido que aprender de él en vez de humillarlo.

Pero una vez que se dice a la gente que está viviendo con temor, una vez que se ha recurrido al estado de emergencia, todas las reglas normales de la sociedad se tiran a la basura.

Yo sí me pregunté, mientras veía el grotesco debate de nuestro Parlamento sobre los bombardeos contra Siria (y que tuvo más que ver con destruir a Corbyn que con la destrucción de Isis): ¿qué le espera a Gran Bretaña?

¿Otro ataque en Londres, mismo que hoy nuestros amos parecen considerar algo inevitable, pues será la represalia por la ampliación de nuestra enclenque guerra anti Isis en Siria? Y de ser así, ¿debemos esperar nuevas leyes para ayudar a las autoridades de seguridad a ir más allá de la intervención de teléfonos y rastreo digital que ya fueron aceptados como ley?

Después de la victoria de Dave, ¿notaron cómo cambió su retórica? Primero fue la urgencia en el debate por cortarle la cabeza a la serpiente, frase, por cierto, que los sauditas usaban en referencia a Irán. Luego, un repentino llamado a la paciencia. Después de toda esta prisa por votar, salió con que la guerra tomará tiempo. ¿Estos son nuestros valores ahora?

Ciertamente, cada vez que proclamamos que nuestros valores están siendo atacados logramos hacerle mayor daño a dichos valores. Y eso es lo que De’emeh dice que es exactamente lo que quiere Isis.

Todo esto es lo que arriesgamos para que Dave pueda mandar a unos cuantos a la batalla en Siria y Hilary Benn pueda vanagloriarse de sus certificaciones contra el fascismo.

Sí. Ya todos entendimos el mensaje.

¡Chocks away!*