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domingo, 1 de septiembre de 2013

Siete mitos capitales

Luego de navegar la cuota diaria de horas obligatorias en el ciberespacio, y recorrer los pantanosos fondeaderos de la comunicación digital (léase redes sociales, portales noticiosos etc.), (mal) hábito que penosamente desarrollé –no sin heroica resistencia– tras el estallido del movimiento cientotreintaydosino, forzado además por el alto costo de la exótica usanza de la tinta impresa, asaltóme un sentimiento oscilante de abatimiento, desconsuelo y amargura, con una extraña proximidad al encabronamiento simple y llano. Y es que –pese al extraordinario volumen de escritos inestimables que circulan en la web– la depravación opinomaniaca que campea en los foros de discusión es un signo apenas demostrativo de una ignorancia desenfrenada, un analfabetismo político que a nuestro juicio cabe denunciar, condenar enérgicamente, aunque no con recordatorios de madre, más bien, con una contra argumentación que, sin conceder demasiada importancia a la incontinencia verborreica, arroje luz sobre la creciente emergencia de mitos, opiniones e ideas manipuladas que nublan la inteligencia del ciudadano común. 


Mito #1: Sin capitalismo no hay trabajos; la riqueza y la prosperidad son corolarios de la inversión privada. 


El criterio material toral del capitalismo es el aumento ininterrumpido de la tasa de ganancia. Hasta el economista más modesto sabe que este fin se consigue mediante la reducción de costos, especialmente, la mano de obra; lo que supone inexorablemente una pauperización del trabajo (disminución por decreto del salario real, abolición de prestaciones) y un aumento en la tasa de desocupación, a fin de conservar la nutrida disponibilidad de la mano de obra a precios módicos. Como se ve, la inversión particular privatiza los beneficios y socializa la privación e indigencia. 



Mito #2: La crisis económica mundial precisa políticas de austeridad para recuperarse del “bache”. 

La austeridad, como los méritos, sólo se les exige a los pobres. La decisión de implementar medidas de austeridad es naturalmente política, nunca neutral, y responde a la lógica de acumulación congénita al capital. Bien dicen en España: “No es crisis, es estafa”. 


Mito #3: Las rebeliones juveniles son utópicas e idealistas. 

Utopía e idealismo es pretender que el mundo se puede sostener a partir de los criterios materiales e inmateriales vigentes. Un mundo postcapitalista no es una utopía, es una condición sine qua non para la conservación de la vida, máxime en esta era de producción a gran escala de tecnología destructiva. Un sistema donde los márgenes agrupan al grueso de la población es un sistema que requiere, objetivamente, un cambio fundamental. 


Mito #4: La ‘guerra contra las drogas’ involucra una confrontación entre los gobiernos del mundo y el crimen organizado transnacional. 

En Drugstore Cowboy (1989), película estadunidense dirigida por Gus Van Sant, el personaje que interpreta William S. Burroughs profetiza amargamente: “Los narcóticos han sido sistemáticamente satanizados y utilizados como chivos expiatorios. La idea de que cualquiera puede usar drogas y escapar un destino sombrío es el método de estos idiotas. Auguro que un futuro próximo la derecha va a utilizar la histeria de las drogas como pretexto para configurar un aparato policiaco internacional”. 


Mito #5: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. 

Axioma pequeñoburgués conservador que ignora las intrincadas relaciones de poder. Más que un enunciado veraz, es una declaración inequívoca de frustración, impotencia y, a menudo, misantropía con tintes malinchistas o admiración oculta por la autoridad en turno. 


Mito #6: Asistimos al adelgazamiento del Estado. 

Sueño húmedo de neoliberales recalcitrantes, el “adelgazamiento” del Estado es la expresión eufemística de la consolidación del poder corporativo, y el telón ideológico tras el cual se oculta un proceso exactamente opuesto al anunciado: el robustecimiento del Estado, fincado en una creciente asignación de recursos a los ejércitos y cuerpos policiales (seguridad pública, defensa nacional), y en la depuración de las funciones estatales primarias, a saber: el control, la vigilancia, la represión. Si bien la aplicación de la violencia a gran escala es un síntoma de salud deficitaria, cabe apuntar que la configuración de esta modalidad de Estado “mínimo”, que reemplaza el asistencialismo con militarismo, es el proyecto de una clase social que preconiza la guerra nuclear como salida a los problemas que encara la sociedad, sugiriendo, acaso subrepticiamente, que prefiere el apocalipsis, la autodestrucción, que la abdicación al poder. En este designio, el Estado es su personero más firme. Adviértase, no sin alarma, que la inversión en ciencia militar ha arrojado resultados positivos para la causa de las élites: actualmente cuentan con un arsenal suficiente para la aniquilación de la especie. 


Mito # 7: El Estado –un lastre para los circuitos económicos– interviene cada vez menos en la vida del individuo y el cuerpo social. 

Este mito va de la mano con el anterior. Hemos dicho que el Estado más que reducir sus funciones a una mínima expresión, sencillamente mudó el acento de su intervención a las áreas prioritarias de un poder anónimo –el capital multinacional. Este capital, no obstante, atraviesa por una crisis estructural en donde debe valerse de los Estados para resarcir los desequilibrios y restaurar el comportamiento ascendente de la tasa de ganancia. Aquí la función del Estado es clave, determinante para la vida de los individuos y el cuerpo social. Véase la fórmula truculenta de atraco discrecional: El capital responde al requerimiento de la ganancia irrestricta. Precisa un consumo masivo para una producción igualmente masiva. El consumo a gran escala sólo puede sostenerse con base en deuda; esto es, mediante la creación de dinero ficticio-diferido (créditos). Se inicia el tránsito de una economía basada en la producción e industria a una economía controlada por las esferas financieras. El capital especula con estos créditos, creando una economía de casino, altamente volátil. Cuando gana, se apropia de los beneficios; cuando pierde, pasa la factura al Estado (recuérdese FOBAPROA). El Estado instrumenta una política de conversión de deuda privada en deuda pública. La situación económica nacional se precariza. El Estado solicita línea de crédito a los organismos financieros internacionales –actores centrales en la trama de la crisis– sólo para contribuir al pago de la deuda que estos mismos provocaron. Este “préstamo”, no obstante, está condicionado. Le llaman ajustes estructurales. Consiste en renunciar a la vocación asistencial del Estado e implementar una política de “austeridad”, a fin de reorientar estos recursos para el subsidio del capital multinacional. ¡Sí, el mismo que provoca la crisis! El Estado aplica recortes presupuestales a la asistencia social, educación, salud, extermina organizaciones obreras, desmantela la industria nacional (recuérdese Luz y Fuerza del Centro, Mexicana de Aviación, y ahora PEMEX) y cede recursos por partida doble al capital –vía monetaria y patrimonial. La sociedad se indigna, asiste a las urnas; se organiza, toma las calles. El Estado responde, violenta las urnas; frena el cambio, militariza las calles…

http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=130829_231245_994 

lunes, 8 de julio de 2013

Tío Sam y su pandilla: la no tan decadente metrópoli estadunidense

En otras oportunidades se ha señalado la definitiva decrepitud de Estados Unidos: de su rudimentaria cultura, de su arcoíris de metarrelatos fundacionales; pero especialmente de su debilitado comando geoeconómico, geopolítico, etc. Pero esta vez nos ocupa la iniciativa opuesta: a saber, señalar los resabios aun determinantes de aquel poder otrora monopólico, omnímodo e incontestado (que no pocos ideólogos mexicanos melancólicamente evocan, cual conservadores francófilos en tiempos de la Reforma). La negativa que prescribieron Francia, Portugal e Italia al avión presidencial de Evo Morales para el uso de su espacio aéreo –impidiendo el trayecto dispuesto en la agenda del mandatario boliviano–, por el rumor de que el ex agente de la CIA-NSA Edward Snowden (catalogado como enemigo público #1de Estados Unidos) venía a bordo de la aeronave; la recién delatada –aunque largamente conocida– pantagruélica red de espionaje planetario, meticulosamente urdida desde la discrecionalidad que naturalmente dispone cualquier súperpoder libre de contrapoderes efectivos; la facultad política para establecer “unilateralmente” las condiciones de la “bilateralidad”, por un lado, sellando fronteras con franco aderezamiento militar, y por otro, violando flagrantemente la soberanía de otros pueblos. Todas las mociones referidas conducen a una conclusión categórica: los fétidos efluvios que emanan de la desguarnecida metrópoli estadunidense no anuncian su muerte, sino tan sólo su reconfiguración como potencia cada vez más execrable en la multipolaridad venidera. 


El cobarde: ¡Lotería! 

Edward Snowden es un fugitivo, una suerte de rebelde involuntario con causa. Estados Unidos le endilga la etiqueta de traidor. Su crimen: revelar el programa secreto de vigilancia electrónica (Prisma) que tan reservadamente tutela su país. Tras la desquiciada expedición que puso en marcha Estados Unidos para dar con su paradero y procesarle legalmente como terrorista-criminal-enemigo, el informante ha extendido solicitudes de asilo en múltiples países. Pero Barack Obama, el acreditadísimo premio nobel de la Paz, advirtió al mundo que la concesión de asilo a Snowden acarrearía costos políticos mayúsculos. De izquierdas y de derechas, de todos los colores e idearios conocidos y por conocer, los distintos gobiernos interpelados (más de una docena) han denegado públicamente la solicitud de asilo a Snowden. Incluso en los países donde la arenga nacionalista repudia expresamente la política exterior de Estados Unidos, la advertencia de Obama parece haberles sustraído su presunta autodeterminación o voluntad. Triste trecho entre el discurso y el hecho. Y el mancillado gigante espeta: ¡No que no tronaban, pistolitas! 

Ésta es la lista de países que han negado u omitido occisamente la petición de asilo: India, Finlandia, Alemania, España, Polonia, Austria, Islandia, Irlanda, Noruega, Suiza, Francia, Italia, Holanda, Rusia (donde se encuentra asilado irregularmente), Ecuador, Bolivia, Nicaragua, Cuba, Venezuela y China. 

Se sabe que a raíz de esta negativa casi unánime, la lotería mexicana ha añadido una nueva figura a la baraja original. A un costado de “El valiente” se yergue la imagen de un lánguido tullido aseando sus excrecencias: “El cobarde”. ¡Lotería! 


La migratoria reforma 

…Y la cacareada reforma nomás no llega. El gobierno de Estados Unidos sigue pateando la lata. No tiene prisa. Le preocupa más la persecución de sus “hijos desobedientes”, y la feliz estancia en su terruño de execrables figurines como el terrorista cubano Luis Posada Carriles o el impresentable ex presidente boliviano Gonzalo Sánchez de Lozada (o el eunuco/criminal de guerra Felipe Calderón). Aunque la reforma cuasi-seudo-migratoria ya fue aprobada por el Senado, aún falta el visto bueno de la Cámara de Representantes. Allí se avizora que sufrirá un atorón indefinido. Y todavía concediendo que procediera la (contra)reforma, es altamente improbable que en la aplicación alcance los resultados deseables, al menos para la comunidad hispana o para los grupos u organizaciones sociales promotores de la iniciativa. En Estados Unidos, tierra de enredos ideológicos, las autoridades entienden por “reforma migratoria” la erección de muros y militarización de la frontera. Esto es, la contención de la migración. Si bien el proyecto de ley contempla el procesamiento de regularización del estatus de residencia de unos 11 millones de inmigrantes indocumentados, la arista nodal de la enmienda refiere al “fortalecimiento” de la “seguridad fronteriza”, entre cuyas humanitarias disposiciones destacan las siguientes: construcción de otros mil 126 km de muro en la frontera con México; dotación de 20 mil agentes más para la patrulla fronteriza; e incorporación de drones (aviones a control remoto) para la tarea de vigilancia transfronteriza (sic). 

En suma, está claro que la reforma migratoria integral no prospera. Ni prosperará. Más bien, la reforma emigra hacia otro terreno: no el de la regularización de la fuerza de trabajo, sino el de la seguritización/militarización de la frontera. 

Glosa marginal: ¿Y México? En México seguimos abordando equivocadamente el problema. Líderes de opinión mexicanos han manifestado su repudio al proyecto de ley migratorio: “Es un vil escupitajo racista… simplemente no responde a las condiciones planteadas por la comunidad”. Pero, ¿por qué nunca nadie señala el problema originario? México arroja más personas al exilio forzado que casi cualquier otro país. Preocupa el “vil escupitajo racista”. Pero preocupa más el “vil escupitajo en casita”. 


Tío Sam is watching you
 
Víctor Toledo escribe: “Las nuevas tecnologías de la información y la telecomunicación permiten ya no sólo transmitir el malestar, sino organizar expresiones masivas por canales no controlados ni por el poder político (gobiernos y partidos) ni por el poder económico (empresas y corporaciones)”. Parece que nuestro colega lleva algunos meses desconectado de la esfera de información. En fin, sólo se desea referir este desliz como preámbulo antitético al pronóstico, acaso más verosímil, del periodista Julian Assange, concerniente al rumbo de las tecnologías telecomunicacionales. Assange sentencia: “el avance de la tecnología de la información epitomizado por Google anuncia la muerte de la privacidad para la mayoría de la gente y cambia al mundo hacia el autoritarismo” (ver http://lavoznet.blogspot.mx/2013/06/la-profecia-de-1984-o-la-ciberpolicia.html).

Y adivínese que Estado comandará el nuevo orden autoritario con pretensiones totalizadoras. ¿Acaso la no tan decadente metrópoli estadunidense? ¡Loteria! 

domingo, 16 de junio de 2013

La profecía de 1984 o la (ciber)policía planetaria o Fahrenheit 911 o el caballero de la noche

Sin afán de demeritar el valor del proyecto Wikileaks que conduce Julian Assange, indiscutiblemente laudable, da la impresión a veces que el periodista más acosado por las cortes subsidiarias de Washington incurre en ciertos excesos de optimismo, que aunque comprensibles dada la insospechada influencia de sus filtraciones en el estallido de la indignación global, cabría acotar por razones que en seguida vamos a escudriñar. Assange no escatima en lo referente a las bondades de los sistemas de información modernos: “[son] el más importante campo de educación política masiva que haya existido jamás”. Las desorbitadas expectativas depositadas en los nuevos vehículos de comunicación virtual, particularmente el Internet, fácilmente pueden cuestionarse cuando se observa la función confidencial que desempeñan. El periodista australiano acierta cuando sugiere: “Los medios tradicionales… son meros espacios para dirimir pleitos entre distintas facciones del régimen”. Pero cuando refiere a las comunicaciones digitales-alternativas, el tono entusiasta de tales referencias azuza cierta intranquilidad. En relación con el alcance de Internet, Assange explica: “El número de personas expuestas [a los dominios de la red cibernética], el número de culturas expuestas, el número de idiomas expuestos, el puente geográfico es más grande que en ningún otro momento de la historia” (La Jornada). Exactamente aquí radica el peligro, y no necesariamente la virtud, de las tecnologías comunicacionales. Máxime si se contempla que la reproducción intensiva de los abusos de poder, vía tecnología o medios de comunicación, no ha conseguido subvertir el sistema político, y sí en cambio, estas mismas cibertecnologías, han contribuido más que ningún otro instrumento a la configuración de una maquinaria proto-orwelliana de vigilancia global.

En la coyuntura del escándalo que envuelve a la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), allá en los crispados dominios del tío Sam, tras la filtración de información ultraconfidencial que un tal Edward Snowden proporcionó a la prensa, cabe adentrarse en los orígenes del Internet, en el ámbito de sus funciones no declaradas, así como en sus tentativas de legitimación ideológica, tan sigilosas e imperceptibles aunque no por ello menos condenables. 


DARPA: el progenitor de Internet 

Pocos saben que el origen del internet está orgánicamente ligado con las agencias de inteligencia más furtivas en Estados Unidos. DARPA es el acrónimo de la expresión en inglés Defense Advanced Research Projects Agency (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa); es un apéndice del departamento de defensa de Estados Unidos, responsable de la elaboración de proyectos tecnológico-militares, inaugurada en el contexto de la Guerra Fría como órgano de vanguardia en la carrera armamentista que sostuvo Estados Unidos con la URSS (Wikipedia). Más tarde, esta agencia auspiciaría el nacimiento de ARPANET, el predecesor de Internet. 

Con el propósito de apuntalar a Estados Unidos como potencia tecnológica, especialmente después del desafío que supuso el lanzamiento de la misión soviético-espacial Sputnik, el departamento de estado de Estados Unidos puso en marcha múltiples proyectos de desarrollo militar, a través de DARPA, entre los que destacan: satélites, transbordadores espaciales, radares, misiles, dispositivos electrónicos de vigilancia, redes de ordenadores, etc. 

Cabe señalar que uno de los departamentos más importantes de DARPA es la Oficina de Tecnología en Procesamiento de Información, precursora en el desarrollo de los controles modernos para sistemas de información. 

Pariente consanguíneo de DARPA, la NSA, también enquistada en los dominios del departamento de defensa, es uno de los pilares de la inteligencia norteamericana, actualmente en la mira de la prensa por las filtraciones que pusieron al descubierto las subrepticias acciones de espionaje doméstico e internacional que desarrolla Estados Unidos. Según el portal ABC.es Internacional, la NSA “cada día intercepta 1.700 millones de correos electrónicos, llamadas telefónicas y otros elementos de comunicación”. 

En los perímetros de este binomio DARPA-NSA, se urden los fundamentos materiales de la neototalitaria (ciber)policía planetaria. 


Fahrenheit 911 

La legitimación de los sistemas de seguridad/espionaje global se nutre de dos tramas ideológicas, que vale la pena identificar: la guerra contra las drogas, y el choque de civilizaciones. 

En Drugstore Cowboy (1989), película estadunidense dirigida por Gus Van Sant, el personaje que interpreta William S. Burroughs profetiza amargamente: “Los narcóticos han sido sistemáticamente satanizados y utilizados como chivos expiatorios… Vaticino que un futuro próximo la ‘derecha’ va a utilizar la histeria de las drogas como pretexto para configurar un aparato policiaco internacional”. No es accidental que en el alba de los 70’s, exactamente en los años que Ronald Reagan inauguró la llamada “guerra contra las drogas”, DARPA intensificara el desarrollo de tecnologías tácticas y el procesamiento de información. 

Otro tanto ocurre con los dramáticos acontecimientos de septiembre de 2001. El 9-11 acarreó el endurecimiento de leyes “anti-terroristas” a escala planetaria, cuyo vértice fue la atribución de poderes de vigilancia discrecionales a las agencias de seguridad, una política que sistemáticamente contraviene el derecho fundamental a la privacidad (recuérdese la USA Patriot Act o Ley Patriota, promulgada en octubre de 2001). Entre otras disposiciones, las nuevas leyes facultan a las autoridades para interceptar discrecionalmente comunicaciones electrónicas. 


El caballero de la noche

Pasó inadvertido, acaso porque todos atendían la representación del guasón, a cargo del actor Heath Ledger. Pero no puede obviarse que el segundo film de la más reciente trilogía de Batman hace una apología de las políticas de espionaje/seguridad en boga, que perversamente evocan las violatorias mociones que siguieron al 9-11. Con base en un emisor-receptor de datos virtual, el personaje que interpreta Morgan Freeman vulnera los sistemas de información –aunque no sin falso remordimiento–, a petición de un cada vez más vomitivo Batman, con el fin de averiguar el paradero del guasón, transgrediendo flagrantemente la privacidad de los ciudadanos, pero con la venia de nuestro multimillonario héroe, y amparado en la premisa de que ciudad Gotham atraviesa una “emergencia”. 

Cualquier parecido con la moderna narrativa de los gobiernos, es mera coincidencia. 


domingo, 5 de mayo de 2013

Torre de rectoría: la contracrónica




Antología de inserciones pagadas

En México nunca ha existido el estado de derecho: sólo un estado chueco; árbol que nació torcido y jamás su tronco enderezó. Pero nótese qué curioso: en el marco de la toma de rectoría todas las voces sin distingo de colores, provenientes del caduco espectro derecha-izquierda, enarbolan e invocan casi neuróticamente el estado de derecho, para exigir, también neuróticamente, el desalojo del edificio de rectoría. Hasta parece que reciben “cuota” para incluir el concepto en sus espacios o colaboraciones. A la manera de inserciones pagadas, las propagandísticas afirmaciones siguen más o menos esta tesitura: “Hay un despojo a la UNAM y se debe aplicar el estado de derecho”. Y así hasta el infinito, o hasta el hastío. Otros evocan, poseídos por una especie de nostalgia porfirista, el “imperio de la ley”, y acusan a los jóvenes estudiantes, no sin colérica animadversión, de minar la consecución de este ideológico adefesio de la sofística jurisprudencia norteamericana. No pocos salen del closet, envalentonados por la pornográfica coyuntura, e impúdicamente pasean su derechismo de vocación, a menudo enmascarado con su izquierdismo de afición. Con el ego autoritario henchido hasta la hipertrofia, mi buen Néstor de Buen escribe sin rubor: “La UNAM merece mejor trato. En cierto modo el Estado tiene la palabra [sic]. La recuperación de las instalaciones por la vía de la fuerza estatal no violentará la autonomía. Por lo contrario, constituirá su mejor apoyo”. Antes el gobierno torcía la argumentación para allanar el camino a la represión. Ahora los propios docentes asumen voluntariosamente la tarea. Y no podían faltar los amanuenses, ese distinguido séquito de copistas a sueldo que reproducen febrilmente las ocurrencias verborréicas de la autoridad en turno. En la protocolaria conferencia de medios, José Narro “fijó la postura de la universidad” (o su postura): “Exhorto a quienes indebidamente han tomado nuestras instalaciones a que las desalojen de inmediato… A esos grupos sin razones válidas, que hacen el juego a las posiciones más conservadoras, que no tienen legitimidad alguna”. En seguida vino la cascada de reproducciones: “En este marco, estoy convencido de que el grupo o los grupos que están detrás de la toma de rectoría sirven finalmente a las fuerzas más conservadoras del país” (Javier Flores); “En mi opinión, estos grupos hacen el juego a los sectores más conservadores del país, que buscan acallar o dañar a las instituciones de educación superior públicas” (otra vez Javier Flores). 


“Los encapuchados”: la amarillista narrativa de Televisa 

Desconocía la fuente del calificativo. No tengo televisor en casa. Y evito con empeño cualquier exposición a esa caja bidimensional que ya es tableta tridimensional. Por un traspié involuntario, mi horario de la cena –en un changarro de garnachas con tv– coincidió con la hora del noticiero nocturno de un teacher que no es maestro. El programa de noticias que no es noticiario arrancó así: “El grupo de encapuchados que tiene tomadas las instalaciones de rectoría…” 

Uno asume natural que los incautos e incultos incurran en la repetición de las fábulas de la gran productora de fábulas: Televisa. Pero llama fuertemente la atención, que esta narrativa de la “casa” de “Laura en América” permee además en los espacios informativos que se asumen educados, veraces, cultos. En el relato amarillista de la televisora, los estudiantes, algunos menores de edad, figuran desprovistos de cualquier cualidad: todo se reduce a su condición más superficialmente visible –la de “encapuchados”. Adviértase cuán efectiva es la penetración de la rudimentaria e infausta narrativa de la máxima casa del anti-didactismo: “Temen encapuchados posible ingreso de la policía a CU” (Milenio); “Encapuchados de la UNAM llaman a diálogo a las autoridades” (La Jornada Jalisco); “Encapuchados seguirán en la UNAM; instalan plantón” (Excélsior); “José Narro hará un anuncio sobre la toma de rectoría por parte de un grupo de encapuchados” (El Universal); “Carta dedicada a los encapuchados secuestradores de la Rectoría de la UNAM” (La Razón); “Tres tardes con los encapuchados” (Reforma); “Encapuchados piden una mesa de dialogo con Narro” (CNN); “Encapuchados liberan la rectoría de la UNAM” (Proceso). 


Cubrir para descubrir 

“No queremos la reforma educativa en los CCH ni que se criminalice la protesta. Ustedes nada más ven el reflejo de estos vidrios rotos, pero no las cámaras que nos vigilan en el CCH Naucalpan, la represión en contra de nosotros”, exclama uno de los estudiantes –que no encapuchado–, recordándonos a todos la vulnerable situación del estudiantado en México. E insiste: “los medios de comunicación masiva nos atacaron. A la gente no le interesa nada porque somos estudiantes” (La Jornada). 

¿Acaso en esta truculenta historia de inédito bullying nacional, alguien se ocupó de averiguar las causas de la toma de rectoría? 

Los estudiantes imaginaron que al cubrir sus rostros se descubriría el régimen de abusos que impera en los CCH, especialmente en el de Naucalpan, donde por cierto nadie escucha sus demandas, y sí en cambio se les reprime con músculo porril. 


Ante el cerco, una primera explicación… 

Reproduzco textualmente el testimonio de uno de los 5 alumnos expulsados de CCH Naucalpan el 5 de febrero del presente año, sólo por oponerse a la reforma al plan de estudios de este subsistema de bachillerato universitario (y sugiero que se visite la fuente original http://www.comitecerezo.org/spip.php?article1471&lang=es): 

1 Febrero: “Aproximadamente a las 8:15 pm nos retirábamos de la escuela y en la entrada principal se encontraba el mismo sujeto que me agredió (José Mariano Rangel Castillo) y nuevamente me empezó a agredir verbalmente y también a mis compañeros: “pinche bola de mugrosos, váyanse a bañar a su casa”, estaba en un estado muy alterado, en esos momentos el Secretario General Keshava Ronaldo Quintanar Cano y Damián Alberto Feltrin Rodríguez lo detenían para que no nos agrediera e incluso lo metieron a la caseta de vigilancia que se encuentra en la entrada principal de las instalaciones, el agresor logró zafarse de quienes lo detenían y se dirigió hacia mí con la intención de darme un puñetazo en el pómulo derecho, lo cual evadí y mis compañeros me empezaron a defender de dicha agresión; es el momento en que aprovechan otros servidores públicos pagados por la UNAM para golpearnos a todos los que ahí nos encontrábamos, los agresores que puedo reconocer y en dado caso con el apoyo jurídico necesario poner una demanda son: Ricardo Gonzales Guevara, Olga Adriana Frausto Gutiérrez, Randy Adán Ángeles Sánchez Luis Gregorio López de la Cruz, Gerardo Gómez Villagómez y el mismo primer agresor José Mariano Rangel Castillo…” 

5 Febrero: “Llegué a la escuela aproximadamente a las 12 pm, pero los vigilantes me negaron el acceso al plantel argumentando que yo estaba expulsado junto con los demás compañeros que fuimos golpeados el 01 de febrero, cerraron los accesos, negando la entrada no sólo a mí, sino a todos los estudiantes, lo que causó mucho disgusto entre los estudiantes, y la autoridad permitió la entrada de todos aproximadamente a las 12:40, me reuní con mis compañeros “expulsados” y nos dirigimos hacia la explanada, queríamos saber la razón de nuestra expulsión… Después de las tres de la tarde nos dirigimos a la dirección, para entablar una conversación con el director del plantel y el secretario general acerca de nuestra situación académica, algunos profesores y trabajadores hicieron una valla para impedir que nos acercáramos, incluso a pedir esa información, nosotros esperamos cerca de dos horas para tener alguna respuesta, mientras algunos profesores afines a la dirección nos empujaban, hacia las jardineras, haciéndonos hincapié en abandonar el lugar, nos gritaban: “drogadictos, violentos, vándalos”, Nosotros no quisimos responder ante su violencia y agresión, por lo que nos retiramos a la explanada… Integrantes del grupo porril FEN, grupo afín a la dirección del plantel, tomaron contenedores de basura, y empezaron a aventarlos a los que nos encontrábamos reunidos entre ellos a mí, nos agreden y me golpean con cadenas en la espalda y en la cara, y me arrojan al suelo; desde la explanada me arrastran hasta la puerta principal ocasionándome raspones y heridas leves, ahí en la entrada gracias a la ayuda de dos compañeras me logro escapar y regreso corriendo a la explanada, ahí un grupo de trabajadores me detienen, entre los cuales puedo reconocer a un delegado del STUNAM, quién me avienta contra un pilar de acero y comienza a golpear mi cabeza contra ese pilar y al mismo tiempo me coloca una playera en la cara para según él no reconocerlo, es cuando me comienzan a agredir más personas a las cuales no puedo identificar, y me dicen: “ahora si te vas ir a chingar a tu madre”, “por andar de revoltoso hijo de tu puta madre” me tiran al piso, me arrastran a la salida y me entregan personalmente a miembros de la policía estatales, quienes me quitan, mientras porros del FEN me dicen: “esto es cortesía de la FEN” los policías me levantan y propinándome golpes en la cara, estómago y espalda me dicen “pinche greñas ya venían escogiditos” el profesor Ernesto Martínez Cruz y un profesor de filosofía , gritan: “vean quién es el maldito delincuente, sí, es él” en ese momento me suben a una patrulla… Estábamos en la patrulla tres hombres y una mujer, en el traslado al MP de Naucalpan, los policías nos iban diciendo: “ahora si se van a ir a chingar a su madre a Barrientos”. 


Y los porros... 

- “¿Y los porros apá?” 

- “No hijo, los porros no toman la rectoría… allí despachan regularmente”.


http://www.jornadaveracruz.com.mx/Noticia.aspx?ID=130503_053516_634 

domingo, 3 de marzo de 2013

La batalla de la izquierda y las redes sociales

La Habana, febrero 2013. 

Las nuevas tecnologías, internet, las redes sociales han llegado a la ciudadanía con una aureola de democratización, participación e igualitarismo que conllevó una fascinación progresista unida a la ya de por sí inherente de la tecnológica. No solamente se trataba de aparatitos, formatos y soportes fascinantes tecnológicamente -como toda tecnología innovadora-, sino que además resultaban -en tanto que igualitarias y baratas- libertadoras en la medida en que parecía que rompían el monopolio de la difusión de los grandes grupos de comunicación y las grandes empresas. No se podía pedir más. No negaremos que parte de todo esto es verdad, pero no basta con esa conclusión, existen muchos más elementos en torno a las nuevas tecnologías de los que debemos estar alertados y preparados; y es necesario poner en tela de juicio ese mito progresista respecto al nuevo fenómeno comunicacional. 

Debemos de plantearnos si las redes sociales son un elemento de socialización o, por el contrario, de aislamiento. Ya sabemos que el 39% de los usuarios de redes pasa más tiempo socializado a través de estos canales que con otras personas cara a cara. Y en cuanto a las motivaciones que les llevan al uso de las redes y los contenidos y temáticas que les ocupan, el exhibicionismo de la intimidad, la vanidad y el egocentrismo priman en redes como Facebook por encima del interés por formarse cultural o intelectualmente. Se piensa que los formatos de estas redes son un fenómeno de revolución popular de signo progresista, pero, como en la mayoría de los productos culturales promovidos por el mercado moderno, el dominio sigue siendo de la frivolidad, un estudio de Twitter mostró en 2012 que los picos de actividad coincidieron con los goles de la Eurocopa, cuando los usuarios usaban la red social para celebrarlo [1] . El futbolista Fernando Torres tenía 318.714 seguidores en Twitter y lo único que había escrito en la red era un tuit, en inglés, medio año antes diciendo algo así como “Todavía no he empezado en Twitter, pero esta es mi página oficial y ya está lista para cuando llegue el momento oportuno”. De modo que había cientos de miles de personas siguiendo a alguien que no decía nada. 

La importancia que se da a las redes sociales es tal que se dice que algunos medios seleccionan a sus colaboradores y columnistas según el número de seguidores que tienen en las redes sociales. El profesor francés Salim Lamrani demostró que la bloguera anticastrista de fama mundial Yoani Sánchez, colaboradora en numerosa prensa europea, había inflado su Twitter con miles de seguidores falsos. 

El supuesto igualitarismo democratizador de las redes sociales ha tenido, no se puede negar, elementos positivos, como el fin del oligopolio de la agenda y la selección informativa de los grandes medios, pero también tiene su cara negativa. Se trata de la ausencia de brújula que nos oriente para distinguir lo valioso de lo irrelevante, lo riguroso del rumor, lo verdadero de lo falso, el especialista del improvisador, el análisis del brillante del comentario de bar. Que yo pueda pontificar sobre política con la misma autoridad que Kissinger o de economía con la misma contundencia que Friedman nos puede enorgullecer a los críticos del control de la información por parte de los poderes, pero no supone necesariamente sustituir el pensamiento dominante del establishment por el pensamiento alternativo crítico. La catarata de internet nos ofrece sin distinción el estudio riguroso, el dato valioso, el argumento elaborado, la tesis consparanoica sin fundamento, la cifra falsa, la suplantación de un testigo, el megalómano mentiroso, el vanidoso cansino, la trivialidad banal. No quisiera que se me confundiera y se pensase que estoy defendiendo el elitismo, la historia está repleta de supuestos especialistas y doctos que sólo eran unos mediocres pero, para cambiar y mejorar el mundo, es necesario orientarse en la niebla y el vocerío estruendoso puede ser tan estéril que también puede colaborar con la reacción e impedir el cambio. Mi propuesta no es renunciar a las redes sociales ni a otras muchas opciones que nos abre la red, sino tener claras sus limitaciones e intentar rectificar la deriva de sus contenidos y el perverso uso mayoritario que la ciudadanía le está dando. 

Un objetivo ideológico 

Hemos de considerar que si bien la aparición de internet ha supuesto una libertad de información -y de desinformación- sin precedentes y el fin del oligopolio de la distribución de esta información, en la red siguen siendo desproporcionadamente poderosos los mismos que fuera de ella. Las grandes empresas desarrollan métodos de presencia e influencia abrumadora sobre el contenido de internet: a través de colaboradores pagados en foros y webs, mediante influencia en buscadores, inversiones en diseños y tecnología que desarrollan sus proyectos en internet. Tampoco olvidemos que lo más leído en la red en cuanto a información siguen siendo los grandes medios tradicionales, incluso son los más referenciados en las redes sociales. Según datos del Instituto Nielsen NetRatings publicados por Le Monde y citados por Ignacio Ramonet, “de entre los doscientos sitios web de información online más visitados de Estados Unidos, los medios tradicionales representan un 67% del tráfico” y “el 80% de los enlaces que encontramos en las webs informativas, los blogs o las redes sociales norteamericanos remiten a medios de comunicación tradicionales”. Concluye Ramonet que “en internet, el fenómeno de la concentración de información y de la escasez de pluralismo, aunque de naturaleza diferente, no es menos importante que en la prensa tradicional” [2]. 

Por otra parte, y recordando a Guy Debord, el formato espectacular de imagen, color, movimiento, interacción y superficialidad de la información actual ya es, en sí mismo, ideología: “El espectáculo es la ideología por excelencia, porque expone y manifiesta plenamente la esencia de todo sistema ideológico: empobrecimiento, servidumbre y negación de la vida real”. [3] 

Son numerosos los elementos de ideologización que encontramos en los nuevos formatos y el nuevo patrón informativo que se está imponiendo. Para empezar los motores de búsqueda ya incorporan un sesgo reaccionario y conservador. Sus criterios priman lo mayoritario, lo popular, el consenso dominante, no solo a la hora de priorizar las temáticas, sino también las tesis sobre esos temas, los autores, los portales informativos. En una biblioteca uno encontraba el libro del pensador reaccionario al lado del pensador rupturista, en cambio Google nos ofrece los primeros diez enlaces del autor y el medio dominante y el alternativo o contracorriente aparece mucho después. Los grandes medios pueden disponer de técnicos y complejas estrategias informáticas para lograr un buen posicionamiento en los motores de búsqueda, en algunos casos incluyen en sus contenidos determinadas palabras claves que saben que son las más buscadas por los internautas. Tenemos así otra nueva forma de adulteración de la información que se intoxica para triunfar en Google. 

Propietarios 

Para aproximarnos al ideario de los principales interesados en el nuevo modelo informativo tecnológico podemos hacer un somero repaso de los accionistas de las principales empresas, es decir, quienes financian y reciben beneficios de este modelo. 

En primer lugar tenemos al gigante Google, que cotiza en el Nasdaq y es propietario, entre otras empresas y servicios, de Youtube y de Motorola Mobility. Entre sus accionistas, junto a los fundadores Sergey Brin y Larry Page, se encuentra Eric Schmidt, miembro del Club Bilderberg, fue el presidente y director general de Google hasta abril de 2011. También Ram Shriram, antes directivo de Netscape y de Amazon. Entre los inversores institucionales, básicamente se encuentran grandes fondos de inversión de capital riesgo como FMR LLC, The Vanguard Group, Inc., State Street Corporation y otros más. 

En cuanto a Facebook sabemos que recaudó unos 18.000 millones de dólares con su salida a Bolsa, esa operación la gestionó Morgan Stanley, que estuvo al frente de la operación junto Goldman Sachs y JP Morgan. Su fundador, Mark Zuckerberg, posee el 18,4% de la compañía. Entre los principales accionistas y directivos se encuentra Goldman Sachs, un banco que, como se recordará, estuvo implicado en la crisis financiera de Estados Unidos en 2008. También estuvo involucrado en el origen de la crisis financiera de Grecia de 2010-2011, ya que ayudó a esconder el déficit de las cuentas griegas del gobierno conservador. Otro accionista de Facebook es Erskine Bowles (también es miembro de la junta directiva), fue alto cargo de la administración Clinton y ahora de la de Obama como presidente de la Comisión Nacional de Responsabilidad Fiscal y Reforma. Además es miembro de la junta directiva de General Motors , Morgan Stanley y Norfolk Southern Corporation. También tenemos a Sheryl Sandberg, quien trabajó para Google y el Banco Mundial. Fue jefa de gabinete en el Departamento del Tesoro en la Administración Clinton. Pertenece al directorio de empresas como Walt Disney y Starbucks. Y Reed Hastings, director ejecutivo de Netflix, un proveedor de internet estadounidense, y miembro del consejo de administración de Microsoft, además del de Facebook. 

La mayoría de los accionistas de Twitter proceden de firmas de capital de riesgo como Spark Capital, Union Square Ventures, Kleiner Perkinsm Benchmark Capital, Institutional Venture Partners, T. Rowe Price, y DST Group. La empresa está obsesionada con que no sean más de 500 para no tener que cotizar en bolsa y no hacerlos públicos. Se sabe que entre los accionistas de Twitter se encuentra el príncipe saudí Alwaleed bin Talal, quien anunció en diciembre de 2011 que había adquirido una participación de 300 millones de dólares. Skype ha sido comprada recientemente por Microsoft y Tuenti es propiedad en su mayoría de Telefónica. 

A todo lo anterior podemos añadir los intereses empresariales de los consorcios de fabricación de teléfonos móviles, la industria de la informática y las operadoras de telefonía e internet. En conclusión, una vez más, detrás de las empresas de los nuevos formatos de comunicación, están los grandes grupos de inversión mundiales junto con algunos multimillonarios de la nueva economía, es fácil deducir la ideología que promoverán. 

Censura 

La propiedad privada de las empresas tecnológicas y sus soportes tecnológicos modernos les permiten todo tipo de censura que, asombrosamente, es aceptada por ciudadanía y los poderes públicos. Se considera a redes sociales como Facebook y soportes como Youtube ejemplos de logros en la democratización de la información sin percibir que se trata de empresas privadas que, mediante un teclazo desde sus centros de control, pueden eliminar un contenido díscolo y hacer desaparecer a un usuario con la resignación de una sociedad que nunca se plantea que estamos ante un ataque a la libertad de expresión. Facebook veta imágenes que no le gustan y expulsa de sus páginas a colectivos que le parecen indeseables. En junio de 2012, Facebook censuró una portada de la revista de humor española El Jueves alusiva a Merkel y Rajoy y comunicó al administrador que la había colgado que se le sancionaba con 30 días sin poder subir contenidos a la red social. [4] Si la revista se seguía distribuyendo con normalidad en los quioscos y, en cambio, en la red social Facebook no se permitía y se sancionaba al usuario estábamos sufriendo, de manos de las redes sociales, un retroceso de la libertad de expresión. 

Las noticias de grupos sociales que ven eliminada su página de Facebook son constantes, en abril de 2011 diferentes colectivos que protestaban en el Reino Unido contra los recortes de su gobierno denunciaron el cierre de sus páginas en esta red [5] . Ese mismo mes unos activistas españoles del 15M denunciaban que el anuncio de su manifestación, con más de veintitrés mil asistentes confirmados, era borrada de varias de sus páginas. [6] Youtube elimina vídeos bajo cualquier argumento insostenible, como sucedió con la cuenta del portal Cubadebate por un vídeo que denunciaba el apoyo financiero que recibía el terrorista Luis Posada Carriles [7] , autor intelectual de la explosión de un avión civil cubano que provocó la muerte de 73 personas. Algunos usuarios también denunciaron que les borraron vídeos de Youtube, al igual que su cuenta de usuario, argumentando que violaban derechos de autor cuando se trataba de imágenes de televisiones públicas que las emitían y las cedían para libre uso. [8] Las denuncias de los afectados por esas acciones nunca tienen gran trascendencia ni ninguna viabilidad legal puesto que son empresas privadas que, desde su casi monopolio del servicio y con una imagen internacional de comunicación libre y gratuita, aplican la censura con regularidad. Por su parte, los internautas cubanos denunciaron que Google ha vetado a los habitantes de ese país el uso de su servicio Google Analytics, a través del cual los administradores de páginas web conocen las estadísticas de accesos. En cambio la empresa sí puede seguir utilizando esos datos para sus cálculos y negocios. [9] Es ingenuo creer que nos van a dejar su logísticas, es como si un grupo de Panteras Negras se quisieran reunir en un local de McDonalds. 

 El modelo de funcionamiento de las redes puede ser claramente reaccionario y conservador. Obsérvese, por ejemplo, que en Facebook aparece siempre la opción “me gusta”, pero no existe la correspondiente “no me gusta”. “Se trata de impedir, obviamente, la sanción de marcas y productos que puedan ser futuros anunciantes o inversores. Pero también se inscribe de lleno en ese ciberoptimismo por el que se incita a la producción constante (inteligencia colectiva) y se desprecia la crítica y, sobre todo, la inacción, la huelga, la renuncia”. [10] 

Ciberactivismo 

“El riesgo de internet es pensar que se vive la democracia en directo, cuando sólo es una democracia virtual. Internet no es más que la continuación de la utopía de querer hablar directamente con todo el mundo; el problema es pensar que eso va a resolver nuestros problemas reales” [11] . 

Nuestro activismo político se despeña por una pendiente hacia la virtualidad de los manifiestos y firmas en la red, el sexo ha alcanzado la higiene absoluta y la desinhibición total gracias al mundo virtual, los amigos no están en el bar sino en el facebook, seguirán contabilizados aunque mueran mañana. Las autopistas son virtuales porque son las “autopistas de la información”. Pero mientras sucede todo esto, las guerras y las hambrunas nada virtuales con sus muertos no virtuales y los armamentos y criminales que las provocan, tampoco virtuales, siguen existiendo. Del mismo modo, nuestro salario y nuestras prestaciones sociales nos las están disminuyendo de forma real, mientras seguimos conectados al mundo virtual. La ofensiva tecnológica-virtual parece diseñada para sacarnos de la realidad auténtica y meternos en una realidad virtual con el objetivo de neutralizarnos. Existen juegos en internet para niños -y adultos- en el que el sistema te premia con “créditos” para comprar objetos virtuales previo envío de SMS con un coste en euros reales. Es decir, cambian con toda impunidad dinero real por dinero virtual. Del mismo modo actúa gran parte de la revolución tecnológica: nos roba nuestra vida real, sobre todo si puede ser potencialmente crítica y subversiva, y nos la cambia por vida virtual. Ese es uno de los objetivos de la denominada brecha digital, mientras los empobrecidos del mundo mueren de hambre, los que tienen para comer son aprehendidos y llevados al mundo virtual, el mundo feliz de Aldous Huxley donde no tendrán por qué preocuparse de los pobres. Toda esta catarata tecnológica tiene como objetivo principal el aislamiento del individuo. 

Exponer esta tesis en Cuba, donde sus ciudadanos sufren grandes dificultades para el uso de internet debido al bloqueo de Estados Unidos que impide que la isla acceda con normalidad al ciberespacio puede parecer inoportuno, pero yo vengo de una Europa abducida por las redes y creo necesario advertir a los cubanos de esa posibilidad. 

Espectáculo y alineación 

Los nuevos soportes y formatos están desarrollando un modelo informativo superficial y simplista de la realidad y del pensamiento. Si lo analizamos desde el punto de vista ideológico, estaremos de acuerdo en que la superficialidad sintoniza más con un ideario que no pretenda cambiar las estructuras de poder vigentes, que fomente el acomodo de los ciudadanos al modelo dominante. En cambio, un ideario que pretenda desarrollar el análisis inductivo, el pensamiento crítico, que ponga en tela de juicio las estructuras de poder, requiere una información y un pensamiento más elaborado, más profundo y argumentado. 

Redes físicas 

Frente a las redes virtuales, debemos apostar por construir redes reales. Para ello, el primer paso es reconocer que las virtuales nunca pueden sustituirlas, tanto si pretenden fortalecer lazos de amistad como si buscan organizar a la ciudadanía socialmente para cualquier objetivo. Las redes de internet son precarias, coyunturales e impiden establecer lazos firmes entre sus miembros. Aunque resulte una obviedad, no hay que dejar de insistir en que los “amigos” de Facebook no son amigos. Unas redes firmes, sólidas y duraderas requieren personas que se encuentren físicamente en el mundo real, que se enfrenten a situaciones de la vida real en lugares físicos, cara a cara, que discutan sobre problemas comunes, objetivos y planes de acción. Todo ello sin la mediación de máquinas. Las redes sociales y el mundo virtual han socavado el histórico derecho de reunión y lo han sustituido por un hecho social alucinatorio: la falsa conciencia de reunión, la 'ilusión de reunión'. La conciencia espectadora, presa de la pantalla, tras la cual ha sido deportada la propia vida, sólo encuentra interlocutores ficticios que desemboca en un autismo espectacular [12] . En palabras premonitorias de adónde nos ha llevado internet, Guy Debord afirmó que “la 'misión histórica de instaurar la verdad en el mundo' no pueden realizarla ni el individuo aislado ni la muchedumbre atomizada”. Y, hoy, cada uno de nosotros, frente a nuestro ordenador, no somos otra cosa que muchedumbre atomizada. La alternativa según Debord era el Consejo Obrero como forma desalienada de la democracia. Sí, un término, el de Consejo Obrero, que puede parecer arcaico, pero que no es otra cosa que el encuentro físico de seres humanos oprimidos con el objetivo de liberarse y de cambiar el mundo. Vicente Romano, en su Ecología de la Comunicación, plantea que hay que “reivindicar, proteger y fomentar los espacio experimentales, los lugares públicos, contra la retificación (red, tejido) telemática de la sociedad” [13] . En su opinión, “es menester el entorno natural y social vivo, en vez de los sistemas tecnológicos rígidos en los que los seres humanos están fijos en el sentido del diálogo persona-máquina. Para ello reivindica “espacios sensorialmente perceptibles en donde pueda desplegarse la profusión social y humana al instante”. Romano los denomina “lugares del tiempo”, y son “lugares del encuentro, de entrar en contacto: mercados, plazas, campos deportivos, patios, cafés, iglesias, etc.” Es importante insistir en que la comunicación no presencial es imaginaria. La presencia real, en cambio, es física, orgánica, material. Estamos donde estamos, y en ningún otro sitio, e interactuamos donde estamos de verdad. Tendemos cada vez más a atenuar la diferencia que existe entre esos dos tipos de presencia. [14] El escritor Isaac Rosa nos puso el ejemplo de las movilizaciones de los mineros españoles en el verano de 2012: 

Mientras nosotros escribimos posts y tuits de denuncia contra los recortes (yo el primero), ellos se encierran en los pozos, paralizan el tráfico, levantan en pie de guerra comarcas enteras, y finalmente echan a andar por la carretera. Mientras nosotros pintamos ingeniosas pancartas y componemos simpáticos pareados para gritar en manifestación, ellos se enfrentan a cuerpo con la Guardia Civil. Mientras nosotros retuiteamos y damos miles de “me gusta” para apoyar las reivindicaciones de los colectivos más castigados, ellos van pueblo por pueblo dando y recibiendo abrazos, compartiendo comidas y techo. Mientras esperamos al próximo aniversario para volver a tomar las plazas, ellos se plantan en la Puerta del Sol tras haber hecho suyas las plazas de todas aquellas localidades por las que pasaron. 

La lección está clara: ante el ataque total contra los trabajadores, estos no son tiempos de hashtag, sino de barricada. Frente a la solidaridad efímera de la red social y la indignación inofensiva, son tiempos de caminar juntos, de compartir encierro o marcha, de encontrarse en las calles, de abrazarse como ya no nos abrazábamos, como estos días se abrazaban los mineros con quienes los esperaban a la entrada de cada pueblo. [15] 

Con este evento Cuba ha demostrado ser nuevamente pionera. Al reunirnos aquí ha convertido en tangible y real el mundo virtual que yo estoy criticando. Aquí algunos se han calificado de “cibermambís”, pero yo quiero precisar que los cubanos lograron su independencia de España con mambís reales, si se hubieran quedado en cibermambís, todavía gobernaríamos los españoles. Y Fidel Castro no vino en un “cibergranma” vino en el Granma, un barco físico y real. 

Jugar en terreno enemigo 

Nadie deberá pensar que vamos a negar el gran avance que ha supuesto internet en numerosos aspectos. Desde el ámbito de la educación al de la comunicación entre las personas y, por supuesto, en el periodismo. Especialmente, y ese logro nunca debemos olvidarlo, para terminar con la exclusividad informativa que tenían las grandes empresas. La generación puente de periodistas críticos que conocimos la profesión antes de internet y después, podemos constatar la dificultad que teníamos antes para difundir algún texto y lo sencillo que es ahora. Hace veinte veinte años no conseguíamos un medio donde colocar nuestra información, ahora lo difícil es conseguir que el medio pueda ser descubierto por los lectores. En cualquier caso, una de las paradojas a las que nos enfrentamos ante las nuevas tecnologías, los modernos hábitos de la información y las redes sociales es que, por muchas críticas que les señalemos, no podemos mantenernos al margen porque nos veríamos barridos del panorama. Muy a nuestro pesar, nos vemos obligados a jugar en un terreno enemigo y empobrecedor pero si no lo hiciéramos nos encontraríamos expulsados del juego directamente. Esto es muy importante para Cuba, necesitada de mejorar sus servicios de conectividad y desarrollo tecnológico. 

Si alguien cree que pretendo que el lector abandone su tablet, sus redes sociales, su iPhone o cualquier otro artilugio de los cuales parece que reniego, se equivoca. Mi intención no es otra que adjuntar una especie de advertencia de efectos secundarios, peligros de sobredosis, medidas de prevención y recomendaciones para el buen uso. Podríamos establecer un paralelismo con respecto a otros entornos perversos, como el de las armas. Los movimientos populares, los regímenes democráticos y participativos no pueden estar a favor del uso de la violencia y del armamento, pero no pueden permanecer en el tablero internacional sin medios de defensa porque serían derrocados inexorablemente. De ahí que debemos responder a quienes nos califican de incoherentes e hipócritas a los que criticamos las modernas tecnologías y sus formatos comunicacionales y al mismo tiempo las utilizamos. Efectivamente, es como ese pueblo pacífico, humano y solidario que odia las pistolas, pero que sabe que las necesitas para defenderse. Yo mismo uso mi teléfono móvil como la mayoría de los ciudadanos, envío SMS, mantengo un blog, dispongo y consulto mi cuenta de Twitter; no se trata de cargar contra la tecnología, sus ventajas son indiscutibles y su presencia y utilización inevitables. La cuestión no es hacer que desaparezca, sino qué hacer y cómo con lo que existe. El hecho de que algunos denunciemos sus elementos adversos, intentemos desmitificarlas y advirtamos del daño que pueden estar causando no deben impedir que las utilicemos, porque, como ya hemos señalado, están aquí, no podemos renunciar a ellas y además apreciamos sus ventajas. Lo mismo que no podemos exigir a un ecologista que no viaje en avión a ver a su familia que vive a dos mil kilómetros o al comunista que no se coma una mariscada, tampoco los que nos preocupamos por la involución de la información con los nuevos formatos y tecnologías vamos a volver a la máquina de escribir o renunciar a internet. No somos la versión moderna de los ludistas ingleses que se oponían a la revolución industrial en el siglo XIX. Nuestro objetivo es intentar nadar y avanzar en este océano que nos ha tocado vivir y, para ello, buscar propuestas e iniciativas viables y que permitan combinar lo positivo de nuestros tiempos con los valores intemporales. Incluso en los contenidos supuestamente irreverentes y subversivos de nuestros medios alternativos debemos recordar que solo pueden tener sentido si tienen como objetivo la transformación del mundo, de otro modo, como también nos descubrió Debord, estarán condenados a convertirse solo en espectáculo.

sábado, 11 de agosto de 2012

Mitos y opinomanía

(segunda parte)
 
Reanudemos la recapitulación de las mentiras, falacias y mitos que dotan de legitimidad, aunque frágilmente, el (des)orden impuesto. 

Mito #6: Asistimos al adelgazamiento del Estado. 

Sueño húmedo de neoliberales recalcitrantes, el “adelgazamiento” del Estado es la expresión eufemística de la consolidación del poder corporativo, y el telón ideológico tras el cual se oculta un proceso exactamente opuesto al anunciado: el robustecimiento del Estado, fincado en una creciente asignación de recursos a los ejércitos y cuerpos policiales (seguridad pública, defensa nacional), y en la depuración de las funciones estatales primarias, a saber: el control, la vigilancia, la represión. Si bien la aplicación de la violencia a gran escala es un síntoma de salud deficitaria, cabe apuntar que la configuración de esta modalidad de Estado “mínimo”, que reemplaza el asistencialismo con militarismo, es el proyecto de una clase social que preconiza la guerra nuclear como salida a los problemas que encara la sociedad, sugiriendo, acaso subrepticiamente, que prefiere el apocalipsis, la autodestrucción, que la abdicación al poder. En este designio, el Estado es su personero más firme. Adviértase, no sin alarma, que la inversión en ciencia militar ha arrojado resultados positivos para la causa de las élites: actualmente cuentan con un arsenal suficiente para la aniquilación de la especie. 

Mito # 7: El Estado –un lastre para los circuitos económicos– interviene cada vez menos en la vida del individuo y el cuerpo social. 

Este mito va de la mano con el anterior. Hemos dicho que el Estado más que reducir sus funciones a una mínima expresión, sencillamente mudó el acento de su intervención a las áreas prioritarias de un poder anónimo –el capital multinacional. Este capital, no obstante, atraviesa por una crisis estructural en donde debe valerse de los Estados para resarcir los desequilibrios y restaurar el comportamiento ascendente de la tasa de ganancia. Aquí la función del Estado es clave, determinante para la vida de los individuos y el cuerpo social. Véase la fórmula truculenta de atraco discrecional: El capital responde al requerimiento de la ganancia irrestricta. Precisa un consumo masivo para una producción igualmente masiva. El consumo a gran escala sólo puede sostenerse con base en deuda; esto es, mediante la creación de dinero ficticio-diferido (créditos). Se inicia el tránsito de una economía basada en la producción e industria a una economía controlada por las esferas financieras. El capital especula con estos créditos, creando una economía de casino, altamente volátil. Cuando gana, se apropia de los beneficios; cuando pierde, pasa la factura al Estado (recuérdese FOBAPROA). El Estado instrumenta una política de conversión de deuda privada en deuda pública. La situación económica nacional se precariza. El Estado solicita línea de crédito a los organismos financieros internacionales –actores centrales en la trama de la crisis– sólo para contribuir al pago de la deuda que estos mismos provocaron. Este “préstamo”, no obstante, está condicionado. Le llaman ajustes estructurales. Consiste en renunciar a la vocación asistencial del Estado e implementar una política de “austeridad”, a fin de reorientar estos recursos para el subsidio del capital multinacional. ¡Sí, el mismo que provoca la crisis! El Estado aplica recortes presupuestales a la asistencia social, educación, salud, extermina organizaciones obreras, desmantela la industria nacional (recuérdese Luz y Fuerza del Centro, Mexicana de Aviación) y cede recursos por partida doble al capital –vía monetaria y patrimonial. La sociedad se indigna, asiste a las urnas; se organiza, toma las calles. El Estado responde, violenta las urnas; frena el cambio, militariza las calles…

viernes, 3 de agosto de 2012

Mitos y opinomanía

(Primera parte)

Luego de navegar la cuota diaria de horas obligatorias en el ciberespacio, y recorrer los pantanosos fondeaderos de la comunicación digital (léase redes sociales, portales noticiosos etc.), (mal) hábito que penosamente desarrollé –no sin heroica resistencia– tras el estallido del movimiento cientotreintaydosino, forzado además por el alto costo de la exótica usanza de la tinta impresa, asaltóme un sentimiento oscilante de abatimiento, desconsuelo y amargura, con una extraña proximidad al encabronamiento simple y llano. Y es que –pese al extraordinario volumen de escritos inestimables que circulan en la web– la depravación opinomaniaca que campea en los foros de discusión es un signo apenas demostrativo de una ignorancia desenfrenada, un analfabetismo político que a nuestro juicio cabe denunciar, condenar enérgicamente, aunque no con mentadas de madre –si bien éstas también habrán de figurar– , más bien, con una contra argumentación que, sin conceder demasiada importancia a la incontinencia verborreica, arroje luz sobre la creciente emergencia de mitos, opiniones e ideas manipuladas que nublan la inteligencia del ciudadano común. 

Mito #1: Sin capitalismo no hay trabajos; la riqueza y la prosperidad son corolarios de la inversión privada. 

El criterio material toral del capitalismo es el aumento ininterrumpido de la tasa de ganancia. Hasta el economista más modesto sabe que este fin se consigue mediante la reducción de costos, especialmente, la mano de obra; lo que supone inexorablemente una pauperización del trabajo (disminución por decreto del salario real, abolición de prestaciones) y un aumento en la tasa de desocupación, a fin de conservar la nutrida disponibilidad de la mano de obra a precios módicos. Como se ve, la inversión particular privatiza los beneficios y socializa la privación e indigencia. 

Mito #2: La crisis económica mundial precisa políticas de austeridad para recuperarse del “bache”. 

La austeridad, como los méritos, sólo se les exige a los pobres. La decisión de implementar medidas de austeridad es naturalmente política, nunca neutral, y responde a la lógica de acumulación congénita al capital. Bien dicen en España: “No es crisis, es estafa”. 

Mito #3: Las rebeliones juveniles son utópicas e idealistas. 

Utopía e idealismo es pretender que el mundo se puede sostener a partir de los criterios materiales e inmateriales vigentes. Un mundo postcapitalista no es una utopía, es una condición sine qua non para la conservación de la vida, máxime en esta era de producción a gran escala de tecnología destructiva. Un sistema donde los márgenes agrupan al grueso de la población es un sistema que requiere, objetivamente, un cambio fundamental. 

Mito #4: La ‘guerra contra las drogas’ involucra una confrontación entre los gobiernos del mundo y el crimen organizado transnacional. 

En Drugstore Cowboy (1989), película estadunidense dirigida por Gus Van Sant, el personaje que interpreta William S. Burroughs profetiza amargamente: “Los narcóticos han sido sistemáticamente satanizados y utilizados como chivos expiatorios. La idea de que cualquiera puede usar drogas y escapar un destino sombrío es el método de estos idiotas. Auguro que un futuro próximo la derecha va a utilizar la histeria de las drogas como pretexto para configurar un aparato policiaco internacional”. 

Mito #5: Cada pueblo tiene el gobierno que se merece. 

Axioma pequeñoburgués conservador que ignora las intrincadas relaciones de poder. Más que un enunciado veraz, es una declaración inequívoca de frustración, impotencia y, a menudo, misantropía con tintes malinchistas o admiración oculta por la autoridad en turno. 

(Continuará…)

sábado, 21 de julio de 2012

México 451


La ambientación distópica que prefigura Ray Bradbury en Fahrenheit 451 cobra cada vez mayor verosimilitud, alcanzando peligrosamente una concreción casi matemática a lo proyectado e imaginado por el autor. Las sociedades democráticas coexisten con estructuras estatales típicamente totalitarias: la democracia es tan sólo la expresión ideológica de la tiranía. En el “mejor de los mundos posibles” el control psicosocial alcanza niveles inusitados, a tal grado que la frontera entre la realidad y la ficción, si bien a menudo indiscernible, es inasequible para los sentidos del hombre tele-embrutecido. Se vive inmerso en un reality show en donde todo comportamiento no domesticado es motivo de escarnio y vilipendio. En este universo de artificios y simulaciones, la libertad gravita en torno a la selección de lo impuesto. Elección e imposición conviven cual gemelos siameses. Así, libertad y tolerancia constituyen gestos formales de acatamiento y condescendencia, respectivamente. Este vaciamiento de contenido en los valores que nos rigen ha sustraído el poco criterio restante del individuo, allanando el terreno para la emergencia de un autómata naturalmente predispuesto a sumergirse en los estercoleros de las ilusiones mercadotécnicas.

Charles Bukowski escribe: “La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia primero votas y después recibes ordenes. En una dictadura no tienes que perder el tiempo votando”. Es decir, en política la libertad se concede (por ejemplo, se promueve la participación ciudadana en procesos electorales) siempre que el ejercicio de esta “libertad” convalide la dominación, la autoridad y la eventual cancelación de libertades colectivas e individuales. Entiéndase por democracia la “libertad” inescapable para legitimar, legalizar y normalizar la dictadura. 

Este axioma moderno, universalmente válido, bien se puede extrapolar a la realidad sociopolítica del México actual. La alianza Televisa-PRI-Iglesia y consortes, estableció con antelación a los comicios la agenda sexenal para el país. La celebración de elecciones, como en los antiguos tiempos del unipartidismo, tuvo un carácter estrictamente protocolario y formal. Empero, ante la natural erosión de una entelequia anacrónica, el PRI vióse obligado a multiplicar astronómicamente la cuota de novelera mercadotecnia e inyectar una dosis superior de ficción a la trama electoral. La estrategia, apreciablemente tosca, agresiva e histérica, consistió en sumergir e involucrar al tele-auditorio en una conmovedora historia de hadas en la que participaría todo el público –asignándole un papel decisivo– con sólo efectuar su libre derecho a votar, erigiéndose en protagonista de la tele-serie más costosa jamás producida en este país. Fue una manera de otorgar al público la facultad de decidir el desenlace de esta beata historia dulcinea (con todo y bendición de Benedicto XVI). Sin embargo, cabe señalar que erraron los autores de esta truculenta tele-maquinación al creer que el público, aunque autómata y presuntamente ávido de contenidos residuales, votaría por el final feliz. No sorprende tanto el cálculo fallido como el tamaño de la farsa cultivada desde el poder. 

Como en Fahrenheit 451, en México la realidad y la tele-ficción se engarzan para crear una suerte de hibrido existencial en donde el individuo concreto es, simultáneamente, operador y aval de un sistema deshumanizante e irrestrictamente dictatorial. 

Felizmente, y gracias a la generación que ha abandonado la sala de televisión para tomar las calles, existen evidencias indiciales para suponer que este funesto estado de cosas no perdurará indefinidamente. La primera instrucción para la liberación es apagar el televisor y tomar un libro.