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sábado, 29 de junio de 2013

** Más acerca de Morris ** La no tan incomprensible turbulencia en Brasil ** El panismo bárbaro o bávaro.


Hay de Dulce, de rajas, de mole… 

En México, como en Brasil, también irrumpen indignados. Pero acá la indignación pertenece a una cepa distinta. Aunque acá también son jóvenes, la (anti)causa a la que responden se sostiene en una triste senilidad intelectual o discursiva. Y es que la aparición del minino Morris en la disputa comicial por la presidencia municipal de Xalapa –más allá de las simpatías o antipatías que pudiera despertar–, ha puesto al descubierto uno de los males más reprochables en cualquier sociedad: la lacerante senectud de muchos jóvenes. Figúrese que no pocos homólogos generacionales (los indignados en cuestión) esgrimen con airada convicción e insospechada indignación un argumento típicamente arcaico: a saber, que la candigatura del celebérrimo Morris pone en peligro un objetivo largamente perseguido: el derrocamiento del PRI en la entidad, o la materialización de un anhelado “cambio”. Y como la lógica estadística (siempre caprichosa) indica que el candidato panista está virtualmente descalificado, se infiere que este hipotético cambio está corporeizado en la figura de la contendiente más próxima al desteñido candidato tricolor: la Sra. Dauzón. Bien dicen que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Aunque acá los tropiezos alcanzan una cifra astronómica, que francamente hace dudar de nuestra condición de hombre. Y es que tal argumentación, si se nos permite la modesta curiosidad, acarrea necesariamente la siguiente pregunta: ¿En qué vetusta inteligencia cabe la idea de que una empresaria acaudalada, visiblemente extraña a la realidad de las nuevas generaciones, adherida a un partido enquistado orgánicamente en la estructura tradicional priista, fundado por un priista de cuño (Dante Delgado), y cuyo conyugue es un histórico integrante del priismo estatal, puede conducir a la sociedad a un cambio? 

Esta indignación de los panegiristas del cambio sin cambio, que torpemente ven en las elecciones una herramienta para destronar al rey midas tricolor, tiene una explicación: el olvido, desconocimiento u omisión de la historia pretérita y presente. ¿Cuántas veces más deberá fracasar una “alternativa” u “oposición” electoral para que la inefectividad o inutilidad del voto –el sistema electoral en su conjunto– quede terminantemente demostrada? (Para más acerca de Morris véase: http://lavoznet.blogspot.mx/2013/06/a-mexico-le-conviene-el-de-cat-logo-de.html).


La no tan incomprensible turbulencia en Brasil 

Que la gente en Brasil se esté manifestando en las calles no supone ningún enigma. Lo realmente enigmático es que los analistas o especialistas o intelectuales lo etiqueten como un acontecimiento inesperado. O peor aún, que no avizoren un explicación plausible en su horizonte de razonamiento. O como dicen, “más pior”, que ante su impotencia para comprender el estallido recurran a una suerte de argumentación metafísica: “Nacidos de la nada (¡sic!), hay brotes de protesta por todo el país, contra el alza de los precios de los autobuses en un principio, y luego contra cualquier cosa (¡sic!)” (Eric Nepomuceno). 

Pero hasta en México sabemos que la organización de megaeventos deportivos en aquel país ha conducido al desplazamiento de asentamientos enteros, al despojo de vivienda entre los estratos marginales. En un país que afortunadamente ya conoce lo que es cambiar la política a través de la movilización (sino véase los orígenes del PT), es tan sólo natural que la gente estime con más criterio político la protección de sus derechos básicos. La movilización es fruto de una creciente conciencia política-popular en Brasil. Es un rebase por la izquierda a esa izquierda partidaria que alguna vez trazó e inauguró en las calles el empoderamiento ciudadano, y que ahora encumbrada en el poder pretende frenar este proceso. 


El panismo bárbaro o bávaro 

Felizmente algunos periodistas han decidido escudriñar los truculentos orígenes del panismo troglodita (cruda tautología). No hacía falta una investigación tan exhaustiva para reconocer las inclinaciones oscurantistas de Acción Nacional: su discurso y acciones lo exhiben sin disfraz que valga. (“Somos tercamente democráticos”, explicaba sofísticamente Lujambio Irazábal). Pero el esfuerzo es loable. Y tan sólo a modo de contribución a esta iniciativa, reproduzco parcialmente un artículo que vira en la dirección de la crítica en curso al panismo pro-fascista: 

Primer acto 
Ciudad Juárez, Chih., 22 de octubre. Un comando armado irrumpe en una fiesta de cumpleaños y acribilla indiscriminadamente a los asistentes. La mayoría de los presentes son estudiantes de secundaria y preparatoria. Entre las víctimas adultas destaca la madre del festejado, de 30 años, quien deja seis hijos en la orfandad, y al menos otras tres mujeres, una embarazada. Dos niños de siete y 11 años también resultan heridos. La brutal masacre deja un saldo de 14 muertos y 20 heridos… 

…Tercer acto 
Saltillo, Coahuila, 24 de octubre. Cuerpos de seguridad (Policía Federal Preventiva) matan a tres miembros de una familia al disparar más de 200 balazos contra la camioneta en que viajaban las víctimas, asesinando al instante a una madre de familia, de 47 años de edad, y a sus dos hijos de 18 y 14 años, respectivamente. El menor de edad fallece en el lugar del tiroteo y su hermana en el momento en que es subida a la ambulancia, cada uno con seis balazos... 

…Quinto acto 
Ciudad Juárez, Chih., 28 de octubre. Un “comando” intercepta un camión de la maquiladora Eagle Ottawa y balea a los trabajadores –la mayoría mujeres– que eran trasladados de la planta de la empresa a sus hogares. Cuatro empleados –tres mujeres– mueren en el instante, 15 resultan heridos. Familiares confirman que dos de las mujeres ultimadas tenían cada una tres hijos cuyas edades van de los cuatro a los 11 años. 

Sexto acto
Ciudad Juárez, Chih., 29 de octubre. Indignados por la desquiciada violencia rampante, estudiantes universitarios se manifiestan en las calles para condenar la negligencia de las autoridades y exigir cese a la barbarie. El gobierno responde con el envío de Policías federales, a quienes se les da la orden de disparar contra los manifestantes. Un estudiante de sociología de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez (UACJ) recibe un impacto de bala por la espalda que lo deja gravemente herido. 

Séptimo acto 
En relación con estos hechos, humanamente repulsivos, un integrante de la “nomenclatura” calderonista, según parece, responsable de la política interna, emite públicamente la siguiente declaración: “Los recientes actos criminales ocurridos en diversos puntos del país confirman la pertinencia de conservar y reforzar la estrategia del presidente Felipe Calderón Hinojosa en materia de seguridad” (sic). 

¿Cómo se llamó la obra? 
Los hornos de Calderón. 


domingo, 23 de junio de 2013

A México le conviene: El de-cát-logo de Morris

La sacralidad de las instituciones es un atributo que sólo los nostálgicos o extraviados evocan. La posmodernidad entraña la erosión de la respetabilidad del vasto cuerpo institucional reinante. Pero no se trata de la moda epocal en turno, o de un capricho cultural. Es más bien el fruto de un pudrimiento civilizatorio universal. El hedor es inescapable. La santa sede de la moralidad apostólica romana se corroe con los escándalos de pederastia. El gobierno mundial que capitanea Estados Unidos pierde progresivamente su legitimidad, envuelto en escándalos de intrigas orwellianas, expresamente violatorias de la intimidad de sus conciudadanos. Las corporaciones atraviesan un déficit de prestigio superlativo: movilizaciones como la “Jornada Internacional contra Monsanto” ponen al desnudo los irrenunciables vicios de la lógica del lucro sin regulación, o del lucro per se. Los valores otrora entronizados se colapsan sin golondrinas ni adioses o recordatorios honoríficos. En este tenor de descomposición general e indignación sin visos de capitalización, la res pública prorrumpe como una extensión de este desierto, que a todas luces “sufre la inmensa pena del abandono… el dolor profundo de la partida”. Pero acá ninguno vierte “Lágrimas Negras”; si acaso una que otra lágrima de cocodrilo. Realmente nadie cree en las elecciones o en los políticos o en los partidos que controlan a su antojo: “No nos representan”, atestiguan los indignados en España. En San Francisco, ciudad altamente politizada, la crítica tampoco se anda por las ramas: “Si las elecciones cambiaran algo, serían ilegales”. En Chiapas, epicentro de la insubordinación postliberal, la voz discordante lúcidamente remacha: “Para que vamos a preocuparnos si el gobierno es de derecha, izquierda o centro, si finalmente allí no se están tomando las decisiones fundamentales”. Estos antecedentes prologan la emergencia de un fenómeno político –que aunque no inédito– destacadamente sui generis, o zoo generis: a saber, la candidatura de un felino. En la ciudad de Xalapa, comarca “asediada por una plaga de ratonzuelos”, el candigato Morris promete establecer un implacable imperio de la ley para la erradicación de este azote virulento. 

Adviértase que el escarnio es sólo una arista de esta campaña faunesca. El virtuoso fondo de la celebérrima candigatura apunta a una doble función crítico-contestataria: por un lado, la sátira política conducente a la crítica, al develamiento de la ridiculez que campea en las pantanosas cloacas de la cosa pública, y por otro, la exigencia ciudadana referente a la formalización de las candidaturas ciudadanas, una figura jurídico-electoral que la clase política repudia, debido a que desarticula el control monopólico que cultiva a través de los órganos partidarios. 

Naturalmente, las autoridades electorales exhortan –con visos de exasperación– a “no desperdiciar el voto”. Sin un gramo de poder de convencimiento, la presidenta del Instituto Electoral Veracruzano espeta: “Estos votos [al candigato] serían nulos, son votos que se perderían y la democracia necesita el voto del ciudadano donde tenga efectividad. Hagámoslo por la efectividad”. A lo que Morris y sus decenas de miles de simpatizantes responden: “¿Y cuándo ha tenido efectividad el voto en México?”. 


El voto o el tipo de cambio de mercado 

Tan inefectivo es el incoloro derecho a votar, que la ciudadanía no se preocupa más por el poder de su voto: cual vulgar divisa, el valor del voto ahora se mide en función de su valor de cambio, no de su valor público-político. Si no véase las inquietudes ciudadanas que circulan en el ciberespacio, altamente ilustrativas de este curioso fenómeno. Un cibernauta pregunta: “¿Alguien sabe a cómo amaneció la compra del voto el día de hoy en Tamaulipas? ¿Quién está pagando más?”. 


Hay algunas cosas que son tan serias que sólo podemos bromear con ellas… 

En la arenga de los políticos, las faltas e irregularidades son responsabilidad de la sociedad, nunca de la autoridad. En relación con la aparición de candigatos aspirantes a cargos de elección popular, el “candidato serio” a la presidencia municipal de Coatzacoalcos, Joaquín Caballero (PRI) perora: “La falta de seriedad de los mexicanos es lo que nos hace diferentes con países de grandes potencias (¡sic!)”. Tiziano, el candigato de aquel municipio, responde: “Sabemos que el didactismo no es exactamente moneda corriente entre la clase política. Pero ¿no será que la falta de seriedad de los gobernantes es lo que explica el surgimiento de nuestras candigaturas? Sr. priista, recuérdole que ‘hay algunas cosas tan serias, [tan trágicamente graves] que sólo podemos bromear con ellas’”. 


El hartazgo de la ciudadanía o el secuestro de la política 

El argumento más socorrido en el contexto de las candidaturas de mininos, es que tal fenómeno responde a un hipotético hartazgo ciudadano. A lo más, se trata de una verdad parcial. Es más bien un acto de protesta, exigencia e insubordinación social. José Ovejero, escritor español, observa: “Los políticos son rehenes de los banqueros que les prestan el dinero, y de los empresarios que los financian ilegalmente”. De lo anterior se infiere que la política está secuestrada. Participar “seriamente” en las elecciones supone consentir este secuestro. Morris y consortes no son un signo de hartazgo a secas: son esencialmente un señalamiento de tal secuestro. 


El de-cát-logo de Morris 

Acusan a Morris de no contar con una propuesta concreta, de enfrascarse en una suerte de solipsismo burlesco. Ante tal acusación, y en sintonía con el decálogo económico que recién presentaron los empresarios ante el consejo rector del pacto por México, que no es pacto ni es por México, la casa de campaña de Morris turnó a la prensa nacional e internacional su propio e inédito de-cát-logo. Nótese que la misiva arribó con una advertencia: “Precaución. Es un peligro para México”. 


El de-cát-ologo de Morris 


1. No robar ni dejar robar 

2. Renunciar a cualquier clase de compensación dineraria u honoraria; retozar no se remunera 

3. Derogar el aumento tributario al Whiskas, Cat Chow o cualquier otro suministro primario de la canasta básica 

4. Impulsar la lectura del libro “El gato con botas”, que no “La silla del gato”, de un tal Enrique Kroketas, y no sólo “unos pasajes”, o “la antítesis”, o “las mentiras sobre el libro de este libro”, preferentemente todo el volumen 

5. Perseguir cielo, tierra y arena (nada de mar o agua) a los políticos corruptos que se procuran enriquecimiento con base en el ejercicio de la función pública 

6. Mandar obedeciendo… Pero no a los empresarios, sino a la sociedad 

7. Combatir con garra de hierro la riqueza extrema, causante real de la pobreza extrema 

8. Detener la oficialista cruzada contra el “hombre” 

9. Relanzamiento de la política zapatista: “La arena es para quien la trabaja” 

10. Boicotear el convenio gubernativo cupular: ¡Que no nos den pacto por liebre!
 



Para más explicaciones acerca de la emergencia de la candigatura, véase también: 

http://lavoznet.blogspot.mx/2013/04/veracruz-en-llamas-sede-de-la.html