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jueves, 13 de julio de 2017

La modernización del TLCAN y la guerra civil en México


De cara a la urgente modernización de la dependencia económica mexicana para con la economía estadounidense -toda vez que las posibilidades del triunfo de MORENA en el 2018 van viento en popa gracias a sus alianzas con sectores de la oligarquía descontentos con el gobierno de Peña- la discusión no radica en las eventuales ventajas o desventajas económicas para los habitantes de México sino en las posibilidades de que la militarización y la consecuente guerra civil que vivimos se profundice.

Tres factores incidirían en agudización de la crisis humanitaria: el aumento de la pobreza y la desigualdad como consecuencia de un crecimiento de la depredación de los recursos naturales y el consecuente desplazamiento de la población asentada en los territorios en disputa; el incremento de la intervención militar del Pentágono para el mantener,principalmente, las inversiones extranjeras protegidas de la insurgencia popular; y claro, el fortalecimiento del narcoestado para mantener el modelo político cuya principal misión en mantener el status quo a como del lugar.

No se mencionan aquí las incontables cifras que demuestran que el éxito del TLCAN ha sido sólo para las grandes transnacionales y sus testaferros mexicanos. Baste decir que en los últimos 23 años la economía mexicana, de acuerdo con el informe del Centro para la investigación Política y Económica (CEPR, en inglés) ha crecido a un ritmo menor que el resto de los países latinoamericanos. En el informe, titulado “Did NAFTA help México?” el CEPR afirma que México se encuentra en el lugar 15 de 20 países latinoamericanos en el crecimiento del PIB per cápita, entre 1994 y 2016, lo que ilustra en números el desastre en el nivel de vida de millones de mexicanos, provocado en gran parte por el TLCAN. La tasa de pobreza es de 55.1%, mas alta que en 1994, por lo que mas de 20 millones de mexicanos se ha desplazado por debajo de la línea de pobreza en ese periodo. El impacto se ha concentrado sobre todo en la población rural: entre 1991 y 2007 casi cinco millones de personas fueron desalojadas de sus tierras, lo que sin duda esta relacionado con el crecimento de residentes mexicanos en los EE. UU.: de 4.5 millones en 1990 a 12.6 millones en 2009.

El empobrecimento generalizado de la población en las últimas dos décadas ha ido acompañado de una mayor intervención militar de los EE. UU. en México, utilizando el argumento del crecimiento del narcotráfico pero que en realidad apunta a contener la insurgencia popular detonada por el deterioro de sus condiciones de vida y coordinar el bloqueo de la migración proveniente de Centroamérica y el Caribe. El pasado 15 y 16 de junio se celebró en Miami la Conferencia sobre Seguridad y Prosperidad en Centroamérica convocada nada menos que por la Secretaría de Relaciones Exteriores y de Gobernación del gobierno mexicano y el Departamento de Estado y la Secretaría de Seguridad Interna del gobierno de estadounidense. Un par de meses antes, en abril, “… el jefe del Estado Mayor de la Defensa de Guatemala, Juan Manuel Pérez, anunció acuerdos entre los representantes de los países de la región y los Comandos Norte y Sur de los Estados Unidos de realizar patrullajes aéreos, terrestres y de reconocimiento en la frontera con México, intercambiar información e inteligencia, y “estandarizar protocolos y procedimientos para realizar operaciones de intervención con el apoyo de tecnología e inteligencia del Comando Sur”. (https://desinformemonos.org/mexico-anfitrion-armar-plan-pentagono-migrantes-centroamericanos) La participación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Cámara de Comercio para organizar un día antes, el 14 de junio, una reunión con la participación de los sectores públicos y privados no deja lugar a dudas de lo que se pretende: asegurar la seguridad y el rendimiento de las inversiones, conteniendo la migración en la región gracias a la intervención militar dirigida desde el Pentágono con la colaboración subordinada del gobierno mexicano. Todo con la finalidad de complacer a Trump y, en el colmo de la simulación, lograr mejores condiciones para la modernización del TLCAN, como si la sumisión del gabinete de Peña fuera la garantía para evitar la catástrofe humanitaria en marcha.

Para el mantenimiento de la seguridad interna de México y sobre todo, del status quo político y económico, el mantenimiento del narcoestado como dinámica estatal es pieza clave en la modernización del TLCAN en particular y de la estrategia política estadounidense en general. La militarización de los puertos mexicanos, el mando único y la militarización de las labores de seguridad pública a lo largo y ancho del país representan sin lugar a dudas el factor clave para comprender el crecimiento de la violencia y la inseguridad. Coordinada a partir del Plan Mérida, la militarización alimentada con un creciente gasto militar no sólo servirá a los intereses de la industria de armamento yanqui sino que además debilitará cada vez más el de por si magro gasto social. Según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI en inglés) el gasto miliar mexicano se disparó en un 184% entre 2012 y 2016. Y si bien es cierto, de acuerdo con cifras de la Organización para la Cooperación y Desarrollo (OCDE) el gobierno de México invirtió entre 0.5% y 0.6% de su PIB -lo que lo coloca en el lugar 31 a nivel mundial- la compra de equipos de transporte como helicópteros, vehículos utilitarios Humvee y blindados de combate apunta a fortalecer labores de contrainsurgencia. El triángulo formado por las fuerzas armadas, el gobierno federal y los cárteles del narcotráfico se verá fortalecido por una mayor disposición de armamento que, apoyado con labores de inteligencia dirigida a espiar a la oposición (el caso Pegasus lo ha confirmado) alimentan la tendencia al mantenimiento de un modelo estatal que, más que atacar a los cárteles se apoya en ellos con la mediación de las fuerzas armadas y el Pentágono para mantener vigente el modelo económico y el grupo político que garantice el alineamiento de México con la estrategia geopolítica de los EE. UU.

Por todo lo anterior, la modernización del TLCAN estará guiada por la necesidad de armonizarlo tanto con la Alianza para la Seguridad y la Prosperidad de América del Norte (ASPAN) como con el Plan Mérida. No responderá evidentemente a proteger los intereses económicos que favorezcan el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de los mexicanos sino a garantizar su sometimiento a los intereses geopolíticos de los EE. UU. El costo humanitario será entonces un daño colateral que no se detendrá sino que incrementará y seguirá siendo administrado con la bota militar nacional y extranjera.

domingo, 1 de mayo de 2016

El (d)efecto Macri



Cuando el recientemente desaparecido filósofo Luis Villoro, en su libro El proceso ideológico de la revolución de independencia, analizaba las discusiones que se dieron en el Ayuntamiento de la ciudad de México en 1808 -cuando peninsulares y criollos se reunieron para decidir que hacer ante la ausencia del rey, destituido por Napoleón- señalaba con acierto que en un primer momento los criollos no pretendían la independencia política y la autonomía sino sólo la posibilidad de administrar los bienes de la nación, mientras se restablecía la monarquía en España: “No es aún libertad de hacer una patria, sino de manejarla y dirigirla; libertad de gerencia, no autonomía” (Villoro, p. 44, 1977) Sólo con el golpe de estado que destituyó al virrey Iturrigaray -para impedir que los peninsulares perdieran su poder- los criollos finalmente se decidieron a desafiar al partido europeo. El agravio se fundó en el rompimiento de la legalidad por parte de la partido europeo para que todo se mantuviera como estaba hasta entonces.

Sin embargo y a pesar de la radicalización de los criollos, que a la postre desembocaría en la independencia, el México posterior a 1821 se debatirá entre la posibilidad de construir un país manteniendo intactas las instituciones virreinales o emulando en la medida de lo posible el liberalismo conservador de Jovellanos o Constand. En ambos casos aunque con sus diferencias, miran siempre hacia afuera para encontrar principios que les sirvan de guía y poder así conformar el entramado institucional del estado. Fue así como se fortaleció una dinámica social, política y económica que, controlada por los criollos, insiste en negarse a si mismo para ser. 
 
Viene esto a cuento porque en la reciente visita de Obama a Argentina, el presidente de los EE. UU. puso a Mauricio Macri como ejemplo para los países de la región. “Quedamos impresionados por el trabajo hecho estos cien días” dijo sobre la gestión de Macri y afirmó “... que él (Macri) está fijando un ejemplo para otros países en este hemisferio” Y lo dijo no sólo por qué ha aceptado pagar sin chistar los fondos buitre o apoyar los planes geopolíticos contenidos en el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP); el embate privatizador para favorecer a las transnacionales y a sus aliados locales así como su oposición a promover la cooperación entre los países sudamericanos seguramente fue la causa para que Obama lo felicitara. Macri logró semejante reconocimiento precisamente por su sometimiento a las políticas yanquis para el continente, entre las cuales no se puede ignorar su aquiescencia para alinear a la Argentina en su guerra contra el terrorismo y el narcotráfico. La colombo-mexicanización (militarización y terrorismo de estado) de Argentina está en ciernes y goza de manera incondicional con el apoyo de la derecha latinoamericana sin importar el costo social.

En este sentido se ha hablado mucho sobre como el triunfo de Macri ha generado un fortalecimiento de la derecha latinoamericana aunque en realidad dicho proceso es promovido desde Washington, el cual ha sometido a países como México y Colombia en su afán por asegurar la fidelidad de la región para enfrentar a China y a Rusia. Y si bien el triunfo electoral de Macri forma parte de dicha política imperial, habría que ver a la ofensiva de la derecha latinoamericana como un defecto típico de las oligarquías latinoamericanas, las cuales siguen mansamente los dictados de los poderes mundiales -en esta dependencia ideológica que les reporta enormes beneficios pero al mismo tiempo socava su poder frente a la mayoría de la población generando violencia, marginación y desigualdad.

Esta obsesión de los criollos del siglo XXI por negar el cambio como elemento consustancial a las sociedades contemporáneas ha generado una miríada de golpes de estado en la región que han provocado miles de muertes.. Y sin embargo, dicha obsesión tropieza una y otra vez, al grado de que si no contara con el apoyo de las corporaciones internacionales y los medios de comunicación locales y globales simplemente no tendría ninguna posibilidad de éxito.

El (d) fecto Macri es el mismo de Enrique Peña o Juan Manuel Santos, a saber, esta incapacidad para conformar un proyecto de país acorde con la historia y las aspiraciones de la mayoría de la población, orientado a satisfacer su necesidades y aspiraciones. Empecinadas en simplemente administrar, las oligarquías latinoamericanas se adscriben sin rubores a un modelo político y económico que las enriquece pero siempre en la precariedad política, sostenida con golpes de estado, duros o blandos, legales o ilegales, rodeados de miseria y desigualdad. La guerra contra el narcotráfico y el terrorismo en Latinoamérica, impulsada desde el Pentágono, demuestra que en su afán por seguir administrando sus respectivos países, las oligarquías latinoamericanas seguirán mansamente los dictados del imperio, reproduciendo así su dependencia histórica para con las doctrinas y visiones que impiden el ejercicio de la libertad plena de los pueblos de la región. 
 
La lección es clara para los millones de seres humanos que no forman parte de ésas oligarquías: dejar de pensar en que sólo ellas pueden dirigir a los países de la región para empezar a mirar hacia abajo y a la izquierda y cancelar definitivamente el ciclo histórico de dependencia política, económica y cultural que inició a principios del siglo XIX. Sólo así, nuestra América podrá aspirar a construir su presente y su futuro para contribuir a la construcción de un mundo donde quepan muchos mundos.
 

lunes, 28 de marzo de 2016

Silencio ante la recaptura de Palmira


La mayor derrota militar que el Isis ha sufrido en más de dos años –la recaptura de Palmira, la ciudad romana de la emperatriz Zenobia–, y guardamos silencio. Sí, amigos, los malos ganaron, ¿cierto? De otro modo estaríamos celebrando, ¿verdad? 

Menos de una semana después de que las almas perdidas del "califato islámico" destruyeron la vida de más de 30 seres humanos inocentes en Bruselas, deberíamos estar aplaudiendo la más aplastante derrota militar que ha sufrido el Isis hasta ahora. Pero no. Mientras los oscuros maestros de la ejecución huían de Palmira este fin de semana, los señores Obama y Cameron estaban tan callados como las tumbas a las que el Isis ha despachado a tantas de sus víctimas. El que humilló nuestra bandera nacional en honor del rey de Arabia, cortador de cabezas (hablo del señor Cameron, desde luego), no dijo una palabra. 

Como solía decir mi colega John Gordon, del Sunday Express, fallecido hace mucho tiempo: "Como que te levanta un poco de la silla, ¿no?" He aquí al ejército sirio, respaldado, claro, por los rusos de Vladimir Putin, echando de la ciudad a los payasos del Isis, y no nos atrevemos a decir una sola palabra que signifique "bien hecho". 

Cuando cayó Palmira, el año pasado, predijimos la caída de Bashar al Assad, pero pasamos por alto la gran pregunta del ejército sirio: ¿por qué, si los estadunidenses odiaban tanto al Isis, no bombardearon los convoyes suicidas que atacaban las líneas frontales del ejército sirio? ¿Por qué no atacaron al Isis? 

"Si los estadunidenses querían destruir al Isis, ¿por qué no bombardearon a sus combatientes cuando los vieron?", me preguntó un general del ejército sirio, luego de la derrota de sus soldados. Su hijo murió en la defensa de Homs. Sus hombres habían sido capturados y decapitados en las ruinas romanas. El oficial sirio a cargo de las ruinas (que tanto nos preocupaban, ¿recuerdan?) también fue decapitado. El Isis incluso volvió a ponerle los lentes a su cabeza cercenada, por diversión. 

Putin notó esto y habló de ello, prediciendo con precisión la recaptura de Palmira. Sus aviones atacaron al Isis –lo que no hicieron los aviones estadunidenses– en preparación de la conquista del ejército sirio. No puedo menos de sonreír cuando leo que el comando estadunidense afirmó haber realizado dos ataques aéreos contra el Isis en los alrededores de Palmira en los días anteriores a la recaptura por el gobierno. Eso nos dice todo lo que necesitábamos saber de la guerra "al terror" de los estadunidenses. Querían destruir al Isis, pero no tanto. 

Así que al final, fue el ejército sirio, junto con sus amigos del Hezbolá en Líbano, los iraníes y los rusos, el que echó de Palmira a los asesinos del Isis, y el que incluso –el cielo nos guarde de semejante victoria– podría invadir la "capital" siria del Isis, Raqqa. 

He escrito muchas veces que el ejército sirio decidirá el futuro de Siria. Si recupera Raqqa –y Deir el-Zour, donde el frente Nusra destruyó la iglesia del genocidio armenio y arrojó a las calles los huesos de las víctimas cristianas de 1915–, les prometo que volveremos a guardar silencio.