lunes, 31 de agosto de 2009

Canto de la ciudad y del hombre moderno

Hace dos mil años que el hombre nace en la ciudad.
Entornilla sus huesos a la urbe, y vive pobre, grotesco y miserable.
Algún cambio de Bolsa lo fuma millonario, pero el muere roto sin esperanza alguna.
El hombre ciudadano es más triste que la tierra.
Soplan los vientos como cuchillos; y el apenas puede caminar, porque
el dolor lo absorve y lo golpea y lo llena de tierra hasta las narices.
En este sube y baja, el hombre nuevamente se para, y entornilla sus
huesos a la urbe. Y procrea y extiende, pero en cada creación se duele y joroba.
El hombre ya no tiene camino a donde ir. Y sabe que ha de comer de su propia carne.
El hombre es un canto de la ciudad. El canto rojo que al fin y al cabo
ha de entregarse al viento y quemar con su dolor el cielo.
¡El cielo que nos hace tanto daño!
Pero ¿el hombre? ¡Nadie sabe de él que es un hombre! Porque lo ven
hundido y sucio de barro hasta las solapas.
¡Y el él, acaso muera un día, pero en su muerte se llama Lenin el hombre!

Xavier Abril



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