viernes, 3 de septiembre de 2010

El recuerdo: acto histórico individual (parte II)


“Bajar mirando para arriba y saber subir mirando para abajo”
- Dialéctica de La Escalera

Recuerdo a mamá Mina trambucada en su fogón cociendo a mano tortillas de maíz y yo dándole a la molienda del nixtamal y hacerlo masa para su tortilléo mañanero. Por ello sé que hay leña que alumbra sin humo, y que cada cual quema su leña para su vivir histórico. Aprovecho el espacio que me da la digna voz para seguir escribiendo porque es más importante el que se queda (el pueblo, y tu, lector) que el que se está yendo (yo). Sé que todo pasa y todo queda y que nadie se lleva nada. Por eso es este recordar ofreciéndotelo como honda tendida circular sobre mí al viento y su chirrido estrepitoso llegue a ti como cuando con ella espantaba pájaros en el barbecho y no se comiesen la simiente sembrada.

Con guaraches y morral vacío, y sin máscara, seguiré caminando existiendo porque fui parido para vivir este mundo y tratar con lo que hoy soy un mejor mañana para mi tan amada Patria: México (Machado: “Caminante, no hay camino/ se hace camino al andar”; y mamita Sofía: “Caminando, caminando, después de poner el huevo”).

No debemos olvidar lo que fuimos y tampoco regresar a ello pero sí retomar ese ayer para crear un presente creativo para la nación, tan necesario hoy. Está claro que el pasado no es presente (es vivencial pero no existencial), pero vale recordarlo porque el desarrollo agrícola del país es insuficiente y reducido casi a la nada. Recordando lo que dijese Miguel Angel Asturias, Nobel guatemalteco, que somos pueblos latinoamericanos esplendentes de la cultura del maíz, déjote, lector, esta pregunta y respóndete y entenderás el porqué de este recordar: ¿Qué lugar mundial ocupamos de estos productos tan nuestros: maíz, cacao, henequén y chile? Es vergonzoso que la tortilla que nuestro pueblo lleva a su boca sea de maíz argentino (cosa veredes, Sancho).

Mi primera responsabilidad infantil que afronté fue la que Papita Goyo dióme en el barbecho: ten siempre llenos de agua los guajes y dale de beber a los yunteros abriendo los surcos y a los sembradores que con punzón a mano en ellos depositaban la simiente en un concierto de vida rural, comunal ejidal (Carlos Salinas selló esta vida). Creo haberla cumplido, Papita Goyo, sin dejar de jugar. Aprendí que con el sudor y el agua clara y agria ofrecida por mí la simiente devendría en planta, flor y fruto. Y cuando en la cuenca de mis pequeñas manos tenía la mazorca, chile, tomate, frijol, cacahuete, considerándome responsable de tal prodigio comunal. Dios de Dios, ¿porqué permitimos terminar con esto? Era una vida ejidal productiva, parcelaria y comunal hasta la cosecha frutal de la simiente depositada en el surco con el colectivo trabajo y amor de mi gente.

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