lunes, 26 de julio de 2010

“Mírenlo, piensa que soy real.”

Si usted no es de esas personas que cuando escuchan por la radio las noticias inmediatamente proceden a cambiarle de estación;

si usted no es de esas personas que cuando tienen enfrente al presidente o primer ministro o lo que sea, le avientan una estatua o un zapato directo a la cabeza;

si usted no es de las personas que dudan interminablemente de la ley divina y la ley secular, por favor no siga leyendo.

Si, por el otro lado, usted acostumbra desprestigiar a la “alta sociedad”;

si usted es de los que discuten incansablemente con los viejos en contra de la democracia;

si usted, ya para terminar, se considera parte del lado oscuro de la fuerza,

bienvenido entonces al bizarrismo mágico.

Las expresiones culturales son la crema de la humanidad del mismo modo en que la negra modelo es la crema de la cerveza.

Desde el arte se pueden interpretar: la realidad social, el genio humano, la vida misma.

Y también desde el arte se puede criticar.

El hombre vive en comunidad con otros hombres y con otras mujeres. El hombre y la mujer son dos ideas, por supuesto. También lo son el tiempo y sus derivados: calendarios, relojes, la edad.

El proceso evolutivo ha sido una pieza fundamental para engrandecer la concepción del hombre en la vida. Aún nada se ha podido hacer por la muerte.

Sin embargo, con los instrumentos del saber es posible transformar la realidad, defendernos de las calamidades climáticas -incluso ocasionadas por el estilo de vida del capitalismo- e incrementar nuestra voluntad por sobre la de la muerte, que eventualmente lleva las de ganar.

Pero ya las cosas son distintas. La transformación planetaria de la vida agrícola, comercial en otra urbana, con grandes migraciones y con una multiplicación de la capacidad de comunicación entre las lenguas a pesar de la diferencia, ha logrado que la realidad sea compredida desde distintas perspectivas incluso opuestas.

La multidisciplina ahora es una obligación, porque las visiones reduccionistas del conocimiento impiden comprender mejor a la realidad.

De este modo las lenguas y las tradiciones del pensamiento se conocen, se cultivan, se apropian y rechazan expresiones de los “otros” que somos todos.

También la organización de la vida está marcada por distintos procesos teóricos y materiales que tienen en común pensadores de muy diversas corrientes, y de ninguno hasta el día en que escribo se sabe que venga de otro planeta.

La guerra, cada día, se convierte en el último absurdo de la farsa política, de la comedia liberal, casi tan vasta como la comedia humana de Balzac, pero sustancialmente más pobre.

A través de modos barbáricos de imposición, las venidas ideas de Europa y de los Estados Unidos han sido casi las únicas que los regímenes nacionales han enseñado. Sin embargo, la cultura siempre ha sido cultivada por personas (y comunidades) artísticas por su cuenta.

A pesar del propio sistema capitalista impuesto a la organización de la vida en México y en prácticamente toda la América latina, las condiciones de producción parecen llegar a un momento de cambio abismal: la decadencia del moderno sistema mundial nos obliga, dice el maestro Wallerstein, a ser creativos e imaginativos para encontrar nuevos caminos para resolver y mejorar las condiciones de vida de la humanidad.

Y la creatividad y la imaginación nos llevan al arte y a la cultura humanas.

(Dada la obligación polarizante el lado opuesto del arte y la cultura vendría a ser la ignorancia, contra la que el pueblo cubano encontró antídotos infalibles como el de alfabetización y de trabajo voluntario.)

Como toda cultura, la obligación de hablar de sí misma resulta una tragedia.

Antes de que se supiera a ciencia cierta de que el planeta Tierra es uno solo y de que no hay nadie que lo gobierne porque no es persona, las grandes fuerzas del intercambio mercantil se apropiaron de todo lo apropiable y comenzaron a contar el cuento del dominio colonial, que tiene mucho tiempo que dejó de asustar a los niños por la noche.

Incluso se sabe de algunas anécdotas (bastantes parecen ser) de intentos de asesinar hasta al papá de los pollitos, pero nanais que pudieron con él y se les cumplió la profecía de que el germen de la dignidad y el saber se iba a extender por esta parte del mundo que cómo iba a ser posible que tuviera seres humanos -dios bendito- que pensaran y se entendieran por sí mismos, sin necesidad de las “luces” de la divinidad impuesta por otros.

La importación de la técnica barbárica y la imposición del sistema financiero internacional de Washington que está en Wall Street hicieron migas con la conciencia local y explotó en el bizarrismo mágico descomunal, inmensurable en términos prácticos y por completo inútil para los menesteres de la dominación; en cambio con un gran valor propio, plagado de insospechadas desgracias, abismos lonales, descomunales sensaciones de inverosimilitud y la ligera sospecha de que nada vale la legalidad liberal, ni la autoridad militar, en permamente subasta de fidelidad.

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