martes, 19 de octubre de 2010

Mineros enterrados

El día sábado 16 de octubre una explosión en una mina de carbón china ocasiono la muerte de 21 mineros, mientras que 16 se encuentran enterrados, no se sabe si aún vivos. Coincidencia, podrán pensar algunos, después de que la televisión internacional montó una impresionante cobertura de 24 horas alrededor del rescate de los mineros chilenos.

Pero la realidad es que no se trata ni de una coincidencia, ni de un simple “accidente de trabajo”, como muchos acusan, sino de las consecuencias de las inhumanas condiciones en las que a lo largo y ancho del mundo opera una de las industrias más lucrativas y menos reguladas de todo el planeta.

La minería a nivel mundial es un negocio redondo: las ganancias son impresionantes, y los costos de trabajo mínimos. La explotación de los trabajadores es incuantificable, y las garantías de trabajo otorgadas a los mineros son, sí es que existen, risibles.

Durante la pasada semana, personas alrededor del mundo fueron testigos de la proeza llevada a cabo por las autoridades chilenas para lograr el rescate de los 33 mineros enterrados; mientras la heroica labor de los rescatistas y la sonrisa Colgate del presidente chileno Sebastián Piñera llenaban las pantallas, es fácil olvidar preguntarse el por qué se encontraban allí en un primer lugar.

Datos: en lo que va del año han muerto 31 mineros en Chile, y la cuenta sigue en aumento. 373 trabajadores de la industria perdieron la vida en los últimos tres años. Los números en China son aún mayores: 2,631 mineros fallecidos el año pasado, y 515 en lo que va del 2010.

Obviamente, ninguno de ellos recibió la misma atención por parte de las agencias internacionales de noticias, sino todo lo contrario.

Lo peor del asunto, es que los gobiernos e instituciones encargadas de vigilar el cumplimiento mínimo de las normas en cuanto a seguridad se refiere, se prestan al juego de todas las empresas privadas que buscan reducir al mínimo sus costos de operación.

La mina que colapsó en Chile fue cerrada en 2007 tras la muerte de un trabajador, y reabierta sin ninguna investigación en 2008. Después, el 3 de julio de este año un minero perdió una pierna, provocando de nueva cuenta el cierre de la mina, sólo para que menos de un mes después, el 28 de julio, reanudara operaciones. Ni una semana después, el 5 de agosto, la mina colapsó enterrando a los ahora famosos 33 mineros.

El caso de la mina china es similar: hace dos años 23 personas murieron tras una explosión, y las operaciones continuaron como si nada hubiera ocurrido.

"Ajustaremos los controles para que esto no vuelva a suceder", declaraba Piñera tras el rescate de los mineros chilenos. El mismo discurso de siempre, y una vez que las cámaras se vayan, las condiciones de trabajo de los mineros en Chile y en todo el mundo seguirán siendo las mismas.

Mientras que el interés económico y mantener el nivel de ganancias sigan teniendo más importancia que la vida misma de los trabajadores, y sobre todo, mientras los gobiernos sigan solapando el desdén de las empresas privadas por ofrecer las condiciones mínimas de seguridad a sus empleados, “accidentes” como los de Chile y China seguirán siendo el pan de cada día, aunque las televisoras no nos lo cuenten.

lunes, 18 de octubre de 2010

Sin título

Celebro con gusto las palabras que cita Antonio Nemi en su artículo “Tele-Ver”.

“ “...el video está transformando al homo sapiens, producto de la cultura escrita, en un homo videns para el cual la palabra está destronada por la imagen. Todo acaba siendo visualizado. Pero ¿qué sucede con lo no visualizable (que es la mayor parte)? Así, mientras nos preocupamos de quién controla los medios de comunicación, no nos percatamos de que es el instrumento en sí mismo y por sí mismo lo que se nos ha escapado de las manos”.”

Esas son las palabras de Sartori, pero también celebro las del propio Toño:

“Que nadie se extrañe si ahora los políticos del mundo le rinden pleitesía a las televisoras (y obedecen sus mandatos), si los candidatos se han convertido en productos de consumo, si la publicidad ha dejado atrás a las declaraciones de principios y los asesores de imagen han sustituido a los ideólogos. Lo que Sartori no dijo es cómo lograr que esto sea diferente si al final, la gente consume mayoritariamente y con fruición ésos productos televisivos. ”

Y aquí es donde entra el papel del estado:

1) Lograr que la sociedad se comunique mediante medios inteligentes, creativos, autónomos, pero no del poder por supuesto. Lo importante es que los medios sean poderosos y estén lo más alejados posible del centro del poder, para que no lo reproduzcan a él, sino que reproduzcan otras cosas que no estén contaminadas por el estado.

2) Ser abiertos a la crítica e invitar, por ejemplo, a Javier Solórzano a la televisión local para que pueda tener un espacio en la televisión del congreso, donde hay tantos diputados veracruzanos.

3) Ser un espacio para las voces sin voz, un vínculo para el ciudadano y las diversas percepciones de los movimientos que denuncian la obsolencia de las instituciones que nos rigen.

La producción de información alternativa debería ser el trabajo central.

La crítica reflexiva, nuestra herramienta.

La propuesta, sin embargo, no se reduce al contacto unilateral con el ciudadano.

Tal como ocurre con la prensa tradicional, será un espacio público para dialogar con todo aquel que desee participar y expresar su punto de vista.

La coyuntura política actual exige de nosotros una comunicación más rigurosa y franca.

viernes, 15 de octubre de 2010

Crónica de un planeta fallido II

“La historia del pensamiento y de la cultura es una cambiante configuración de grandes ideas liberadoras que inevitablemente se truecan en asfixiantes camisas de fuerza” (Isaiah Berlín). Penoso axioma indiscutible.

Los conceptos y categorías se han vuelto dogmas y discursos cuasi-religiosos. Las fronteras otrora más o menos claramente discernibles entre el examen científico y la elucubración teológico-metafísica acusan indeterminación.

La ultra-especialización del saber ha devenido en formulaciones instrumentales e inútiles que oscilan entre lo fáctico, formal, y lo vago, genérico, mágico-chamánico-antropocósmico. Por ejemplo, conceptos tales como la mexcolombianopakistanobalcanización (¡sic!) del mundo, ó narcoterrorismo-narcosubversión, tan de moda en nuestra era. Este fenómeno –aquel de la indefinición-malformación de las categorías subyacentes al saber– es sintomático de un problema mayúsculo: la actual condición fallida del planeta.

Los absurdos están a la orden del día, insertos en el léxico común, circunscritos en las concepciones y prácticas de la vida social contemporánea. War is peace (la guerra es la paz), reza una consigna amplia y universalmente aceptada en Estados Unidos. (Hay una expresión que en lo personal me resulta divertida: “intervenciones militares humanitarias”).

Lo mismo se usa el concepto-fetiche de “democracia” para designar a un régimen electoral de vocación pluripartidista como para referirse al velo que recubre las sórdidas guerras emprendidas a lo largo y ancho del globo.

La distinción entre Estado autoritario y Estado liberal es sólo de carácter nominal (aunque la ciencia política vulgar –oneroso pleonasmo– se niegue a aceptarlo), pues nunca antes había tenido lugar una violación a la intimidad como la que existe en el presente con la creciente aplicación de tecnología cibernética/satelital al campo de la (auto)vigilancia social e individual, máxime en los sistemas liberales modernos.

Eso que llaman “globalización” puede ser entendido como la internacionalización de la producción o bien como el triunfo de las telenovelas de Hollywood a escala mundial. La plurivalencia deliberada es la norma en la acuñación de conceptos y nociones.

Una vez más recurriré al escrutinio del lastimoso escenario humano en el que confluyen todas las “chabacanadas” (útil neologismo) que dan cuenta de la ridícula y peregrina naturaleza del planeta que tristemente nos asila:

1. Mario Vargas Llosa, escritor comprometido literariamente con el ideario burgesoide y creador de una obra abocada al desprecio de las clases populares latinoamericanas recibe el premio Nobel de literatura.

2. En México, Colombia, y demás países donde se libra virulentamente una “guerra internacional contra las drogas”, la estrategia nacional contra el consumo de estupefacientes no la dirige un médico, sino un jefe militar.

3. En Chile, se convoca a la “unidad nacional” con motivo del rescate de los mineros atrapados durante más de dos meses en una mina al norte del país, a causa de un derrumbe entre cuyas causas –insistentemente omitidas– destacan las pésimas condiciones de trabajo relativas a la mina, y la desvergonzada negligencia de la empresa y el Gobierno en lo tocante a la implementación de medidas de seguridad.

A modo de conclusión, ofrézcole, lector, un singular “pilón”:

Choi Yoon-Hee, también conocida como la "sacerdotisa de la felicidad" (¡sic!), autora de más de 20 libros de autoayuda, se ahorcó junto a su esposo en la habitación de un hotel en Corea del Sur a causa de una profunda depresión.

jueves, 14 de octubre de 2010

Rescate de mineros o de las empresas mineras

El rescate de los mineros chilenos atrapados en la mina de San José, ubicada en el desierto de Atacama, se ha convertido en un acontecimiento mediático que sirve para ocultar las enormes deficiencias en la seguridad de los trabajadores mineros. El presidente Sebastián Piñera ha utilizado la operación para promover su idea de unidad, su idea de que los chilenos unidos pueden enfrentar cualquier problema. Pero a pesar del show mediático a escala internacional que se ha montado alrededor del rescate no puede negar el hecho de que las empresas mineras, en su afán por aumentar sus utilidades, han reducido las medidas de seguridad con la anuencia del gobierno chileno.

Desde el 5 de agosto, cuando sucedió el derrumbe que dejó enterrados a 33 trabajadores a más de 700 metros de profundidad, fue inevitable recordar la tragedia de Pasta de Conchos y comparar la forma en que actuó el gobierno mexicano. Sin embargo, a pesar de las diferencias que pueda haber en las acciones de ambos gobiernos queda claro que la pauperización de las condiciones laborales alrededor del mundo es particularmente visible en el sector minero.

Coincidentemente, la industria de la minería es la que logra los mayores márgenes de ganancia en el mercado mundial, pues a la contracción salarial hay que agregar el desprecio de las compañías por el impacto ambiental de sus operaciones. Los gobiernos se han hecho de la vista gorda en su afán por atraer las inversiones a costa de lo que sea. Al igual que en Pasta de Conchos, la mina de San José había sido señalada por estar en malas condiciones pero nadie hizo nada al respecto hasta que se derrumbó.

Ya desde el 6 de marzo de 2004, la corte de apelaciones de Copiapó rechazó un recurso de protección presentado por el Consejo Directivo de los Sindicatos de Trabajadores de Minera San Esteban Primera. La empresa descalificó los argumentos de los trabajadores pues a su parecer no estaban basados en estudios técnicos sino en apreciaciones personales de los propios trabajadores. Sin embargo, está comprobado que la empresa no contaba con una vía alterna de escape y esa fue la razón por la cual los 33 mineros tuvieron esperar más de dos meses para que se excavara un túnel que debió haber estado en funcionamiento desde antes del derrumbe.

En el colmo del cinismo, las autoridades y los empresarios mineros quieren ahora convertir una falla en un triunfo, gracias a los medios de comunicación, que narran al detalle las operaciones de rescate pero omiten informar acerca de sus causas. Así las cosas, el gobierno salva a los mineros y anuncia que la mina se cerrará definitivamente porque no es segura. Pero más que rescatar a los mineros atrapados, parece que el gobierno chileno está rescatando a la empresa eximiéndola de cualquier responsabilidad para que pueda seguir operando.

miércoles, 13 de octubre de 2010

El Sub des-enmascarado de plata Marcos

La fuente del bizarrismo mágico nos recuerda que nada queda de la esperanza. A los ojos de quien lo quiera ver, ahora el "estado desnudo" nos recuerda que nada se puede hacer mientras se sigan reproduciendo las formas de control, económicas, políticas, religiosas, de las clases que lo tienen todo (llámenles burgueses, ricardos, millonarios, capitalistas) en las clases que nada tienen.

Y eso es preocupante en México. En un país de 100 millones (suponiendo que no somos como 120 millones) 60 millones son pobres según los ricos de este mundo. Esto quiere decir que tienen una mala alimentación, si es que la tienen; que no están educados (ni siquiera en las patrañas de la competitividad y las finanzas); que no tienen un hogar decoroso si es que tienen hogar; que viven sin trabajo, aunque haya leyes (hay leyes) que les aseguran un trabajo digno.

Se ponen a celebrar, a festejar un centenario horroroso. El verdadero festejo de este bicentenario es el golpe de estado de Calderón, que celebran Diego Fernández de Cevallos donde quiera que esté, Carlos Salinas (el malo, por supuesto) y también Andrés Manuel.

Porque se supone que todos ellos son lo mismo. Si vienen de un partido político entonces nada pueden hacer por que las condiciones de vida de todos mejoren.

Tendrían que venir del ANTI sistema. No del sistema.

Tendría que estar, siguiendo el ejemplo, el Sub desenmascarando de plata, ayudando al estado (ya con minúsculas) a desmoronarse, a derrumbarse, a desaparecer, mientras todos los demás hacemos lo propio.

Debería estar, siguiendo con el ejemplo, en otra ANTI campaña, porque resulta más esperanzador Marcos que todos los otros. Todos.

Y si Marcos fuera presidente entonces todos celebraríamos que él es la persona con más autoridad moral en este país, y no como dijo Fidel Castro en su artículo sobre López Obrador.

Pero no está Marcos.

Están los otros.

lunes, 11 de octubre de 2010

Peligro para México

López Obrador le hizo un daño terrible a México antes, durante y después de las elecciones de 2006 “con su campaña de rencor y odio”, afirmó de nueva cuenta Calderón. Queremos suponer que dicha observación parte de una sesuda reflexión sobre su propio gobierno, caracterizado seguramente por una paz y tranquilidad inigualables. De haber llegado López Obrador a la Presidencia de la República, el paraíso que actualmente es nuestro país se encontraría convertido en el mismísimo infierno. ¿No?

Repasemos algunos de los logros obtenidos por la administración de Calderón, para poder así darnos cuenta de los peligros a los que escapamos con menos de un punto porcentual en las pasadas elecciones federales.

En lo que va del mandato de Calderón y de su valientísima decisión de enfrentar a las fuerzas del mal representadas por el narcotráfico (batalla que vamos ganando, no le quepa duda), nuestro país ha desbancado a Colombia como el país con mayor número de secuestros en todo el mundo. Nos hemos convertido en el país más peligroso para ejercer la actividad periodística, superando incluso a países con guerras de verdad, como Iraq. En términos generales, podemos decir que la inseguridad en el país cuesta entre el 10 y el 15 por ciento del PIB nacional. Cabe mencionar que el porcentaje del PIB dedicado a la educación en nuestro país es apenas cercano al 8%.

En cuestiones económicas, nos ha ido también de maravilla y continuamos rompiendo récords: tenemos el primer lugar de América Latina en tres aspectos: el país más endeudado, desplazando a Brasil; el que mayor dependencia tiene en el continente de remesas provenientes de los Estados Unidos, y el que tiene la mayor cantidad de deuda privada convertida en deuda pública, eso que los especialistas llaman socializar perdidas.

Apenas el martes pasado, mientras Calderón nos repetía de nueva cuenta de la que nos salvamos, se colocaba en los mercados internacionales una nueva deuda por mil millones de dólares, con un plazo de 100 años, que servirán para refinanciar los vencimientos de deuda en lo que queda de la administración. Bonito, ¿no? “El problema económico que actualmente vivimos tiene solución, estamos en trayectoria de crecimiento y en 100 años estaremos listos para pagar las deudas contraídas”, declaraba el secretario de Hacienda del país.

Una cosa es cierta en sus declaraciones: el crecimiento económico del país es real, y basado en la evidencia disponible nadie puede negarlo.

Por ejemplo, tan sólo 10 familias concentran cerca de 8 billones de pesos, es decir, el 12% del PIB. La última publicación de Forbes tiene en sus listas a 9 mexicanos, incluyendo a Carlos Slim. (Al respecto, el empresario hindú Mukesh Ambani se perfila para superar con creces las fortunas de Slim y Gates en los próximos años: el representante de otro país que de igual manera, se dedica a “crecer” económicamente de manera ejemplar.)

El gran problema es que el crecimiento económico solo puede ser obtenido mediante el sistemático deterioro de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Crecimiento económico significa una mayor concentración de la riqueza, y por ende, un empobrecimiento constante para las clases medias y bajas.

Tenemos por supuesto la otra cara de la moneda: el 10% más rico del país concentra poco más del 30% de los ingresos nacionales, y aunque parezca paradójico por las condiciones económicas a nivel mundial, en el último par de años sus ganancias han aumentad considerablemente. Las instituciones financieras también hacen su agosto en el país: BBVA obtiene en México el 33% de sus ganancias a nivel mundial. Y por supuesto, los monopolios que controlan la economía nacional (por más que, según la constitución, están prohibidos).Telmex, Cemex, Televisa, Grupo México, Femsa, Bimbo, Grupo Modelo, etcétera.

Todo ello, al amparo del gobierno y de la clase política, que supo proteger esos intereses -sus intereses- del peligro que representaba una perspectiva de cambio en la administración del país.

domingo, 10 de octubre de 2010

¡Veracruz se inunda con fuerza!


El clima calamitoso que asalta a la entidad es legítimo y comprensible. A mi juicio, es inaceptable la lectura que se le ha concedido a los hechos. Se han falseado diagnósticos relativos al fenómeno de las inundaciones que dejo tras de sí el paso de los huracanes. De acuerdo con informes de Protección Civil, al día de hoy se reportan alrededor de 150 mil damnificados en el estado. Entre pérdidas materiales irreparables, alertas de epidemias, deslaves, desbordamientos de ríos y presas, los sobrevivientes se debaten entre la desesperación impenitente y la tenue esperanza de retornar a la normalidad.

El cerco que han tendido los medios de comunicación entorno a las causas de los desastres ha sido altamente eficaz. La mayor parte de la población ignora la existencia de un bloqueo informativo. Se han ofrecido lecturas críticas a cuentagotas. Todos parecen conformarse con los gestos filantrópicos de las autoridades.

¿No será acaso que esta catástrofe pudo ser evitada o al menos mitigada sin costos tan altos? La pregunta ni siquiera ha sido colocada sobre la mesa, evidentemente por motivos de orden político.

En virtud de preservar el giro trágico-solidario-fatalista-compasivo que se le ha concedido a la hecatombe en turno, el discurso oficial ha echado mano de un extenso repertorio de justificaciones a todas luces ridículas y absurdas. Las explicaciones fluctúan entre el paradigma providencial y la retórica seudocientífica: “¡Las aguas celestiales de nuestro señor padre aprietan pero no ahogan (sic)!”; o “El desastre natural está asociado a la emisión de gases de efecto invernadero y el uso incontrolado de materiales no biodegradables.”

Los moralistas también han aprovechado la ocasión para “iluminar” a los “no-tan-iluminados”: “La gente no hace caso a los avisos de las autoridades y en lugar de evacuar a tiempo ha preferido aferrarse a sus escasas pertenencias, poniendo en riesgo la integridad física de los suyos y entorpeciendo la heroica labor de las brigadas de Protección Civil.”

Ninguno de los que vemos a distancia los estragos de la catástrofe podemos sentir, imaginar, percibir, lo que cientos de miles de damnificados viven en el presente. Es fácil opinar a la distancia con el habitual desprendimiento que distingue a quienes nunca se enfrentan a tal situación contingente y calamitosa.

Es urgente dotar de explicaciones plausibles a la actual crisis pluvial. Ante la falta de información en espacios de comunicación, es necesario sentar nuevos enfoques y criterios que conduzcan a conclusiones satisfactorias:

1. La administración pública es la única responsable de la existencia de asentamientos irregulares, de zonas residenciales propensas al desastre. La falta de planeación es la norma y no la excepción en materia de vivienda.

2. Otra rama de la administración pública, la Conagua, debe actuar en función de las necesidades de la comunidad y no de las empresas concesionarias que paulatinamente se han apropiado del sector. El desbordamiento de presas esta asociado a la negligencia de las autoridades que priorizan la salud de las finanzas en detrimento de las poblaciones vulnerables.

3. Los deslaves y derrumbes en caminos y carreteras son un síntoma de inoperancia y corrupción en el rubro administrativo de obras públicas.

4. Se requiere inversión en materia de protección y prevención para evitar futuros desastres.

Se trata de un asunto de corte político. Sólo una toma de conciencia general y coactiva podrá detener este sinuoso curso relativo a los fenómenos meteorológicos. Habrá voces que exhortarán a evitar la politización de este hecho. Solo resta decir que, a la luz de los recientes acontecimientos, es indiscutible que estamos frente a un problema intrínsecamente político.