domingo, 9 de octubre de 2011

Tiempos convulsos

Los últimos años han sido marcados por el surgimiento de movilizaciones masivas alrededor de todo el mundo, protestando con justa razón ante las injusticias que prevalecen gracias a la imposición, violenta en demasiadas ocasiones, de un modelo político-económico para el que las mayorías no son sino instrumentos para llegar al poder y/o engrosar carteras.

Las revueltas se han esparcido por África, donde regímenes antiquísimos se mantenían en el poder ante la mirada de una población cada vez más golpeada por la falta de libertades y oportunidades; por Europa, en donde las políticas impuestas por los gobiernos para “salir de la crisis” pasan solamente por afectar los bolsillos de quienes menos tienen para financiar así a los bancos, evitando el colapso del gigantesco aparato financiero mediante obscenos recortes a la seguridad social y a las prestaciones de los trabajadores; en el centro mismo del sistema, en Estados Unidos, donde miles de individuos se han plantado frente a la misma cara de la bestia, en Wall Street, cansados de las desigualdades que van de la mano con el sistema económico defendido a capa y espada desde Washington. Han perdido sus casas, han perdido su empleo, y el gobierno estadounidense se empeña en proteger los intereses de unos cuantos, usando para ello los propios impuestos de la población norteamericana, además de miles de millones de dólares salidos de la nada, con el objeto de mantener a los inversionistas de Wall Street contentos.

América Latina se ha movilizado también. Decenas de miles de estudiantes en Chile exigen se deje de lucrar con la educación, movimiento que ya tiene repercusiones en Colombia, a la par que trabajadores en esta última nación demandan se dé marcha atrás con el último proyecto expansionista de los Estados Unidos, el Tratado de Libre Comercio USA-Colombia. Nuestro país ha visto también a miles hacer sentir su indignación frente a una estúpida guerra cuyos únicos resultados tangibles son 50 mil muertos.

A primera vista pareciese que las causas, demandas y principios de acción de todos y cada uno de los diferentes movimientos que han despertado en el transcurso de los últimos años son radicalmente opuestas, o que al menos no tienen demasiado en común. Nada más alejado de la realidad.

La causa última de todo el descontento alrededor del mundo es la perpetuación de un sistema económico cuyo objetivo único es perpetuar la explotación del mayor número de personas y recursos posible, en favor de unos cuantos, con el apoyo incondicional de un sistema político que trabaja para ellos.

Es cierto, los movimientos han cobrado diferentes expresiones en cada país: luchando contra un modelo privatizador, contra gobiernos corruptos y represores, contra ataques directos en contra de la economía familiar, contra la inseguridad reinante, y un largo etcétera.

La lucha, no obstante, es la misma: buscar la manera de hacer frente, mediante la concientización y la cooperación de las mismas mayorías olvidadas por el sistema que dice representarlas, a un aparato de dominación que cuenta con gobiernos, ejércitos, medios de comunicación, y recursos monetarios y materiales a su disposición. Pareciera una lucha perdida, más la realidad es que el modelo imperante no enfrentaba una crisis de tal magnitud desde hace algún tiempo. Muestra de ello son las lunáticas declaraciones de un precandidato republicano a la presidencia estadounidense, que promete “un siglo de dominio estadounidense” de ganar las elecciones de 2012, en el que combatirá sin cuartel “la amenaza socialista que representan Cuba y Venezuela”. Semejantes delirios no son más que inequívoca señal de la decadencia de Estados Unidos como centro del mundo.

El sistema se encuentra golpeado como nunca antes. Por lo mismo, se vuelve más peligroso: más excluyente, más voraz, y también más represor. Todos los movimientos han tenido que hacer frente al aparato policial de cada Estado, siempre presto a actuar sin mayores miramientos cuando de enfrentar a la sociedad se trata. Pero también comienza a dar muestras de su debilidad. La crisis financiera surgió en el centro del mismo, desde donde extendió sus repercusiones en la economía real del resto del mundo. Cada vez un mayor número de individuos cobra conciencia de lo endeble que resulta el sistema una vez que las fichas empiezan a caer, y del papel que puede llegar a desempeñar como sociedad organizada.

Paréntesis


“Maquiavelo. – Al escuchar vuestras teorías sobre la división de los poderes y sobre los beneficios que les deben los pueblos de Europa, no podía dejar de admirarme, Montesquieu, hasta qué punto la ilusión de los sistemas puede apoderarse de los más grandes espíritus.

Seducido por las instituciones de Inglaterra, habéis creído poder hacer del régimen constitucional la panacea universal de los Estados […]

Montesquieu. – Desde hace mucho tiempo conozco estos reproches que se dirigen a los gobiernos libres. A mis ojos no tienen ningún valor: no es posible condenar a las instituciones por los abusos cometidos. Sé de numerosos Estados que viven en paz y desde hace mucho tiempo bajo leyes tales: compadezco a quienes no pueden vivir en ellos.

Maquiavelo. – Esperad. En vuestros cálculos sólo habéis contado con las minorías sociales. Existen poblaciones gigantescas obligadas al trabajo a causa de su pobreza; tal como antes lo fueron por la esclavitud. ¿Qué importan, os lo pregunto, a su felicidad todas vuestras ficciones parlamentarias? Vuestro gran movimiento político no ha conseguido en definitiva sino el triunfo de una minoría privilegiada por el azar, tal como la antigua nobleza lo era por el nacimiento. ¿Qué importa al proletario doblegado por su labor, extenuado bajo el peso de su destino, el que algunos oradores tengan el derecho a expresarse, que algunos periodistas ejerzan el derecho de escribir? […]”

Diálogo en el Infierno entre Maquiavelo y Montesquieu
Maurice Joly

sábado, 8 de octubre de 2011

Declaración de principios de la ocupación de la Ciudad de Nueva York

Asamblea General de NYC · · · · ·
El presente documento ha sido consensuado por la Asamblea General de NYC con fecha del 29 de septiembre de 2011

En estos momentos en los que nos reunimos solidariamente para expresar un sentimiento de injusticia generalizada, no debemos perder de vista lo que nos ha unido. Escribimos estas palabras para que todos aquellos que se sientan agraviados por los poderes corporativos del mundo sepan que nosotros también estamos a su lado.

Como un solo ser, unidos, nos encontramos ante una realidad en la que el futuro de la especie humana depende de la cooperación de sus miembros; en la que nuestro sistema debe proteger nuestros derechos y, en caso de que el sistema se corrompa, queda en manos de las personas proteger sus propios derechos y los de sus vecinos; en la que un gobierno democrático deriva su competencia legítima de su pueblo, pero las corporaciones no piden permiso para expoliar la riqueza de la gente o de la Tierra; y en la que no es posible una democracia real, cuando el proceso depende de los poderes económicos. Apelamos a ustedes en un momento en el que las corporaciones, que ponen por encima el beneficio a las personas, sus propios intereses a la justicia, y la opresión a la igualdad, son las que manejan nuestros gobiernos. Nos hemos reunido aquí pacíficamente, pues es nuestro derecho, para que se conozcan estos hechos.

Las corporaciones se han quedado con nuestras casas mediante procesos ilegales de ejecución hipotecaria, a pesar de no contar con la hipoteca original.

Con total impunidad, se han quedado con los rescates provenientes del dinero de los contribuyentes, al mismo tiempo que continúan concediéndoles exorbitantes primas a sus directivos.

Han perpetuado la desigualdad y la discriminación en el entorno laboral en función de la edad, el color de la piel, el sexo, la identidad de género y la orientación sexual.

Han emponzoñado las reservas alimenticias por su negligencia, y han minado el sistema agrario mediante la monopolización.

Han sacado provecho de la tortura, la reclusión y el trato cruel de innumerables animales, y se han puesto de acuerdo para ocultar dichas prácticas.

Han tratado constantemente de despojar a sus empleados de sus derechos a la hora de negociar un aumento de sueldo o unas condiciones laborales más seguras.

Han esclavizado a los estudiantes con decenas de miles de dólares en deudas para recibir una educación, que es en sí misma un derecho fundamental de los seres humanos.

Han externalizado sistemáticamente la mano de obra y empleado dicha externalización como medida de presión para recortar la asistencia sanitaria y el sueldo de los trabajadores.

Han manipulado a los tribunales para obtener los mismos derechos que las personas, sin que recaiga sobre ellas ningún tipo de culpabilidad o responsabilidad.

Han despilfarrado millones de dólares en equipos de asesoramiento jurídico para encontrar el modo de librarse de contratos de cara a las coberturas sanitarias.

Han comerciado con nuestra privacidad como si fuera una materia prima más.

Han empleado las fuerzas militares y policiales para impedir la libertad de prensa. Se han negado deliberadamente a retirar del mercado productos defectuosos que ponían en peligro vidas, únicamente en pro de su beneficio propio.

Son las que establecen las políticas económicas, a pesar de los fracasos catastróficos que dichas políticas han producido y continúan produciendo.

Han donado grandes sumas de dinero a los políticos, que son los responsables de dictar las normas que las regulan.

Continúan bloqueando formas alternativas de energía para que sigamos dependiendo del petróleo.

Continúan bloqueando los medicamentos genéricos que podrían salvar vidas o proporcionar una útil ayuda, únicamente con la intención de proteger sus inversiones que ya han producido sustanciosos beneficios.

Han ocultado deliberadamente derrames de petróleo, accidentes, fallos en la contabilidad e ingredientes inactivos, solamente en pro de su beneficio propio.

Han mantenido deliberadamente a la gente desinformada y con miedo, mediante su control de los medios de comunicación.

Han celebrado contratos privados para acabar con la vida de presos, incluso cuando se habían presentado dudas legítimas sobre la culpabilidad de los mismos.

Han perpetuado el colonialismo tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Han participado en actos de tortura y en el asesinato de civiles inocentes en el extranjero.

Continúan creando armas de destrucción masiva para ganar contratas con el gobierno.*

A la gente de todo el mundo:

Nosotros, la Asamblea General de la Ciudad de Nueva York que ocupa Wall Street en Liberty Square, les instamos a que reivindiquen su poder.

Ejerzan su derecho a reunirse pacíficamente; a ocupar el espacio público; a crear un proceso para gestionar los problemas a los que nos enfrentamos; y a generar soluciones accesibles para todos.

A todas las comunidades que entren en acción y formen grupos inspirados en la democracia directa, les ofrecemos apoyo, documentación y todos los recursos que tenemos a nuestra disposición.

¡Únanse a nosotros para que su voz también sea oída!

*Esta enumeración de agravios no es cerrada ni está completa.

viernes, 7 de octubre de 2011

El fin del "fin de la historia"

Una sola causa, una misma idea; un abanico multicolor de consignas.

En Oriente Próximo (Yemen, Bahréin, Siria) y en África del norte (Revolución islámica –Túnez, Egipto) hombres, mujeres, niños, ancianos, derrocan tiranías dinásticas, una tras otra, cual efecto dominó: “¡Que se vayan!”. En España, Francia, Alemania, Portugal (Indignados) la población se lanza a la desobediencia civil para condenar la inoperancia de la representatividad: “¡No nos representen!”; y reivindicar una conciencia que a más de un tecnócrata habrá de exasperar: “¡El pueblo no se calla, sabemos lo que falla!”. En Grecia, la Confederación General de Trabajadores, insurgencia tenaz que amerita mención enfática, convoca periódicamente a la huelga general en rechazo a las políticas anti-crisis (sofisma que esconde las subvenciones a entidades bancarias con dinero público) sugeridas por la UE, el BCE y el FMI: “¡El pueblo es más importante que los mercados!”. En Chile, los estudiantes organizados desmienten las benevolencias del exitoso “modelo chileno”: “¡Un régimen que abre cárceles y cierra escuelas no puede ser modélico!”; y exigen el cese al lucro en el ámbito educativo, haciendo extensiva su demanda a la constelación pública: “¡Queremos una expresión política propia!”. En Israel, donde por vez primera la prensa se ocupa de un asunto ajeno al irresoluble conflicto con Palestina, decenas de miles de manifestantes ocuparon las calles para protestar por la subida generalizada de precios y reivindicar el derecho universal a una vivienda digna: “¡Queremos justicia social!”. En México, comarca asolada por una violencia desquiciada, presa de una política miope que ha sumergido al país en extremos de increíble crueldad, colectivos, brigadas, asociaciones civiles y ciudadanos independientes han conformado un gran bloque (Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad) con el objeto de expresar un sentir común: “¡Estamos hasta la madre!”; y para visibilizar y cobijar a las víctimas de una guerra patentemente absurda: “¡No están solos!”; y quizá también para recordar a los dirigentes nacionales, cuya ofuscación es inquietante, que los males del país se resuelven sólo por la vía civil, nunca por el atajo militar: “Ojo por ojo y todo México acabará ciego… ¡No más sangre!”. En Estados Unidos, específicamente en Nueva York, epicentro de la crisis civilizatoria cuya extensión hemisférica es irrecusable, la mecha al fin se encendió: la primavera árabe le extiende la mano, en clara señal de camaradería, al naciente otoño estadounidense. “¡Wake up!” (Despierten), vociferan los manifestantes norteamericanos a sus coterráneos. Occupy Wall Street (Ocupa Wall Street) se presenta como una resistencia horizontal, desprovista de liderazgos, conformada por gente de todos los colores, raleas y credos cuya única característica común es la de integrar “ese 99 por ciento que ya no tolerará más la corrupción y rapacidad del uno por ciento”.

En el ocaso del Medioevo, Erasmo de Rotterdam, filósofo holandés, en alusión a esta “corrupción y rapacidad” que reprueban en Estados Unidos, describió, con tino certero, la condición de la naciente burguesía, clase social que habría de tornarse hegemónica durante 500 años: “La clase de comerciantes [y por añadidura, sus representantes financieros y políticos] es realmente estultísima y mezquina, porque todo lo tratan con sordidez y por móviles más sórdidos todavía”.

La incapacidad para sortear la actual crisis es un signo inequívoco de la impotencia de esta clase social, rehén de su estulticia y mezquindad inherentes. Da la impresión que los pueblos del mundo han cobrado conciencia de esto.

Alguien, en algún lado, señaló: “Dichosos los pueblos que no han olvidado a rebelarse”.

jueves, 6 de octubre de 2011

Un fantasma recorre el mundo: la juventud indignada.

El movimiento de los indignados -que logró capturar la imaginación de miles de personas en España y el mundo- ahora sacude a los Estados Unidos, no sólo a Nueva York sino varias ciudades del país. Los dueños del dinero tendrán que enfrentarlo ahora en el centro del sistema, tendrán que afrontar las críticas a su modelo económico depredador en el corazón de la bestia: Wall Street.

Una de las cosas que resulta evidente de este movimiento es que la juventud es el sector social más dispuesto a indignarse frente al crecimiento de la brecha entre pobres y ricos así como a la sistemática violación de los derechos humanos. La base social de los indignados es predominantemente juvenil, con lo que se demuestra que los flagelos de la indiferencia y el cinismo son propiedad exclusiva de la momiza -como se les llamaba a los viejos en los años de la onda- que han perdido todo esperanza en un mundo mejor. Fueron ellos los que en el colmo del cinismo acuñaron la expresión NINIS, adjudicándoles a los jóvenes la responsabilidad de los males que aquejan a nuestro país, procurando desviar la atención para ocultar su incapacidad, su desidia, su conformismo mercenario.

En este sentido Stéphane Hessel un joven de 93 años, publicó en 2010 un pequeño texto de 50 cuartillas titulado ¡Indignaos! que ha inspirado a millones de jóvenes para protestar y movilizarse en todo el mundo. Su intención es pasar la estafeta de la Resistencia francesa, de la cual formó parte, a las nuevas generaciones. “...apelamos a las jóvenes generaciones. Nosotros les decimos: coged el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no puede claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercaderes financieros que amenazan la paz y la democracia”

Como se ve y a pesar de su edad sigue pensando como el joven que se opuso al fascismo rampante promovido por Hitler, Mussolini y Franco en todo el mundo. A Hessel no le cabe la menor duda de que la clase revolucionaria por excelencia es la juventud, pues es la única que no tiene nada que perder y todo por ganar y por lo mismo, posee la facultad de rebelarse frente a la injusticia. El caso de las protestas de las y los estudiantes chilenos corroboran lo anterior pues son los que han manifestado su indignación frente al inmovilismo de los partidos políticos y el gobierno para dejar atrás la herencia de Pinochet, que está viva hoy más que nunca gracias a la llegada al poder de Sebastián Piñeira, que no es otra cosa que la versión edulcorada del nefasto dictador.

Ahora bien, un elemento central de los indignados es la acción pacífica. Hessel menciona que la violencia representa el fin de la esperanza. “Hay que comprender que la violencia da la espalda a la esperanza. Hay que dotar a la esperanza de confianza, la confianza en la no violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto del lado delos opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación que haga desaparecer la opresión; eso es lo que permitiría que no haya violencia terrorista.”

Como están las cosas no falta mucho para que la juventud mexicana se incorpore masivamente a este movimiento mundial. La violencia en que vivimos parece inhibir la aparición de una versión mexicana de los indignados pero no creo que sea por mucho tiempo. He conversado con muchos jóvenes y todos ellos quieren hacer algo, participar para construir un mundo mejor, a pesar de los obstáculos enormes que enfrentan, entre los cuales destaca la discriminación promovida desde el poder pero también desde sus hogares, sus espacios educativos y laborales. En la medida en que logren romper las cadenas de la indiferencia y el cinismo abrirán nuevos espacios de socialización y participación política. De otro modo seguiremos metidos en el hoyo, en la oscuridad, para que sólo unos cuantos disfruten de la luz, la libertad y la vida.

martes, 4 de octubre de 2011

Indignados, Movimiento Universal del Nuevo Milenio


Jenario Villamil

Primer Apunte

Barcelona.- En 1920 Paul Klee pintó su acuarela Angelus Novus. Es la imagen de un ángel fragmentado, temeroso, con mirada elusiva como el futuro. El filósofo Walter Benjamin, en 1940, escribió que el Angelus Novus representa el espanto “ante esta tempestad a la que llamamos progreso”. Era el año de la firma del pacto nazi-estalinista que auguraba la guerra más cruenta y devastadora del siglo XX.

El apunte de Benjamin es una de las inspiraciones del filósofo y diplomático Stéphane Hessel, autor de un breve manifiesto de apenas 50 páginas titulado ¡Indignaos!, convertido de inmediato en la hoja de ruta del movimiento de los Indignados que ha tomado las calles de las ciudades principales de España, Grecia, Israel, París y que ha cruzado el Atlántico y está en Wall Street.

En menos de dos semanas de protesta en el parque Zuccotti, de Manhattan, y la expresión de los indignados estadounidenses crece. La detención masiva de 700 manifestantes y el gas pimienta arrojado contra los participantes neoyorquinos no ha apagado la protesta. Al contrario, la extendió a otras ciudades norteamericanas.

El mismo tono de las protestas y la convocatoria a través de redes sociales está en el movimiento estudiantil de Chile, en las primeras marchas que acompañaron a Javier Sicilia en el Movimiento de Paz con Justicia y Dignidad. Seguramente, en México nos deparan otras manifestaciones –hasta ahora apagadas por el miedo y la indiferencia- enlazadas con los indignados de muchas otras partes del mundo.

Estos primeros apuntes constituyen una reseña, análisis y comentario de las tesis sencillas y eficaces que Stéphane Hessel ha planteado en este libro, aparecido en diciembre de 2010, y convertido en un best seller de los movimientos altermundistas, indignados y pacifistas de esta nueva era.

Hessel, la Juventud de los 93 Años

“Noventa y tres años. Es algo así como la última etapa. El final ya no está muy lejos”.

Con estas tres breves frases Hessel conjura el ocaso de una vida extraordinariamente productiva como militante, diplomático y filósofo para hablarle a las nuevas generaciones. El joven Hessel, protagonista hace 66 años del Consejo Nacional de Resistencia de Francia, dialoga con el joven de 93 años que lanza el siguiente alegato:

“El motivo fundamental de la Resistencia fue la indignación. Nosotros, veteranos de la Resistencia y de las fuerzas combatientes de la Francia Libre, apelamos a las jóvenes generaciones a dar vida y transmitir la herencia de la Resistencia y sus ideales. Nosotros les decimos: coged el relevo, ¡indignaos! Los responsables políticos, económicos, intelectuales y el conjunto de la sociedad no puede claudicar ni dejarse impresionar por la dictadura actual de los mercaderes financieros que amenazan la paz y la democracia”.

Por supuesto, Hessel no está dando un diagnóstico nuevo. La energía de su texto no radica en este punto sino en la sugerente convocatoria a tomar la iniciativa, a partir de la indignación, no de la exasperación, ni la desesperanza, mucho menos del cinismo prevaleciente.

Su convocatoria no se limita a Francia, mucho menos a Europa. Quizá sin proponérselo su alegato convirtió la indignación en el motor de las manifestaciones en los países de la Unión Europea –atenazada por la quiebra del mercado común y sus promesas de riqueza para todos-, en Estados Unidos, en América Latina, en el mundo árabe y hasta en Japón. Esta nación asiática, resquebrajada tras el efecto de Fukushima, es decir, el fracaso de la segunda “utopía nuclear” que ha detonado el malestar social en un país que se preciaba de un autocontrol cívico milenario.

Indiferencia e Indignación

Hessel parte de una premisa mayor que han corroborado las recientes revueltas en el mundo árabe y en España y Grecia: “vivimos en una interconectividad que no ha existido jamás. Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlo, debemos observar bien, buscar”.

Y líneas abajo, Hessel plantea una de las tesis que ha seducido por su claridad y contundencia:

“Yo le digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir ‘paso de todo, y me los apaño’. Si os comportáis así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre: la facultad de indignación y el compromiso que le sigue”.

En esta frase, Hessel anticipa lo que será su segundo manifiesto, editado este año, ¡Comprometéos!

El joven de 93 años argumenta dos razones fundamentales para indignarse:

a) “La inmensa distancia que existe entre los muy pobres y los muy ricos, que no para de aumentar”. Esta es una innovación del siglo que después de la Guerra fría prometió el progreso gracias al libre mercado. El resultado: ha arrojado a las calles del desempleo, el subempleo y la indignidad a millones de jóvenes que supuestamente iban a ser los herederos del brillante mundo libre que cantaron las sirenas tras el derrumbe del Muro de Berlín y el bloque soviético. En contraste, una élite cada vez más reducida, concentra riqueza, opulencia y soberbia. Banqueros y sus gerentes, dueños de medios y sus intereses, especuladores y criminales de cuello blanco que detonan “burbujas” financieras y quiebran a los Estados.

b) “Los derechos humanos y la situación del planeta”. Lo advierte Hessel, quien fue uno de los principales redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU, en 1948.

La universalidad de estos derechos obliga a actuar también, universalmente, frente a cualquiera de sus violaciones: al libre tránsito, a la dignidad humana de los migrantes, a la libertad de expresión, a la libertad de asociación, al derecho a la salud, a la educación, a la vivienda, a condiciones de vida dignas.

Hessel explica que esta Declaración Universal de 1948 tuvo un objetivo central:

“Desbaratar el argumento de plena soberanía que un Estado puede hacer valer mientras comete crímenes contra la humanidad en su territorio. Este fue el caso de Hitler, que se creyó dueño y señor autorizado a provocar un genocidio”.

¿Cuántos nuevos y peligrosos Hitlercitos que se sienten “autorizados” y hasta heroicos no existen ahora en el mundo? No nos vayamos lejos. En México padecemos a una réplica a escala de autoridades corrompidas, avorazadas, que prefieren justificar los baños de sangre a comprometerse a garantizar una convivencia digna, pacífica. Hasta se comparan con Churchill cuando se parecen más a la lógica de Hitler.

Frente a esto, Hessel advierte que lo peor es la indiferencia. Y la exasperación.

Exasperación, Violencia y Esperanza

Hessel abunda sobre un fenómeno que conoce muy bien por su compromiso diplomático desde el 2002 en los territorios palestinos ocupados en Gaza. Teoriza sobre la pertinencia o no del terrorismo ante una ocupación militar. Y la viabilidad de los métodos no violentos.

“¿Le sirve de algo a Hamas enviar cohetes a la ciudad de Sdérot? La respuesta es no. No sirve a su causa, pero podemos explicarnos estos actos por la exasperación.

“En la noción de exasperación, hay que comprender la violencia como una lamentable conclusión de situaciones inaceptables para aquellos que las sufren…No deberíamos exasperarnos, deberíamos esperanzarnos. La exasperación es una negación de la esperanza. Es algo comprensible, casi diría que natural, pero precisamente por eso no es aceptable. Porque permite obtener los resultados que puede eventualmente producir la esperanza” (cursivas mías).

Piensen en estas palabras las sociedades exasperadas por la violencia doble y hasta triple del crimen organizado, de las fuerzas policiacas y militares que dicen combatirlo y ahora hasta de grupos paramilitares. Son explicables la exasperación, el temor y el odio que de ellas se derivan, pero no justificables. Las principales víctimas son los ciudadanos, reducidos a la peor indignidad: ser una cifra más en el conteo de miles de muertos, criminalizados a priori en el supremo tribunal de las apariencias.

La solución no es la violencia, subraya Hessel.

“Hay que comprender que la violencia da la espalda a la esperanza. Hay que dotar a la esperanza de confianza, la confianza en la no violencia. Es el camino que debemos aprender a seguir. Tanto del lado delos opresores como de los oprimidos, hay que llegar a una negociación que haga desaparecer la opresión; eso es lo que permitiría que no haya violencia terrorista. Es por esta razón que no deberíamos acumular mucho odio”, argumenta.

http://homozapping.com.mx/2011/10/indignados-movimiento-universal-del-nuevo-milenio/

lunes, 3 de octubre de 2011

43 años después, el MEIF

En días pasados un diputado local anunció llevaría al Congreso del Estado las inconformidades que la “sociedad universitaria” ha planteado frente al famoso Modelo Educativo Integral Flexible (MEIF) implementado en los últimos años en la Universidad Veracruzana. Solicitará, según dijo, una reunión con autoridades de la UV de manera previa a una eventual comparecencia de las mismas ante la Comisión de Educación del Congreso local.

Sobra decir que, como estudiantes, poco o nada podemos esperar se resuelva de la problemática de la UV desde el gobierno estatal. Diputado y rector quizá jamás se vean las caras, sin embargo, las declaraciones del legislador (más allá de la intención de las mismas) sirven para poner sobre la mesa un tema en verdad importante y que ha pasado desapercibido, en gran medida porque nosotros como estudiantes así lo hemos permitido.

Breve introducción al MEIF: la Universidad Veracruzana viene incorporando de forma gradual dicho modelo a los programas de estudios de sus diferentes facultades desde el año 2000, bajo el supuesto de promover una educación bajo algunos principios fundamentales: integrar en el proceso de aprendizaje tanto saberes teóricos como habilidades técnicas y actitudes para una formación basada en competencias, y hacerlo de manera flexible en tiempos, espacios y contenidos.

Si analizamos la situación en la manera en que nos afecta más directamente, la Universidad Veracruzana carece de los recursos suficientes para hacer funcional el modelo educativo impuesto: por las razones que sea (falta de presupuesto, sindicatos anquilosados, simple y sencilla estupidez a la hora de realizar los ajustes necesarios) el MEIF se convierte en el peor enemigo del estudiante: horarios que se extienden por espacio de 12 horas con periodos muertos entre clases, materias que no se ofrecen, grupos sin maestros por meses, semestres enteros con una sola materia, y un largo etcétera. El modelo que se supone es flexible se convierte en el principal impedimento para concluir los estudios universitarios en un tiempo razonable.

La “modernización” de la educación no se ha limitado a la educación superior. Desde la educación básica se han ido suprimiendo materias que antes eran fundamentales, en aras de colocar otras con un enfoque más técnico. El conocimiento humanístico y social se ha hecho a un lado para dar paso al conocimiento técnico y de aplicación inmediata. Es cierto, las necesidades de un mundo globalizado son diferentes y se necesitan un cierto tipo de conocimientos que antes no se requerían, más esto no quiere decir que las escuelas (especialmente cuando hablamos de educación pública) se conviertan en centros especializados de producción de mano de obra.

La universidad no es la excepción: en todo el mundo la tendencia es producir individuos con mayor grado de especialización y menor grado de interacción social, siendo este uno de los grandes logros del modelo: la interacción entre alumnos se limita a coincidir por espacio de una hora en un salón de clases, antes de tener que correr a otro espacio. Si es a otra facultad al otro lado de la ciudad, mejor. En este sentido el modelo ha resultado exitoso: no ha enfrentado oposición real por parte de un estudiantado completamente desvinculado, aún cuando la mayor parte del mismo ha sido afectado por el sistema. Tras tres años estudiando en la UV, sigo esperando el día en el que algún alumno me hable a favor del MEIF. Sin embargo la respuesta ante el mismo se limita a las quejas de cada uno de nosotros al inicio de cada semestre, para después seguir bajo la misma dinámica.

La publicación de este artículo coincidirá con un aniversario más de la matanza de Tlatelolco. 43 años después la llamada “sociedad universitaria” se encuentra más desarticulada que nunca. Hablar de “comunidad” universitaria no es más que evocar un término que no tiene significación alguna en el contexto actual. A casi medio siglo de mencionados acontecimientos, la organización estudiantil ha retrocedido años luz. Cuatro décadas después del movimiento de 1968, es igualmente necesario darse cuenta que los problemas del estudiantado no los va a resolver absolutamente nadie, si el estudiante no toma conciencia de su papel dentro de la sociedad, una conciencia crítica por naturaleza, y hace uso de ella para politizar (en el mejor sentido de la palabra) los temas que directamente le conciernen.