domingo, 12 de diciembre de 2010

Privatizaciones

La semana pasada el Consejo de Administración de Petróleos Mexicanos aprobó una nueva modalidad de contratación, a la que denominan “contratos integrales de servicios”. Traducido al español, estos contratos permiten al capital privado explorar y explotar diversos campos petroleros en el país. El discurso es el mismo de siempre: estos nuevos contratos lograran "incrementar la capacidad de ejecución de Pemex para generar valor económico mediante un esquema rentable y competitivo, bajo mecanismos de contratación simples y flexibles”.

Por misteriosas razones, los grandes medios de comunicación sólo hacen ruido cuando les conviene, y esta reafirmación de la privatización de PEMEX pasó, en términos generales, desapercibida. Más allá de la inconstitucionalidad de la medida (transfiere a manos privadas la operación de la empresa que, supuestamente, es propiedad de todos los mexicanos), lo importante es analizar el sistema de privatizaciones en su conjunto, y los resultados que una política económica que se ha aplicado por los últimos 20 años (en México y en el mundo, como la cerveza) como si de la panacea universal se tratara.

Repasemos algunos de los sectores que se han privatizado -total o parcialmente- en nuestro país: la comercialización de gasolina es privada, la radio y la televisión, los servicios aduanales y portuarios, las guarderías, carreteras, aerolíneas, minas, la comercialización de gas, la telefonía, internet, cárceles. La banca por supuesto es privada, y hasta los centros de distribución de leche Liconsa, “empresa que trabaja con el noble propósito de mejorar los niveles de nutrición de los mexicanos”, están privatizados, y para colmo le suben el precio a la leche. De igual manera, la educación y los servicios de salud van siguiendo los modelitos de privatización que tanto bien han traído al país.

El argumento lo conocemos todos, y a base de repetición nos lo sabemos de memoria: con el manejo privado de los servicios se aumentaría la productividad, la competitividad, el empleo, la calidad, disminuiría la corrupción, y el país se convertiría en el lugar más feliz en la faz de la tierra.

La realidad es bastante diferente al cuento que nos pintaron: la privatización del país nos ha costado a todos y cada uno de los que en él habitamos, y con el paso del tiempo hemos presenciado cómo cada vez menos grupos privados -pero cada vez más poderosos- se adueñan de los recursos que, supuestamente, correspondían a toda una nación.

Por otra parte, las empresas privadas han resultado igual de ineficientes, corruptas e inoperantes que las otrora poderosas “empresas de participación estatal”, y en su búsqueda por la famosa maximización de utilidades, recortan personal y costos de operación a diestra y siniestra. Ejemplos sobran: la guardería ABC en Sonora, Pasta de Conchos, Luz y Fuerza del Centro y su sindicato, los nuevos y flamantes sistemas de pensiones, etcétera.

Una y otra vez hemos tenido que cargar con el costo del rescate y “saneamiento” de las empresas que prometían salvarnos, y el mejor ejemplo de ello es el sistema financiero: la banca se privatizó y en menos de cuatro años se le tuvo que aplicar un “rescate” de más de 100 mil millones de dólares, mismos que de nuestros bolsillos seguimos pagando.

Desde que las líneas aéreas se privatizaron, en 6 ocasiones nuestros impuestos han tenido que intervenir para su rescate, y la séptima está en proceso.

Los procesos de privatización en México y en Latinoamérica han llevado a la creación de grandes grupos que son, virtualmente, los dueños de nuestros países. 25 grandes corporaciones dominan el mercado latinoamericano, y 12 de ellas pertenecen a mexicanos. Empresas telefónicas, mineras, constructoras, cerveceras, hoteleras, financieras, etcétera.

Vale la pena, ante lo expuesto anteriormente, preguntarse de qué han servido tantas privatizaciones en los últimos años. Para llevar a Forbes a unos cuantos de nuestros compatriotas, es la única respuesta que encuentro convincente. En la lista del año pasado aparecieron 9 mexicanos: uno de ellos es el Chapo. El resto, debe su fortuna a la privatización de algún sector estratégico de la economía nacional. Saque usted sus conclusiones.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Mathias Rust y Julian Assange. Ridiculizando al poder.

Ahora más que nunca cobra sentido la idea de que la caída del Muro de Berlín fue una catástrofe no sólo para la antigua Unión Soviética sino también y sobre todo para los Estados Unidos. Y si bien las manifestaciones simbólicas de la pérdida de poder se dieron primero en el país europeo, no pasaron muchos años para que a los estadounidenses también les tocara su parte.

En 1987 Mathias Rust, con 19 años de edad, viajó en un Cessna desde Helsinki hasta la Plaza Roja, el símbolo del poder soviético por excelencia, sin que el ultra costosísismo y super eficientísimo sistema de seguridad del ejército rojo pudiera detectarlo, mucho menos detenerlo. ¡Aterrizó en plena Plaza Roja! El hecho demostró, antes que la caída del famoso muro berlinés, que la guerra fría había terminado y que ambos contendientes estaban exhaustos, sólo que los grandes medios de comunicación nos hicieron creer que sólo los rusos habían perdido. Los años de Reagan fueron el canto del cisne para los Estados Unidos, cosa que quedó demostrada con el ataque a las torres gemelas de Nueva York y que se actualiza con las filtraciones de Manning a Assange.

Los documentos filtrados hasta ahora son la falla de un sistema de seguridad del estado que se autodenomina como el más poderoso de la tierra. El golpe simbólico no se desprende del contenido de los cables, de sus frivolidades y verdades sabidas por muchos, sino de la debilidad para proteger documentos secretos, indispensables para mantener y ampliar (jaja) la dominación del mundo por los Estados Unidos.

Pero además pone en evidencia la mediocridad de los cuadros del servicio secreto-diplomático que aparecen como perezosos, por decir lo menos, y se limitan a reportar banalidades y cosas que todo el mundo sabe, como la notoria afición de Berlusconi por la pachanga. En mi opinión, esto demuestra que los burocracia yanqui ha perdido la brújula, resignándose a navegar sin rumbo fijo.

Si a esto agregamos la impotencia del departamento de estado, a cargo de la señora Clinton, para detener la publicación sistemática de los cables -gracias al apoyo de muchos cibernautas, que impidieron la censura- pues no queda más que aceptar que las fisuras del otrora centro del mundo son imposibles de ocultar. Aún juzgando a Assange en los Estados Unidos, lo cual lo convertiría en un mártir, el daño está hecho.

Será interesante leer los cables que contienen información de las grandes corporaciones internacionales y de su maridaje con los estados y ejércitos nacionales. Al igual que la soberbia y mediocridad de la burocracia yanqui quedará expuesto el motivo profundo que mueve las guerras, los golpes de estados, las matanzas: el afán de lucro.

Los golpes simbólicos no rinden frutos de una día para otro pero a la larga definen las condiciones, el espacio de confrontación de ideas pero sobre todo, le recuerdan al ciudadano de a pie que, si se lo propone, puede vulnerar seriamente el orden establecido organizándose sin pretender enriquecerse y con un alto sentido de cooperación, principio gracias al cual los seres humanos somos lo que somos.

martes, 7 de diciembre de 2010

J.Assange: "Los periodistas han dejado al Estado y a las grandes empresas salirse con la suya"


David Ballota 14 de julio de 2010

http://www.nacionred.com/censura/julian-assange-los-periodistas-han-dejado-al-estado-y-a-las-grandes-empresas-salirse-con-la-suya


El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, ha vuelto a aparecer, esta vez en la escuela de verano de periodismo de la City University de Londres. A los jóvenes estudiantes de periodismo les dijo que la creación de una “prensa libre real” está a “nuestro” alcance por primera vez.

"Tenemos que repensar nuestra comprensión de cómo funciona el poder político. Toda la teoría política actual está en quiebra, todo el pensamiento político, porque no sabemos qué diablos está pasando. Los medios de comunicación establecidos son parte del problema. ¿Por qué alguien quiere leer lo que ha escrito un periodista? Son ignorantes y tú no lo eres. Los periodistas tratan a los lectores como los padres tratan a los niños."

Después de la conferencia con los estudiantes, Julian Assange tenía reservada una hora y media para Stephen Moss, periodista de The Guardian. La entrevista o más bien “charla” se extendió una media hora más de lo previsto, durante el paseo hasta un restaurante y en una rápida cena de 20 minutos. Este es un resumen del artículo que hoy ha publicado Stephen Moss.

Alto, cadavérico, vestido con pantalones vaqueros rasgados, chaqueta marrón, lazo negro, deportivas maltratadas. Alguien dice que se parece a Andy Warhol con su pelo prematuramente blanco.. para él la precisión lo es todo, detesta la subjetividad en el periodismo; me temo que detesta a los periodistas…

"Los periodistas han estado dejando al Estado, a las grandes empresas y a los intereses creados, salirse con la suya durante demasiado tiempo."

Se le ha acercado un estudiante, “Julian, antes de irte, ¿puedo darte la mano?, porque me encanta lo que haces y eres como un héroe, realmente lo eres”. El icono y el acólito. El paralelismo con Warhol se convierte cada vez en más real y más fuerte: Assange como el pionero de una nueva forma de informar.

Acepta que el alcance de Wikileaks se está expandiendo rápidamente. Al comienzo de la charla, me dijo que su cabeza estaba “llena de tantas cosas”, como para disculpar de una cierta vacilación o la naturaleza no estructurada de su presentación. ¿Qué cosas?

"Hemos estado tratando de recaudar fondos en los últimos seis meses (...) y han “abandonado” un tanto la web. Estamos trabajando en ello y en nuevos sistemas para acelerar nuestra línea editorial."

Wikileaks cuenta con cinco empleados a tiempo completo y alrededor de 40 “colaboradores muy activos” respaldados por 800 ayudantes y colaboradores ocasionales y más de 10.000 donantes – una estructura descentralizada que podría convertirse en un modelo para la organización de muchos medios de comunicación en el futuro. Assange prefiere hablar de “Movimiento”

“Se hace difícil conseguir nuevos talentos rápidamente”, dice, “la comunicación interna es muy difícil porque todo tiene que ser cifrado y los procedimientos de seguridad puestos en marcha”. Y también tenemos que ser listos a la hora de responder a las demandas de colaboración”. (Clara referencia a infiltrados). En el lado positivo, la unidad de recaudación de fondos acaba de conseguir un 1 millón de dólares, en su mayoría de pequeños donantes. ¿Es Wikileaks el modelo periodístico de el futuro?

"En todo el mundo las barreras entre lo que está dentro de una organización y fuera tiene a nivelarse. Para los financieros y prensa especializada, aún veremos en su mayoría lo mismo, una sesión informativa diaria sobre lo que necesita saber para gestionar su empresa. Sin embargo, para el análisis político y social, va a haber movimientos y redes. Usted ya puede ver que esto está ocurriendo."

Assange tiene que tener cuidado por su seguridad personal. Algunas fuentes, con enlaces en las agencias de inteligencia le han advertido que está en peligro y le aconsejaron hace semanas no viajar a los EE.UU. Se niega a confirmar que Manning fue el origen del vídeo de Bagdad, pero dice que quien lo ha hecho es “un héroe”.

Assange, a pesar de su actitud vacilante, exuda confianza en sí mismo, incluso inmodestia. “Siempre tuve confianza en que la idea tendría éxito, de lo contrario no habría gastado mi tiempo o involucrado a otras personas.” Ha pasado una buena parte de ese tiempo en Islandia, donde se protege la libertad de información y tiene partidarios al más alto nivel.

Fue en Islandia donde se hizo un complejo trabajo de descodificación del vídeo del ataque en Bagdad. Pero él dice que no tiene una base fija. “Soy como un corresponsal de guerra, estoy en todas partes”, dice.

O como todo el que crea una corporación multinacional y tiene que visitar todas las oficinas regionales. Tenemos seguidores en muchos países.

Assange nació en Queensland (Australia) en 1971 en lo que parece una familia muy poco convencional. Sus padres tenían una compañía de teatro itinerante y fue a 37 escuelas diferentes (aunque algunas fuentes sugieren que su madre pensaba que la escuela alienta la deferencia a la autoridad así que lo educó principalmente en casa). Sus padres se divorciaron, su madre volvió a casarse. Todo suena demasiado warholiano… escribe Stephen Moss.

Una roca sólida

Señor Pascual:

Antes que nada me permito exaltar su gran sentido del humor en el último artículo que publicó para El Universal.

La risa nos ayuda a ser mejores, como Umberto Eco lo recuerda en El nombre de la Rosa. Y es importante utilizar el humor para reconocer nuestros errores.Apunta B. Traven:

“— No, santo padre blanco, no entiendo. Lamento si soy descortés pero, ¿por qué tantos rodeos? ¿Por qué el hombre tiene que ganarse con tantas complicaciones lo que un dios siempre amoroso y bueno debería darles por nada, sólo por el inmenso amor que les tiene? Si así fuese, no debería pedirle a la gente que creyera en él, que le rezara y lo adorara. Mi madre me da todo lo que tiene que darme por amor a mí, crea o no en ella, le rece o no. Ella, mi querida madre, me daría todo lo que pudiera, aunque yo fuera cruel y la insultara; algo que mi dios me impediría hacer aun en sueños, incluso entonces ella me daría todo lo que estuviera en sus manos. Sí, mi madre es mucho, muchísimo más grande que tu dios. Ella tiene más amor eterno que tu dios, y es solamente un ser humano.”

Pareciera que habla de la Tierra. Porque últimamente en este mundo la vida no vale nada. Aquí por ejemplo en mi país la gente se muere como el campo se muere, como la Tierra se muere. Y desde su país mandan miles de dólares en armas, en helicópteros, en especie diría Cantinflas.

Es como el cuento del borracho y el cantinero que tan bien cantó José Alfredo Jiménez. O como aquellos versos de Antonio Machado: “El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.”

O como sus propias palabras:

“realizar cualquier actividad con otros – ya sea bancaria, legal, periodística, financiera, médica, educativa o diplomática – se requiere confidencialidad. Las personas necesitan compartir información, evaluar situaciones, analizar prospectos y proponer opciones que pueden producir mejores resultados.

“Si no se hace algo al respecto, los ataques contra la confidencialidad amenazarán nuestros empleos, nuestra capacidad de resolver problemas y el impulso a la creatividad en nuestras sociedades.”

Pensaba que yo era el que no estaba hablando de nada. Además aquí ni siquiera hay empleos.

Claro que con México “no hay relación más importante para los Estados Unidos en el mundo y ninguna acción ilegal la va a socavar.”

¿Como las armas ilegales que entran a mi país por su país? ¿O como la droga de mi país que hasta en Harvard donde usted estudió se consume con singular alegría?

Dice usted:

“México y los Estados Unidos están ligados como pueblos. Somos socios en el comercio cuya prosperidad mutua depende del otro. Hacemos frente a las mismas amenazas causadas por enfermedades infecciosas, las organizaciones criminales y los desastres naturales. Compartimos la promesa de un futuro mejor si permanecemos unidos para trabajar y resolver los retos de cada día.”

¿Por qué no han utilizado su moneda para construir programas de infraestructura en lugar de comprar pistolas? ¿Por qué el Congreso de su país legisla sobre las cosas que pasan en mi país?

Permítame evitar caer en el ridículo. Usted sabe todas esas cosas mucho mejor que yo y pienso que su trabajo lo hace con buena fe.

¿Por qué sus políticos insisten en usar las armas para resolver un problema de salud pública? ¿Por qué si es tan importante la relación con mi país no vienen maestros, doctores, inversiones?

Ya las armas no sirven. Su problema es que matan y bueno, otra vez discúlpeme el ridículo, pero lo que vale es la vida. No la muerte.

Usted hace una pregunta:

“¿Cómo justifican los Estados Unidos y otras naciones democráticas que continúen los canales de comunicación confidenciales al tiempo que proclaman que practican la transparencia y la apertura?”

También da una respuesta. Yo la verdad creo que no la hay.

“Lo único que ha cambiado ha sido los medios técnicos de transmitirlas. Los modernos cables diplomáticos son fundamentalmente una carta privada que se envía a casa.”

Además de la errata en la conjugación del verbo haber (el segundo en la oración), usted tiene razón: la política ha sido una porquería desde antes que la diplomacia existiera.

El mundo impresionista que propone es singularmente agradable si usted conoce los textos de Carlos Monsiváis.

Me gustaría citarlo sólo por honrar su memoria:

““A la sociedad o al pueblo ya no se le convence, ha perdido el don divino de la credulidad, y, o no están informados de nada, o se nutren de internet, radio, incluso noticieros de televisión, celulares, o twitters. Y los que no, ni se enteran ni les importa, y con dificultad saben el nombre de alguno de nosotros, lo que llamamos aquí analfabetismo onomástico. Entonces, ¿a quién persuadir?, pues a los más enterados, a los más competentes, a los que rigen los destinos de la nación, nos referimos naturalmente a nosotros mismos. De esta manera nuestra estrategia mediática y nuestras redes sociales se dirigen a ese objetivo maravilloso: convencernos a nosotros mismos. Si logramos eso, lo demás ya no importa. Hablamos para oírnos y, sin broma alguna, la técnica es de una gran profundidad: el que persuade a las élites, persuade a lo más elevado del país. Por eso al autoengaño, como le dicen los resentidos, es la manera más solidaria y eficaz de ir avanzando en el gobierno”.”

Qué bueno que estén “realizando consultas estrechas con nuestros socios en el gobierno del Presidente Calderón” pero le recuerdo que por más que se quiera volver al Gobierno una empresa, no lo es.

Por eso a ustedes les importa tanto que haya policías y militares entrenados en su Escuela de las Américas, que de tanto que la cambian de lugar ya no sé dónde quedó. Por eso les importa la confidencialidad de sus comunicaciones, porque todos sabemos que son sus intereses los que les interesan, como a Descartes le interesaba nada más Descartes.

Lo llamaría “El ensimismamiento internacional del país que está al norte del mío” pero no lo voy a hacer. Como Batman y Robin atacaban a los secuaces puedo imaginar sin problema a muchos de sus “socios del gobierno del presidente Calderón” tratando de seguir sus pasos.

Usted afirmó:

“En una alocución dirigida a todo el mundo hace unos cuantos días, la Secretaria Hillary Clinton afirmó que estamos tomando medidas enérgicas para que quienes robaron esta información se hagan responsables de sus actos.”

¿Tiene algo que ver la petición de extradición de Assange por parte de Suecia? Le pregunto en público de una vez porque si de todos modos usted manda un cable a la calle H WikiLeaks lo terminará filtrando algún día quizá cuando usted ya tenga nietos (si es que no los tiene ya).

Así pues, la relación bilateral —la roca sólida— de nuestros paises necesita un nuevo rumbo.

Adiós a las armas escribió Hemingway.

Me gustaría escribir lo mismo.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Relato de un peque-proletario


Hace unos días, un cuate, sabedor de mi estado de proletario errabundo, me preguntó: “¿Oye cabrón, por qué no te buscas un empleo más seguro y estable?” Después de unos breves segundos de ágil reflexión, respondí: “Más bien habría que preguntarse por qué los empleadores no ofrecen condiciones de trabajo más honrosas y estables”.

En virtud de respaldar mi respuesta, me propuse exponer a mi “valedor” (epíteto de origen popular comúnmente conferido a un amigo entrañable) una serie de casos, algunos personales, otros conocidos por referencia, que ponen al descubierto las deplorables circunstancias referentes al entorno laboral del presente.

“Mira cabrón –le dije–, antes de censurar mi inestabilidad laboral, búscate un trabajo para que veas lo que es odiar a dios en tierra propia. Te voy a contar lo que en tres años de trabajo forzado -¿acaso hay otro tipo de trabajo?– he vivido y escuchado. A ver si con esto satisfago tu curiosidad pequeño-burguesa.”

Mi cuate lanzó una mirada escéptica y ligeramente altanera como para ocultar su insaciable intriga. Obviamente el gesto fue inútil. Y añadió: “Órale pues, cuéntame. A ver si como ladras, muerdes”.

“En tres años de trabajo en Xalapa –arranqué con el recuento de los daños– no he tenido un solo empleo que pague más de 10 o 12 pesos la hora. Conozco lugares en donde los empleados ganan 5 pesos la hora y los dueños del negocio justifican el salario de hambre con el argumento de que las propinas compensan la casi nula remuneración salarial. Desconozco lo que establece la ley del trabajo en lo concerniente a la jornada laboral (como si tuviera alguna utilidad saberlo), pero lo que sí sé es que, en la práctica, un empleo de tiempo completo regularmente rebasa las 60 horas de trabajo a la semana. Y eso es poco decir si uno lo compara con las jornadas de 72 horas de trabajo continuas –¡sí, continuas!– que ciertas agencias policiacas particulares como el IPAX endosan arbitrariamente a su personal. ¡Y luego dicen algunos pendejos que los mexicanos somos flojos! En los países escandinavos un empleo de tiempo completo comprende 30 horas de trabajo efectivo a la semana. Nada más. Y lo más increíble es que en Xalapa, al igual que en varias ciudades y regiones del país, los empleadores exigen a los empleados exclusividad laboral, cuando los sueldos o salarios que ofrecen no rebasan los dos mil pesos mensuales. ¡No me jodan… con dos mil pesos no come ni un perro! Pero eso no es todo –continué jadeante de encabronamiento–, además los patrones piden prestado a los trabajadores cuando alguna dificultad económica se les presenta. Pero eso sí, cuidado cuando uno se ausenta un día, por la razón que sea, plausible o no, porque inmediatamente ponen jeta de dignos y empiezan con las amenazas de despido. Y en el caso de aquellos que ganan por comisión, el despotismo laboral es aun más descarado. No se les paga ni un peso de sueldo, lo que implica no tener ingreso fijo, esto es, contingencia económica eterna. Y cuando no cumplen con las metas establecidas por la empresa, se les penaliza con recortes a sus ya de por sí miserables comisiones. El colmo del progreso: lo negrean a uno peor que un negro en el siglo XVI, nomás que ahora el sometimiento se efectúa a cambio de nada, salvo maltratos y privaciones”.

Derrotado, rendido, visiblemente destrozado, mi entrañable interlocutor apenas pudo articular una última apreciación: “En todo caso me vale una chingada que me llamen nini”.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Las apariencias engañan

Respecto a la vista, Aristóteles dijo que entre los sentidos era el más preciado por los hombres. Lo que sugiere a todas luces que ya desde la antigüedad el hombre ha sido un adorador de la imagen, quizá por una tendencia natural, quizá por los prejuicios propios que subyacen a la tradición occidental. Habría que preguntarle a un oriental que piensa.

Lo cierto es que en la actualidad (la construida propiamente por la tradición occidental), el imperio de la imagen se levanta de manera solemne y gobierna soberbiamente en todas las manifestaciones y dimensiones de la cultura.

La imagen nos invade por doquier, ya sea en un transporte público o en un espectacular de azotea al cual es casi imposible no mirar; ya sea en la televisión o revistas o incluso en internet. De la imagen nadie escapa.

El lector podrá pensar que el mundo es una imagen y que éste está lleno de ellas. Así que ¿cuál es la relevancia de tan simple cuestionamiento? Efectivamente es así; pero a lo que este utopista articulista se refiere es al excesivo bombardeo de imágenes prefiguradas que a la postre constituyen lo que se llama un cliché.

Un cliché es una imagen cargada previamente de cierto prejuicio y que busca sobre todo manifestar la apariencia de tener cualidades que le pertenecen de suyo sólo por el hecho de poseer esta imagen.

Se me ocurre como ejemplo el hecho de pensar que un individuo con buen gusto en el vestir y copete llamativo sea un hombre de finas costumbres y buenas intenciones. No hay manera racional de justificar el brinco de una cosa a la otra (tampoco de distinguir qué es el buen gusto y qué es una costumbre fina).

La imagen del cliché nos es impuesta por las múltiples vías ya citadas, de manera subliminal. No constituye una opinión autentica, propia y original. No es que las imágenes en sí mismas sean negativas sino el uso y la tendencia hacia donde se orientan. En nuestras sociedades el uso del cliché es excesivo y violento; peligroso incluso pues constituye opinión.

Por tales motivos han de resultar en desconfianza las múltiples triquiñuelas y acciones efectuadas por muchos de los aspirantes a ocupar importantes cargos públicos. Cambios de peinado e imagen, altruismo televisivo de cuarta, bodas con actrices heroínas de telenovela pedorra y, aunque no tiene que ver con la imagen sí con el cliché, el uso de términos anacrónicos tales como modernidad y progreso. Por todo esto, sencillamente no les creo nada.

Otra manera de ver el ver

A propósito de la vista, curioseando un libro sobre el tarot, del teatrero, cineasta, psicoanalista (hasta chaman y otras cábulas), Alejandro Jodorowsky, encontré otra alusión importante al acto del mirar.

Nos dice Jodorowsky que si se expande el nivel de la conciencia, se aprende a apreciar en el entorno pequeños y agudos detalles que normalmente no percibe cualquiera; se agudiza pues el sentido de la vista. Podríamos decir que se vuelve uno un buen observador.

Buena falta que haría aprender a mirar. Así nos fijaríamos en detalles más allá de la corbata y la camisa fina, o a distinguir las sonrisas fingidas y las miradas furtivas de tantos aquellos que agarran tribuna para hacer promesas de campaña o alardear de logros intangibles.

Así sí notaríamos pertinentemente aquello que constantemente repetía mi abuelita (y quizá también la suya): eso de que las apariencias engañan.

Wikileaks y la demogogia cotidiana

“Debemos entender (…) que una de las razones principales de los secretos gubernamentales es para proteger al gobierno de su propia población” Noam Chomski

El reciente escándalo suscitado por la publicación, en los principales diarios del mundo, de documentos confidenciales de buena parte de los estados nacionales demuestran lo que ya todos sabíamos: que los gobiernos mienten sistemáticamente. Como el niño que grita en la corte que el rey va desnudo -cosa evidente para todos pero que nadie se atreve a decir abiertamente- Wikileaks le han demostrado al mundo lo que muy pocos han venido denunciado por décadas.

Frente al debilitamiento de las capacidades fiscalizadoras de los gobernantes frente a sus gobiernos, ha ido ganando fuerza –sobre todo después del 11 de septiembre- la idea de que los gobiernos tienen todo el derecho a ocultar información a la ciudadanía para combatir al terrorismo. En nuestro país el argumento se utiliza para ocultar el atropello sistemático de las garantías individuales, en el contexto de la guerra contra el narcotráfico, así como pavimentar el camino para el saqueo y la corrupción rampantes de nuestros gobiernos.

Los presidentes que han sido afectados por los documentos coinciden en señalar que la información es irrelevante, dejando de lado el hecho de que la mentira sistemática constituye el punto a discusión y no el alcance de lo que se ha revelado. Este hecho demuestra que la demagogia es hoy, más que nunca, moneda corriente en las relaciones entre gobernantes y gobernados, la cual se justifica, según los primeros porque está orientada a satisfacer las necesidades de la ciudadanía, aunque en las realidad sea todo lo contrario. La mentira sistemática está dirigida a preservar la impunidad de esos que se desgarran las vestiduras frente a la tragedia social que vivimos. Es en ese contexto que, al mismo tiempo que los gobernantes se ufanan de impulsar la transparencia no cesan de clasificar cada vez más documentos que pudieran incriminarlos. Pero además, por si fuera poco, se cuidan las espaldas y heredan el poder con la finalidad gozar de impunidad para continuar con su carrera política.

El cansancio de la población va en aumento, cada vez más percibimos la mentira cotidiana de los políticos en turno como un insulto, como una bofetada cínica de los que lucran con la esperanza y la impotencia ciudadana. Los únicos que aplauden los discursos llenos de mentiras y verdades a medias son los integrantes del círculo cercano de los tiranos modernos, esos que viven como parásitos, incrustados al erario público. Y eso sí, aplauden hasta la ignominia, tratando de llamar la atención de sus jefes para demostrarles su lealtad.

Lo peor de todo es que, como mienten prácticamente todo el tiempo, acaban por creerse sus propias mentiras al grado de que cuando son confrontados por un periodista o un ciudadano común se enojan y los intimidan, haciéndose los ofendidos por la duda. En todo caso, el caso de Wikileaks pone en la mesa la debilidad de la mentira y de los gobernantes, a pesar de su poder económico y policiaco-militar, cuando se enfrentan con un ciudadano de veintitrés años que no olvidó cual es su deber.