jueves, 31 de mayo de 2012

Las contribuciones del #132 a la crítica de la farsa electoral. (1 de 3)

Parece existir un consenso con respecto al estímulo que representa para el proceso electoral en curso el movimiento #132. Algunos destacan el hecho de que l@s estudiantes han puesto en práctica una dinámica inédita en la historia de las campañas mexicanas, que combina los rasgos de un movimiento antisistémico pos ’94, con la posibilidad de producir información alternativa al duopolio por medio de las ciber-redes sociales. Otros simplemente nos tratan de convencer de que el movimiento estudiantil no cambiará nada en las preferencias santificadas por las ‘encuestas’.

El desprecio que manifiestan los adversarios del #132 por sus ataques a Peña Nieto no es otra cosa que el origen del movimiento estudiantil. Tal reacción -después de la desafortunada visita del ‘candidatazo’ a la Universidad Iberoamericana el 11 de mayo- fue el agravio sobre el que se empezó a construir la protesta estudiantil: su protesta por ser tildados de acarreados y porros, de practicar, irónicamente, las viejas prácticas del PRI. A este agravio habría que agregar otros como el calificativo de ‘ninis’, amplificado por la opinión pública, incluso para culparlos de la situación económica y también de la (in) seguridad pública, como si no fuera suficiente estigmatizarlos por no trabajar y no estudiar cuando el país se está cayendo a  pedazos.

El ‘niño verde’ nos hizo el favor de establecer el vínculo de los agravios de políticos, intelectuales, funcionarios y el que se apunte, en contra de la juventud cuando afirma sin tapujos: “Creo que es hora de que estos ‘ninis’ hagan algo por el país. Que hagan algo productivo para ellos. Que se dediquen a trabajar” en clara referencia al #132. Jorge Emilio González se distingue por su cinismo y no extraña a nadie que muestre con tanta elegancia su desprecio por el movimiento estudiantil y su carácter ético.

Porque un rasgo esencial del #132 es precisamente su atención en la ética como revulsivo para enderezar la crítica a la farsa electoral. Un elemento de identidad que ha congregado a los #132 es su acento en los principios, al grado de que elaboraron un código de ética con tres principios básicos: el apartidismo, el pacifismo y el respeto a los espacios públicos. El proponerse hacer política fuera de los partidos -a pesar de la coyuntura electoral o tal vez por eso- es una táctica antisistémica inaugurada por los neozapatistas en Chiapas como columna central de lo que distingo como contrapolítica. La renuncia a la estrategia de los ‘dos pasos’ -típica de la socialdemocracia desde inicios del siglo XX- que establece como canon para la acción política: primero la toma del poder, para después cambiar el mundo, es clave para distinguir la naturaleza y el carácter de un movimiento. El pacifismo me parece un reflejo evidente de la situación de violencia generalizada que se vive en México y del compromiso ético del #132 por la paz. Por último, el no afectar las calles con manifestaciones resulta una muestra del respeto a los espacios públicos en un contexto en que es común la invasión sistemática y la privatización de éstos.

Los que pensamos que el #132 prefigura un movimiento antisistémico con posibilidades de condicionar, que no determinar, la coyuntura electoral y eventualmente enriquecer la cultura de la política, sostenemos también que mas allá de los votos que logre desviar de la fórmula priísta ha redefinido la discusión en plena campaña, poniendo el acento en el poder de los dueños del dinero para manipular elecciones a placer y salirse con la suya, particularmente de las televisoras. Asimismo queda claro que la juventud universitaria, frente al hartazgo del espectáculo electoral, se han propuesto participar en él pero de manera activa, creativa y crítica. Y eso me parece una contribución muy alentadora.

martes, 29 de mayo de 2012

Estrategia equivocada

Continuamente hemos afirmado desde este espacio que la presunta guerra contra el narcotráfico carecía de estrategia alguna, dato que ha sido confirmado por uno de los militares con más alto rango en el país. En un acto de la Fundación Colosio, a pregunta expresa sobre la necesidad de revisar la estrategia de seguridad empleada en el sexenio de Calderón, el general Tomás Ángeles Dauahare afirmaba que el gobierno federal carecía de la misma: no existe siquiera la elaboración de un diagnóstico previo a la incursión del sector militar en la vida pública del país, y por tanto no existen líneas de acción trazadas en este sentido.

El general, junto con otros tres militares de alto rango, fue aprehendido la semana pasada acusado de presuntos nexos con el crimen organizado. La investigación, como suele ocurrir con la justicia mexicana, se ha visto empañada por maniobras políticas, declaraciones contradictorias y la sospecha de que las órdenes de arraigo tienen más que ver con jugarretas políticas y grillas dentro del Ejército mexicano y la Secretaría de la Defensa Nacional que con las acciones mismas de los militares ahora detenidos.

Más allá de todo ello, lo verdaderamente interesante es que sale a la luz pública la completa negligencia por parte del Estado mexicano al emprender una guerra sin ton ni son, sin objetivos delimitados, sin conocer la situación a fondo, y simplemente enviando al Ejército a las calles a ver qué pasaba. 60 mil muertos, fue lo que pasó.

A la Sedena y a la oficina de la Presidencia de la República le han sido solicitados, a través de los órganos de acceso a la información, toda la documentación referida a la planeación de una estrategia integral (que Calderón ha presumido a los cuatro vientos desde el inicio de su mandato) en contra del crimen organizado. La respuesta por parte de las instituciones ha sido francamente estúpida.

“Después de haber efectuado una búsqueda exhaustiva en los archivos del Estado Mayor de la Defensa Nacional, no se localizó documento alguno que contenga la información solicitada, razón por la cual se declara su inexistencia“, señalaba la Sedena. La oficina de la Presidencia le superó, enviando un archivo con 17 enlaces de Internet con fragmentos de informes de gobierno de Calderón.

Aunado a esto, el ahora ex gobernador de Michoacán afirma también que la entrada del Ejército a dicho estado en diciembre de 2006, lo que diera punto de partida a la guerra y a la militarización del país, no fue respuesta a una solicitud del gobierno estatal, cómo en su momento fuera sostenido por la administración federal.

A la luz de esta información, no queda más que corroborar lo que hemos afirmado: la única estrategia que ha existido en el presente sexenio ha sido dejar que la agenda de seguridad de otra nación se impusiese sobre la propia. Se ha seguido al pie de la letra la “estrategia” de combate al narcotráfico y al crimen organizado dictada desde Washington, la industria armamentística estadounidense ha hecho su agosto en nuestro país y se ha consentido la franca militarización de nuestro territorio, y no solamente con fuerzas nacionales.

Las causas del problema del narcotráfico son claras: una política prohibicionista de drogas en los Estados Unidos y en nuestro país cuyo único logro es convertir al narcotráfico en un negocio lucrativo a más no poder; un sistema económico que ha obligado a miles de personas a buscar ingresos fuera de la ley; un ineficiente (o inexistente) control sobre el tráfico de armas de fuego, ante el gran poder que ejerce el capital armamentista norteamericano sobre quiénes están encargados de realizar dicho control. La guerra contra el narcotráfico no combate ninguna de estas causas de manera directa, por lo tanto resulta absurdo pensar que se constituya en una solución al problema.

Lo más grave del asunto: el tema ha sido dejado a un lado durante el presente proceso electoral. Es urgente que se retire al Ejército de las labores policiacas que la ha conferido el gobierno de Calderón, y este debe ser el tema central de las elecciones federales que se avecinan. Es urgente que se cree una verdadera estrategia que combata el problema desde donde se debe combatir: como un asunto de salud pública y no uno de seguridad nacional. En caso contrario, corremos el riesgo de seguir por el mismo camino.

viernes, 25 de mayo de 2012

AMLO vs. EPN

La contienda comicial se acerca a la etapa final. El auditorio ciudadano sigue con indignación las bochornosas peripecias manipulativas de comunicadores e intelectuales afiliados al Tlacatecuhtli en turno (vía nómina o prebendas metaconstitucionales). Llama la atención la desesperación que ronda en los pasillos del carcomido edificio PRIcámbrico. Dignatarios de tricolor linaje, otrora reverenciados por su presunto estoicismo, ascienden al ring ahora en condición de rudos, desprovistos de todo escrúpulo, pretensión de ecuanimidad o máscara con ínfulas de heroicidad. Exhibidos tal como son, arrastrados a un striptease involuntario, confinados en el recurso de la estadística adulterada, reducidos a esa animalidad que retrata Luis Buñuel en El secreto encanto de la burguesía, las huestes priistas e ideólogos secuaces se enfrascan en una campaña sucia que abarca una amplia gama de disparates, simulaciones y subterfugios deshonrosos. Estrategia que bastó en 2006 para amarrar el cuestionable triunfo del panismo militarista que propició el ensangrentamiento del suelo nacional. Sin embargo, en esta nueva edición comicial, la votación se les escapa de las manos. El “Yellow Submarine” (PRD) cada vez suma más prosélitos a la causa del “cambio verdadero” (slogan eficaz aunque pedestre) ya sea por convencimiento, pragmatismo, o repudio al nuevo “rostro” de la (contra) Revolución Institucional. 

La sociedad en México, incluidos estratos medios tradicionalmente acomodaticios, encontró nuevos espacios (Internet) para expresar un hastío acumulado durante décadas, exacerbado por la reciente instrumentación de una guerra con objetivos inconfesables (“No creo que la guerra contra las drogas es un fracaso, tiene un propósito diferente al anunciado” –N. Chomsky), abriendo un boquete en el cerco informativo tendido por el duopolio televisivo y la prensa escrita chayotera (sobresale el caso de la OEM que preside Mario Vázquez Raña). En internet, espacio acaso menos coartado por la censura, el aspirante puntero, con amplio margen, es AMLO. En las redes sociales se confirma que la lucha por la presidencia tan sólo tiene dos candidatos reales: AMLO y EPN (aunque este último con poca o nula aceptación tangible). El hipster neoliberal, Gabriel Quadri Gordillo, brilla por su ausencia. El caballo de Troya con falda blanquiazul, Josefina Vázquez Mota, no convence ni a sus correligionarios con las incoherencias de su discurso (no sabemos si se trata de adivinanzas): “Lo mismo pero diferente”; “Renovar sin claudicar”; “Voy a ser una presidenta con falda pero con muchos pantalones [¡olé macho!]”. 

 Pero la prensa oficialista sigue aferrada a su último recurso: a saber, la simulación, la mentira. En no pocos medios se leen aserciones inverosímiles como las siguientes: “Vázquez Mota y López Obrador se disputan, de forma cada vez más cerrada, el segundo lugar de la contienda”; “Todas las encuestas ponen en primer lugar al candidato del PRI mientras que la pugna sigue siendo por el segundo lugar (¡sic!)”. 

El sub-Marcos escribe: “Mentir en grande y hacerlo impunemente, eso es el Poder… Mentiras gigantes que incluyen acólitos y feligreses que les den validez, certeza, estatus”. En el proceso electoral en curso, el Poder actúa en cuanto Poder: miente, y procura eludir los costos de la mentira. La prensa actúa en cuanto prensa: ennoblece las “mentiras gigantes” revistiéndolas con solemnes apologías. 

 Al priismo le salió un absceso cancerígeno: se llama AMLO. El PAN fue más bien un reconstituyente temporal para una mal terminal, una especie de jarabe para una neumonía, nunca una alternancia. La desesperación que reina en los círculos del poder político cupular es comprensible: el 1º de julio se juegan su continuidad frente a un rival con un apoyo social visiblemente mayoritario. 

Que el próximo julio no se efectúe otro fraude dependerá de la movilización ciudadana, no de las instituciones. “Que la injusticia no sea la última palabra” (Horkheimer).

Corte de caja


Ni los chamanes que ofrecen "limpias" en el Zócalo ni los "analistas" de Televisa y el grupo Milenio, ni los santos varones del laicismo que siguen a Walter Mercado “con mucho, mucho… ¡amor!”, imaginaron, siquiera, el insólito giro político que el país vivió en un mes que aún no termina. Veamos:

 Domingo 6. Tras el debate de los cuatro aspirantes a la Presidencia, los jóvenes conocieron mejor al único candidato que se mostró reacio a la logomaquia (discusión en la que se atiende a las palabras, y no al fondo del asunto). 

Jueves 10. En el Día de las Madres, un "viejo" Paul McCartney desencadenó en el Zócalo la emoción y felicidad de tres generaciones: “All my loving…” El ex beatle rugió: "¡Viva México, cabrones!" 

Viernes 11. El candidato Enrique Peña Nieto es repudiado por estudiantes de la Ibero. 

Martes 15. Muere Carlos Fuentes, y un modo de entender el siglo XX se fue con él. A mediados de enero, entrevistado por Carmen Aristegui, el escritor había calificado negativamente a los candidatos. Sin embargo, sólo uno le hizo levantar las manos con preocupación: Peña Nieto. 

Jueves 17. En misteriosa sincronía, 97 mil veracruzanos bailaron y cantaron con Willie Colón en el Festival de la Salsa de Boca del Río: “Te conozco bacalao / aunque vengas disfrazao… / beren, ben, ben / tucutun, tucutun / ten cuidado, bacalao, que te llevan arrestao…” 

 Sábado 19. Decenas de miles de jóvenes se manifestaron en la capital contra Peña Nieto y la desinformación programada de Televisa y Tv Azteca. Al día siguiente, más de 50 mil en todo el país levantaron la imagen de Andrés Manuel López Obrador. 

A diferencia del épico y luctuoso 1968 (o de las revueltas de Túnez, Egipto, España y Alemania), el clima político de la "primavera" mexicana empieza a ser más coherente y suscitador: existe un líder de masas, con un proyecto viable de país. 

Por consiguiente, crece entre los jóvenes la sensación de que no todos los políticos "son iguales". Pues esta idea, sospechan, fue instalada por los que, justamente, heredaron las obsesiones de Artemio Cruz: la del político de origen humilde que participó en la revolución y luego se fue degradando moralmente hasta convertirse en un magnate del capitalismo. 

No es novedad la mala prensa que padecen los jóvenes. En 1968 fue igual y así es hoy, cuando muchos de aquellos "líderes" e "intelectuales" los estigmatizan sin piedad, en lugar de emplear su "cultura" para recordarles los versos de Schiller: "Dígale usted / cuando sea hombre / respete los sueños de su juventud".

¿Cómo demandar de los jóvenes "moderación" si en cualquier clase y condición social nada hay más terrible que su desconcierto, soledad y confusión? El sistema, a más de negarlos, los ve como delincuentes potenciales o "factor de riesgo". 

El chileno Martín Hopenhayn, investigador del drama, es contundente: "El discurso de la seguridad ciudadana permea tan fuerte, que en muchos países la gente dice: el mayor problema de la sociedad es la seguridad, y lo vincula a ese grupo de riesgo que es la juventud" (Página 12, Buenos Aires, 2/1/12). 

En Argentina, Chile y ahora en nuestro país, los jóvenes vuelven a tallar su futuro. ¿Qué no tienen poder? Quién sabe... Con las nuevas tecnologías de comunicación (que a un tiempo les dan independencia y dependencia), nos están advirtiendo acerca de los axiomas catastróficos que les hemos ofrecido. 

Es simple entender por qué un joven consciente tiende a dudar del adulto. ¿Cuántos años nos llevó reconocer (y siempre que lo reconozcamos) que no hay respuesta para todo? Y, por otro lado, tenemos el extraño lenguaje de los políticos al uso, que lejos de revelar las injusticias y las desigualdades se revelan como ejercicios de oportunismo y amoralidades pactadas. 

Los "expertos" que en 2000 dijeron que el camino de México era el "voto útil", la "alternancia", la "transición", se encuentran en figurillas para explicarnos la aparición de cientos de jóvenes de 14 y 15 años expertos en el manejo de armas modernas, y en motosierras que usan para destazar seres humanos en vivo. 

Porque fueron ellos, los "expertos" que desacreditaron y bastardearon nuestro legado político y cultural como "superado", "populista" y "dogmático", los que durante 30 años exaltaron el nacionalismo español, yanqui y chileno como referentes de "civilización", "modernidad", "progreso". 

¿Cómo haremos, entonces, para evitar que México continúe siendo un chapoteadero de sangre, con vísceras humanas expuestas a los ojos de los niños, osario de fosas comunes, morgues rebosantes de cuerpos mutilados y feminicidios a granel en una "guerra", donde con excepción de gringos y amanuenses criollos, nadie sabe quién es quién? 

La política puede hacer algo. Y cuando digo "política", no digo más que la prevista en la Constitución de la República: con un presidente que la valore por sobre los intereses de las corporaciones económicas, y que en su calidad de comandante en jefe ponga punto final a la doctrina de "seguridad" en curso, impuesta por Estados Unidos.

lunes, 21 de mayo de 2012

Banqueros, gobiernos y candidatos

La semana pesada tuvo lugar la 75ª Convención Bancaria, con el tema Estabilidad política y financiera en México. Los principales banqueros y empresarios que operan en el país tuvieron a bien escuchar a Calderón mientras este recitaba sin cesar los supuestos logros obtenidos en materia financiera durante su sexenio. Parecía que entregaba un detallado reporte de actividades a sus empleadores.

En 1994, los asistentes a la Convención estallaban en aplausos ante el último discurso que pronunciaría en la misma Carlos Salinas como Presidente de la República. Banqueros nacionales y extranjeros se mostraban encantados tras un sexenio en el que vieron sus bolsillos repletos gracias a la política económica de crecimiento dictada desde Los Pinos.

Un supuesto crecimiento que iba de la mano con la entrega de los bancos al capital privado nuevamente, con la firma de un Tratado de Libre Comercio a todas luces desigual entre nuestro país y los Estados Unidos y Canadá, con la represión de un movimiento que amenazaba con la paz y tranquilidad. Pero sobre todo, un crecimiento económico aparejado con la perspectiva de nuevos y rentables negocios, ante una apertura comercial y financiera que sólo podía significar que lo mejor estaba por venir.

A partir de entonces, todas y cada una de las administraciones que ha tenido este país han repetido el mismo discurso y las mismas políticas, de tal manera que aún en tiempos de crisis México sigue siendo un paraíso para el sector bancario.

La autonomía del Banco de México (que en un sentido práctico y funcional se trata de la privatización del mismo), los famosos procesos de desregularización y liberalización financiera, la completa discrecionalidad con la que cuenta el sector bancario para cobrar las comisiones que quiere y la franca irresponsabilidad en el aumento irrestricto del crédito que se otorga, han permitido a la vez el enriquecimiento brutal de los privilegiados dueños del sector bancario, así como una endeble economía que se ve condenada al eventual fracaso de un sistema que no puede respaldar sus ganancias en el terreno de la economía real.

El caso de España es, quizá, el más ilustrativo en este sentido. El endeudamiento privado, es decir, por parte de familias, alcanza niveles descomunales, por encima del 200% del PIB español. Dicho endeudamiento surge, sin duda alguna, motivado en gran parte por hábitos de consumo irresponsables. El problema es que dichos hábitos no son para el sector bancario sino una oportunidad dorada de hacer negocios. A la larga, la economía española en su conjunto se encuentra consumiendo algo que no se paga y produciendo algo que no se compra. El resultado, banqueros ricos y una tasa de desocupación del 25%.

“A diferencia de lo que nos pasaba en crisis anteriores, de lo que pasa en muchos países desarrollados, en México, el sector financiero es parte de la solución y no parte del problema”, afirmaba Calderón en su pleitesía a los banqueros. Nada más alejado de la realidad. Los sectores financiero y bancario son responsables directos de la crisis global. Si el sector financiero en México se encuentra estable relativamente y no sufriendo las consecuencias de su irresponsabilidad como lo hacen ahora en los países “desarrollados” a los que se refiere Calderón, es porque han hecho del gobierno mexicano su principal socio comercial: “reformas estructurales” a conveniencia, millonarias exenciones de impuestos, comisiones altísimas y por todo. No es casualidad que en los últimos años más de una tercera parte de las utilidades reportadas por BBVA y HSBC, dos de los gigantes bancarios, provengan orgullosamente de México.

Después del informe de labores de Calderón, los cuatro fantásticos desfilaron cuál pasarela ante los dueños del dinero. Todos y cada uno de ellos, palabras más palabras menos, prácticamente asegurando la continuidad de las políticas implementadas a la fecha. Garantizando a los banqueros que sus utilidades no están en riesgo, gane quien gane. Que seguirán gozando de la misma impunidad y con la promesa de abrir nuevos horizontes para sus inversiones. Un candidato pedía, si no es mucha molestia, que cobren un poquito menos. Pero lo que quedó claro, así gane un candidato de izquierda, de derecha o de Elba Esther, la dinámica de la relación existente entre el sector bancario y el gobierno federal no cambiará mucho, para bien de ellos y muy a nuestro pesar.

sábado, 19 de mayo de 2012

Nueva estrategia de satanización: la "intolerancia"

En el liberalismo decadente, el concepto de “tolerancia” ha cobrado una notoriedad que vale la pena escrutar. Todos los gobiernos del mundo izan la bandera de este valor. Pocos grupos de interés, partidos u organizaciones de cualquier índole enarbolan la intolerancia sin tapujos. En esta última categoría es posible identificar a neonazis, neofranquistas o yunquistas de blanquiazul pelaje. Empero, salvo algunas otras escasas excepciones que confirman la norma, el resto del mundo, occidental u oriental, se autoproclama adalid irreductible de la tolerancia. Y este es uno de los grandes éxitos de la democracia liberal: a saber, la apropiación de valores que son absolutamente ajenos a su naturaleza material e inmaterial. Así, Estados Unidos, acaso el más destructivo dominio imperial que ha conocido el hombre en su corta historia, y cuyos crímenes de odio e intolerancia tardarán años en registrarse íntegramente, presume sin ruborizarse su devoción fraudulenta hacia el precepto de la tolerancia. No obstante, la presunta universalidad de este valor preconizado en Estados Unidos es una máscara que oculta intereses particulares. 

En México, como bien dice el refrán, “no cantamos mal las rancheras”. Curiosamente, este fenómeno de tolerancia espuria constituye, en la actual coyuntura comicial, el quid de la estrategia del partido "puntero" (adviértase el entrecomillado). Formalmente, todos los ciudadanos tienen derecho a expresar su opinión siempre que tal manifestación de ideas no contravenga la ley escrita. Y si bien es cierto que los casos de represión directa son contados, cabe decir que en el periodo electoral en curso las voces discordantes han sido víctima de satanización o linchamiento mediático. 

De esta forma, todo aquel que ha resuelto manifestar reprobación se le ha endosado la etiqueta de “intolerante”. Esta estrategia –síntoma inequívoco de la desesperación que reina en los círculos del poder– comparte elementos comunes con la guerra sucia que se implementó en medios de comunicación durante las elecciones de 2006, con los resultados que todos conocemos (destaca la espiral de violencia que sobrevino al término de aquel proceso electoral). 

Véase las siguientes aseveraciones que dan fe de esta nueva campaña de odio, disfrazada de tolerancia civilizada: “El extremismo y la intolerancia… constituyen una afrenta al espíritu universitario”, o bien, “[El candidato tricolor] fue víctima de un complot de reventadores” (en alusión al episodio de la Universidad Iberoamericana); “La estrategia de la izquierda… es la de buscar la agresión y provocar al partido”; “[Los simpatizantes de López Obrador] son el único síntoma de fascismo que hay en México”; “Diga usted, ciudadano López Obrador, a sus enjundiosos partidarios que dejen de ladrar, porque acaban logrando solo que otros ladren como ellos”. 

Esta andanada de juicios viscerales remite a esa condición ideológica afín a la tolerancia que predica la democracia liberal, a saber: Todos son libres de elegir y opinar, siempre que elijan y opinen conforme a los criterios que convienen al poder. Y esto desemboca en la lógica que actualmente reina en el ámbito de la “opiniomanía”: Todas las acciones del candidato "puntero" son justificables, o bien, cuestión de táctica; mientras que todo acto proveniente de la oposición es condenable, censurable, reprochable. 

Esto explica el acento de la consigna mercadológica que ha puesto en circulación la maquinaria del partido tricolor: “Tanta gente no puede estar equivocada”. Una vez más, véase como esta presunta universalidad, que aventuradamente iza la bandera de la tolerancia, constituye un antifaz que esconde intereses irrenunciablemente particulares. 

En la democracia electoral, la “tolerancia” opera como un gesto formal de condescendencia.

jueves, 17 de mayo de 2012

La educación no es la solución a los problemas de México


En medio de una ofensiva orquestada desde Los Pinos y alentada por los dueños del dinero en contra de los maestros y de la educación pública, no tengo más remedio que explicar porque no creo que la educación sea la panacea para salir del hoyo en que nos encontramos. Lejos de mi ponerme del lado de la líder vitalicia del SNTE; lo que me interesa es criticar al mito liberal por excelencia: sólo la educación hace a los ciudadanos responsables y conscientes de sus grandes responsabilidades.

A partir de la creación del estado liberal, una vez consumada la aventura napoleónica, los ideólogos de la libertad formularon el argumento de que la única manera de conceder el sufragio universal y arribar a la democracia era por medio de la educación. Sólo así, nos siguen diciendo, vamos a formar una ciudadanía responsable y a la altura de las demandas de una sociedad libre y democrática. Mientras no lleguemos a este estadio civilizado, según los emisarios liberales, el autoritarismo será la única manera de mantener el curso de la historia pues la ignorancia del pueblo sólo conduce a la tiranía.

En nuestras tierras y después de la revolución un emisario de la derecha liberal conservadora, José Vasconcelos, inició una cruzada que me recuerda las telesecundarias que hoy se instalan en poblaciones rurales,  con tecnología de punta, pero que no sirve porque en el aula no hay luz. Del mismo modo, Vasconcelos repartía libros de los clásicos griegos entre personas analfabetas, alimentando el mito de que la educación nos hará libres y dignos de pertenecer a la civilización occidental, aunque fuera por ósmosis. Hoy por hoy, la campaña de desprestigio en contra de los maestros de primaria y secundaria pregona a los cuatro vientos que mientras la educación no sea de calidad el país seguirá siendo pobre. Más aún, que ésa es la causa fundamental de nuestra situación.

Y lo dice el presidente que pertenece a un partido que por cálculo político se alió sin miramientos con la burocracia sindical priísta desde el año 2000, cuando la señora Marta revivió a la Gordillo para apuntalar el sexenio de su marido. Parece que ahora los momios han cambiado y, otra vez el presidente en turno, para mejorar su deteriorada imagen y de paso darle un empujoncito a Chepina en plena campaña electoral, se lanza en una aventura conjunta con televisoras, empresarios y la ultraderecha católica para decirnos que hoy el peligro para México son los maestros y la educación pública.

Lo que sostiene a toda esta maniobra política es el viejo mito liberal de que la educación es la clave para desarrollar un país, cuando en realidad –recordando al sociólogo francés  Pierre Bourdieu- la educación pública y privada no tienen otro objetivo que reproducir las condiciones de explotación y discriminación que caracterizan el sistema en el que vivimos. Comparto con él la idea de que, en general, la educación oficial está para esclavizar al ser humano y no para emanciparlo. En este sentido, todo este proyecto por la ‘calidad’ de la educación no es más que una directiva del Banco Mundial para reforzar a la educación como un proceso estupidizante (auto sic) que aleja al individuo de la capacidad para pensar por sí mismo y romper con los prejuicios que nos caracterizan. Lo que se pretende con ese modelito educativo es profundizar la dominación de los poderosos y evitar que países como el nuestro rompa la dinámica de la explotación y el sometimiento.

Si se asume que el estado liberal ha muerto, no queda más remedio que alejarnos de sus mitos fundacionales. Entre ellos destaca el de la educación, que hoy es principal factor para explicar desde el poder la causa de nuestra situación y ocultar las causas verdaderas del fracaso. Y si bien es cierto que ésa burocracia sindical es parte del problema, habrá que agregarle otras tanto o más importantes: la impunidad rampante, el sometimiento a las políticas yanquis como el TLCAN y el Plan Mérida, la discriminación y el racismo que sostienen el sistema económico actual. De otro modo seguiremos en las mismas.