martes, 13 de diciembre de 2016

El Archivo del Terror de Javier Duarte: El narcoestado


II. El narcoestado 

Para la periodista Lydia Cacho un narcoestado es aquel donde el Estado persigue o mata a la gente que se opone a la presencia de funcionarios o gobiernos coludidos con el narcotráfico. Descriptivamente es correcto. Pero esa definición no es más que un síntoma de un narcoestado. En realidad, la característica definitoria de esa modalidad de Estado es el absoluto predominio de la empresa criminal, señaladamente el narco, en la trama de relaciones comprendidas en el cuerpo político. Coincidentemente, la guerra contra el narcotráfico se tradujo en una profundización de esa relevancia político-económica del crimen, y en la consiguiente sofocación de cualquier oposición a esa agenda. En el Veracruz de Javier Duarte abundan experiencias colectivas e individuales, testimonios orales, percepciones ciudadanas, hechos observables, para respaldar con bases empíricas el hallazgo de esas relaciones. 

A Nadia Vera la ejecutaron junto con el fotoperiodista Rubén Espinosa y otras tres personas más, en la colonia Narvarte de la capital del país el 31 de julio de 2015. Ella también se refugió en la Ciudad de México, como otros activistas de Veracruz, después de sufrir múltiples agresiones y amenazas en Xalapa; agresiones que por cierto ella atribuyó públicamente a agentes parapoliciales al servicio del gobierno del estado. Nadia fue activista del #Yosoy132 Xalapa, y una de las más destacadas militantes de ese ciclo de protesta en la capital veracruzana que inició en 2008 con la primera movilización en contra del alza a la tarifa del transporte público, y que en su curso recorrió varias luchas: Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, marchas anti-EPN, movimiento #Yosoy132, movilización popular magisterial, jornadas de acción por Ayotzinapa, hasta arribar a la consolidación de una asamblea-movimiento estudiantil que tanto incomodó a la camarilla de poder en turno, y en cuya incomodidad, por cierto, se incuba la fuente explicatoria de los atentados criminales que más indignaron al estado y al país: a saber, el brutal ataque a ocho alumnos de la Universidad Veracruzana el 5 de junio de 2015 (peligrosamente equiparable con el modus operandi de la represión en Ayotzinapa), atribuido a una banda de choque “presuntamente al servicio de la Secretaría de Seguridad Pública”; y el multihomicidio en la colonia Narvarte, que acabó con la vida de Rubén y Nadia. 

Antes de morir, Nadia acusó reiteradamente al gobernador Javier Duarte de cometer actos de represión en contra de los estudiantes, y responsabilizó al mandatario estatal de “cualquier cosa” que pudiera sucederle. No obstante, fue en una entrevista con RompevientoTv donde profirió acaso su declaración más políticamente comprometedora. En esa oportunidad, Nadia dijo a Rompeviento: 

“Nos empezó a preocupar mucho porque empezó a elevarse el índice de desapariciones a partir de 2010, con la entrada de Javier Duarte como gobernador; la violencia se comienza a destapar y nos empieza a preocupar porque resulta que nosotros empezamos a ser el producto que ellos necesitan. A la mujer la agarran para la trata, al estudiante para el sicariato; el problema somos todos, que le estorbamos tanto al gobierno como al narco. Estamos entre dos frentes de represión: la ‘legal’ y la ilegal”. 

Esa “agenda común” del narcotráfico y el gobierno que identifica Nadia es una de las fuentes de violencia contra la población. La sociedad mexicana en general, y la población veracruzana en particular, están atrapadas en el fuego cruzado de los intereses dominantes (léase criminales) en el país. La guerra contra el narcotráfico en Veracruz elevó todos los índices delictivos y la victimización de la ciudadanía. Criminalizó dramáticamente a ciertos sectores poblacionales, destacadamente a jóvenes, activistas, periodistas; pero el aspecto más revelador de la guerra es la profundización de la vulnerabilidad de la generalidad de la población: cualquier ciudadano es susceptible de agresión. 

Las respuestas del Colectivo por la Paz Xalapa a dos preguntas formuladas en una entrevista en 2014, dan cuenta de ese binomio crimen-Estado, y de los impactos que la instrumentación de la guerra tuvo en amplios segmentos de la sociedad veracruzana. 

–¿Existe una consigna gubernamental o una persecución política contra líderes sociales y ciudadanos que luchan contra la violencia de los cárteles de la droga en Veracruz? 

–C.P.X. Una política nunca va a estar declarada pública y formalmente… Pero es importante señalar que hay una colusión entre las autoridades y el crimen. Nos consta que existe una relación de complicidad y de trabajo en equipo del crimen organizado con altas esferas gubernamentales. Hemos revisado investigaciones en la SEIDO, donde uno descubre que personas ligadas a la delincuencia declaran que tienen relaciones de trabajo con tal o cual funcionario. En estos niveles, desde el gobernador hasta presidentes municipales están trabajando de la mano con el crimen organizado. Y en la revisión de las actividades delictivas por zona, descubrimos que todos los negocios ilícitos, como el pago de cuotas a los cárteles, ordeña de ductos, robo de vehículos, trata de personas, tienen un funcionario que apadrina o cuida que no sean tocados esos criminales… Bajo esa simbiosis entre el gobierno y el crimen organizado, sí hemos recibido algunas amenazas indirectas, a través de las víctimas nos hacen llegar mensajes de que paremos o asesinan a las familias… Esta policía es un brazo del Estado que se utiliza para reprimir y para aplacar a la ciudadanía. Lo vimos el año pasado con los maestros y estudiantes en la plaza Lerdo y el desalojo. ¿Quién está consignado por eso? Fueron lesiones graves. ¿Y el derecho de manifestarse?

–¿Entonces tienen más poder las empresas criminales que el Gobierno? 

–C.P.X. Pero en el Gobierno hay empresas criminales… La Secretaría de Seguridad Pública es una de ellas: agentes de tránsito que señalan que los autos robados están en la academia de policías; personas que dicen que hay un grupo específico de la SSP que se encarga del trabajo sucio; las desapariciones forzadas, que son crímenes de Estado. Por donde se lo vea, todo esto implica un negocio. Tener un control de las cárceles, tener un control de las calles. Es un negociazo... Cabe recordar el testimonio de una persona en Veracruz, que narró cómo un MP le advirtió que en la investigación de su caso tenía acceso la delincuencia organizada. Así se lo dijeron descaradamente a la madre de un desaparecido... Pero la consigna es proteger y permitir la operación de los grupos criminales. Hay que recordar que el crimen participa en el financiamiento de las campañas electorales, particularmente del PRI. 

La guerra contra el narcotráfico apuntaló las operaciones del crimen, suspendió el derecho, e hizo de la guerra y el narco una razón de Estado. La evidencia demuestra que la administración de Javier Duarte y las gestiones precedentes son responsables de ese engarce del narcotráfico con las instituciones públicas.

jueves, 8 de diciembre de 2016

Fidel, revolución y riesgos existenciales

John Saxe-Fernández 
La Jornada

"Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre. Ahora tomamos conciencia de este problema cuando es casi tarde para impedirlo". Así se inició el histórico discurso de Fidel Castro Ruz en la Cumbre de la ONU Sobre Desarrollo y Medio ambiente, Río de Janeiro 1992 (disponible en YouTube: discurso Fidel Castro en Río 1992) para advertir sobre las amenazas existenciales que enfrenta la humanidad por los impactos ecológicos de un sistema económico de explotación signado por la injusticia, la desigualdad, la depredación, los desequilibrios y las guerras. Lo dicho hace 24 años es actual. Su pertinencia es aún mayor hoy que Donald Trump, un "negacionista" de la ciencia climática, asumirá la presidencia imperial el 20 de enero de 2017. Cabe recordar, en momentos solemnes que viven Cuba y el mundo, lo que es parte nodal del pensamiento y acción de esa "inmensidad histórica", como Juan Bosch calificó a Fidel, ante cuya ausencia se oye el grito de "yo soy Fidel", que significa, como decía Morrie Schwartz, mentor en la Universidad Brandeis, que "la muerte acaba con una vida, no con una relación". 

Fidel sigue en interlocución con generaciones de Cuba, América Latina y el mundo. Lo hace desde 1959 y se proyecta en el Siglo XXI frente a los crecientes riesgos de extinción de las especies, la nuestra incluida, sea por una guerra nuclear, sea por la catástrofe ecológica en curso. La acción revolucionaria realizada a favor del pueblo ante la pobreza, la promoción de salud, educación a todo nivel, alimentación, expectativa de vida, investigación científica, promoción de la medicina, el deporte, las artes, etcétera, es de un orden cualitativo y cuantitativo equiparable, y en rubros clave como la mortalidad infantil, igual o superior, al de los centros del capitalismo. Así avalan informes técnicos de UNESCO, FAO y hasta del Banco Mundial que junto al FMI y BID, es parte y parcela de la diplomacia de fuerza que articula el imperialismo. Que esta gesta se realice en medio del sabotaje, de operaciones clandestinas, de terrorismo de Estado, guerra económica, sicológica, social y política, es asunto de atención especial: ni la Revolución Francesa o la Revolución Rusa enfrentaron desde sus inicios ¡y por 57 años sin un día de descanso! un acoso multifacético en medio de una asimetría de esta magnitud, con tal barbarie y persistencia, por parte de una potencia en acentuada crisis hegemónica, a sólo 145 kilómetros. 

Así se ilustra en la sentencia, documentos y testimonios del Tribunal Internacional Benito Juárez (antecesor del Tribunal Permanente de los Pueblos) "Resolutivo del Juicio Agresión de Estados Unidos contra Cuba" disponible en ceiich.unam.com. Esa gesta revolucionaria adquiere un peso todavía mayor ante los grandes retos que se perfilan en las dos primeras décadas del Siglo XXI: la experiencia histórica de construcción social alternativa liderada por Fidel Castro adquiere una importancia y significación del más alto nivel ante la actual devastación humana, ecológica y económica del llamado neoliberalismo, que no es otra cosa que una guerra global de clase desatada por el alto capital en centro y periferia capitalista, ante una crisis de acumulación sin precedentes, ofensiva que se agudizó desde principios de los 80. 

De igual valía es el planteo y la acción de Castro ante los mencionados riesgos existenciales del siglo XXI: una guerra nuclear (Ver la valiosa interlocución de Fidel con Michel Chossudovsky en el libro Globalización de la guerra, Club de Periodistas de México, 2016) y el del calentamiento global antropogénico (CGA). En medio de un apagón informativo se supo que recién electo Trump (quien se dice opuesto a la guerra contra Damasco y Moscú) la Cámara de Diputados de Estados Unidos aprobó la Resolución H.R.5732 para instalar una "zona de exclusión aérea en Siria", cuya aplicación, según advirtió al Senado el general Joseph Dunford, jefe del Estado Mayor Conjunto (ver JSF, La Jornada, 27/10/16) conlleva guerra con Siria y Rusia, la otra potencia que comparte con Estados Unidos 95 por ciento del arsenal nuclear. 

En lo relacionado al CGA, en Río 1992 Fidel habló de las responsabilidades de las sociedades de consumo. Dijo que "son las responsables fundamentales de la atroz destrucción del medio ambiente. Ellas nacieron de las antiguas metrópolis coloniales y de políticas imperiales que, a su vez, engendraron el atraso y la pobreza que hoy azotan a la inmensa mayoría de la humanidad. Con sólo 20 por ciento de la población mundial, consumen dos terceras partes de los metales y tres cuartas partes de la energía que se produce en el mundo. Han envenenado los mares y ríos, contaminado el aire, debilitado y perforado la capa de ozono, saturado la atmósfera de gases que alteran las condiciones climáticas, con efectos catastróficos que ya empezamos a padecer" (ibid).

martes, 6 de diciembre de 2016

Veracruz: la insurrección imposible



"El sistema se está desmoronando a nuestro alrededor justo en el momento en que todos han perdido la capacidad de imaginar otra cosa"

David Graeber 

Quince días. Las élites políticas, los opinadores a sueldo y los burócratas abrazan la cuenta regresiva para el cambio de gobierno en Veracruz, donde el panista más priísta del país tomará oficialmente el mando. Para unos, es la urgencia de ser gobernados, el lugar común del agachado en espera instintiva del cambio de yugo y las migajas, el consentimiento de los dominados. Para otros, la cuenta a ceros, la ambición de nuevas prebendas y privilegios, el "hueso" que hace salivar la codicia de los que escupen discursos de democracia. 

En un territorio con registros históricos de asesinatos, secuestros, feminicidios, narcofosas, desapariciones, violencia, impunidad, represión, tortura y deuda, cada acto del gobierno ha dejado claro que el cambio de mando no significa nada, cuando el opresor que asume, igual que Javier Duarte, tiene un largo historial público de despotismo criminal, denuncias por enriquecimiento ilícito, violación a derechos humanos, peculado y corrupción. Trayectoria política, le llaman ellos, la misma mierda. 

En ese Estado de Sitio donde todos los sectores han sido violentados, ¿qué espera Veracruz para levantarse? La pregunta repica en pláticas de sobremesa todos los días, igual que la Alerta Ámber. Cada noticia en Veracruz es una afrenta, una burla del poder. No hay ya espacio libre de inconformidad, y sin embargo, la indignación y las reivindicaciones, como las protestas, no son equiparables. 

El obsceno cálculo de los alcaldes disfrazados de "pueblo", durmiendo en los pasillos del palacio de Gobierno; las manifestaciones-comparsa autorizadas por sindicatos y patrones; la indignación por el retraso en la nómina de los burócratas activos, tan legítima, dicen, y no por eso menos mezquina, las batallas por los recursos públicos, NADA tienen que ver con las marchas del diez de mayo, de madres de hijas e hijos asesinados, violados, torturados, levantados o desaparecidos por sicarios del narcoEstado. 

Hablamos de ocho millones de maneras de sobrevivir la realidad, así de fragmentado el pueblo. Unos muertos de miedo, otros acomodados, otros luchando y organizados. Otros en espera de reformas legales y caudillos, los más, sobreviviendo en la calle donde las redes sociales no importan. Mientras, la violencia no para. 

Lo más preocupante es que en seis años --en ochenta y seis de priísmo o en doscientos del régimen, según donde inicie la cuenta--, la existencia, el poder y el alcance del Estado, y ese delirio colectivo llamado "democracia", han debilitado la libertad de pensamiento, socavando incluso la capacidad de imaginar otra cosa que no sea su existencia incuestionable. A pesar de la historia, la estadística y el sentido común, es innegable el consentimiento casi consensuado a la nefasta y patológica relación de sumisión frente a la autoridad. Jodido escenario, incluso, para quienes la rechazan. 

La "indignación" de la burocracia 

En Veracruz, la dependencia económica del presupuesto es brutal. Se nota en las calles en días como hoy, cuando 20 mil trabajadores del sector salud toman calles en las ciudades y carreteras de norte a sur, hospitales, edificios públicos y casetas de peaje como presión para el pago de sus cheques. Miles en las calles, clamando unas horas por dinero. La vida política se ha empobrecido. 

¿Dónde estaban en las protestas por los asesinatos y desapariciones, por la brutalidad que fue creciendo en el sexenio contra mujeres, jóvenes, periodistas, estudiantes, maestros, activistas? Su nivel de tolerancia ante la barbarie y su falta de respeto ante la vida contrasta con la "indignación" que estalla en rabia en el cajero automático, a dos días de la quincena.

En el último mes, día tras día se han amontonado como ropa sucia las marchas, las tomas, los plantones , los comunicados, la manifestación de cuanta instancia de gobierno ha querido. Son los alcaldes de los bonos sexenales en simulación mediática; son también los deudores de Coppel y Liverpool, los del sueldo seguro y el discurso del trabajo honrado, pero incapaces de cuestionar el sistema que glorifica al individuo mientras lo mata. Y claro, los indignados de buró y los patrones que sonreían en restaurantes con Duarte hasta hace unas semanas. Empleados y empleadores aceitando la reproducción autoritaria. La esclavitud del salario como grillete de la modernidad. Lo perverso del sistema es que simula que ahí es donde está la libertad. 

Ingenuo es esperar la insurrección de la burocracia. No pasará. Como la fuerza pública, como los empresarios y patrones, como la iglesia, como los medios asalariados, ha sido históricamente beneficiaria de los privilegios del sistema, un engrane más de la máquina. Hoy fue el sector salud, mañana la policía, la limpia pública, el agua potable. Protestasexpress sin más reivindicación que los salarios. Gritos que callarán con el depósito en el banco para el buen fin o el benditoaguinaldo que exorciza toda pretensión de inconformarse. Es el "prospera" de los acomodados, la contrainsurgencia en la clase media. 

Putos puercos mierdas 

Desde que comenzó la "guerra contra el narco", hace diez años, Veracruz se convirtió en un territorio en disputa donde hasta los mismo narcos protestaban "La plaza se vendió dos veces", acusaron algunos desde la cárcel. El estado se fue volviendo una enorme fosa clandestina, una cloaca. Cada acción del gobierno fue aumentando el clima de muerte e impunidad, arrastrando las cifras de asesinatos y desapariciones a los primeros lugares nacionales, militarizando, reduciendo garantías, acallando voces disidentes a punta de tiros de gracia. 

Dicen que en Veracruz no hay presos políticos porque los matan. Seis años de protestas por cada uno de los agravios, seis años en que la represión se convirtió en la regla y fue aumentando en saña y cinismo. Ninguna acusación política, mediática o jurídica pudo lograr la dimisión de Duarte, ni los asesinatos de 19 periodistas, ni la brutalidad de los asesinatos a jóvenes, ni la rotunda colusión de las policías con el narco, ni las evidencias que incriminaban al gobierno en la represión a estudiantes y activistas, nada. 

Duarte salió de escena como las ratas, el 12 de octubre, en medio de una ola de denuncias de corrupción, desvío de recursos y ligas con el crimen organizado -al menos 60 maneja la prensa-, ventiladas en medios nacionales sus lujosas residencias, las de sus funcionarios y prestanombres. Fue el dinero, como ahora, el que movió "la justicia" en su contra. Saqueado el estado, con una deuda de más de 90 mil millones de pesos, las "buenas conciencias" se fueron sumando en las últimas semanas a la crítica que regatearon por años. 

La crisis llegó a tope un mes después. El 12 de noviembre, tras el levantón de un sacerdote católico en Catemaco, la gente prendió fuego al Palacio Municipal y a una patrulla, saqueó la casa del alcalde y otras oficinas de gobierno. Todo, mientras el presidente municipal montaba el "teatro de la rebeldía" en Xalapa, durmiendo en los pasillos del palacio junto con otros 50 alcaldes en reclamo de recursos federales. 

Curiosamente no había modo de contener la protesta como en un movimiento organizado, no había líderes con los que negociar un acuerdo, nadie que pudiera prometer sacar a la gente de la calle a cambio de nada. La iglesia se deslindó, pero no hubo más reivindicación que esa: "Devuelvan al padre putos puercos mierdas", se leía en una de las paredes. 

La gente lo sabe hace años. Con la llegada de la Policía Acreditable, la Fuerza Civil y la Gendarmería aumentaron los asesinatos, los levantones, las denuncias de desaparición forzada, las y los jóvenes desaparecidos. "Putos puercos mierdas". El brazo armado del Estado llegó para servir a los amos con garantías de impunidad, disolviendo manifestaciones de ancianos, maestros y estudiantes, amedrentando con muertos pueblos enteros en resistencia, robando, secuestrando, asesinando. 

Como un destello, como las llamaradas que consumieron hasta las cenizas la patrulla y el interior del edificio, así desapareció la revuelta. Cuando llegó la marina horas después, la masa que amenazaba el orden institucional se había desvanecido, ¿cómo canalizarla e incorporarla al flujo de la política normal de las denuncias, los comunicados, los derechos humanos, las acciones urgentes, de las protestas y las ruedas de prensa donde puede ser domesticada y contenida? El sacerdote, por cierto, apareció un día después, torturado. 

Paradojas 

Ser gobernado, dice Prudhon, es estar vigilado, ser inspeccionado, espiado, estar dirigido, legislado, regulado, ser encerrado, adoctrinado, sermoneado, controlado, valorado, mandado por seres que carecen de conocimiento y de virtud... Ser gobernado, en Veracruz, es ser además asesinado, perseguido, hostigado, descuartizado, violado, encarcelado, humillado, es vivir con miedo, hablar con miedo, salir con miedo. Y a pesar de las lecciones del duartismo en seis años (o del priísmo en 90), ha sido imposible romper las certezas de los gobernados en el bastión histórico del Estado mexicano. 

La tiranía de los números es otra paradoja, ocho millones de personas en Veracruz demuestran que la correlación de fuerzas no va a cambiar de la noche a la mañana: aunque los familiares de los muertos sean miles y sepan de dónde vienen las balas, el miedo y la tolerancia es la ceguera de las mayorías; aunque la solidaridad y las luchas crecen, día a día se ven rebasadas por nuevas estocadas; aunque el coraje y la dignidad mantiene las resistencias, la muerte no para. 

La insurrección hoy parece imposible si esperamos que al fin doblegue al Estado el estallido consciente de las masas, nadie resiste la seducción de la épica revolucionaria. Pero no todo lo que cuenta puede contarse, ni todo lo que puede contarse, cuenta. Si la insurrección parece imposible, quizá es mejor que así se crea. Lo sabe el ojo de Saurón: a veces publicitar la lucha es una trampa. 

Desde el pensamiento libertario, no podemos obviar además que el orden y la disciplina es un elemento esencial de la escenografía autoritaria. Muchas veces es la acción espontánea, desordenada e impredecible la que es capaz de abrir fracturas en el orden social desde abajo. Las revoluciones rara vez, si así pasa, son el trabajo de organizaciones coherentes que dirigen sus tropas a un objetivo determinado, no hay un guión que seguir al pie de la letra, y si lo hubiera, seguramente sería saboteado.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Fidel, el compañero: ¡Viva Fidel!

Sobre Fidel todos escriben en la ocasión de su fallecimiento. También antes escribían de él, y profusamente. Unos con admiración; otros –los amanuenses de la doxa dominante–, con afán de denostación. Esas opiniones antagónicas acompañaron su carrera en vida. Y es previsible que perduren en su muerte. Pero Fidel, el compañero, nunca muere. 

Fidel es uno de esos personajes históricos cuyo ejemplo e historia de vida resisten el discurrir del tiempo. Especialmente porque su trayectoria política encierra una universalidad a todas luces incómoda para el poder: a saber, eso que Enrique Dussel describe como la preeminencia del compromiso con los débiles. Ese precepto básico de la justicia es una propiedad de la figura de Fidel que los centros de autoridad querrán manchar o deshonrar. Porque allí radica la trascendencia política e histórica de Fidel: a saber, que enseñó a decenas de generaciones latinoamericanas que la política no es sólo la administración de los caprichos del dinero o el poder, sino que la política es también, y acaso más fielmente, la lucha por la justicia, y por consiguiente el compromiso con los más débiles. 

Por eso en Cuba no prevalece el libre mercado, que es el ardid lingüístico e ideológico que esgrimen las clases dominantes para imponer un orden basado en monopolios tiránicos que acaparan a su antojo los bienes públicos, y que despojan a las personas de los derechos humanos o sociales o políticos o civiles o todos en conjunto, para reducirlos a criados del dinero o empleados o subempleados o desempleados. 

Tal vez es un lugar común decirlo, pero no es menos importante recordarlo, que en Cuba toda la población tiene acceso a los satisfactores básicos, tales como la alimentación, la educación o la salud, que para el desastre social e infraestructural que dejaron los europeos en su criminal paso por estas geografías, es un triunfo civilizatorio francamente admirable. Y que, por cierto, ningún otro país latinoamericano puede presumir. 

Otra conquista que ningún país de la región puede reclamar –y que en Cuba es una realidad inobjetable– es el tema del derecho a la vida y la seguridad. Para efectos de demostración, cabe recordar que en Argentina la dictadura militar dejó cerca de 30 mil desaparecidos, cifra que, por cierto, el gobierno en turno intenta maquillar o abreviar; en Colombia desaparecieron más de 60 mil personas en los últimos 45 años, y Estados Unidos insiste en calificar a ese país como “la democracia más añeja de América Latina”; en México, los reportes oficiales registran 29 mil desapariciones en los últimos años, si bien otros organismos no gubernamentales insisten que la cantidad real duplica esa cifra. Por lo menos en México, sólo seis sentencias federales han sido prescritas por la comisión de ese delito. Básicamente una barbarie de proporciones holocáusticas. En 2009, el embajador de Cuba ante la ONU, Abelardo Moreno, observó oportunamente: “Pese a todas las acciones contra Cuba, jamás en la Isla ha habido una desaparición forzada, una ejecución extrajudicial o un caso de tortura”. Pero curiosamente, y de acuerdo con las fútiles opiniones de la prensa, los dictadores o enemigos de la civilización residen en la isla caribeña. 

En materia de política exterior, la trayectoria de Fidel no es menos meritoria. Fidel basó su política con otros pueblos en los principios de autodeterminación, solidaridad internacionalista y altruismo. Dispuso de brigadas de médicos cubanos para atender crisis humanitarias y desastres naturales en África y América Latina. También ofreció apoyo a Estados Unidos, en el marco de la tragedia del huracán Katrina. Pero Bush Jr. denegó el gesto de solidaridad. Fidel contribuyó a derrotar las fuerzas del régimen apartheid de Sudáfrica, y a consumar la liberación e independencia de Angola. Por añadidura, algunos proyectos e instituciones como la Escuela Latinoamericana de Medicina en La Habana, combinan esos preceptos de solidaridad e igualdad sin fines de utilidad que distinguen la política exterior de Fidel y de la Revolución. Esa escuela de medicina es considerada la más grande del mundo, con cerca de 20 mil estudiantes afiliados, procedentes de más de 100 países diferentes. Entre esos países está Estados Unidos, cuya mayoría de la población carece de recursos económicos para financiar estudios médicos que rondan los 140 mil dólares anuales (en escuela pública). En Cuba, esos aspirantes a doctores de origen estadunidense no pagan un sólo centavo por una educación de altísima categoría, y reciben gratuitamente alojamiento, alimentos y atención médica. La única condición que establece el programa es que esos estudiantes, después de que egresan, regresen a su ciudad natal y provean servicios de salud en centros públicos que atienden población de bajos recursos. ¿Y se supone que uno debe creer que en Cuba habitan los adversarios del progreso humano?  
Los detractores de la Revolución a menudo concentran sus furibundas críticas en la figura de Fidel. Nunca señalan las conquistas de la Revolución, ni los contenidos profundos de las decisiones del liderazgo castrista. Pero Fidel y la Revolución resisten esas cavernarias opiniones. Por la fuerza de la razón. 

Quiero agregar que esto no es una despedida por el fallecimiento de Fidel. Es un saludo a Fidel y su ejemplo y su ideario. Es momento de resignificar y reivindicar su lucha. Máxime ahora que el fantasma del fascismo recorre el mundo. 

Por Fidel siento una profunda gratitud. De él aprendí el principio de la voluntad irreductible, la confianza en la posibilidad del cambio social profundo, y los argumentos e ideas más consistentes en favor de la unidad latinoamericana y en contra de las ambiciones imperiales. 

No me despido. Saludo a Fidel, el compañero. Y en las fauces del fascismo reeditado, profiero con estruendo: ¡Viva Fidel!

miércoles, 23 de noviembre de 2016

La militarización se legaliza en México.

Aprovechando la atención prestada al triunfo de Trump en las pasadas elecciones en EE. UU. los dueños del gobierno federal han decidido dar un paso más en la profundización del modelo militarista impuesto desde el Pentágono. La ley de uso legítimo de la fuerza que PRI y PAN pretenden aprobar, con el visto bueno de las fuerzas armadas legalizará los delitos de lesa humanidad, particularmente el de desaparición forzada, así como la tortura y las ejecuciones extrajudiciales. Y por si fuera poco le dará a los militares el privilegio discrecional de espiar, perseguir y detener a quien, según su apreciación y la del secretario de gobernación, ponga en peligro la paz pública ya sea por vender drogas o por disentir de las políticas de estado.

Para Edgar Cortéz, miembro del Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, la ley representaría la cesión definitiva de las labores de seguridad por parte de los civiles en favor de los militares, es decir, “la militarización permanente de la seguridad y de la vida del país” (http://www.jornada.unam.mx/2016/11/23/politica/004n1pol) Y es que si hasta ahora -y por ya más de dos décadas- los militares han intervenido cada vez más en labores de seguridad a pesar de la inexistencia de un marco legal que lo avale, con la aprobación de la ley en cuestión la militarización del país sería un hecho consumado y muy difícil de revertir en el futuro.

Incluso para el abogado César Gutiérrez Priego, quien ha demandado la aprobación de leyes para dar certeza jurídica a las labores de las fuerzas armadas en la seguridad pública, la ley de uso legítimo de la fuerza representa un enorme peligro para la vida pública del país “... porque dotaría de un poder omnipotente a los militares para investigar delitos de cualquier tipo e incluso actuar contra opositores al gobierno” (http://www.jornada.unam.mx/2016/11/23/politica/003n1pol) He aquí el sentido profundo de la militarización, la cual no se define exclusivamente por su intervención en actividades relacionadas con la seguridad sino en la política interna, convirtiéndolo en el brazo represor del poder político en turno para controlar, reprimir y aterrorizar a una población cada vez más participativa y crítica del estado mexicano y sus instituciones.

Es cierto que las fuerzas armadas en México han intervenido sistemáticamente en la represión de la oposición política; baste recordar su participación en el brutal asesinato de Rubén Jaramillo y su familia o la matanza de Tlatelolco, o recientemente en la matanza de Acteal o la desaparición forzada de los estudiantes de Ayotzinapa. Sólo que ahora contarán con impunidad legal y no sólo con la connivencia y protección del estamento político y empresarial. Las consecuencias a largo plazo son imprevisibles pero en el corto resulta evidente que la supuesta transición democrática será enterrada de facto (aunque en ello hayan intervenido con gran éxito los propios partidos políticos) y la criminalización de los movimientos antisistémicos se incrementará. Pero sobre todo, la soberbia y el desprecio habitual de los militares para con el mundo civil se fortalecerá pues ahora contarán con el apoyo de la ley para cometer toda clase de atropellos y gozar de impunidad legal.

De este modo, el ciclo de las reformas estructurales iniciada en lo años ochenta estará completo pues para mantenerlas a mediano plazo y garantizar su eficacia es necesario contar con un brazo armado que las sostenga (y no me refiero a paramilitares o cárteles del narco) En los próximos años las consecuencias económicas en la mayoría de la población se profundizarán y la protesta social crecerá, aun mas de lo que ha crecido en los últimos veinte años. Y si resulta evidente que los cambios institucionales que dieron lugar a la aparición de INEs, comisiones de derechos humanos e institutos de transparencia no han podido administrar el descontento, la intervención de la fuerza bruta, pero ahora legitimada, resulta el mantra salvador para el mantenimiento del despojo y el terror consustanciales al modelo económico.

Es bastante revelador el sentido profundo de la eventual ley, pues además de no dejar claramente definidos los límites de su intervención llega incluso a mencionar que en el curso de una investigación podrán obtener información por cualquier medio. En este sentido, cuesta trabajo no pensar en el uso de la tortura y otros mecanismos para lograr resultados, sobre todo teniendo el pretexto de salvar a la república y la paz social. Pero es aun más revelador el entusiasmo manifestado por los partidos políticos, entre los que destaca el presidente de la mesa directiva de la Cámara, el panista Javier Bolaños, quien hizo un llamado para aprobar con urgencia la ley en un periodo extraordinario del congreso. 

Por su parte Renato Sales, titular de la Comisión Nacional de Seguridad, se mostró convencido de la necesidad de proporcionar un marco legal para la intervención de las fuerzas armadas en labores de seguridad. Pero además no deja lugar a dudas de que serán éstas las encargadas de labores policiales cuando declara que ello “No implica la desaparición de las policías municipales, sino la reorientación en sus funciones de proximidad que les otorga el artículo 115 de la Constitución, esto es, su vinculación con jueces cívicos, faltas administrativas, infracciones y lo que da sentido al municipio, plazas, jardines, mercados y alumbrado” (http://www.jornada.unam.mx/2016/11/23/politica/004n2pol) En los hechos los policías dejarían -aunque en realidad ya lo hicieron desde el calderonato- de cumplir con sus obligaciones constitucionales para convertirse en cobradores de multas, con el argumento de que no son confiables debido a sus bajos salarios, cuando está demostrado que los militares, aunque están bien pagados, no poseen la formación necesaria para tratar con la población civil. 

Así las cosas, la guerra civil de baja intensidad que vive el país se intensificará para darle oxígeno a un modelo económico predador e inhumano que, a pesar o precisamente por ello, enfrentará el creciente descontento popular con o sin los militares en las calles.

lunes, 14 de noviembre de 2016

¿Qué significa el triunfo de Donald Trump para el mundo, Latinoamérica y Estados Unidos? (Primera Parte)

Los ángulos de análisis para explicar el ascenso de Donald Trump al poder no se agotan. Están los que explican el acontecimiento en clave politológica, y que generalmente acuden a la “cantaleta populista” o a los espejismos de la mercadotecnia política para urdir telarañas retóricas autorreferenciales. Están los profesionales cosmopolitas, adherentes del progresismo beato, que básicamente acusan a los blancos pobres e ignorantes de todas las calamidades de Estados Unidos, incluido el triunfo electoral de Trump. Están los que reproducen consignas estériles e indecentes que escuchan en algún medio de comunicación políticamente correcto: por ejemplo, “que Estados Unidos no estaba preparado para una mujer”. Y están los trumpistas de closet que no saben que son trumpistas y que espetan perogrulladas como que “los latinos en Estados Unidos sufren de complejo y por eso votan por una fórmula electoral de blanqueamiento”. Y así hasta el hastío. 

Es urgente aportar elementos reflexivos para el análisis. Porque cabe alertar que la victoria de Donald Trump es un indicador de la dimensión de la crisis civilizatoria, que registra la reemergencia de las expresiones más despreciables, ruinosas e indecorosas de la modernidad. En este sentido, las fuerzas de la resistencia deben estar más organizadas y fortalecidas que nunca. Porque el acecho de las derechas en el mundo no es un problema electoral: es un problema civilizatorio. La disyuntiva del siglo XXI es neofascismo o rebelión. Y curiosamente el pírrico beneficio que aporta el triunfo de Trump es que ahora el conflicto de clase es franco y abierto, sin las hipócritas indumentarias del jet set liberal. La secuencia de protestas multitudinarias en Estados Unidos es una demostración de salud política que sugiere que la población en Estados Unidos no está dispuesta a claudicar, y que entiende que es absolutamente necesario poner el cuerpo y tomar la calle y mandar al carajo a los falsos prohombres (o promujeres). Y esa es una buena noticia para ese país y para el mundo. Por cierto que el gran fracaso en la elección de Estados Unidos no fue el triunfo de Donald Trump sino el apoyo de las izquierdas a Hillary Clinton. 

Brexit + Trump = el fin de la globalización 

Ríos de tinta derramaron filisteos e incautos arguyendo la irreversibilidad de la globalización. Ese concepto, que es básicamente una envoltura mística del neoliberalismo, está muerto. La globalización murió por suicidio asistido. El problema es que esa “asistencia” provino de la derecha más recalcitrante y cavernaria. No pocos analistas escribieron sobre el malestar que produce la globalización. Y el problema no es el descontento en la globalización. El problema es que las posiciones conservadoras capitalizaron esa indignación con éxito. Y las izquierdas están postradas. La salida del Reino Unido de la Unión Europea (brexit), el “no” a la paz en el referéndum de Colombia (http://lavoznet.blogspot.com.ar/2016/10/colombia-el-si-la-guerra-es.html), el ascenso de la ultraderechista Marine Le Pen en Francia, el arribo al poder de personajes impúdicos como Michel Temer en Brasil o Mauricio Macri en Argentina, y el reciente triunfo electoral de Donald Trump en Estados Unidos, son síntomas inequívocos de un progreso arrollador de la derecha. Todo esto es posible por una desorganización-atomización-domesticación de las izquierdas. Cabe recordar que los fascismos ascendieron al poder catapultados por el descalabro (sin duda asistido por ciertos bloques de poder dominante) de las luchas obreras. La época que corre no es tan distinta. Y en cierto sentido, esta reflexión también es una crítica a los progresismos de la región y a las acomodaticias trayectorias de las socialdemocracias en el mundo. 

El triunfo de Trump consigna el fin de la globalización. Pero también advierte sobre la urgencia de construir otras izquierdas para frenar el fascismo ascendente, que es lo que amenaza con reemplazar al “progresismo” neoliberal. 

La inercia anuncia que los integracionismos de la globalización están en franca descomposición. El problema es que esa salida (exit) sólo está “permitida” para las potencias que diseñaron el programa globalizador. Grecia en Europa (UE), y previsiblemente México en América del Norte (TLCAN), estarán sujetos a acciones concertadas de sabotaje, máxime si la salida que proponen transcurre por el flanco izquierdo y no por el carril ultraderechista, que es el oprobioso espectro de la época.

Gatopardismo a la veracruzana


En medio del caos y la manipulación de la información en el estado de Veracruz, no sorprende que la presidenta de la Mesa Directiva del congreso del estado, María Elisa Manterola, haya confirmado que se recibió un escrito donde supuestamente el otrora dirigente de la cleptocracia veracruzana, Javier Duarte, manifieste su intención de regresar para terminar su infame sexenio. Lo que sorprende es que la diputada Manterola lo crea, o al menos de que se haya tomado el trabajo de informarlo a los medios, y que además declare que no existe impedimento legal para semejante ocurrencia. Lo que en todo caso aparece como una realidad evidente es que la política en Veracruz seguirá los caminos de la impunidad, la corrupción y el cinismo que para muchos fue la marca de la casa.

Y digo fue porque por ahora hay muchos que por ignorancia o conveniencia tienen la esperanza o la certeza (dependiendo de si formarán parte del gabinete o no) de que vienen nuevos tiempos para los veracruzanos. Que los tiempos aciagos de la simulación y el robo sistemático modernizados por Miguel Alemán Velasco, Fidel Herrera y su heredero, Javier Duarte, han quedado atrás; que con la participación de la ciudadanía se abrirán nuevas perspectivas para los habitantes del estado. Sin embargo los hechos parecen confirmar lo contrario: la continuidad será la marca del nuevo gobierno.

Véase por ejemplo el tema de la conformación del congreso y las claras muestras de simpatía entre diputados del PRI y el PAN para repartirse el pastel. El que reconocidos duartistas presidan comisiones o se pongan de acuerdo con otros partidos para conformar bancadas artificiales pero susceptibles de recibir recursos y ejercer el chantaje político, es sólo un botón de muestra. Lo que se pretende en el fondo es el control del congreso por parte del ejecutivo a pesar de su relativa diversidad. Y para ello sería necesario formar un bloque que presentara un frente común contra la bancada incómoda de Morena, vista como una amenaza a los designios de los ‘ganadores’, negando el sentido del voto que castigó al PRI en las pasadas elecciones. Aquí lo que importa es la voluntad de los dueños del dinero y no de los votantes. ¿Dónde se ha visto eso?

En el tema económico, por lo poco que se ha dejado entrever -a pesar de planes de gobierno elaborados por un reducido comité de especialistas pero, eso si, con la amplia participación de la ciudadanía como los propios especialistas se empeñan en divulgar- las cosas tampoco parecen apuntar a un cambio profundo en las tendencias actuales. El modelo extractivista está más vivo que nunca lo que asegura la continuidad de la minería a cielo abierto, las hidroeléctricas en construcción, la agricultura extensiva y la profundización de la industria turística que ahora contará con el apoyo de uno de sus principales representantes, el propio gobernador electo Miguel A. Yunes. Por encima de todo, el proyecto económico está sometido a la idea de que lo más importante es atraer la inversión extranjera y por ende someterse a sus intereses, aunque sean contrarios a los de la mayoría de la población.

El tema de seguridad o de inseguridad, como sea que se le llame, dada la vocación autoritaria y policiaca del futuro gobernador se profundizará. Al mando único, la impunidad de fuerzas armadas y policías, la desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales, los feminicidios, se sumará la indolencia del poder judicial en su conjunto para frenarlas; la negación sistemática por parte de la autoridad de que ese tipo de crímenes existan en Veracruz o de que incluso se amenace y persiga a personas que buscan a sus familiares seguirá siendo moneda corriente. Ojalá que los hechos futuros lo desmientan pero hasta el momento no hay señales claras de que eso pueda suceder.

En lo referente a la quiebra de las finanzas públicas del estado las señales han sido tímidas y sobre todo encaminadas a subrayar el sentido justiciero (por ejemplo, dejando correr la especie de la supuesta confiscación de bienes de la familia Duarte para venderlas y recuperar dinero) muy útil para ocultar el hecho de que el quebranto financiero viene desde los gobiernos de Alemán y Herrera y que se hizo más visible por la falta de pagos de servidores públicos al final del gobierno de Duarte. Pero sobre todo, que la crisis financiera será la constante en la próxima década, cuando menos. La capacidad del gobierno para impulsar el crecimiento económico está seriamente dañada y, a falta de milagros, lo pondrá de rodillas frente a la federación y las corporaciones internacionales, obligándolo a contratar mas deuda y someterse a los designios de los grandes inversionistas y del presidente en turno.

Si se acepta la idea de que el retroceso político, económico y financiero del estado tuvo como objetivo mantener inalterable el control del estado por la oligarquía veracruzana, a pesar de la llegada de la globalización/neoliberalismo, entonces no que queda mas que aceptar que la continuidad será la esencia del gobierno panista. Porque ésa es la clave para comprender la dinámica por venir: cambiar (de colores cuando menos) para que todo permanezca igual: gatopardismo a la veracruzana.