lunes, 21 de enero de 2013

Más sobre el zapatismo: Y sigue la mata dando

Haciendo la lectura rutinaria de los portales noticiosos, descubrí un par de artículos que a nuestro juicio vale la pena referir como soporte a la presente columna. Uno, sobre Óscar López Rivera, el independentista boricua que está cerca de cumplir 32 años de encarcelamiento en prisiones de Estados Unidos, acusado formalmente de “conspiración sediciosa y de pertenecer a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional”. El otro, sobre el tema en boga: los zapatistas, cuya autora es Laura Castellanos, conocida cronista de las resistencias en México. Bien podría establecerse un puente entre uno y otro caso: el de la lucha independentista del país caribeño y el de la resistencia autonómica zapatista. Naciones jóvenes las dos, México y Puerto Rico; sometidas inútilmente al poder de una metrópoli. Ergo, parece oportuno formular la siguiente pregunta: ¿Será que el EZLN, en clara consonancia con la causa que da origen a las FALN, constituye el primer movimiento independentista ante el fatal binomio con tufo anexionista México-Estados Unidos? Sabedora de la simbiosis entre el continuum capitalista y la hegemonía estadunidense, Castellanos esboza una primera respuesta: “La izquierda electoral lucha porque la repartición del pastel capitalista sea más equitativa. El mensaje zapatista de fondo es que ese pastel está podrido y que la sociedad civil debe preparar uno nuevo con su propia receta”. 

La sabiduría popular concede: El valiente vive hasta que el cobarde lo permite. El entramado institucional del México corrupto, constituido a imagen y semejanza de la elite infecunda que lo administra, tiene una única salida al final del túnel: el fracaso nacional, la renuncia a la soberanía, en provecho de un “otro extraño”. Pero ese “otro extraño” no es el responsable originario de nuestro fracaso –o sucesión de fracasos– ni de nuestra cobardía para “ser”. Se ha construido una imagen aspiracional de la nación, ajena a nuestra realidad, como canon a seguir. Una suerte de “ego” en el sentido lacaniano: a saber, la identificación de nosotros mismos con una imagen disociada, a la manera de un reflejo en el espejo, que no nos pertenece, pero en el que nos reconocemos y desconocemos al mismo tiempo. Este desgarramiento, como cualquier otro desequilibrio psicológico individual, entraña la alienación. En un sentido político profundo, supone la autodestrucción, la capitulación, el eterno vasallaje. El incumplimiento de los Acuerdos de San Andrés encierra la anulación del ser, la adherencia a esa ilusión o imagen prefigurada, deificada desde la sede simbólica del poder. Carlos Fuentes cifra terminantemente la problemática: “Chiapas nos ha recordado que sólo podemos seguir siendo si no olvidamos todo lo que somos y hemos sido”. 

La primera lección que lega el zapatismo tiene visos socráticos: conócete a ti mismo, México (aceptación de la totalidad del ser nacional). La negación de “lo que somos y hemos sido”, concomitante con la férrea filiación a un “ego” nacional, es una disposición enquistada en la órbita inconsciente del canon cultural. Slavoj Zizek sugerentemente escribe: “El subterráneo obsceno, el terreno inconsciente de los hábitos, eso es lo realmente difícil de cambiar. Por ello, el lema de toda revolución radical es igual a aquella cita de Virgilio que Freud elige como epígrafe para su 'Interpretación de los Sueños': Acheronta movebo – moveré las regiones infernales. ¡Atrévanse a perturbar los cimientos de los fundamentos tácitos de nuestra vida cotidiana!” 

La práctica política radical de los zapatistas involucra una subversión cultural sin parangón. El EZLN reivindica su diferencia e independencia, pero en función de una unidad: la nacional. “En el caso de México, hay que reconstruir el concepto de nación sobre bases diferentes: [léase] el reconocimiento de la diferencia” (Marcos). Insurrección no solo política, sino esencialmente sociocultural: revolución en la percepción, en la esfera de la ética y la estética. 

Los zapatistas parecen contar con una fórmula independentista prometedora. Como las FALN boricuas, el EZLN labra el camino para una independencia nacional: reconstruyendo e inventando, burlando los pérfidos guiños del “ego” nacional, desafiando la cultura política tradicional, y materializando con firmeza el concepto nietzscheano de liberación: “El signo de la libertad alcanzada es no estar avergonzados de notros mismos”.

lunes, 14 de enero de 2013

El EZLN y la errática crítica de sus críticos

Para quienes insisten en afirmar que el EZLN no figura en el acontecer de la arena política nacional, o bien, que sólo figura accesoriamente, basta observar el vendaval de opiniones que desencadenó la reciente marcha silenciosa de las comunidades autónomas en Chiapas para desmentir el aludido subprotagonismo de los zapatistas. Lástima que el inusitado tumulto tuvo como divisa dominante la crítica doliente de la ortodoxia errante. 

 En entrevista con Julio Scherer, allá por las postrimerías de la Marcha del Color de la Tierra, el subcomandante Marcos expuso sucintamente la concepción de rebeldía que explica al EZLN: “En el caso de los movimientos de rebelión, gana el que no muere… en el caso del rebelde, basta con que persista, con que resista… para erosionar el poder”. En una demostración inequívoca de consistencia, que extrañamente no reconocen sus críticos “revolucionarios”, el movimiento zapatista ha conquistado su propósito primario: a saber, persistir, sobrevivir. Y si alguien considera que esta persistencia no ha redituado política o socialmente, tan sólo véase la influencia de los principios neozapatistas en el abanico de movilizaciones que han germinado desde la génesis e irrupción del EZLN: la horizontalidad dialógica, el reconocimiento de la diferencia, la disidencia apartidista, la no institucionalización de la resistencia, la autonomía comunitaria, la oposición creciente al progresismo. 

 Estos criterios ético-políticos, si bien aún embrionarios, se traducen, en el terreno de la práctica política zapatista, como un rechazo a cualquier proyecto sociopolítico con tintes hegemónicos; por ejemplo, la conformación de un frente amplio que emane de la clase política (sueño húmedo de Guillermo Almeyra, y otros “revolucionarios clásicos”). Para esta visión frentista doctrinaria –protoperonista–, la fuerza numérica posee un valor crucial, acaso primigenio, en cuanto posibilita la conquista de la hegemonía. Pero en Chiapas disienten con esta fórmula: para los zapatistas, la única contrahegemonía auténtica es la antihegemonía. Marcos hace notar: “Detrás de la hegemonía está la trampa; la trampa de repetir la historia una y otra vez. No es posible construir la homogeneidad sobre el otro”. El distanciamiento del zapatismo con la política electoral no es fortuito: es un esfuerzo deliberado para evitar la trampa referida, la repetición de la historia, la reedición de la derrota, la alienación de la voluntad en provecho de una “acción conjunta” cuyos resultados estén supeditados a la homogeneidad de un poder inicuo. E insisten legítimamente: “Para que vamos a preocuparnos si el gobierno es de derecha, izquierda o centro, si finalmente allí no se están tomando las decisiones fundamentales”. 

Cuando se le atribuye al EZLN “limitaciones, carencias y errores de una dirección muda e impasible durante largo tiempo ante los horrores provocados por el fraude que impuso en Los Pinos a Calderón” (G. Almeyra), se soslaya irresponsablemente que la irrupción, persistencia e indestructibilidad de la resistencia zapatista constituye la denuncia más categórica (también la más congruente) a toda la podredumbre que corroe al corpus institucional. 

El zapatismo empuña una bandera diametralmente distinta a la que pretenden endosarle desde el “revolucionarismo clásico”: activamente desaprueban fórmulas eficientistas e idearios encuadrados en los confines de la política electoral; y en cambio juzgan que los cambios de larga duración requieren resistencias de largo alcance y duración. 

Anclada en categorías decimonónicas, la errática crítica de los críticos no alcanza siquiera a comprender mínimamente el corazón programático e ideológico del zapatismo. Continúa invocando proselitistamente la comunión de las “izquierdas”, la primacía de la política partidaria-electoral, en lugar de celebrar el potencial que se aloja en la diversidad de resistencias que por fortuna dispone México. 

Para conveniencia de los despistados críticos del zapatismo, dejemos que el sub Marcos esboce con manzanas el compás filosófico que guía las incomprendidas acciones de los zapatistas: “En el momento en que el EZLN se convierta en un proyecto revolucionario, en algo que devenga en un actor político, en un actor político dentro de la clase política, el zapatismo habrá fracasado como propuesta política”.

miércoles, 9 de enero de 2013

La entrañable transparencia del zapatismo contemporáneo


El conocimiento posmoderno… es un conocimiento sobre las
condiciones de posibilidad. Las condiciones de posibilidad
de la acción humana proyectada en un mundo a partir
de un espacio–tiempo local.
Boaventura de Sousa Santos.
Epistemología del Sur

La marcha del silencio de los zapatistas en Chiapas demuestra la existencia de un movimiento antisistémico vigente, con la fuerza suficiente para remover las pantanosas aguas de la política institucional y revitalizar la discusión con respecto a la misión del zapatismo contemporáneo fuera de ellas. A estas alturas resulta imposible seguir pensando que su legitimidad depende exclusivamente de la posibilidad de que el movimiento genere cambios en la correlación de fuerzas políticas comúnmente agrupadas en izquierda y derecha. Su legitimidad depende más bien de su capacidad para mantener a sus bases de apoyo en la construcción de su autonomía, del fortalecimiento de su identidad colectiva y de sus formas de organización. Las recientes acciones confirman que ese proceso no se ha detenido, a pesar de lo que digan analistas, políticos y ‘simpatizantes’.

Se ha vuelto un lugar común para los críticos ‘bien intencionados’ del laboratorio zapatista que si su lucha no lleva agua para el molino de otros movimientos, o remedos de tales como MORENA, simplemente no sirve para nada. En esta visión del frente popular, tan cara a la vieja guardia de la izquierda ortodoxa, los continuadores de la lucha de Emiliano Zapata tienen la obligación de ser la locomotora que jale los vagones-luchas populares para arribar al paraíso revolucionario. Sólo estimulando al movimiento obrero, campesino y popular puede tener el zapatismo carta de naturalización revolucionaria. De otro modo será simplemente un movimiento más, sin presencia ni legitimidad para ser considerado parte de la heroica lucha por un mundo de seres humanos libres de la explotación y la miseria.

En este sentido, se ha acusado al EZLN de mantener un inexplicable silencio frente a los horrores de la guerra civil impulsada por Felipe Calderón y el Pentágono, olvidando que en su momento salieron miles y miles a las calles de San Cristóbal de las Casas para apoyar la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia, encabezada por Javier Sicilia en mayo del 2011. Más aún: en su andar por los caminos de las lucha por la dignidad, las bases zapatistas han enfrentado agresiones sistemáticas a su vida y patrimonio –como a las que ahora estamos expuestos todos- denunciadas por sus juntas de gobierno desde su fundación en 2003, sin emitir una sola queja o reproche por la ausencia de movilizaciones de apoyo de los que ahora les echan en cara su supuesto silencio ante la sombra de muerte y desapariciones forzadas que ensombrece al país.

En el fondo está, insisto, la ilusión de una marcha general que agrupe a todos los desposeídos y críticos de la realidad que nos asfixia para tomar el poder y acabar con el régimen imperante. No se concibe así la posibilidad de cambiar las cosas día a día, en la práctica cotidiana, en el espacio inmediato, negándole al poder, centímetro a centímetro, segundo a segundo, su capacidad para imponer un estilo de vida, una historia, una cultura, una visión de mundo. 

Los procesos en la educación que se están llevando a cabo en sus territorios demuestra la firme convicción de que solo por medio de una educación nutrida por los principios de su visión de mundo  lograrán romper con la hegemonía del consumismo y la explotación. Siguiendo la propuesta de Paulo Freire, quien definió a la educación como un proceso de emancipación a partir de la realidad presente, de los problemas identificados en la cotidianeidad, los zapatistas construyen su autonomía sigilosamente, evitando así reproducir las ideas dominantes del liberalismo caduco.
 
Asimismo, las juntas de gobierno ponen piedra sobre piedra para hacer realidad la autogestión, la resolución de conflictos a partir de valores propios y teniendo en cuenta a la comunidad como eje central de la impartición de justicia. Se ha comentado que su efectividad y legitimidad rebasa las fronteras de sus espacios de control, atrayendo a campesinos de localidades aledañas para solicitar sus oficios para resolver sus conflictos, evidenciando así la ineficacia y corrupción de los sistemas judiciales liberales, que no obedecen sino a los intereses de los dueños del dinero.

Todo esto y más en un contexto de carencias inocultables que hacen la vida difícil para las comunidades zapatistas. Pero no por eso se puede descalificar el proceso, pues afuera de ellas y en un mundo caracterizado por la abundancia, la pobreza crece exponencialmente y la injusticia es la marca distintiva de un capitalismo depredador e inhumano.

Y todo eso puede ser constatado por cualquiera que viaje a las comunidades zapatistas en Chiapas con un espíritu abierto y libre de los prejuicios de la modernidad caduca. En lugar de encontrar seres sometidos, envilecidos por la desesperanza y la molicie -enfermos gracias a los excesos de una alimentación industrializada y basada en la lujuria de los sentidos- se puede observar a personas que más allá de poseer se afanan por ser, a pesar de las agresiones del poder o las carencias materiales. Sin nada que ocultar, los zapatistas caminan construyendo autonomía, construyendo conocimiento en la acción. Casi siempre le dejan ordenar las palabras al que coloca un marco para dirigir nuestra mirada desde afuera, y que inmerso en él nos lo traduce, exasperando a las buenas conciencias y provocando la ira de los esclavos.

Es por eso que creo que la influencia de sus luchas no puede ser medida en función de su impacto mensurable en la salud de una república que los ha olvidado y ninguneado por siglos. Y a pesar de ello, la contribución fundamental del zapatismo contemporáneo se manifiesta sobre todo en su esfuerzo por construir conocimiento significativo, una potentia que se justifica por sí misma. Al procurar día a día evitar ser explotados, ninguneados, marginados y al mismo tiempo, evitar dominar a otros, dirigir a otros, las comunidades zapatistas edifican un mundo inspirado en la dignidad humana en las mismísimas montañas del sureste mexicano y de cara al mundo. Se comprende que los que no conciben un mundo diferente, ensimismados en un paradigma social caduco,  les resulta imposible valorar semejante lucha. Les parece absurda, irracional; pero para los que nadan contra la corriente, para los que consideran, como los estudiosos de la física cuántica, que los movimientos aparentemente invisibles generan grandes cambios, la entrañable transparencia del zapatismo es un acicate para seguir remando.

jueves, 3 de enero de 2013

México-Estados Unidos: espiral de violencia

En una especie de relación simbiótica fatal se encuadra la bilateralidad México-Estados Unidos. Si quisiéramos hacer una analogía de la relación de estos países con un patrón de relación humana, necesariamente nos inclinaríamos por la de una pareja sentimental donde el factor definitorio fuere la dependencia patológica. La cifra dominante de esta relación, huelga decir, es la violencia. Conjunta e individualmente, ambos países producen violencia con especial frenesí. 

En la órbita de la economía, Estados Unidos sostiene parcialmente su frágil condición en la transferencia de pasivos y externalización de riesgos-costos a México. Mientras tanto, México subsidia el mercado interno estadunidense mediante exportaciones a granel (78% de las exportaciones mexicanas tienen como destino EE.UU. – El Economista), abastecimiento de mano de obra desvalorada, devaluación de la divisa nacional, etc. Pero es en el ámbito de las importaciones donde México figura más acentuadamente como un ser tullido: todas las innovaciones científico-tecnológicas provienen de Estados Unidos; México nunca se ha dado la oportunidad de crecer autosuficientemente en este renglón crucial. La teoría del Estado hace notar este mecanismo de afianzamiento de la supremacía de un Estado fuerte (metrópoli) sobre un Estado débil (ejercicio de poder imperativo), con base en el monopolio de la producción científica, el desarrollo monopólico de tecnologías, compaginado con la paralización de un crecimiento industrial autónomo de la periferia (o Estado débil). En esta bilateralidad económica anómala, malsana, se erige la pobreza como destino insalvable de este cuerpo tullido. Y Gandhi no se equivoca cuando precisa que “la pobreza es la peor forma de violencia”. En México, esta vorágine de pobreza es inmediata e inescapablemente una vorágine de violencia.

En la esfera política, México no negocia más con Estados Unidos: EU hace negocios en México, sin condiciones ni figuras legales mínimamente restrictivas. México tampoco dialoga con EU: a veces se enfrascan en una perorata de sordos; a veces el ubicuo monólogo estadunidense deja sin efecto hasta la más minúscula demanda mexicana. Omisión, degradación, menoscabo, indicios típicos de una relación dislocada, terminalmente enferma. En este abismo comunicativo prorrumpió accidentadamente el puntal rector de la moderna bilateralidad política México-Estados Unidos: a saber, la guerra, la seguridad nacional, la imposición de la agenda militar-imperial. Una vez más, la violencia se afianza como la divisa más persistente de esta relación. También aquí la metrópoli administra el devastador conflicto desde un lugar seguro, política-jurídicamente, mientras la periferia se ocupa de la provisión de fuerza de trabajo criminal y de la inicua ofrenda de víctimas que dan sustancia al conflicto. 

En este espacio se dijo alguna vez: “La ideología estadounidense, en lugar de ver en el Estado la razón de las dolencias sociales, ve en las imperfecciones sociales las causas de la inoperancia de un Estado”. Este mismo criterio falsario, aunque aplicado a la relación entre los dos Estados, se invoca para legitimar la patológica bilateralidad México-Estados Unidos: en esta lógica torcida, el problema no es el endémico binomio estatal, sino el rezago e imperfección de una sociedad (la mexicana) en contraste con la otra, presuntamente superior (la norteamericana). 

En esta pretensión ciega de emular a ese otro “superior”, México autodestruye violentamente su ser y su existencia como pueblo, negando su pasado y presente, negándose. Conocedor de esta suerte de autoflagelo conducente a la violencia como única ecuación posible, Octavio Paz previene: “El día en que México pierda su pasado, como a veces pienso que ahora podría ocurrir, México se habrá perdido”.

domingo, 23 de diciembre de 2012

5 reflexiones acerca de la masacre en Newtown

No pocos autores han argüido que la civilización y la historia de la humanidad pueden contemplarse como un solo proceso cuyo signo dominante es la normalización de la violencia e injusticia. Voltaire, Marx, Freud, Benjamin, Zizek, por mencionar algunos, descubrieron esta suerte de hilo negro que atraviesa la vida del hombre, cifra dominante de las sociedades humanas. Sin encuadrarnos en un perímetro nouménico-fenoménico exclusivamente estadunidense, aunque sí aludiendo a ciertas especificidades de la América del Norte, exponemos aquí una serie de reflexiones referentes a la masacre en Newtown, (Connecticut, noreste), catalogada como una de las “peores tragedias en la historia reciente” de Estados Unidos. (Sólo la matanza de Virginia Tech, con 32 muertos, supera la masacre en Newtown –MILENIO). Adviértase que estas reflexiones responden a un interés, aparentemente generalizado, por responder a una interrogante irresuelta: ¿Por qué Columbine (1999), Virgina Tech (2007), Aurora, Colorado (2012) y ahora Newtown?

 I. 

Si existe un país donde el criterio liberal del “interés egoísta” tiene un alcance y aplicabilidad casi universal es en Estados Unidos. El cálculo frío, deshumanizado, suple a la tradición, el costumbrismo y el afecto comunitario, ligas inmateriales que cohesionan a otras sociedades. Ante la ausencia de expresiones básicas de afectividad, o bien, en un entorno de absoluto anonimato, los individuos anónimos se conducen conforme a un albedrío marcadamente antisocial. En un escenario de asedio, ira o desconsuelo, el individuo desata su venganza contra un colectivo igualmente anónimo. Por eso el asesino selecciona espacios públicos e individuos “sin rostro”, anónimos, para desencadenar su ira. 

II. 

La venta de armas en Estados Unidos tiene una connotación más profunda que el mero respeto a un derecho constitucional. Según cifras oficiales, en EU existen cerca de 238 millones de armas de fuego en manos privadas, para una población total de 310 millones. En el imaginario colectivo de la persona ordinaria, ser citoyen en Norteamérica es portar un arma. Por encima de cualquier otro derecho civil o humano, llámese salud, educación o vivienda, figura el derecho a portar un arma. Detonar un arma de fuego es tan sólo el ejercicio práctico-dinámico de este derecho inalienable del citoyen estadunidense. 

III. 

La violencia es un elemento fundacional vital del Estado Norteamericano. La aniquilación de las civilizaciones nativas –violencia intramuros–, y el exterminio expansionista de la América Imperial –violencia extramuros– son antecedentes identitarios que inexorablemente se enquistan en la psique del citoyen estadunidense. Se trata de representaciones simbólicas que dictan que la violencia es el recurso más efectivo para alcanzar cualesquiera que sean los fines. El asesino de Newtown, o el de Virgina Tech, realizan por medio de la violencia un doble fin: castigan al ente anónimo (colectividad sin rostro) que les ignora u oprime, y castigan violentamente su propio crimen, quitándose la vida. La promoción de la violencia vía la venta desregulada de armas o el martilleo incesante de imágenes pornográficamente violentas, ya sea en ordenadores, televisión o videojuegos, es apenas una expresión accesoria de una sociedad ontológica e históricamente atravesada por la violencia. 

IV. 

Existe una correlación entre “la gran frase hueca y el asesinato organizado”. En Estados Unidos, la vacuidad comunicativa es canon. Este abismo aviva la pulsión de muerte, la potencia destructiva. Y ésta destructividad –cada vez con más recursos técnico-logísticos al alcance– tiene un doble destinatario: el otro y el Yo. 

V. 

Para encontrar respuestas a la problemática de la violencia, en Estados Unidos o en cualquier otra sociedad, debe atenderse menos a los individuos que con actos violentos perturban la normalidad del “orden público”, y prestar más atención a la violencia inherente a esta normalidad del orden, que es la auténtica causante de los persistentes estallidos de violencia.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

La eventual eliminación del subsidio a la gasolina en México no es más que un impuesto disfrazado


Bien dice Enrique Galván Ochoa en su columna Dinero del lunes 18: “El panismo inventó el mito del subsidio a la gasolina como una forma de ocultar un negociazo. Si tal subsidio existiera sería para las refinerías de Estados Unidos a las que Pemex compra el combustible, no para ayudar a los consumidores mexicanos.” Y es que a lo largo de los últimos años los vaivenes en el precio de petróleo han provocado que en algunas ocasiones la gasolina sea más barata al norte del Rio Bravo. 

Si la gasolina sale más barata en Estados Unidos ¿por qué se sigue ‘subsidiando’? Agréguele a lo anterior que no toda la gasolina que se consume en nuestro país es importada. Alrededor de la mitad de lo que se consume la produce PEMEX y, según los que saben, su costo de producción es uno de los más bajos del mundo. Incluso en estos momentos, en algunos estados de la unión americana está por debajo de lo que pagamos aquí. Entonces todos los argumentos que giran alrededor de que el ‘subsidio’ sólo beneficia a los que tienen auto no tiene otra intención de ocultar la realidad: el cobro de un  impuesto sin el aval del congreso, para subsidiar a las petroleras yanquis y a los administradores del erario público.

En estos días –aunque la idea no es nueva- la burocracia priísta y los intelectuales que la apoyan alimentan el engaño al afirmar que la política de ‘subsidio’ a la gasolina es injusta porque beneficia a los que más tienen. Con una buena dosis de dramatismo promueve la idea de quitarle el apoyo a la gasolina para que, con los ingresos obtenidos se apoye a los más necesitados. Esta especie recuerda las ocurrencias de Vicente Fox quien, cuando fue presidente, trató de justificar su propuesta para cargar el IVA a medicinas y alimentos con la promesa de regresárselo a la gente ‘copeteado’ vía programas sociales. Aquí se nota la continuidad de la política económica en el gobierno federal, independientemente del partido que gobierne, lo que demuestra que dicha política no está diseñada por los partidos políticos sino por los centros financieros internacionales.

Envalentonados con el regreso a Los Pinos, el parque jurásico simplemente no quiere ver que las recetas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional  -que una y otra vez ‘recomiendan’ a países como México profundizar en la modernización económica- son un salto al vacío, o mejor dicho un atraco a las arcas nacionales. Son los organismos internacionales los que más han insistido en que hay que liberar los mercados y acabar con los subsidios, aunque se hacen los desentendidos cuando se les recuerda, por ejemplo, que la agricultura estadounidense es una de las más subsidiadas en el mundo. En nuestro país el subsidio es una barbaridad, un síntoma de subdesarrollo y corrupción; en los países centrales una atinada e intocable política pública.

Algunos  sectores empresariales en México se han mostrado contrarios al aumento de los energéticos pues suponen, con razón, que el consumo de sus productos descenderá en la medida en que los hogares dispongan de más dinero para el transporte. El costo de los combustibles impacta directamente en todas las áreas de la producción y por ende en el del precio final de todas las mercancías. Y con el aumento irrisorio al salario mínimo la  baja en los ingresos será brutal. El insistir en que subsidiar la gasolina sólo beneficia a los que tiene automóvil es olvidar que los aumentos en cascada que provocaría la medida afectarían sobre todo a los que menos, que se verán obligados a dispones de una rebanada mayor de sus ingresos para transportarse lo que los colocará en mayor desventaja para adquirir los bienes de consumo básico que además subirán sus precios para absorber el aumento de los energéticos.

Quitar o no quitar el ‘subsidio’ a la gasolina en México es un falso dilema que pretende ocultar el sometimiento de nuestros ‘representantes’ para con las grandes corporaciones internacionales y Wall Strett. Hoy por hoy los beneficios del petróleo mexicano son para todos (políticos, transnacionales y especuladores) menos para la mayoría de los mexicanos. Y eso no va a cambiar con la eliminación del ‘subsidio’ sino todo lo contrario. En realidad lo que se pretende es ampliar los ingresos del estado sin cargar con el costo de aumentar impuestos, enfrentando el desgaste generado por las discusiones en el congreso y su discusión en la sociedad. De ese modo se evitaría cobrarles impuestos a los grandes capitales para seguir soportando la captación de recursos en el empobrecimiento de la población. Más de  lo mismo.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Los primeros pasos de Enrique Peña en la presidencia: garrotazos, alianzas virtuales y buenas intenciones.

Los primeros pasos de la presidencia de Enrique Peña demuestran que el desgaste sufrido a lo largo de una campaña electoral repleta de irregularidades, corruptelas y desvío de recursos públicos fue considerable. A eso hay que agregar el desgaste de su partido, tanto por su larga estadía en Los Pinos como por sus conflictos cuando fue oposición. El enorme esfuerzo de las bases juveniles del #YSoy132 así como de miles y miles de habitantes del país para criticar el proceso, le abrió los ojos a muchos que se negaban a reconocer la naturaleza y el carácter de nuestro sistema electoral y en general de la democracia liberal. Las consecuencias son inocultables, a pesar del optimismo de buena parte de la opinión pública, o sea, de los medios de comunicación y sus empleados, así como de las burocracias partidistas y gubernamentales. 

Las protestas por el intento de replicar la infame represión de Atenco en el primer día del sexenio siguen vivas y en lugar de enterrar al movimiento juvenil le han dado un nuevo impulso que lo obligará a redefinir sus objetivos y sus prácticas. Si después de los comicios las buenas conciencias empezaban a festejar el debilitamiento de #YoSoy132, con el deja vu de los halcones echeverristas tal vez (y digo tal vez porque la soberbia no contribuye a la objetividad y la autocrítica) el ocupante de los pinoles se ha dado cuenta de que los garrotazos sólo sirvieron para cimentar la identidad colectiva del movimiento y para reposicionarlo en la arena de la política extra institucional. 

El ‘operativo’ policiaco que le quitó la máscara a Marcelo Ebrard -confirmó su formación priísta y su desprecio por la población que gobernó a lo largo de seis años- se propuso acabar de un solo golpe con la oposición callejera en el corazón de México. El montaje mediático para desacreditar las protestas pasó por alto que buena parte de las personas que se organizaron para protestar llevaban cámaras, teléfonos celulares, Ipad’s y demás dispositivos, desenmascarando el ‘operativo’ al grado de que los jueces encargados de legalizar la represión se negaron a aceptar como evidencia para la defensa de los detenidos los innumerables videos y fotografías donde se muestra claramente la colaboración entre los neo halcones y las fuerzas del ‘orden’. 

Pero al mismo tiempo, la batalla de la Alameda inauguró la alianza política entre el partido de ‘izquierda’ y el prinosaurio, que un día después sería oficializado en la farsa llamada Pacto por México en el Palacio Nacional. Al ganar con poco más de un tercio de los votos, Peña echó mano del espíritu de cuerpo de la partidocracia para compensar su debilidad. En lugar de conformar un gabinete integrado por los miembros de las dos fuerzas políticas que se repartieron los otros dos tercios –hecho que hubiera mostrado cierta confianza de su fuerza- el presidente prefirió armar un espectáculo televisivo que difícilmente fortalecerá su gestión. En el Pacto por México se definieron varios puntos que supuestamente lo sellaban pero que más bien demostraron su falta de sustancia y debilidad frente a sus verdaderos aliados. De acuerdo con el texto de Jenaro Villamil “Cuando Enrique Peña Nieto concluyó la lectura de su “décima decisión presidencial” y ofreció que su gobierno “licitará dos cadenas de televisión abierta en los siguientes meses”, el presidente de Grupo Televisa, Emilio Azcárraga Jean, se levantó de su asiento… ” Veinticuatro horas después la flamante decisión fue anulada. 

En su afán por iniciar su sexenio a tambor batiente, el presidente se puso en evidencia y no dejó lugar a dudas que el pacto no fue más que una artimaña para tomarse la foto con los presidentes de los partidos de oposición. Inspirado por su jefe, el primer orador de la farsa, el secretario de Gobernación Miguel Osorio Chong, le puso pimienta al caldo demagógico cuando sinel menor rubor dijo: “La tarea del Estado y de sus instituciones, en esta circunstancia de la vida nacional, debe ser someter, con los instrumentos de la ley y en un ambiente de libertad, los intereses particulares que obstruyan el interés nacional”. La retórica priísta vuelvo por sus fueros. Para no abundar en detalles el Pacto por México confirmó que las ‘decisiones presidenciales’ -que no acuerdos consensados con los firmantes del pacto- se redactaron sobre las rodillas, buscando más el golpe mediático que una plataforma posible. Y el coscorrón no se hizo esperar, recordándole al copete ensillado quiénes son los que mandan. 

A pesar del resbalón, el ahijado de Carlos Salinas siguió en la misma línea, tratando de venderse como el salvador de la patria, abriendo frentes de batalla a diestra y siniestra para afianzarse en la silla. Diez días después se vuelve a tomar la foto con toda la fauna burocrática, ahora para presentar –con el impresentable dieciocho chinchones Emilio Chuayffet – su reforma de la educación, con el objetivo manifiesto de ‘recuperar’ el control del sistema educativo nacional secuestrado por la reina del sur del magisterio, Elba Esther Gordillo. Después de haberse apoyado en ella, aunque simulando una sana distancia, ahora Peña pretende vendernos la promesa de que acabará con el monopolio sindical. Supongo que en el cálculo de la ocurrencia está la intención de cerrar filas con el sector patronal encabezado por Claudio X. González, acérrimo crítico de Gordillo y promotor de la educación como negocio. 

Lo que está detrás de las buenas intenciones y promesas del gobierno priísta, como la pensión universal para adultos mayores, es la sigilosa ofensiva contra la mayoría de la población y que en se ha comentado en otro lado: aumentarimpuestos y limitar derechos. Lo que el secretario de Hacienda Luis Videgaray, prepara son en sus palabras, las ‘reformas profundas’ Dichas reformas no son otra cosa que la segunda parte de las reformas neoliberales impulsadas por los gobiernos de Salinas y Zedillo. Por eso y cubierto por el circo de Peña, los tecnócratas preparan el ambiente supeditando el crecimiento a reformas que empobrecerán más a la población para llenar las arcas del estado que financien sus imposiciones democráticas y por supuesto los bolsillos de los empresarios. Todavía no se atreven a decirlo con todas sus letras (Videgaray prometió que no habría nuevos impuestos este año, pero el siguiente….) pero la trampa se está preparando para que, con el argumento de que para apoyar a los más necesitados con políticas de alcance universal, será necesario cargar el IVA a alimentos y medicinas y quitarle el subsidio a la gasolina. 

Las buenas intenciones, articuladas alrededor de las reformas educativa, energética y tributaria, no son más que el botín prometido por la burocracia política a sus patrones. El lobo disfrazado de cordero. Son la razón de ser de un gobierno que, al contrario de lo que grita el presidente y sus cómplices, hoy más que nunca depende del poder del dinero y de las armas para sostenerse. Pero ¿alguna vez ha sido diferente?