lunes, 31 de octubre de 2011

Slavoj Zizek en "Occupy Wall Street"

En el crack de 2008 se destruyó más propiedad privada, conseguida con gran esfuerzo, que si todos los presentes se pusieran a destruir día y noche durante semanas. Nos dicen que somos soñadores. Los verdaderos soñadores son aquellos que piensan que las cosas seguirán siendo como son indefinidamente. Nosotros no somos soñadores, sino los que estamos despertando de un sueño que se ha convertido en pesadilla. No estamos destruyendo nada, sino siendo testigos de cómo el sistema se destruye a sí mismo.

Todos hemos visto la clásica escena de los dibujos animados en la que un coche se acerca a un precipicio y sigue rodando ignorando que está sobre el vacío, y sólo cae cuando el conductor mira hacia abajo y se da cuenta de ello. Esto es lo que estamos haciendo aquí. Estamos diciendo a los chicos de Wall Street “¡eh, mirad abajo!”

En abril de 2011 el gobierno chino prohibió que apareciesen en TV, películas o novelas todas aquellas historias que hiciesen referencia a realidades alternativas o viajes en el tiempo. Esta es una buena señal para China, puesto que significa que la gente aún sueña con alternativas, así que hay que prohibir este sueño. Aquí no se piensa prohibir nada de eso, porque el sistema en el poder incluso ha suprimido nuestra capacidad para soñar. Fijaos en las películas que vemos todo el tiempo. Es fácil imaginar el fin del mundo, un asteroide que destruya el planeta y ese tipo de cosas. Pero no se puede imaginar el fin del capitalismo. Así que, qué es lo que hacemos aquí? Dejadme que os cuente un viejo chiste muy bueno de los tiempos del comunismo…

Un tipo de Alemania del Este fue enviado a trabajar en Siberia. Sabía que su correo sería supervisado por los censores, así que propuso a sus amigos establecer un código. Si la carta que enviase estaba escrita con tinta azul, entonces lo que en ella se dijera sería cierto y si estaba escrita con tinta roja sería falso. Transcurrido un mes sus amigos recibieron su primera carta. Estaba escrita por entero en azul y decía: todo es maravilloso aquí. Las tiendas están repletas de buena comida. Los cines pasan buenas películas occidentales. Los apartamentos son grandes y lujosos. La única cosa que no se puede comprar es tinta roja.

Así es como vivimos. Tenemos todas las libertades que queremos, pero nos falta tinta roja, el lenguaje con el que expresar nuestra no-libertad. La manera en que se nos enseña a hablar acerca de la libertad, la guerra, el terrorismo y demás falsifica la libertad. Y esto es lo que estáis haciendo aquí: nos estáis dando tinta roja a todos.

Pero hay un peligro. No os enamoréis de vosotros mismos. Lo estamos pasando bien aquí, pero recordad: los carnavales son baratos, lo que importa es el día siguiente. Cuando volvamos a nuestra vida normal, habrá cambios entonces? No quiero que alguna vez recordéis estos días como, “oh, éramos jóvenes y fue muy bonito”. Tened en cuenta cual es nuestro mensaje fundamental: que tenemos derecho a pensar alternativas. La regla se ha roto. No vivimos en el mejor de los mundos posibles, pero hay un largo camino por delante. Nos enfrentamos a cuestiones ciertamente difíciles. Sabemos lo que no queremos, pero, ¿sabemos lo que queremos? ¿Qué organización social puede reemplazar al capitalismo? ¿Qué nuevo tipo de líderes queremos?

Recordad: el problema no es la corrupción o la codicia. El problema es el sistema que os empuja a rendiros. Estad atentos no sólo a los enemigos, sino a los falsos amigos que ya están actuando para diluir este proceso. De la misma manera en que os dan café sin cafeína, cerveza sin alcohol o helado sin nata, tratarán de convertir esto en una protesta moral inofensiva.

La razón por la que estamos aquí es que estamos hartos del mundo que recicla latas de Coca-Cola, del mundo del capuccino Starbucks, del mundo que destina un 1% de la riqueza a los niños que pasan hambre. Ya no es suficiente para que estemos a gusto, después de que se hayan subcontratado la guerra y la tortura e incluso después de que las agencias matrimoniales subcontraten a diario hasta nuestra vida amorosa.

Podemos ver que durante un largo tiempo permitimos que nuestro compromiso político también fuera subcontratado. Lo queremos recuperar. No somos comunistas. Si el comunismo significa el sistema que colapsó en 1990, recordad que hoy esos comunistas son los capitalistas más eficientes y desarraigados. En China hoy tenemos un capitalismo que es aun más dinámico que vuestro capitalismo americano pero que no necesita democracia. Esto significa que cuando critiquéis el capitalismo, no os permitáis que os chantajeen con la idea de que estáis en contra de la democracia. El matrimonio entre la democracia y el capitalismo se ha acabado.

El cambio es posible. Así que, ¿qué es lo que consideramos posible hoy? Sólo hace falta seguir los medios. Por un lado, en lo que respecta a tecnología y sexualidad, todo parece ser posible. Puedes viajar a la luna. Puedes ser inmortal con la ayuda de la biogenética. Puedes tener relaciones sexuales con animales o lo que sea. Pero mirad el campo de la sociedad y de la economía. En ambos, casi todo se considera imposible. Quieres subir un poco los impuestos para los ricos, te dirán que es imposible, perdemos competitividad. Quieres más dinero para sanidad: te dicen, imposible; esto significa un estado totalitario. Algo falla en un mundo donde se te promete la inmortalidad pero en donde no se puede gastar un poco más para sanidad. Puede que debamos marcar nuestras prioridades directamente aquí. No queremos niveles de vida más altos. Queremos niveles de vida mejores. El único sentido en el que somos comunistas radica en que nos importan los bienes comunes. El bien común de la naturaleza. El bien común de lo que es privatizado por la ley de propiedad intelectual. El bien común de la biogenética. Por esto y sólo por esto debemos luchar.

El comunismo fracasó absolutamente. Pero los problemas de los bienes comunes están aquí. Te están diciendo que aquí no somos americanos. Pero los fundamentalistas conservadores que reivindican ser verdaderamente americanos, necesitan que se les recuerde algo. ¿Qué es el cristianismo? Es el Espíritu Santo. ¿Qué es el espíritu Santo? Es una comunidad igualitaria de creyentes que están conectados por el amor mutuo y que sólo tienen su propia libertad y responsabilidad para hacerlo. En este sentido el Espíritu Santo está aquí ahora. Y allí en Wall Street hay paganos que están adorando ídolos blasfemos. Así que sólo necesitamos paciencia. Lo único que me atemoriza es que un día nos vayamos simplemente a casa y después nos reunamos una vez al año, tomando una cerveza y recordando nostálgicamente el buen rato que pasamos aquí. Prometámonos que este no será el caso.

Sabemos que las personas a menudo desean algo pero no lo quieren realmente. No tengáis miedo a querer realmente lo que deseáis. ¡Muchas gracias!

sábado, 29 de octubre de 2011

El voto de la subversión

Santi Ortiz

A los que, de una forma u otra, estamos movilizados en este país contra el Poder Financiero Mundial y la clase política a su servicio; a los que el pasado 15 de octubre secundamos en cuerpo o espíritu la más importante manifestación anticapitalista a escala mundial que se haya dado en mucho tiempo, por más que nuestros medios de incomunicación, ocultación y adoctrinamiento hayan pretendido minimizar su eco; a los que somos conscientes de que la actual crisis mundial es responsabilidad directa de los dueños del capital financiero y por tanto son ellos quienes deben pagarla; a los que estamos convencidos de que las burbujas financieras que explotaron no habrían ni siquiera nacido sin la desregulación de los mercados y la amplia libertad para obrar a sus anchas bajo la doctrina del neoliberalismo económico que los gobiernos, cómplices o tolerantes, consintieron; a los que percibimos que tras la maleza de siglas que encarnan el arco parlamentario europeo, se llamen socialistas, socialdemócratas, democristianos, etc., no hay más que partidos neoliberales y un apéndice crítico que jamás se ha planteado cuestionar el Sistema; a los que nos sentimos insultados en nuestra inteligencia por la desfachatez e impunidad con que la clase política ha colaborado para convertir esta democracia en una farsa con clara vocación de dictadura; a los que, aspirando a una Democracia real, estamos en contra de la plutocracia económica que nos oprime; a todos los que, por todas estas cosas y las consecuencias que de ellas se derivan, invocando Justicia y el cumplimiento de los Derechos Humanos, somos –y a mucha honra– antisistema, se nos plantea un problema de cara a las elecciones del próximo 20 de noviembre.

¿Se participa o no se participa? Y si se vota, ¿qué o a quién se vota?...

Hagamos, antes de responder, ciertas consideraciones.

Lo que llamamos democracia no es más que una dictadura económica enmascarada. Quienes realmente dominan y mandan en el mundo jamás se han puesto al alcance de nuestros votos, y, hasta hace muy poco, tampoco de nuestras críticas, pues habían conseguido que nuestras miradas se detuvieran en, o no fueran más allá de, los partidos políticos que aparentemente dirimían en las urnas el rumbo de nuestros destinos. Hoy, espoleados por la crisis –que aprovechan para reforzar sus políticas neoliberales–, por el grado de corrupción, desvergüenza y apoltronamiento a que han degenerado –sálvese quien pueda– tanto los cargos políticos como las cúpulas de los sindicatos mayoritarios, y por la idiocia, sumisión y desinterés que, unos y otros, han logrado inocular en la ciudadanía, se sienten tan impunes que se han hecho visibles. Por eso hemos aprendido que los partidos, las elecciones, la pugna por recolectar votos, no son más que elementos de la tapadera que permite a los amos seguir haciendo y deshaciendo a voluntad mientras nos mantienen dentro de la olla enfrascados en una pugna inútil sobre Rajoy o Rubalcaba, el PP o el PSOE, o si dar los votos a IU, que tampoco ganará jamás con la Ley Electoral que propusieron a favor del bipartidismo y la alternancia, y que, en el colmo de la desfachatez, han vuelto a reformar, con los votos de PP, PSOE, CiU y PNV –póker beneficiario del sistema–, para blindar aún más sus prebendas parlamentarias y ahuyentar la posibilidad de que algún partido advenedizo se les cuele de rondón en alguna de las Cámaras.

Como consecuencia, si el Sistema no es lo que dice ser y si las elecciones no sirven para nada, prestarnos con nuestra participación a servir de coartada a sus patrañas, sería no sólo incurrir en una incoherencia, sino alejarnos de la posibilidad de comenzar a acabar con la farsa. Por lo tanto, nos negamos a participar en la partida de las cartas marcadas, en la ruleta del premio imposible. ¡No jugamos!

Ahora bien, si nos limitamos a no jugar absteniéndonos de votar, no hay duda de que nos van a hacer pasar por indiferentes y vamos a quedar asimilados a los que realmente no acuden a las urnas porque les importa un bledo la política, y ese no es nuestro caso. Nosotros no sólo estamos muy preocupados por lo que está ocurriendo, sino que, con la única arma legal que nos dejan –el voto– queremos subvertir el Sistema, queremos desestabilizar este parlamentarismo de pacotilla cuya función principal es proveer de mimetismo democrático a la dictadura de los mercados.

Si no vamos a votar a nadie ni vamos a abstenernos, las dos opciones que quedan es utilizar el voto en blanco o el voto nulo; pero el primero debe descartarse porque con él no haríamos más que favorecer a los partidos mayoritarios y obstaculizar la representatividad de los menos votados. Esto es así porque nuestro método de contabilización electoral –Ley D’Hondt– fija, para las elecciones generales, un mínimo del 3% del número total de votos para que un partido tenga representatividad parlamentaria, y como, en nuestro sistema, los votos en blanco se suman al número total de votos del escrutinio, un cuantioso número de aquellos contribuye a elevar considerablemente el número de votos necesarios para alcanzar el 3% exigido, con lo cual se estaría perjudicando a los partidos minoritarios.

Nos queda, pues, el voto nulo: un voto nulo emitido a posta; esto es: que no dé lugar a dudas de que se ha emitido así ex profeso. Para ello, deberíamos llevar de nuestra casa la papeleta confeccionada con un lema, por ejemplo: “No nos representáis”. Creo que es claro, rotundo y no deja lugar a interpretaciones sobre la intención de voto.

¿Qué lograríamos con esto?... Depende del número de votos nulos así emitidos. Si todos los que estamos indignados con los abusos que políticos y banqueros están haciendo con el pueblo, si todos los descontentos con la situación actual, tomáramos conciencia de la inconveniencia de seguir manteniendo el fraude que supone unas elecciones donde los que realmente deciden sobre nuestras vidas no figuran en ellas, y votáramos “No nos representáis” hasta lograr una cantidad considerable en el escrutinio, la bofetada que íbamos a darles en plena prepotencia a los políticos estoy convencido de que haría saltar cientos de pilotos de alarma. Que de todos modos iban a ocultarlo…, pues para eso estamos, para divulgarlo. Que de esa forma no conseguiríamos evitar que el PP o el PSOE ganen las elecciones…, bueno, de la otra tampoco; pero estaríamos diciendo a las claras que ya basta de engaños, que no creemos en la farsa electoral, que estamos exigiendo a los políticos que se ponga a nuestro servicio ¡ya!, que no vamos a participar en la pantomima mientras no cambie la Ley Electoral, y que no vamos a votar ningún partido mientras no se eliminen todos los privilegios de casta que hoy asisten a los parlamentarios y no veamos en su programa electoral las reivindicaciones ciudadanas que se han hecho explícitas en comunicados de las distintas plataformas en lucha. Cualquier cambio que consigamos en ese sentido, hemos de tomarlo como una victoria, no total ni definitiva, pero que nos acercaría a la meta, que no es otra que la de conseguir una democracia auténtica, donde los políticos representen realmente los intereses del pueblo y el pueblo decida su propio destino; ese es el objetivo a lograr, aunque para ello sea preciso abandonar este capitalismo en crisis.

Indignados, ya sabéis, el próximo 20-N, a emitir el voto de la subversión, a votar en masa “No nos representáis”.


http://www.rebelion.org/noticia.php?id=138172

viernes, 28 de octubre de 2011

Fanatismo

Véase con que singular precisión John C. Calhoun (líder político y filósofo de la Norteamérica decimonónica) explica los períodos de ocaso, y a la par vaticina, quizá involuntariamente, el oscuro destino de su pueblo: “El intervalo entre la decadencia de lo viejo y la formación y consolidación de lo nuevo constituye un período de transición que siempre, necesariamente, debe ser de incertidumbre, confusión, error y salvaje y feroz fanatismo”.

Libre mercado, democracia, progreso, son algunos de los dogmas que más “confusión, error y salvaje y feroz fanatismo” reproducen en el actual período de bifurcación civilizatoria.

En nombre del libre mercado se despoja a los pueblos del mundo del derecho a la autodeterminación, la soberanía, las libertades fundamentales. El mercado, libre o desregulado, y su brazo ejecutor, la mano invisible, se erigen como grandes soberanos: todo aquel que desafía su poder se le condena a la calumnia, al confinamiento, o a la pena máxima: la muerte individual o, en no pocos casos, el genocidio. El terrorismo, recurso táctico insalvable del librecambismo, ha cobrado la vida de millones de civiles. Tan sólo en la Guerra de Vietnam, organismos internacionales estiman la muerte de entre 3.8 y 5.7 millones de personas.

Coincidentemente en los años de este conflicto bélico, el primer mercado en liberalizarse, aunque extraoficialmente, fue el de la droga proveniente de “La Joya de Asia”, cuyo producto más codiciado era el opio. Justo en el pináculo comercial de esta droga made in Vietnam, el gobierno de Estados Unidos, con Richard Nixon al mando, inaugura una política que a los mexicanos en la actualidad nos resulta generosamente familiar: la guerra contra las drogas – argucia demagógica que oculta los imperativos mercantiles subterráneos. Lógica inherente al mercado: toda empresa boyante deviene monopolio, a la buena o a la mala. Así, el Estado, cómplice natural del libre mercado, se hace responsable de la tarea sucia: elimina físicamente a los competidores menores, criminaliza a los consumidores para poblar los presidios, cuyo control está en manos de empresas privadas que cotizan en la Bolsa de Nueva York, instrumenta políticas de corte policiaco en beneficio de la industria armamentística, subsidia con fondos públicos el suministro de arsenal a bandas paramilitares para el exterminio de cualquier oposición a las prácticas librecambistas, y coadyuva en la edificación de un narco-emporio en manos de particulares, cuyos primeros beneficiarios son los banqueros –o lavanderos– que hospedan el dinero en sus congales dinerarios.

¡Heil laissez-faire!

En nombre de la democracia y el progreso, los gendarmes del mundo asesinan a mansalva, a veces con métodos característicos del Medioevo, a líderes incómodos, no pocas veces antiguos aliados, cuyos cuerpos torturados, sodomizados, son exhibidos en público para beneplácito de la muchedumbre morbosa, como trofeos, a modo de lección del Occidente democrático al Oriente fundamentalista. La ejecución rudimentaria de Saddam Hussein, las mil y una muertes de Osama Bin Laden, el reciente asesinato –por cierto, humanamente repulsivo– del coronel Muammar Gaddafi, anuncian el advenimiento de un fanatismo revitalizado, salvaje, feroz, y acaso más peligroso debido a su alcance global. La profecía de 1984.

Ahora nótese con que singular precisión, Barack Obama –fundamentalista como su predecesor–, articula el discurso del fanatismo imperante: “En Libia, la muerte de Kadafi mostró que nuestro papel en la protección del pueblo libio y nuestra ayuda para liberarse de un tirano fue correcta… continuaremos apoyando a los pueblos de todo el mundo árabe que buscan un futuro democrático”.

God Bless America.

lunes, 24 de octubre de 2011

New Scientist revela la identidad de la plutocracia bancaria (1%) que controla al mundo (99%)

Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada

New Scientist revela la identidad de la plutocracia bancaria (uno por ciento ) que controla al mundo (99 por ciento).

Andy Coghlan y Debora MacKenzie, de la revista científica New Scientist (19/10/11) revelan “la red capitalista que gobierna el mundo”, basados en una investigación de tres teóricos de los “sistemas complejos” –Stefania Vitali, James B. Glattfelder y Stefano Battiston– del Instituto Federal de Tecnología Suizo, con sede en Zurich.

Coghlan y MacKenzie aducen que “la ciencia ha confirmado los peores temores” de los contestatarios indignados en todo el mundo (ver Bajo la Lupa, 16/10/11): “Un análisis de las relaciones entre 43 mil trasnacionales ha identificado un relativamente reducido grupo de empresas, principalmente bancos (¡supersic!), con un poder desproporcionado sobre la economía global”.

Se confirma también nuestro axioma añejo sobre el supremo poder que ejerce la bancocracia, quintaesencia de la parasitaria plutocracia global.

Los investigadores suizos extrajeron de ORBIS 2007 –base de datos que lista 37 millones de empresas e inversionistas en el mundo– los datos de 43 mil 60 trasnacionales y la participación propietaria que las vincula entre sí, con lo que “construyeron un modelo que expone a las empresas que controlan a otras mediante redes de acciones en común, acoplado a los ingresos operativos de la empresa” que revela “el mapa de la estructura del poder económico”.

El notable hallazgo, que será publicado de manera formal en PLoS ONE –publicación científica de Public Library of Science–, reveló un núcleo de mil 318 empresas con propiedad accionaria entrelazada; cada una estaba ligada en promedio con otras 20.

Coghlan y MacKenzie explayan que “aunque las mil 318 empresas representan 20 por ciento de los ingresos operativos globales, son dueñas en forma colectiva mediante sus acciones en la mayoría de las empresas estelares (bluechips) y manufactureras del mundo –es decir, la economía “real”– que representa 60 por ciento adicional de los ingresos globales”. ¡Son las dueñas “invisibles” del mundo gracias a la conectividad de redes financieras!

Cuando los investigadores profundizaron y desenmarañaron la red propietaria, encontraron que ésta llevaba a una “superentidad” de “147 empresas aún más estrechamente conectadas –cuya propiedad total está controlada por otros miembros de la superentidad– que controlan 40 por ciento de la riqueza total de la red”, es decir, “menos de uno por ciento (¡extrasupersic!) de las empresas controlan 40 por ciento de la red entera”, cuya “mayoría son instituciones financieras”.

Entre las 20 primeras destacan el banco británico Barclays, y los bancos estadunidenses JPMorgan Chase & Co, y el Grupo Goldman Sachs.

Los expertos suizos consideran que se trata de “la primera investigación científica de la arquitectura de la red de propiedad internacional y la computación del control que detenta cada jugador global” en la que encontraron que un diminuto número de instituciones financieras forma “una superentidad”. Una de las consecuencias de su asombroso hallazgo es que “la estructura del control de la red de las trasnacionales afecta la competencia global de los mercados y la estabilidad financiera”.

Para los autores suizos “es fundamental entender el funcionamiento de la economía mundial” y su “implicación en la estabilidad financiera global” cuando “las instituciones financieras establecen entre sí vinculantes contratos financieros, como los empréstitos con los derivados, con varias otras instituciones” lo cual “les permite diversificar el riesgo pero al mismo tiempo les expone al contagio”.
Debido a su transcendencia vale la pena señalar a “las primeras 50 empresas” de las 147 firmas “superconectadas”:

1) Barclays PLC; 2) Capital Group Companies Inc; 3) FMR Corporation; 4) AXA; 5) State Street Corporation; 6) JP Morgan Chase & Co; 7) Legal & General Group PLC; 8) Vanguard Group Inc; 9) UBS AG; 10) Merrill Lynch & Co Inc; 11) Wellington Management Co LLP; 12) Deutsche Bank AG; 13) Franklin Resources Inc; 14) Credit Suisse Group; 15) Walton Enterprises LLC; 16) Bank of New York Mellon Corp; 17) Natixis; 18) Goldman Sachs Group Inc; 19) T Rowe Price Group Inc; 20) Legg Mason Inc; 21) Morgan Stanley; 22) Mitsubishi UFJ Financial Group Inc; 23) Northern Trust Corporation; 24. Société Générale; 25) Bank of America Corporation; 26) Lloyds TSB Group PLC; 27) Invesco PLC; 28) Allianz SE; 29) TIAA; 30) Old Mutual Public Limited Company; 31) Aviva PLC; 32) Schroders PLC; 33) Dodge & Cox; 34) Lehman Brothers Holdings Inc; 35) Sun Life Financial Inc; 36) Standard Life PLC; 37) CNCE; 38) Nomura Holdings Inc; 39) The Depository Trust Company; 40) Massachusetts Mutual Life Insurance; 41) ING Groep NV; 42) Brandes Investment Partners LP; 43) Unicredito Italiano SPA; 44) Deposit Insurance Corporation of Japan; 45) Vereniging Aegon; 46) BNP Paribas; 47) Affiliated Managers Group Inc; 48) Resona Holdings Inc; 49) Capital Group International Inc, y 50) China Petrochemical Group Company.

De este núcleo supercompacto, 24 (¡supersic!) empresas pertenecen a EU, ocho a Gran Bretaña, cinco a Francia, cuatro a Japón, tres a Alemania, dos a Holanda, dos a Suiza, una a Italia, y una a China (la 50). De ellas, 44 son entidades financieras: ¡88 por ciento!

Se consolida así el teorema de que la dupla anglosajona controla el mundo financiero, en su quintaesencia centralbanquista monetarista que hemos denominado la bancocracia global –que a su vez domina la economía “real” cuando la clase política está totalmente ausente, para no decir que ha sido excesivamente lubricada–, al unísono de algunas entidades que sobreviven del G-7 (Francia, Japón y Alemania) –extensivo al G-10 (Suiza y Holanda)–, mientras apenas irrumpe China de parte de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), quienes exhiben su dramática vulnerabilidad, no se diga la patética miseria de Latinoamérica, África, el mundo islámico y el mundo árabe.

Por lo menos es saludable conocer cuál es la “superentidad” financierista que ha impuesto su dictadura global, la bancocracia, en su quintaesencia anglosajona.

Un enfoque zoom (literal) devela la circularidad “superconectada” de las principales 18 trasnacionales del sector financiero al momento del arranque del análisis (2007: un año antes al estallido de la grave crisis financiera global): Prudential Financial, Morgan Stanley, Citigroup, Bank of America Corp., State Street Corp., Goldman Sachs, Bear Stearns, Lehman Brothers, T Rowe Price, UBS AG, Deutsche Bank, Credit Swiss, Commerzbank, Franklin Resource, Barclays PLC, JP Morgan Chase &Co., Merril Lynch y Axa.

Cuatro años después algunas de estas entidades financieras, en su mayoría anglosajonas, han quebrado (Lehman Brothers) o se han fusionado (Bear Stearns, adquirida por el gigante de los “derivados financieros” JP Morgan Chase) o están al borde de la insolvencia (Bank of America y Citigroup) y, más que nada, han colocado al mundo al borde del precipicio debido a su maligna superconectividad totalmente desregulada.

El diagnóstico de la patología que asuela al mundo está hecho; falta la terapéutica liberadora.

Paréntesis


"De frente contra todo lo que constituye hoy la admiración de los hombres, no puedo esperar sino la reprobación universal [...] Habrá en todos los tiempos hombres hechos para ser subyugados por las opiniones de su siglo, de su país y del medio en que viven".

Discurso sobre las Ciencias y las Artes
Jean Jacques Rousseau

domingo, 23 de octubre de 2011

La luz al final del túnel y el fin de las acciones armadas de ETA

La declaratoria del fin de las acciones armadas de ETA ha generado una enorme discusión con respecto al futuro del pueblo vasco pero también de la monarquía española y la supuesta transición a la democracia. Los herederos de Franco están desesperados pues parece que han perdido el pretexto para seguir cultivando el odio y el miedo en la sociedad española, acusando a ETA de ser el enemigo público número y permitiéndole al estado español seguir aplicando medidas antiterroristas que no tienen otro objetivo que el sometimiento de la población a los designios de los amigos del rey. Del otro lado están los que consideran que el fin de ETA abre un espacio político para reorganizar al pueblo vasco en la búsqueda de una solución a otro conflicto heredado por la dictadura franquista y continuado por la monarquía constitucional y los transitólogos. En todo caso las consecuencias de la coyuntura que se vive en el país vasco no pueden ser ignoradas y representa una oportunidad para avanzar en la búsqueda de la paz y el respeto por la diversidad y la autonomía de los pueblos.

La derecha está bastante molesta con los comunicados de ETA anunciando el cese definitivo de la actividad armada. Como bien reseña Javier Vizcaíno en su artículo ETA no te vayas, los fascistas reciclados “están desconsolados”. Y no es para menos ya que al perder la coartada perfecta para seguir promoviendo su estrategia antiterrorista tendrán que buscar otro pretexto para seguir ocultando la impunidad de la que han gozado para no responder a los miles de crímenes de lesa humanidad que cometieron durante los años del franquismo. Pero además teme que salgan a la luz pública los innumerables crímenes que cometieron para masacrar al pueblo vasco durante la monarquía –con la supuesta finalidad de acabar con ETA- ya sea desde el PSOE o el PP, que para el caso es lo mismo. Y por si fuera poco, ahora van a tener que dejar de proscribir a organizaciones políticas y partidos políticos vascos por ser sospechosos de apoyar a ETA. Como bien dice Corriente Roja “… todo este coro chillón no tiene otra pretensión que confundir el abandono de las armas por parte de ETA con el abandono por el pueblo vasco de sus reivindicaciones democráticas.”

Por el otro lado, el fortalecimiento de soluciones políticas una vez terminadas las acciones armadas, es evidente, sobre todo desde el flanco de la izquierda que ha empezado a organizar una agenda política, como el Acuerdo de Gernika, que apunta a convocar a la ciudadanía vasca a participar para encontrar soluciones a un viejo problema: la redefinición de las relaciones entre el país vasco y la monarquía borbona. La multitudinaria manifestación en Bilbao, convocada por los firmantes del Acuerdo de Gernika es una clara muestra de que la ciudadanía no quiere quedarse en casa sino participar en la política para ser parte del nacimiento de una nueva época en su larga historia.

Sobra decir que un elemento importante que contiene la coyuntura en cuestión es la recuperación de la memoria del conflicto para colocar a ETA dentro de la historia española, lejos de fanatismos y descalificaciones que no sirven más que para seguir ignorando lo que ha pasado y el papel que han jugado las oligarquías españolas. Recuerdo que una vez le pregunté a un amigo madrileño que cual consideraba la principal aportación política de ETA a la historia política de España y no vaciló en afirmar que gracias al atentado contra Carrero Blanco el franquismo no pudo continuar como opción política, o mejor dicho, tuvo que rediseñar sus planes para seguir en el poder. Y si bien no se pretende con esto hacer una apología del asesinato político tampoco se pueden ignorar ciertos hechos que mas allá de su contenido moral impactan en la realidad política de un pueblo y tienen consecuencias claras por mucho tiempo. Sin pretender validar el comentario de mi amigo lo que hay que tener en cuenta es que resulta necesario reconsiderar la historia para definir el rumbo a seguir. Si no quedan claros los aciertos y errores de décadas de lucha difícilmente se puede trazar un camino hacia adelante o peor aún, se pueden volver a cometer errores graves.

De los acontecimientos que se analizan surgen muchas preguntas entre las que destacan: ¿Cuál será el impacto de los cambios en el país vasco en el resto de España? ¿Será este cambio el principio del fin de la monarquía y el centralismo de los políticos de La Moncloa? No cabe duda de que el proceso será sometido a innumerables presiones por los que no quieren que las cosas cambien en la política y la economía española pero se podría afirmar que si la situación política cambia en una parte del sistema el conjunto de éste no podrá evitar cambiar también para bien o para mal.

Mientras tanto habrá que estar atentos a los acontecimientos y al comportamiento de los actores porque lo que está en juego es el conjunto del sistema político español y no sólo el del país vasco. También están en juego los intereses de la oligarquía capitalista vasca, asociada al capital internacional, y que seguramente no está muy entusiasmada con los hechos. Eso resulta visible para cualquiera que observe con cierto rigor la coyuntura, por un lado por el enorme entusiasmo que está generando -no sólo en España sino en todo el mundo- pero también porque es ahora cuando el pueblo vasco tiene la palabra para redefinir su razón de ser, su identidad política. Tendrá que echar mano de sus tradiciones, de su cultura, de sus prácticas políticas pero mirando hacia el futuro, con la confianza de haber empezado a superar una obscura etapa, de empezar a ver la luz al final del túnel.

viernes, 21 de octubre de 2011

Internacionalismo

Ha sido grato y francamente estimulante, en especial para las generaciones jóvenes, acercarse práctica y teóricamente a las luchas reivindicativas transatlánticas y continentales. La Movilización mundial por un cambio Global que tuvo lugar el pasado 15 de octubre, fecha indiscutiblemente histórica, fue el primer experimento de articulación mundial entre sectores marginales (en el Estado posmoderno la marginalidad es la norma): estudiantes en huelga, trabajadores sobreexplotados, explotados sin empleo formal (que también los hay, y cuantitativamente son un grupo mayoritario: e.g. amas de casa), subempleados y desempleados, partidarios de la ciudadanización integral, militantes no partidistas, activistas políticos, académicos. En esta jornada sabatina inédita, fuimos testigos de la heterogeneidad y transversalidad de la protesta global.

Cabe advertir que, paralelamente a la formación de un “gobierno mundial” –comandado por la Organización de las Naciones Unidas y el Grupo de los Ocho, órganos subalternos del capital corporativo–, se desarrolla, como la fuerza que habrá de darle feliz sepultura, una “sociedad anti-gobierno mundial”. Una suerte de macro asociación humana que se extiende más allá de las fronteras nacionales. Si el capital –y las consiguientes configuraciones sociales que engendra– ha conseguido extender su dominio hasta alcanzar una condición mundialmente dominante, era tan solo natural que la resistencia cobrara dimensiones equivalentemente universales.

La globalización de la economía (crédito, producción, distribución, consumo), seguida de las políticas desregulatorias de los Estados (salvo dos o tres excepciones), confirmó su carácter desestabilizador. El corolario fue la prolongación global del lucro sin contemplaciones ni restricciones, el descarado desplazamiento del reparto social del ingreso a favor del capital, especialmente el financiero, cuyos estratagemas de extracción de riqueza se han complejizado, y cuyas prácticas corruptivas han alcanzado la categoría de institución.

Las contradicciones insuperables de la globalización parieron un poder paralelo, antagónico, que se expresa en el actual internacionalismo popular, análogo al que codiciaba la Internacional en los años de la primera posguerra. Cabe distinguir que, mientras la globalización se refiere a una estrategia política que pone en marcha determinados procesos económicos, el internacionalismo se refiere al encuentro entre los pueblos del mundo, con el solo fin de poner término al ejercicio unilateral, totalitario, del poder, cuyo carácter omnímodo evoca la oscura premonición orwelliana.

El internacionalismo naciente da la espalda a la vieja polémica que versa sobre la presunta incompatibilidad de la igualdad y la libertad, y apunta a la reivindicación de aquello que Fabrizio Andreella (La Jornada) llama la “idea olvidada de Occidente”: a saber, la fraternidad.

Una vez visto que las instituciones tienen cada vez menos trascendencia para efectos del tratamiento de los asuntos públicos, la lucha internacional ha prefigurado una alternativa al orden añejo: una extrainstitucionalidad planetaria, cuyo catalizador ha de ser la camaradería colectiva.

En el siglo XVI, Etienne de la Boétie, francés, profirió: “Desdeño a los indiferentes. Creo que vivir es tomar partido. Quien verdaderamente vive no puede dejar de ser ciudadano y partidario. Indiferencia es abulia, es parasitismo, es cobardía, no es vida”.

El nuevo internacionalismo amenaza con desterrar la indiferencia. Es hora de tomar partido.