sábado, 2 de octubre de 2010

2012


Los augurios apocalípticos están a la orden del día, máxime en los aciagos tiempos que corren. Sin afán de tropezar en la parafernalia fatalista y catastrófica, me gustaría hacer –descartando por anticipado el anuncio del fin del mundo– una modesta predicción de cara a las elecciones del 2012 que a juicio de todos los mexicanos, definirán de manera determinante el futuro curso del país.

No pocos analistas políticos bienpensantes esperan que la contienda electoral se dispute entre el candidato del PRI, Enrique Peña Nieto, y el otrora candidato a la presidencia por el PRD, hoy petista, Andrés Manuel López Obrador. Tal conjetura no es descabellada, pues se trata de las dos figuras de mayor resonancia y “prestigio moral” en el ámbito político nacional. Sin embargo, como es bien sabido, en los asuntos de orden público-político nunca se impone la lógica del sentido común. Es más factible atinar a los resultados de una quiniela de fútbol (a pesar de la inconsistencia e irregularidad de nuestro balompié) que acertar en materia de política nacional.

México vive hoy, sobra decirlo, una de las crisis más ásperas de las que se tiene registro en su historia como nación “autónoma” e “independiente” (nótese el entrecomillado). El incontenible éxodo de capitales es un asunto que preocupa insistentemente a la elite del país. En numerosas ocasiones, Estados Unidos, a través de distintos portavoces, ha expresado su nerviosismo en relación con el estancamiento de sus negocios en territorio mexicano. Necesitan que México preserve su política de militarización como vía única en materia de combate al crimen organizado, en aras de potenciar sus ganancias por concepto de productos armamentísticos. Pero a la vez, que tal caos, alevosamente promovido, no interceda con el resto de los negocios e inversiones que el alicaído imperio conserva y/o pretende en México. Si bien es cierto que las guerras intestinas son altamente rentables para las empresas extractoras de recursos materiales y humanos, es indudable que en un horizonte de mediano plazo tal desorden puede llegar a interferir con el funcionamiento íntegro de la economía. La encrucijada es doble si a este caótico tablero le sumamos la germinación a escala nacional de movimientos disidentes estratégicamente estructurados.

En vista de esto último, habría que preguntarse, desde la perspectiva del variopinto Poder, ¿quién es el hombre/actor/partido indicado para darle un acomodo plausible, y en arreglo con las exigencias geopolíticas coactivas, al patio trasero de los norteamericanos?

A mi juicio, hay dos escenarios latentes:

1. La creciente popularidad de Marcelo Ebrad, inminente candidato a la presidencia por el PRD, puede ser aprovechada por las elites. Su propuesta política parece despertar entusiasmo y simpatía entre los círculos de electorado más exigentes: empresarios y grupos civiles minoritarios. Su discurso proempresarial y, a la par, prodiversidad y promulticulturalidad secular, es un arma difícil de derrotar en esta era cambiante y seudomoderna.

2. El otro personaje es Diego Fernandez de Cevallos, que si aparece vivo (todo indica que así será) se alzará como el representante idóneo de los intereses norteamericanos y como el Mesías de las causas perdidas. Y ni Pena Nieto podría contra él.

Señores, ¡hagan sus apuestas!

jueves, 30 de septiembre de 2010

La juventud mexicana y la UNAM

Los cien años cumplidos la semana pasada por la Universidad Nacional Autónoma de México son un buen motivo para celebrar el éxito de la educación pública en México. A pesar de la sistemática campaña mediática orquestada por la derecha nacional en contra de la UNAM y el descenso del gasto público destinado a su mantenimiento, el proyecto inaugurado por Justo Sierra ha demostrado ser una de los bienes sociales más importantes del siglo veinte mexicano.

En los últimos treinta años, el apoyo que los gobiernos neoliberales le han dado a la educación privada, en detrimento de las universidades públicas, ha procurado arrebatar el liderazgo a las últimas siguiendo al pie de la letra las recetas del FMI y la OCDE. Así, han surgido infinidad de universidades privadas que, en una casa o en cualquier lugar, con la infraestructura mínima y pagando bajísimos sueldos a profesores se dedican a defraudar ,en muchos casos. a los estudiantes que caen en sus redes. Las también llamadas escuelas cuá cuá (patito pues) no han logrado mejorar significativamente la calidad de la educación superior sino simplemente convertirla en un pretexto más para acumular dinero.

Al mismo tiempo, algunas de ellas han logrado un éxito relativo pero importante desde la perspectiva de la relación con las empresas privadas y convenciendo a muchos de su superioridad frente a la universidad pública. Esto les ha permitido crecer, a lo largo y ancho de la república, como franquicias, que ofrecen carreras, diplomados, talleres… y han resultado ser, sin ninguna duda, un gran negocio, pero no han logrado contribuir de manera significativa en la generación de conocimiento, en la investigación, en parte porque no están orientadas por ese fin.

El centenario de la UNAM cobra hoy un significado muy importante ya que pone en el centro el principio constitucional de la gratuidad de la educación, la cual ha sido defendida por buena parte de sus estudiantes y ciertos sectores de la academia y la investigación, pero no por las autoridades universitarias, que son las que salen en la foto y pronuncian discursos. Gracias a los estudiantes, quienes en 1987 y luego en 1999, se enfrentaron con éxito al proyecto neoliberal hoy, la UNAM sigue siendo lo que ha sido desde su fundación: un espacio abierto a todos los mexicanos y mexicanas y a la libre expresión de las ideas.

El rector José Narro festeja hoy lo que no ha defendido antes. Al igual que Carpizo o Barnés, comulga plenamente con la idea de privatizar la educación superior con el objetivo, según él, de mejorar la calidad de la misma. Así que, al mismo tiempo que festejamos el centenario, habrá que festejar a la juventud mexicana y su enorme sentido de justicia, pues ha defendido uno de los principios más caros de la Nación: la educación pública, gratuita y laica.

miércoles, 29 de septiembre de 2010



Juguetes militares: reflexión a partir de las piezas de Daniel Ruanova

El ejército ha entrado a nuestra cotidianidad. Es lo que parecen decir los ensamblajes e instalaciones del artista contemporáneo Daniel Ruanova (1976, Mexicali). A partir de fundir juguetes de plástico, el artista crea piezas marcadas por una atracción sensorial inmediata. Las figurillas lúdicas que construyen sus piezas no pierden su identidad, se identifican a primera vista con aquellos juguetes que simulan miniaturas de pistolas, ametralladoras, soldados, marinos y demás objetos y personajes de las fuerzas armadas. De igual manera, los colores fluorescentes de las piezas nos remiten al mundo infantil. En su ensamblaje Emiliano y sus aires de grandeza (2005-2006), esta realidad pueril se enfatiza por la representación de la figura en conjunto: un personaje que por lo abultado de sus extremidades y su peinado, así como por el título, intuimos es la escultura de un niño que juega a ser un militar, armado hasta los dientes, con habilidades karatekas. La figura simula una posición de ataque del infante plasticoso: mientras una de sus piernas se levanta de patada, digna de un entrenamiento en las artes marciales, uno de sus brazos amenaza con pequeñas bazucas, pistolas y ametralladoras haciendo las veces de dedos.

De pequeño, mi contacto más cercano con la imagen del militar fue través de aquellos muñecos "G.I. Joe", que servían para recrear, junto con mis tres amigos de la infancia, batallas y dramas. Al niño es común que se le bombardee con la imagen del soldado valeroso héroe de la justicia, como a la niña se le impone la figura de madre o la fémina únicamente preocupada por su belleza física. Los juguetes estadounidenses, que la clase media mexicana consumimos ávidamente, son esencialmente microcosmos del mundo adulto. El juguete siempre hace referencia a algo de aquella realidad configurada por nuestros mayores. Difícilmente se encontrarán objetos lúdicos en las plazas comerciales que estimulen la imaginación hacia formas inventadas. Así, los juguetes tienen la función de prepararnos para aceptar y reproducir el modelo de realidad del adulto. Funcionan para darnos la seguridad de que los militares y las mujeres banales son naturales en nuestra cultura pues “siempre” han existido. Roland Barthes menciona que “el juguete entrega el catálogo de todo aquello que no asombra al adulto”.

Las figuras de Daniel Ruanova remarcan la figura del juguete como un elemento “condicionador” del mundo futuro, el mundo que nos espera cuando crezcamos. Aquí el niño simplemente funciona como propietario del mundo, no como creador. Los papeles sociales están dispuestos en cada juguete, el niño únicamente puede elegir, no crear ni configurar su propio universo. Existen algunos juegos que, a diferencia de estas figuras a escala del mundo adulto en miniatura, otorgan la posibilidad de inventiva de un mundo más proyectivo por individual. Mientras los juegos de construcción pueden estructurar formas distintas y contrastantes con la lógica de la realidad adulta, los mini-soldados, mini-pistolas, mini-granadas construyen soldados, pistolas y granadas a gran escala. La estrategia visual es evidente: escalas pequeñas de un mundo violento generan escalas adultas de un mundo más violento. Pero su reflexión no se queda ahí. Viviendo en Tijuana, parece mostrarnos bajo elementos cotidianos un aspecto social nada extraordinario. El mundo agreste de una guerra de alto impacto, que cobra sentido con los mensajes furibundos de nuestro presidente, hacen que relacionemos inmediatamente sus construcciones plásticas con las realidades sociales que se viven día a día en el país.

Cuando el titular de la Secretaría de Gobernación en ese momento, Fernando Gómez Mont, advirtió, en su discurso entorno al 98 aniversario de la revolución mexicana, que en este gobierno no se dará “ni un paso atrás en la lucha por desmantelar las redes de narcotraficantes y secuestradores, destruir sus mecanismos de lavado de dinero y sus casas de seguridad, asegurar sus recursos, sus mercancías, sus armas, y consignar ante el Poder Judicial a todos y cada uno de ellos” (La Jornada, 20/11/2008), parecía hacer referencia al título de la exposición curada por Clayton Campbell War as a way of life, que bien podría ser el eslogan de aquel empaque de los “G.I. Joe” de mi infancia.

Si atendemos al sobrenombre que el periodista Jorge Fernández Menéndez ha dado al narcotráfico en México como “el otro poder”, entendemos que éste tiene su existencia en relación directa con el poder “constitucional”, ambos forman una estructura de co-dependencia que impide que puedan ser aniquilados sin autodestruirse mutuamente. Así, si la lucha contra el narcotráfico no “dará ni un paso atrás”, se iniciará una batalla que implicará la destrucción de una estructura de poder mucho mayor, por lo que parece una lucha sin fin. Una lucha que, como Susan Sontag enunció de la guerra de Bush contra el terrorismo, al ser declarada hacia un enemigo tan amorfo y descentralizado como el narcotráfico, no tiene fin específico más que la enunciación del gobierno a realizar una intromisión del ejército sin limitación alguna en la vida pública. Un enemigo como el narcotráfico tan heterogéneo, escurridizo e infiltrado, tanto en las escalas de poder como en la misma sociedad civil, implica infiltrar la batalla en los mismos recovecos de nuestra sociedad, implica la entrada a nuestra cotidianidad.

Es así como la figura de Emiliano… me remite a una violencia de alto impacto, un enemigo de la libertad cotidiana. Si los objetos de Daniel Ruanova nos hablan de la asimilación cotidiana de una violencia militar, y la realidad nos obliga a fuerza de hechos y acciones a tal asimilación, hay que ir comprando para los niños las figurillas de "G.I. Joe" con la instrucción que en su simulación de batalla los enemigos se encuentran en las estructuras internas de poder de los propios "G.I. Joe".

martes, 28 de septiembre de 2010

Objetivos del Milenio

El 8 de septiembre de 2000, hace poco más de 10 años, los 192 países miembros de la ONU firmaron la pomposamente llamada, en ese entonces, Declaración del Milenio, en la que se establecían 8 objetivos de desarrollo a cumplir en 2015, todos ellos relacionados con las mejoras en el nivel de vida de los habitantes de este planeta.

10 años después, y tan sólo a cinco de finalizar el plazo que la ONU se dio a sí misma para hacer de este mundo un lugar feliz, nos encontramos con que el cumplimiento de estos objetivos se encuentra aún muy lejano: no sólo no ha habido mejoría en las condiciones de vida de gran parte de la población humana, sino que, al contrario, el empobrecimiento de millones de personas continúa, un empobrecimiento que va más allá del puro aspecto económico: en aspectos sociales y políticos somos, en general, también más pobres que décadas atrás.

Propongo una breve revisión de algunos de los famosos objetivos, con el fin de razonar acerca del estado actual de los mismos.

1. Erradicar la pobreza extrema y el hambre. Existen en el mundo mil millones de personas en situación de nutrición insuficiente, lo que en español quiere decir muriéndose de hambre. Constantemente hablamos de una crisis alimentaria, más hay que señalar un aspecto de suma importancia: dicha crisis no proviene de una escasez en la producción de alimentos, sino todo lo contrario: el acaparamiento, la especulación, las benditas oferta y demanda elevan el precio de los mismos a tal punto que una sexta parte de la población del mundo no puede adquirir.

2. Lograr la enseñanza primaria universal. Difícil pensar en la universalización de la educación cuando un niño muere de hambre cada seis segundos (datos de la ONU). Aunado a esto, la mercantilización de la educación convierte gradualmente a esta en un lujo al que no todos podemos acceder. El gran negocio que representa la educación ha atraído la mirada de muchos emprendedores, deseosos de participar del gran mercado que representa, apoyados, por supuesto, por gobiernos alrededor del mundo.

3. Igualdad de géneros y autonomía de la mujer. El sexismo de nuestras sociedades es inherente a un sistema de producción: el relegar a la mujer a un segundo plano en el aspecto económico de las mismas no es sino una forma más de explotación laboral.

4. Reducir la mortalidad infantil y la salud materna. Risibles si pensamos que existen más de mil doscientas millones de personas subsistiendo con menos de un dólar al día. Imposible en pensar que, aunado a conseguir lo básico para subsistir, tengan que preocuparse por condiciones salubres e higiénicas de mayor calidad. 2,400 millones de personas (una tercera parte de la población mundial) no cuenta con servicios de agua potable.

5. Combatir el VIH/SIDA, paludismo y otras enfermedades. Según los objetivos de la ONU, el acceso universal al tratamiento del VIH/SIDA de todas las personas que lo necesiten debería estar garantizado. No me imagino a las grandes compañías farmacéuticas renunciando a las millonarias ganancias que obtienen por concepto del gran mercado que representa el SIDA, especialmente cuando las leyes internacionales protegen a estas grandes corporaciones con eso que llaman derechos de propiedad intelectual.

La realidad es que el cumplimiento de los llamados objetivos del milenio va mas allá de los buenos deseos de la ONU y demás organismos internacionales (suponiendo que exista esa voluntad realmente). El problema es de mucha mayor profundidad: tiene que ver con las estructuras mismas de un sistema que no sólo propicia las enormes desigualdades que existen en términos de condiciones de vida en nuestro planeta, sino que necesita de ellas para poder reproducirse.

La única solución real al problema implica un cambio radical en la manera en la que concebimos el mundo, en la manera en que nos relacionamos, en la manera en que intercambiamos, producimos y consumimos. Es fundamental comprender que las soluciones a los problemas no van a venir del mismo sistema que los provocó mientras no exista un cambio radical en la estructura del mismo.

Bizarrismo Mágico: Aún hay más

Los recientes rumores sobre la aparición de una extraña doctrina denominada "Bizarrismo Mágico", ya mencionados en este medio y de los cuales seguramente usted ya ha escuchado o leído, siguen causando un furor inimaginable en la sociedad.

Tal ha sido el impacto generado que multitudes enteras tratan ya de seguir el rastro de estos inigualables y ocurrentes personajes de los que poco se sabe pero que en el suave murmullo nocturno se dejan escuchar de repente con sus hierofantes cánticos.

Lamentablemente para todos aquellos seguidores propuestos a conseguir la iniciación al ya afamado culto, se ha descubierto que el círculo esotérico dentro del cual se desenvuelve el rito ha sido formado por la excedencia de las excentricidades de sus personajes y no por una necesidad imperiosa de pertenencia. Como ya lo dijera un afamado libro, por cierto escrito por mentes bizarristas, las iniciaciones son algo así como un jueguito de niños.

No obstante, y para no desalentar a una multitud sedienta de la experiencia de lo sacro, se sabe de buena fuente que el bizarrismo es una fuerza viva que surca los aires y está presente en cada partícula de este caótico cosmos (casi casi como en los evangelios apócrifos del mar muerto), lo que hace renacer la esperanza en los corazones de aquellos que buscan en la bizarrez un sentido para su vida.

Se dice que fue de tal manera como cuatro jovenes solitarios y aburridos, devastados ante el tedio de la vida, descubrieron dicha fuerza vital. Deambulaban por la nocturna y solitaria Xalapa en busca de un instante de regocijo para su alma cuando de pronto encontraron el templo donde la experiencia sagrada, sin buscarla, se manifestó y el bizarrismo fue contemplado y contagiado.

A pesar de las exhaustivas investigaciones para dar con la localización exacta del lugar sagrado, hasta la fecha sólo se sabe que ocurrió en algún lugar aledaño a la Avenida Xalapa, se piensa hipotéticamente que donde actualmente se localiza un bar de esos que operan a pesar de las altas horas de la noche.

Independientemente de la veracidad de esta cuasi-fabula que circula dentro del mundo de los adeptos a esta doctrina (se dice incluso que el dudar de ella es una práctica común de los novicios que pretenden alcanzar el estado de bizarrismo) no está por demás advertir del carácter dual de la fuerza bizarra.

Y es que a pesar de pertenecer en sí a una fuerza de naturaleza oscura, el bizarrismo posee otra cara oculta y malévola, que de atraparlo lo sumergiría en un abismo oscuro y profundo, como al guerrero aquel que encuentra la muerte cegado por la luminosidad de su confianza. Ejemplos:

Se dice que en una presentación de “algún” libro en “alguna” FILU dos guerreros bizarristas, Académicos universitarios, fueron llevados al lado oscuro y en medio de la concurrencia discutieron sobre el carácter primigenio de la naturaleza. ¿Qué fue primero? ¿El huevo o la gallina? No. La pregunta fue trascendida. ¿El científico o el divulgador?

O basta recordar la tragedia del gran lord bizarrero oscuro infiltrado en el poder judicial (ocurrida recientemente), quien mencionó que para que haya una “mediana” aplicación de la justicia para el 2011 se requieren más de 100 mil mdp. Me recordó por cierto a el reproche que mi querido sobrino hacía a su padre tiempo atrás. Lo cito: “Papá no me porto bien porque no me compras los juguetes que me gustan”.

“Lo que pasa es que los niños también están bizarros, están bizarros… están bizarros”.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Pensando en común


A veces la cotidianidad nos sumerge en un abismo temporal y espacial sin fondo. El tiempo calibrado es tan voraz que no deja ningún resquicio para el ocio y la reflexión. No obstante la maldita necesidad de ganarse la vida mediante la concesión forzada de nuestro valioso tiempo al trabajo asalariado, es imperioso, a mi juicio, conceder algunos espacios de nuestras saturadas vidas a la cavilación y el análisis de los asuntos de interés público.

Entiendo que, en el presente, todo esfuerzo sincero y meticuloso vertido en aras de una mejor comprensión del mundo suele ser calificado de paranoico, insensato y “conspiracionista”. Sépase por anticipado que mi intención no estriba en maquilar una teoría conspirativa que vaticine el arribo inminente del Apocalipsis. Unicamente procuraré, a modo de ejercicio, colocar sobre la mesa de discusión una serie de temas –tres, para ser más preciso– que a mi entender requieren de un estudio urgente e inaplazable.

1. El desencadenamiento de una guerra nuclear es un riesgo que permanentemente acecha al mundo. Este es un tema que generalmente acarrea cierto descrédito y escepticismo, pero el hecho de que existan cerca de 20,000 armas nucleares distribuidas a lo largo y ancho del planeta (Estados Unidos, Rusia, Francia Reino Unido, China, Israel, India Pakistan), es por si sólo un dato que refleja la capacidad destructiva de la que puede disponer el hombre en una coyuntura de crisis. En la actual economía de guerra es difícil imaginar que esta amenaza se mantenga en tal condición. No existe ningún esfuerzo serio para detener la creciente producción de arsenal nuclear. Nagazaki y Hiroshima son un testimonio inobjetable de la racionalidad irracional subyacente a los asuntos de orden geopolítico. Solo un desarme nuclear a escala mundial podría descartar definitivamente el escenario latente de una guerra de proporciones nunca antes vistas.

2. Recientemente se comenzó a legislar en materia de clonación humana. Este es sin duda un tema que enciende pasiones, y en torno al cual se vierten múltiples valoraciones (éticas, religiosas, políticas) que, por falta de información, suelen adolecer de una buena dosis de veracidad. Actualmente se practica la clonación con fines terapéuticos en países como Gran Bretaña, al parecer con resultados medianamente satisfactorios. En un horizonte de mediano/largo plazo es posible que se legalice la clonación reproductiva y experimental. La creación de réplicas genéticamente idénticas es un asunto altamente delicado que requiere de la participación activa de todos los que vivimos y desvivimos en el actual estadio civilizatorio. Habrá que ir puliendo nuestros argumentos a favor o en contra, pues es apreciablemente probable que a las generaciones vigentes les toque tomar determinaciones sobre la materia.

3. Las redes sociales en Internet son ampliamente conocidas por todos. Hay quienes las consideran la gran panacea del mundo posmoderno y no pocos las califican de espurias, esto es, de redes más bien anti-sociales, ya que actúan en detrimento de las relaciones humanas directas y auténticas. Se dice que actualmente, el universo de las redes sociales cibernéticas esta en su fase primaria. Que aún falta por explotar el 99% de su capacidad real. Creo que ni siquiera somos capaces de imaginar la magnitud del potencial de esta herramienta. Empero, si aceptamos que la razón tecnológica es naturalmente razón política habría que pensar seriamente en los elementos nocivos relativos a la expansión de estos circuitos de comunicación. Si bien las redes sociales han agilizado el flujo de información, también es cierto que este instrumento ha sido empleado para perfeccionar los sistemas de vigilancia y control que ejerce el hombre sobre sus semejantes, con todos los costos emocionales, materiales e intelectuales que esto implica.

jueves, 23 de septiembre de 2010

El huracán Karl y las vacas flacas

Las calamidades que han tenido que soportar las y los veracruzanos en los últimos días tener consecuencias en sus percepciones sobre el gobierno estatal y su capacidad para atender las necesidades de la ciudadanía. El fin del sexenio parece mostrar las debilidades de una administración que tuvo su auge en el 2007 pero que ahora no puede ocultar sus contradicciones internas gracias al huracán Karl.

Coincidentemente, en 2007 fue otro huracán el que, en plena campaña electoral, azotó a buena parte del norte del estado, favoreciendo el reparto de recursos públicos debido a la contingencia ambiental. Además, el resultado de las elecciones intermedias favoreció ampliamente al PRI por la alianza del gobernador con el recién llegado a Los Pinos, Felipe Calderón; la alianza impidió que el gobierno federal apoyara ampliamente a los candidatos de su partido en Veracruz. Por si fuera poco la abundancia del presupuesto estatal le daba amplios márgenes de maniobra – bursatilizaciones, recursos provenientes de la Federación, gasolinazos- sobre todo porque la crisis económica de 2008 no había estallado

Pero para 2010 el escenario es muy diferente. La alianza con el gobierno federal no tiene el vigor de antaño y los recursos federales no llegan con tanta facilidad. Por otro lado, el dinero de las bursatilizaciones parece haber desaparecido y hoy se rumora la falta de recursos incluso para pagar el gasto corriente de la burocracia estatal, no se diga el pago a proveedores y demás. Si a esto se agrega que la crisis económica que estalló hace ya casi dos años sigue dañando fuertemente las finanzas públicas y las privadas, sería difícil negar la enorme diferencia entre 2007 y 2010 en Veracruz.

El huracán Karl concentró la mirada ciudadana en las debilidades del gobierno del estado, que parece exhausto después de un sexenio con altas y bajas y permeado por la crisis económica. Ocurrió además en un momento en el que por el traspaso de poderes parece haber una mayor debilidad gubernamental debido a que todavía no termina uno, que poco a poco saca la mano, y el gobernador electo sigue siendo eso, electo, pues no tiene la manija de la puerta bien agarrada todavía. Me parece un anacronismo que siga habiendo tanto tiempo de por medio entre la elección y la toma de posesión. Las consecuencias están a la vista y hay confusión entre la ciudadanía, que en algunos blogs se preguntan dónde está Javier Duarte, quien por su parte no puede resolver la situación simplemente porque no ha tomado el poder ¡le faltan dos meses!

Si hace tres años algunos decían que hasta la madre naturaleza se había puesto de parte del gobernador, hoy se puede decir lo contrario. Se acabaron los buenos tiempos, parece decirnos Karl y vienen las vacas flacas. Habrá que decir que el problema de la debilidad de los gobiernos estatales no está determinado sólo por su enorme déficit, consecuencia de una sistema económico mundial que ha puesto de rodillas a regiones enteras del mundo para financiar las economías centrales; también influye mucho un factor cualitativo: la confianza de la ciudadanía en su gobierno. Para la ciudadanía la responsabilidad de cualquier calamidad es de su gobernante y cuando este se ve rebasado por contingencias ambientales la confianza en el poder público decrece, haciendo más difícil la tarea de gobernar… para el que viene.