La imagen fotográfica es forjadora de imaginarios, configura modos de entender nuestra identidad individual y colectiva. Narramos nuestra historia a través de la fotografía. Esta narrativa se construye a conveniencia de aquel que la relata. En mi álbum personal no pondré aquellas imágenes que delaten una faceta de mi vida que aborrezco, como mi obesa adolescencia. De la misma manera, el Estado elige las imágenes convenientes para narrar su historia conveniente, sosteniendo con ello proyectos de nación. Así, un estado distinguido por la demagogia construirá su historia visual a partir de las fotografías que sostengan su populismo a ultranza. En este sentido el gobierno mexicano se ha dedicado a narrar visualmente la revolución a partir de una serie de fotografías que resumen su visión oportunista, hipócrita y terriblemente maniquea.
Si introducimos en Google-Imágenes “revolución mexicana” son recurrentes en cada sesión de búsqueda el retrato de pie de Emiliano Zapata (1911) atribuido, recientemente a F. Moray (o F. McKay), Soldaderas (1915) a tribuida a Agustín Víctor Casasola, Villa en la silla presidencial (1914) del estudio Casasola y Francisco Villa cabalgando frente a sus hombres (1914) atribuida a Davidson Wheelan. La reiterada aparición de estas imágenes evidencia su recurrente distribución en medios oficiales como los libros de texto de primaria y secundaria. Dicha distribución tiene su impacto, a nivel comercial en carteles, postales, revistas, playeras, libretas y demás soportes de medios gráficos que configuran el imaginario colectivo del movimiento armado. La reiteración de su distribución hace de estas cuatro imágenes una pretendida alegoría del movimiento armado, resultando casi imposible no evocarlas en la mente al pensar en él.
Demasiada demagogia.
Curiosa es la selección que el gobierno realizó, pues efectivamente las imágenes retratan no a los ganadores de la gesta armada, sino por lo contrario a los vencidos: los traicionados y asesinados. Retratan a aquellos que en medios oficiales de su momento fueron tomados como bandidos, ladrones y embusteros y que ahora se presumen como “Los Héroes de la Nación”. Un ingenuo lector podría leer esta selección oficial como estrategia simbólica para enmendar la traición, sin embargo me resulta tan insultantemente explícito que estas imágenes parecen ser dispositivos de asimilación institucional de lo que todavía hoy es peligroso: la genuina sublevación. Esta apropiación parece un recurso más bien tranquilizador que utiliza el gobierno, aprovechando nuestra identidad de sociedad de consumo. El Estado se apropió de las efigies revolucionarias radicales disponiéndolas en el mercado, logrando con ello su asimilación cotidianidad como parte de una ideología conservadora y reaccionaria.
Sí, se podría acusar de maniquea mi interpretación, de estrambótica y exagerada, pero no creo que sea del todo errada. Así como los oficialismos han tomado la imagen del indígena de espaldas viendo al infinito como símbolo de lo nacional o como se presentan a los muralistas como los “grande maestros” de nuestro arte, estas fotografías encuentran enclave en el sector dominante. Es evidente que las cuatro fotografías a las que aludo son retomadas como bandera de guerra de otras propuestas sociales disidentes, especialmente el retrato de Zapata, pues contienen deseos y sueños frustrados. Sin embargo, también es patente que su distribución ha sido apoyada de manera especial por nuestro gobierno, principalmente aquel priísta, experto en manejar y suministrar imaginarios nacionalistas por medio de los mass media. ¿Por qué no ilustraron las efigies de Obregón y Carranza nuestro imaginario revolucionario oficialista, siendo realmente ellos los primeros forjadores de esta patria posrevolucionaria? Es necesario recurrir a los mártires para construir la imagen identitaria, al asimilarlos se vuelven figuras indefensas por cotidianas. Los íconos transgresores se despolitizan al formar parte de la cultura hegemónica. (Contianuará…)
Gabriel Salazar es el historiador de izquierda más reconocido por la intelectualidad chilena. Hoy escribe un libro sobre Carlos Altamirano, descree del progresismo criollo y considera que la pobreza -que es su campo de estudio- cambió drásticamente: "Ya no es material, es cívica".
Fotografía: Juan Pablo Sierra
Durante los últimos meses, el historiador Gabriel Salazar ha estado metido en un trabajo de enanos, según dice: grabar una serie de conversaciones con Carlos Altamirano para la publicación, en octubre próximo, de unas "memorias críticas" que le ha encargado la editorial Random House. Recibe en una sala de reuniones de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile, donde dirige el Programa de Doctorado en Historia.
Sirve el café él mismo, en jarros prestados, y alaba el nuevo sabor del Nescafé instantáneo, mientras se echa hacia atrás y espera la primera pregunta con atención y amabilidad. Pese a los recientes, varios de sus libros ya son clásicos, indispensables para explorar nuestra historia "desde abajo": Labradores, Peones y Proletarios (1985), Violencia Política Popular en las Grandes Alamedas (1990), Historia Contemporánea de Chile (1999, en colaboración con Julio Pinto), Ser Niño "Huacho" en la Historia de Chile (2006), Mercaderes, Empresarios y Capitalistas (2009).
-¿Está preparado para la polémica que surgirá con el libro de Altamirano? Cada vez que abre la boca hace mucho ruido… Sobre todo cuando analiza a la UP, el golpe y la renovación de la izquierda…
-Altamirano es un intelectual. Así lo descubrí. Es el más intelectual de los políticos chilenos. En relación con la UP, su visión tiene que ver más que nada con la ingenuidad de lanzar un proyecto revolucionario a fondo a través de un Estado que no daba el ancho, y de promover un proceso de ese tipo cuando el mundo se dividía entre Estados Unidos y la Unión Soviética, estando nosotros en el corazón del "patio trasero" de los norteamericanos, que no querían una segunda Cuba. Eso era de una ingenuidad enorme. Dice también que, sabiendo de que eso era así – ingenuo, riesgoso-, no procuramos organizar la defensa de ese proyecto, o sea, fue una revolución desarmada. Y eso, dice él, condujo al desastre.
-¿Y qué visión le plantea sobre Salvador Allende?
-Altamirano dice que todos, incluido él mismo, procuraron ser leales al programa de la Unidad Popular. Allende también. Pero Allende, en el fondo, quería morir más que organizar la defensa. Más que atacar al enemigo que lo atacaba, él optó por pensar: "Me van a derrotar… ¡pum!, me suicido…".
-¿Como opción desesperada de último momento o esa idea le venía de antes?
-Según Altamirano, Allende tenía una concepción fatalista del final del proyecto. Por eso admiraba a Balmaceda. Y cuando apareció la posibilidad del golpe, él se dijo "de La Moneda me sacan con los pies para adelante". Fue como si en la revolución bolchevique, Lenin se hubiera suicidado en el momento clave.
-¿Y cuánto se reconoce Altamirano en lo que más tarde hicieron algunos de sus discípulos en la Concertación?
-Dice que él inició la renovación, pero no pensó que la renovación que él propuso se convertiría en un proyecto neoliberal. Porque hoy eso es el Partido Socialista para él: un partido neoliberal. Y eso es traición.
"El flaite, que no estudia, es una especie de vago, tiene blue jeans de marca, zapatillas de marca, polerón de marca, celular, peinado con estilo que necesita de una serie de cuestiones para dejar el pelo parado. Y, por lo tanto, no se siente pobre".
-¿Y usted coincide con esa mirada?
-En general sí. Es evidente que el PS actual y la DC actual olvidaron los fundamentos sobre los cuales se constituyeron como partidos. El PS con toda la trayectoria del Frente de Trabajadores, la revolución latinoamericana distinta de la moscovita… Y la DC, que surge también con esto de la opción preferencial por los pobres, Jacques Maritain, Juan XXIII, Pacem in Terris, todo un pensamiento humanista cristiano en pro de la justicia social. Todo ese discurso, que caracterizó al primer gobierno de la DC, hoy nadie lo menciona. Ninguno de esos discursos se menciona… hoy son todos neoliberales.
-¿Los socialistas se olvidaron de los trabajadores y los democratacristianos se olvidaron de los pobres?
-Claro, todos administraron el modelo neoliberal de Pinochet, y en su misma lógica. Y eso explica el descontento de las bases, porque son partidos de cúpulas.
La pobreza hoy
-En los 20 años de la Concertación aparecen cifras objetivas que avalan su proyecto. Un ejemplo claro es la reducción de la pobreza. ¿Usted no reconoce esos avances?
-Las cifras avalan eso si mantenemos las mismas definiciones de pobreza. La pobreza siempre se definió, en el mundo en que yo crecí, como carencias materiales. Yo vivía en una población obrera, la Manuel Montt, en el barrio Independencia, rodeada por poblaciones callampa y por conventillos. Allá llegaban los pobres a pedir "un pedacito de pan, por el amor de Dios". Y les dábamos pan duro. Yo eso lo vi, pues. ¿Quiénes eran los niños? "Cabros patipelaos", o sea, sin zapatos, con los mocos colgando, desarrapados… tú les dabas una camisita y quedaban felices. O mujeres pobres, piñinientas, todas sucias, hediondas, con un saco al hombro donde metían las cosas. Ésa era la pobreza por la cual luchamos y por la cual cantábamos La Internacional y todo eso.
-Una pobreza que hoy difícilmente se ve…
-Sí, pues. Hoy el pobre tiene una posibilidad que no tuvo en los años 40 y 50: el crédito. Tú ves a cualquier señora y tiene cuatro o cinco tarjetas de crédito de casas comerciales. ¿Cuál es el pobre típico hoy? Ya no es el cabro harapiento y sin zapatos, no es la vieja con el saco pidiendo lechuga: el pobre de hoy es el flaite. Y el flaite, que no estudia, es una especie de vago, tiene blue jeans de marca, zapatillas de marca, polerón de marca, celular, peinado con estilo que necesita de una serie de cuestiones para dejar el pelo parado. Y, por lo tanto, no se siente pobre.
Fotografía: Juan Pablo Sierra
-¿Hay que hacer una redefinición completa de la pobreza?
-Claro, porque la pobreza es relativa al contexto. Hoy, la pobreza no tiene que ver con esos bienes materiales, y por eso cae en las estadísticas. Hoy no se define por materialidad. Se define, por ejemplo, a partir del endeudamiento. Se mide por la capacidad de responder a una serie de exigencias: si te casas debes pagar por una vivienda, si tienes hijos debes pagar por su educación, si se te enferman tienes que pagar por la salud… y no estás en condiciones con 170 lucas mensuales, ni aunque te endeudes, para mantener una familia. Entonces, no me caso; y si me caso, me separo. La tasa de nupcialidad cayó 68% en los últimos 10 años. Los niños huachos alcanzan hoy el doble de lo que existía en el siglo XIX, que ya era récord mundial: está más alta que en Suecia, que es el país donde hay más cabros huachos. La tasa de divorcios supera a la de matrimonios.
El madresolterismo sobrepasa el 30%. En ese contexto, el padre de una familia popular, o no tiene trabajo o tiene puro trabajo temporal. Como no puede mantener a su familia y hay violencia intrafamiliar -¡vamos matando mujeres!-, se separa y termina dedicándose a la droga. Si te fijas la mayor concentración del consumo de drogas no está en el tramo de etario 15 a 20, sino entre 25 y 45, que es la etapa en que el hombre puede trabajar, casarse y tener familia. ¿Cuál es el modelo para el cabro chico? El papá no está, se fue y es un desastre; madre sola, trabaja todo el día. ¿Qué hace el cabro? Se va a la calle, y tenemos enormes cantidades de pandillas juveniles, cabros chicos en la calle y ahí van construyendo su identidad. ¿Y quién es su modelo? El papá no sirve, el profesor está sometido al autoritarismo dictatorial del sostenedor y por lo mismo vale hongo: su modelo es el choro de la población. Porque el choro es audaz, valiente, tiene plata, maneja armas, se agarra a balazos con los pacos, tiene seguidores, le compra camisetas al club del barrio…
-Es una descripción desoladora…
- ¡Pero eso es pobreza! No la llamo pobreza material, porque no es material. El choro tiene harta plata: por la vía del endeudamiento, del tráfico o del delito. Esto es pobreza ciudadana, cívica.
-¿Y se puede romper ese círculo?
-Es una red muy profunda… Se ve, por ejemplo, en la explosión de saqueos en el sur: cualquier desorden como el que produjo el terremoto provocará saqueos aquí y en la quebrada del ají…
-¿No fueron sorpresa para usted?
-Para nada. Eso está latente, es obvio. Estos cabros que consiguen recursos por las vías del endeudamiento o el robo están centrando su actividad simbólica en objetos como la electrónica; por eso roban puros aparatos electrónicos. En Concepción, robaron sobre todo artículos electrónicos.
"El PS, el PPD y la DC son neoliberales. Incluso en el discurso: no recuerdan para nada su pasado socialistón. Ni se acuerdan de los mapuches, de los pingüinos ni de los subcontratados. El PC luchó para estar en el Parlamento. Y ahora lo logró: está ahí. Entró a la misma lógica del Estado pinochetista".
-¿El problema tiene que ver con políticas sociales equivocadas?
-Tiene que ver con que no estamos leyendo en profundidad lo que está pasando en el mundo y en Chile. Seguimos mirando los grandes parámetros macroeconómicos. Y los vemos todos sanos. ¡Pero veamos los indicadores de desarrollo humano del PNUD! ¡Ahí la cosa cambia! Se ve que existe a nivel de la población chilena una enorme sensación de inseguridad, un malestar interior: no sé si podré asegurar mi salud cuando esté viejo, no sé si podré educar a mis hijos, no sé si puedo estar en mi casa tranquilo sin que me asalten… Pura inseguridad.
-El conflicto ya no está en la calle…
-¡No pues, está adentro de la casa! Y el régimen, feliz: estamos todos bien, vean las cifras, ¡pero nadie ve el enmierdamiento de las personas por dentro!
-Bonita manera de llegar a celebrar el Bicentenario…
-O bien celebramos un cumpleaños o bien hacemos un balance de vida. Son dos cosas distintas. Podemos celebrar el cumpleaños 200 de la Independencia, que es probablemente lo que predominará. Pero otra cosa es un balance de lo que hemos hecho o dejado de hacer y que nos tiene con este malestar interior. Esa evaluación no se está haciendo.
-¿Cómo ve la efeméride, entonces?
-Existirá un contraste muy fuerte entre el pan y circo que hará el gobierno -algo que la Concertación también habría hecho- y este otro pensamiento profundo que va por abajo y que es muy crítico.
-¿Quiénes se hacen cargo de esto?
-Nadie. Ése es el problema. La Concertación administró exitosamente el régimen de Pinochet, sin cambiarlo. Ni siquiera la Bachelet fue más radical: no hizo ningún cambio de fondo. ¿Qué hizo con los pobres? Les tiró bonos. ¿Y qué son los bonos? ¡Limosna!
-Es llamativo que la primera ley que mandó el presidente Piñera al Congreso haya sido el bono marzo…
-Y ahora, como gran cosa, alarga el posnatal… ¡Son medidas populistas de parche!
Los mineros de Copiapó
-Estas últimas semanas han estado tomadas por el caso de los 33 mineros atrapados en Copiapó. Usted ha estudiado la minería chilena desde el mundo del trabajo. ¿Ve antecedentes históricos en este caso?
- En Chile, la minería la desarrollaron los pobres: los buscones, pirquineros. Chile se convirtió en una potencia minera sobre la base de una tecnología pirquinera que era baratísima. La fase extractiva de la minería estuvo en manos de los pobres; el tratamiento lo hacían los capitalistas, como Edwards y todos esos campeones, que tenían fundiciones; y el transporte lo hacían los ingleses. Y los grandes explotados fueron los pirquineros… ¡los reventaron! Ellos asumían el costo del aumento del transporte y de las ganancias de los intermediarios. Esta explotación hacia abajo llevó a que se redujera la seguridad en las minas: pasó en el carbón y también en el cobre y el oro. ¿Esto que pasa hoy en la mina San José? ¡Historia del siglo XIX!
-¿Y por qué se ha producido esta atención enorme de parte de la gente y esta dedicación tan intensa de parte del gobierno?
-Bueno, está la solidaridad que siempre han tenido las clases populares de manera horizontal. Eso es normal, no me extraña. De parte del gobierno, responde al populismo, propio tanto de los gobiernos de la Concertación como de éste, más exacerbado en este caso. Porque en estricto rigor éste es el gobierno de los empresarios, pero no puede ser sólo el gobierno de los empresarios: tiene que mostrar una cara populista.Piñera no puede gobernar exitosamente con lógica neoliberal, porque el modelo tocó techo. Para mantenerse en el gobierno tiene que ser populista, no tiene otra, porque la mayoría de Chile está con este "malestar interior". Y como no hay izquierda, el voto popular se puso mutante…
-¿Con ese voto ganó Piñera? ¿No era voto de derecha, entonces?
-No, pues. Ese voto mutante crece y crece, porque son todos neoliberales.
-Usted dice que no hay izquierda, ¿qué pasó con ellos?
-El PS, el PPD y la DC son de hecho neoliberales. Incluso en el discurso: no recuerdan para nada su pasado socialistón. Ni se acuerdan de los mapuches, de los pingüinos ni de los subcontratados. El Partido Comunista luchó para estar en el Parlamento. Y ahora lo logró: está ahí. Entró a la misma lógica del Estado pinochetista, igual que la Concertación. ¡Y ahora están planeando hasta un candidato único el 2014! No hay ninguna alternativa…
-¿Y Marco Enríquez-Ominami?
-Lo escuché mucho en la campaña y me pareció un tipo que no tenía claras sus ideas, que tenía una confusión total. Lo que pasa es que es joven, hijo de Miguel Enríquez, un poco patudo, un poco farandulero… de todo un poco. Encarnó la expectativa del voto mutante, porque la política se expresa a través de la imagen: la imagen de simpatía de la Bachelet, la imagen del cambio de este otro… él era la imagen de la juventud, de la gente nueva, pero ME-O en sí no tiene peso: no sabe dónde está parado.
Qué piensan los cabros
-¿Tiene algo de esperanza para Chile?
-Para tener esperanza hay que partir de sus bases históricas. En los años 60, las esperanzas que uno tenía las agarraba de las teorías, de las ideologías, del Che Guevara, de la Unión Soviética, del Partido Comunista, del MIR, de Miguel Enríquez, de Juan XXIII… Hoy no estamos en condiciones de construir esperanza a partir de nada de eso. La única posibilidad es lo que veo entre mis propios alumnos: que los cabros se piensen a sí mismos sobre bases enteramente distintas y construyan sobre esas bases una expectativa de futuro que no pasa por tomarse el poder -este poder-, sino por construir sociedad, por construir cultura, por construir poder localmente. Ahí establecen bases de solidaridad, identidad, creatividad… rock de nuevo tipo, rap de nuevo tipo… todo de nuevo tipo.
-¿Y le ve viabilidad a un proyecto así?
-La pregunta es: ¿se le debe exigir a esta realidad nueva viabilidad?
-La sola pregunta es ilegítima, entonces…
-Sí, no tiene validez, porque no son proyectos que se planteen objetivos a largo plazo: son proyectos que buscan construir aquí y ahora. Si llegan a conquistar o a construir el Estado será por su expansión natural, no tienen apuro.
-Si entran en la lógica de los partidos tradicionales fracasarán, dice usted…
-No lo quieren simplemente: por eso hay 4 millones de cabros que no están inscritos. No están ni ahí con eso. Y si votan les da lo mismo, porque el voto no los identifica, no tiene importancia. El tipo de política que realizan es distinto: es política de red, de asamblea -como los pingüinos-, sin dirigentes, sólo con voceros. Y ahora en los colegios les prohíben las asambleas, así que ¿qué hacen los cabros? Sacan el celular, arman el blog y se comunican. No es la cultura de la toma ni de la revolución, ni siquiera la utopía: es puro pragmatismo.
REVISTA QUE PASA
http://www.quepasa.cl/articulo/1_3971_9.html
* Flaite es un vulgarismo chileno de carácter peyorativo y naturaleza clasista, usado para categorizar, con mayor o menor amplitud, a la clase baja de Chile mediante su vinculación prejuiciosa a malos hábitos, a saber: mala dicción, pobre civilidad, escasa educación, y en mayor o menor medida a la delincuencia. Siempre en el plano coloquial, se considera que el término comparte su campo semántico con otras jergas chilenas como cuma, punga, rasca, roto, picante, etc. http://es.wikipedia.org/wiki/Flaite
Esto me huele a compló. Los cinco (sic) jinetes del Apocalipsis, las inundaciones, la quiebra de Mexicana. Parece que algo o alguien está empeñado en arruinarle su fiesta del Bicentenario a nuestro Felipillo.
Ahora, la matanza de 72 inmigrantes en San Fernando, Tamaulipas, se roba las primeras planas. Y es que, por penoso que sea, la muerte de centro y sudamericanos que atraviesan nuestro país con rumbo a los Estados Unidos no es un tema menor, que apenas ahora encuentra eco en los medios de comunicación tras tan sonado incidente.
Cada año atraviesan nuestro país más de 600 mil inmigrantes buscando llegar a los Estados Unidos, ya no digamos persiguiendo el American Dream, sino simplemente en búsqueda de algún empleo (por indigno que sea) que les permita apenas sobrevivir a ellos y a sus familias.
Y antes de llegar al vecino país, en dónde los espera el desierto, los famosos minutemen, leyes racistas como la de Arizona y empleos denigrantes, se ven forzados a pasar por nuestro bello país, engalanado este mes con celebraciones que, hasta la fecha, no comprendo del todo.
En estos pintorescos tiempos en los que de todo se hace mercancía y se pretende sacar ganancia, los indocumentados no son la excepción: se trata de un negocio que deja cerca de 3 mil millones de dólares al año, repartidos entre el crimen organizado e instituciones de policía no tan honestas, en ambos lados de la frontera. Para pasar a los Estados Unidos, la tarifa es de entre 4 y 15 mil dólares.
Cerca de 20 mil personas que intentan cruzar la frontera son secuestradas y obligadas a pagar rescates que van de los mil a los cinco mil dólares. Esto, si no son asesinados o forzados a trabajar en condiciones inhumanas para los cárteles.
El muro de Bush, las leyes de Arizona y la militarización de la frontera no sirven más que para una cosa: no detendrán ni el flujo de inmigrantes ni el paso de drogas hacia los Estados Unidos, pero sí harán más peligroso el cruce de la frontera, poniendo en riesgo la vida de más personas, y por ende, haciendo el negocio más lucrativo.
México es el país en el que más se violan los derechos humanos de los inmigrantes, con la colaboración de medios de comunicación prestos a levantar la voz con ánimos patrioteros cuando en Arizona se trata con la punta del pie a los mexicanos, pero colaborando con su silencio con la trata de personas en nuestro país.
Desafortunadamente, es sólo gracias a una matanza de 72 personas que volteamos a ver ese lado de la moneda. Mientras exigimos respeto a nuestros compatriotas en los Estados Unidos, el paso por nuestro país de los cientos de miles de centroamericanos y sudamericanos es igual o más peligroso que lo que enfrentan los mexicanos al intentar cruzar la frontera.
Como pago por tener al vecino que tenemos, México se ha convertido en el gran muro de contención para los inmigrantes provenientes del resto del continente. Aún cuando exigimos se respete a nuestros connacionales en el extranjero, nuestro racismo se hace manifiesto cuando se trata de inmigrantes en nuestro país o de nuestros propios indígenas.
En cuatro años se documentan 28 mil muertos en nuestro país a causa de la violencia. Hemos perdido la capacidad de asombro, y la muerte de 72 personas más no hace más que engrosar la cuenta.
Y nuestra independencia, que nos empeñamos en celebrar, ha servido para que desde Washington nos digan que hacer en los casos de la migración y el narcotráfico, lo que ha representado un costo incalculable en vidas humanas.
“Somos polvo y nada. Todos cuanto hacemos no es mas que viento.” (El fuego que mata y da vida preservó esta Tablilla Iraquí: principio de la escritura).
El caos surge cuando se mezcla el revés y el derecho, sin saber quien es el mandante ni quien el mandado ni donde está el arriba ni dónde el abajo y sin poner cada cosa en su lugar y a cada cual a lo suyo, dejando todo patas arriba y sin pies ni cabeza para vivir en total desorden (desmadre) sin existir.
Desde que uso mi razón de ser vengo intentando ordenar mi caos propio y restablecer mi existir jerarquizando mis tiempos y espacios y proseguir sirviendo a la libertad de la vida, sin ataduras, cadenas, sin partido ni falsas banderas ni cantos dogmáticos que corten mis alas en mi pleno vuelo de querer seguir siendo sirviendo. Siempre pretendo ser boca y no bocado. Y tú, lector, como yo, sé el cazador y no el cazado. No nos permitamos (si no metemos al orden nuestro caos personal) seguir partiendo piedra y repartir garrotazos y terminar siendo adultos poca-cosa o del montón. Juntos a los demás seremos capaces de sobrevivir porque aprendimos a defendernos tomando a ese toro (caos) por los cuernos y sabemos compartir el pan, el agua y la sal de cada día. Démonos cuenta de esta humanidad de este hoy tan incierto e inseguro, y de esta civilización del sálvese quien pueda que obstruye con marañas nuestro querer ser. En la mar de ellas estamos varados sin zarpar a la búsqueda del continente humano de la vida buena y dejarles, deshaciéndose, en sus aguas saladas la buena vida (no sólo de pan vive el hombre). Antes ordenemos nuestro caos y decidámonos partir. Dejaremos el andar a la deriva: sin presente, sin casa ni destino (paradigma del hoy para el mañana) porque la Estrella Polar que nos guiará está dentro de nosotros si logramos meter al orden nuestros caos personales, saltando el cerco inseguro y desesperante en que hasta las chanclas se halla México.
Permíteme, MILENIO, ser más explícito en mi decir al lector que nos lee: “Me gustan los gatos porque entierran su mierda”. Lo que no acepto ni menos apruebo (aun siendo yo como la caca de perico que ni huele ni “jiede”) estoy por propia decisión a decir: Bestias de incalificable barbarie, en Tamaulipas, ejecutaron a 72 indocumentados latinoamericanos, y que gracias al 73, ecuatoriano herido y salvado de tal perro ultimátum, la nación conmovióse de tal masacre (yo hasta los tuétanos). Esta ejecución criminal colectiva no debe quedar impune y archivada porque fueron masacrados con manifestada infamia, peor que cuando los judíos eran llevados a los hornos de Hitler. Razón suficiente y poderosa para dar con ellos porque rebasaron todos los niveles de indignidad deshumanizada. Yo elevo mi voz para que se aclare esto tan repugnante, acaecido en mi México, por sus relaciones con países de nuestra misma esencia latina histórica. (Sr. Calderón si no hay solución lo del Bicentenario será pura farsa montada).
No nada más debemos conocer los resultados violentos sino aprender a solucionarlos. Con esto el caos nacional (será para otro rollo) tendría luz y ventilación para el orden. Pero antes, sugiérote lector, inyectémosle eso al nuestro.
“México es muchos Méxicos” (Escalante Gonzalbo). “El mexicano no es una categoría universal y abstracta. Hay por lo menos tantos mexicanos como clases sociales con sus correspondientes accesos a la cultura, a la política, a la distribución del ingreso y del sexo” (Carlos Monsiváis).
Un primer esfuerzo sincero para comprender la compleja “condición” del mexicano debe consistir, a mi juicio, en una renuncia deliberada a la peregrina búsqueda de una “condición” única e insoslayable del mexicano. La auto-desvalorización (complejo de inferioridad), la pereza intrínseca a los sujetos de origen “mexicano”, el “espíritu de rebeldía ciega” (Samuel Ramos), la impotencia para regirse por la cultura -imperio- de la ley, la “natural” propensión del indio a la barbarie (“Si los indios no fueran al mismo tiempo los pobres nadie usaría esa palabra a modo de insulto” –José Emilio Pacheco), son mitos compartidos, creencias afincadas que han perdurado centurias y que han servido para justificar y consentir la histórica opresión del pueblo mexicano, así como para atenuar/sublimar el rencor social secularmente acumulado. La creciente participación política y cultural de microcosmos subalternos naturalmente disidentes (mujeres, indígenas, homosexuales, transgéneros, jóvenes) ha contribuido enormemente al auto-conocimiento genuino y al desvanecimiento de las afirmaciones litúrgicas relativas al mexicano y su presunta “esencia”.
Esta nueva modalidad de auto-definición, inmune al lastre prejuicioso, abre la llaga en la parte más vulnerable de nuestra organización social-estatal: a saber, la ideología nacionalista. La nación, entendida como agrupación de individuos “iguales”, como entidad homogénea y monocultural, es un anacronismo. En la actualidad, las demandas de los diversos grupos minoritarios (paradójicamente mayoritarios) son virtualmente irreconciliables con los derechos y prerrogativas individuales que el Estado-nación reivindica (al menos teóricamente).
Habrá que señalar, no obstante, que este desajuste es un axioma de vigencia ancestral. Alguna vez Octavio Paz puso el dedo sobre la llaga: “En cierto sentido la historia de México, como la de cada mexicano, consiste en una lucha entre las formas y fórmulas en que se pretende encerrar a nuestro ser y las explosiones con que nuestra espontaneidad se venga.”
La pregunta que habría que formular y responder, máxime en la presente coyuntura conmemorativa, es la siguiente: ¿Cómo conciliar la afirmación de la diferencia en el marco de una nación? En Chiapas parece haber un primer intento de respuesta: "El mundo que queremos es uno donde quepan muchos mundos. La patria que construimos es una donde quepan todos los pueblos y sus lenguas, que todos los pasos la caminen, que todos la rían, que la amanezcan todos” (Marcos).
La crisis que inunda al país nos compromete a reflexionar y a aplazar los festejos para tiempos mejores. La reacción de la sociedad mexicana ante la radicalidad de la violencia debe ser igualmente radical. La disyuntiva nacional presente: o solidaridad o barbarie.
Parece oportuno evocar al poeta Nezahualcóyotl, y acaso recuperar su legado lírico y humano: “Amo el canto del cenzontle,/ pájaro de cuatrocientas voces;/ amo el color del jade y el enervante perfume/ de las flores;/ pero amo más a mi hermano/ el hombre.”
“Bajar mirando para arriba y saber subir mirando para abajo” - Dialéctica de La Escalera
Recuerdo a mamá Mina trambucada en su fogón cociendo a mano tortillas de maíz y yo dándole a la molienda del nixtamal y hacerlo masa para su tortilléo mañanero. Por ello sé que hay leña que alumbra sin humo, y que cada cual quema su leña para su vivir histórico. Aprovecho el espacio que me da la digna voz para seguir escribiendo porque es más importante el que se queda (el pueblo, y tu, lector) que el que se está yendo (yo). Sé que todo pasa y todo queda y que nadie se lleva nada. Por eso es este recordar ofreciéndotelo como honda tendida circular sobre mí al viento y su chirrido estrepitoso llegue a ti como cuando con ella espantaba pájaros en el barbecho y no se comiesen la simiente sembrada.
Con guaraches y morral vacío, y sin máscara, seguiré caminando existiendo porque fui parido para vivir este mundo y tratar con lo que hoy soy un mejor mañana para mi tan amada Patria: México (Machado: “Caminante, no hay camino/ se hace camino al andar”; y mamita Sofía: “Caminando, caminando, después de poner el huevo”).
No debemos olvidar lo que fuimos y tampoco regresar a ello pero sí retomar ese ayer para crear un presente creativo para la nación, tan necesario hoy. Está claro que el pasado no es presente (es vivencial pero no existencial), pero vale recordarlo porque el desarrollo agrícola del país es insuficiente y reducido casi a la nada. Recordando lo que dijese Miguel Angel Asturias, Nobel guatemalteco, que somos pueblos latinoamericanos esplendentes de la cultura del maíz, déjote, lector, esta pregunta y respóndete y entenderás el porqué de este recordar: ¿Qué lugar mundial ocupamos de estos productos tan nuestros: maíz, cacao, henequén y chile? Es vergonzoso que la tortilla que nuestro pueblo lleva a su boca sea de maíz argentino (cosa veredes, Sancho).
Mi primera responsabilidad infantil que afronté fue la que Papita Goyo dióme en el barbecho: ten siempre llenos de agua los guajes y dale de beber a los yunteros abriendo los surcos y a los sembradores que con punzón a mano en ellos depositaban la simiente en un concierto de vida rural, comunal ejidal (Carlos Salinas selló esta vida). Creo haberla cumplido, Papita Goyo, sin dejar de jugar. Aprendí que con el sudor y el agua clara y agria ofrecida por mí la simiente devendría en planta, flor y fruto. Y cuando en la cuenca de mis pequeñas manos tenía la mazorca, chile, tomate, frijol, cacahuete, considerándome responsable de tal prodigio comunal. Dios de Dios, ¿porqué permitimos terminar con esto? Era una vida ejidal productiva, parcelaria y comunal hasta la cosecha frutal de la simiente depositada en el surco con el colectivo trabajo y amor de mi gente.
Finalmente se cumplió con lo pronosticado por muchos: Estados Unidos saldrá de Irak, tarde o temprano. Pues bien, salieron finalmente la mayoría de las fuerzas armadas pero no por eso se puede pensar que la visión militarista ha sido derrotada. Muy por el contrario, los escenarios de la guerra cambian y se mantiene la cruzada contra todo lo que se relacione con el Islam, sobre todo al interior del país, donde los grupos
El caso de la mezquita que pretende instalarse cerca de la zona cero de Nueva York ha desatado un conflicto que pone en evidencia lo extendido de una actitud intolerante y abiertamente discriminatoria y de los usos políticos evidentes de parte de las y los políticos. Bajo el argumento de que el terreno vacío que dejó el 11 de septiembre es tierra sagrada, grupos y ciudadanos se han opuesto a la posibilidad de que exista una mezquita en sus alrededores. Vamos, como una blasfemia.
Y hacia afuera el gobierno los Estados Unidos y su ejército, mantienen la imagen de cruzado que, como en los mejores tiempos defiende la cultura y los valores occidentales. La guerra continúa en Irak, pero ahora con mercenarios, lo que reduce su costo político. Con el pretexto de capacitar al ejército iraquí, permanecerán efectivos suficientes para seguir garantizando la explotación del petróleo por las corporaciones internacionales.
El poder militar estadounidense seguirá manifestándose a lo largo y ancho del mundo hasta que las potencias rivales lo superen. Mientras tanto, persistirá en librar guerras perdidas de antemano, derrotas ambiguas cubiertas de retirada honrosa y cada vez más difíciles de pagar. Para justificar esas guerras que mejor vestido que la preservación de la cultura occidental, esa que defienden Sara Palin y el Tea Party.
Este sentimiento construido en contra del mundo musulmán es igual al que buena parte de los ciudadanos de Arizona tienen de los mexicanos migrantes, al que comparan con una suerte de bárbaro del mundo romano, que por su salvajismo e ignorancia amenazan seriamente a su mundo. Gracias a este sentimiento, el ciudadano medio se siente parte de una cruzada y obtiene una recompensa suprema por el solo hecho de sentirse superior.
Así que cuando miremos la situación en Irak o Pakistán no olvidemos que está animada por el mismo espíritu de la lucha contra la inmigración ilegal en los Estados Unidos. Tal vez así será posible comprender mejor la dimensión de la retirada de Irak y las razones que sostuvieron un conflicto iniciado con una mentira, que se mantuvo como una mentira y acabó como acaban las guerras perdidas de antemano: como una mentira.