domingo, 10 de marzo de 2013

La mala educación o el mito de la calidad

Mijail Bakunin, el menospreciado anarquista, escribe: “Ese poder de tomar partido a favor de uno o varios motores que actúan en él –el hombre– en determinado sentido, y en contra de otros motores igualmente interiores y determinados, se llama voluntad”. Ese poder, que nuestro autor identifica como voluntad, está condicionado por dos pulsiones divergentes: el voluptuoso deseo insatisfecho, o el intrínseco aliento humano de libertad. (No es gratuito que a los primeros se les descalifique, aunque con razón, con el hiriente epíteto de “mal… querientes”). La primera de las pulsiones referidas conduce a la voluntad de poder, a la apología del privilegio, a la prédica reaccionaria, unidimensional e instrumental (Tampoco es gratuito que la derecha se distinga por su acentuado analfabetismo e iletrismo. Recuérdese el horroris causa, Vicente Fox, y el episodio de “José Luis Borgues”; o el proverbial anti-didactismo de Peña Nieto: “He leído varias telenovelas… la Biblia es uno… La Silla del Águila de Krauze… Leí la antítesis… las mentiras sobre el libro de este libro…”; o en otras latitudes, los metarrelatos xenófobos fantásticos de George W. Bush). La segunda pulsión –asediada con empeño por la ignorancia erigida en gobierno– conduce a la resistencia contra la ciega fatalidad, a la ponderación del derecho en detrimento del privilegio, a la reivindicación de la conciencia crítica.

Cabe traer esto último a colación debido a la falta de claridad que envuelve la discusión acerca de la educación en México, máxime en la presente coyuntura de contrarreformas.

En general se cree que la disyuntiva en materia educativa gira en torno a la calidad o estancamiento de la enseñanza. Malintencionadamente se invoca un sentido de urgencia, que curiosamente no figuró cuando la educación era un pilar de control político corporativista. Pero la dinámica volátil de los poderes efectivos introdujo nuevas variables otrora insospechadas. En la anterior edición se apuntó: “El bandidaje dirigido por el Estado es un desatino en tiempos de ‘emprendedurismo’ encolerizado; en el presente, el bandidaje lo dirige la empresa privada, con su marcado desprecio por la enseñanza, y su inagotable apetencia por el lucro”. Luego, esta urgencia no está vinculada con la trillada promesa de la calidad, o acaso sólo retóricamente: las reformas y las políticas de evaluación a maestros, inauguradas al vapor, sin consultar nunca al profesorado o estudiantado, se explican a partir de un proyecto empresarial cuyo no tan misterioso fondo, como lo expresan las Cámaras Nacionales de Comercio, es “impulsar la competitividad del país y enviar señales positivas a los inversionistas nacionales y extranjeros”. En esta declaración se condensan las dos metas prioritarias, tan urgentes para ciertos grupos de interés: instaurar el enfoque mercantilista en la enseñanza, vinculándola orgánicamente con la competencia de los mercados, y conceder a la empresa privada, a los hombres de negocios o “inversionistas”, el timón de la cuestión educativa. Como se advierte, el aludido sentido de urgencia tiene consideraciones políticas: a saber, evitar que la sociedad piense, e inducir el acatamiento complaciente de las mociones oficiales, que sin rubor enarbolan el espíritu de lucro administrativa y pedagógicamente.

Gilles Deleuze insistía: No sólo existen soluciones correctas e incorrectas a los problemas; también existen problemas correctos e incorrectos. Problematizar el tema de la educación en los términos de la discusión oficial, esto es, como una suerte de dilema entre lo público corrupto e ineficiente y lo privado supuestamente dinamizador, útil o eficiente, es una clara maniobra política con fines de persuasión. Acaso tan innoble como el nombre de la organización que impulsa el proyecto, Mexicanos Primero, cuya figurada universalidad pretende disfrazar intereses particulares inconfesables. Si se eluden las desviaciones al tema, se advertirá que la problemática real estriba en una confrontación de perspectivas e intereses en torno a la educación: la visión mercantil de los tecnócratas cuyo único credo es el lucro –la educación como privilegio–, y la visión humanista de la resistencia cuya única preocupación es la educación –la educación como derecho. Por eso en lugar de reformar, mejorar, e involucrar, los tecnócratas maniatan, corrompen y “evalúan”. 

En De Panzazo, Jesús Reyes Heroles resume la noción de la enseñanza que celebra el documental: “No tiene nada de malo vincular la educación con la prosperidad de manera descarnada... Necesitas seguir estudiando porque si no, no vas a tener para pagarte tus gastos”. En suma, la educación hermanada con la ambición, sometida al capricho de los mercados, a los efectos altamente destructivos de la utopía neoliberal. 

En Chile, los estudiantes insurrectos advierten: No existe una escuela con fines de lucro que sea una buena escuela. 

miércoles, 6 de marzo de 2013

Hugo Chávez y el sueño bolivariano

Estamos comenzando a mirar lo que el padre libertador
imaginaba: una gran región donde debe reinar la justicia, 
la igualdad y la libertad.
Marzo 2006, durante la inaguración de la central
hidroeléctrica Caruachi, Edo. Bolívar, Venezuela.


La muerte del presidente electo de Venezuela, Hugo Chávez, obliga a una reflexión sobre la historia de Latinoamérica a partir del legado de Simón Bolívar pero también de la revolución cubana y de las luchas por la autodeterminación de los pueblos. La relación ideológica que parte de los procesos de independencia a sur del río Bravo, pasa por la gesta de Martí y luego la de Fidel Castro para desembocar en pleno siglo XXI en la revolución bolivariana. Los esfuerzos de los países de la región por conformar una alianza que les permita navegar con cierta gracia por las embravecidas aguas de la coyuntura internacional forman parte del sueño bolivariano.

Si bien las distancias entre el siglo XIX y el actual son enormes, en ambas épocas se planteó claramente la idea de que los países latinoamericanos estrecharan relaciones para evitar así el dominio de los imperios, hoy convertidos en voraces corporaciones internacionales. En la mente de Bolívar no estaba solamente la viabilidad económica sino también la cultural, base de la riqueza y particularidad de la región. Hoy, a casi dos siglos de la gesta del libertador, las cosas no han cambiado mucho, más bien han empeorado, por lo que su proyecto cobra una dimensión mayor.

A la muerte de Bolívar, la antorcha del latinoamericanismo fue sostenido por José Martí, ese gigante que en su infinito amor por Nuestra América, como llamaba a nuestros países, logró mantener viva la llama; su trágica muerte dejó la simiente de la revolución cubana. La enorme influencia de este proceso en toda la región articuló la resistencia a las ambiciones yanquis de dominación y, contra todo pronóstico, se mantuvo vigente. Cuba estuvo presente en los últimos cincuenta años y su pueblo ofreció una lección de valor y autonomía que fructificó allende las fronteras de Latinoamérica. Su crítica al imperialismo y su modelo socioeconómico es y debe ser criticado, pero sus logros no pueden medirse sólo por su éxito o fracaso en términos de desarrollo económico. Su gran aportación al sueño bolivariano fue haberlo mantenido vivo, vigente, siendo solidario con todos los movimientos populares que se fundaron en la certeza de que la libertad no puede vivir sin la igualdad; que los destinos de un pueblo no pueden ser diseñados en una oficina de algún país del primer mundo.

La prueba de lo anterior fue precisamente la revolución bolivariana en Venezuela, que inspirada en tales ideales, ofreció al mundo la prueba de que el modelo cubano seguía dando frutos. Pero además, el aporte venezolano a este proceso fue enorme pues logró llegar al poder por la urnas y no por la guerrilla foquista; manteniendo relaciones comerciales con EEUU y con el mundo, evitando así el infame bloqueo que no pudo poner de rodilla al pueblo cubano. Y si bien en un principio intentó un golpe de estado, el fracaso demostró y exigió otra forma de llegar al poder, más acorde con los tiempos.

El socialismo venezolano fue entonces un avance en la resistencia al imperialismo pues anuló la posibilidad de una invasión yanqui con el pretexto de salvaguardar la democracia. El pueblo venezolano dio una gran lección de madurez política al mundo, manteniendo las formas y al mismo tiempo, abriendo la puerta a un proceso social que aun no termina. En medio de todo eso, la figura de Hugo Chávez se levanta y se impone. Sin negar que los procesos históricos son producto de todos, el liderazgo, la voluntad y la confianza de Chávez en el sueño de Bolívar lo pone  la altura de sus antecesores en la búsqueda de un mundo más justo.

Proveniente del pueblo llano, Chávez nunca renegó de su origen; lo utilizó para enfrentar una y otra vez los ataques y descalificaciones de la burguesía local y sus patrones. Y si bien podemos compartir o no su estilo y sus desplantes, su alegría y su empuje, los resultados están a la vista de todos: Venezuela es hoy un país más justo y su pueblo goza de un nivel de vida que muchos pensaron imposible. Pero además ha mantenido viva la llama del viejo proyecto del libertador de América. Les ha dado a los pueblos de Latinoamérica la esperanza en el futuro y al sueño bolivariano lo ha actualizado y vuelto realidad en nuestros días. Por eso exclamo sin rubor: ¡Hasta siempre comandante Hugo Chávez!

martes, 5 de marzo de 2013

El levantón de la maestra y el futuro del magisterio


Las reacciones de la opinión pública con motivo de la detención de Elba Esther Gordillo pueden fácilmente clasificarse en dos grupos: las optimistas y las escépticas. Para los representantes de las primeras, finalmente ha llegado la justicia al magisterio y la educación en México va a despegar, olvidando que la hoy acusada de lavado de dinero llegó al poder sindical en una maniobra similar, más de veinte años atrás, sólo que ahora ella es la víctima. Para los escépticos, las cosas no van a cambiar nada y la corrupción e impunidad seguirán siendo la moneda corriente en la vida sindical, pasando por alto el significado político de la acción punitiva y su impacto en los trabajadores de la educación.

La maniobra política-gangsteril de dar un golpe de mano para mejorar la imagen del gobernante en turno, en realidad no es otra cosa que una muestra de debilidad. El general Cárdenas la utilizó para sacarse a Calles de encima y empezar a gobernar sin interferencias; fue el inicio del presidencialismo mexicano, ni más ni menos. En su momento, Carlos Salinas echó mano del recurso para cerrar filas en un partido que no confiaba mucho en él y, sobre todo, para debilitar la movilización popular provocada por el fraude electoral.

En el fondo estaba la debilidad de un presidente que, por medio de maniobras espectaculares con alto impacto mediático, quería imponerse a la clase política que encabeza y mejorar su imagen entre la población. La pregunta queda en el aire: ¿Qué tan efectiva será la detención de la Gordillo para tales fines políticos? Porque de una cosa podemos estar seguros: ni va a mejorar la educación, ni la corrupción va a desaparecer del sindicato como afirman los optimistas. Pero tampoco puede pensarse que el reacomodo entre la burocracia sindical y partidista no va a tener consecuencias, sobre todo para los maestros.

El levantón de la maestra –digo levantón porque la detención está lejos de guiarse por el sentido de la justicia; si ése fuera el principio inspirador las cárceles no se darían abasto para alojar a miles y miles de funcionarios y líderes sindicales que utilizan el dinero público o el de sus agremiados para beneficio personal- entonces, no es más que una acción motivada por la reconfiguración de la clase política nacional para fortalecer al presidente y su grupo cercano Pero, al mismo tiempo, es una muestra del espíritu autoritario y revanchista que forma parte del estilo personal de gobernar de Peña. Su destinatario natural son los propios priístas y  la población en general. Coopelas o cuello, parece decirles Peña a sus colegas… y a sus gobernados.

Al mismo tiempo, el levantón le permite al copete ensillado quedar bien con la derecha aglutinada alrededor de Claudio X. González, promotor de la calidad de la enseñanza con fines privados, of course; con las transnacionales de la educación, que se frotan las manos con la posibilidad de promover sus intereses en el ramo; y con todos los ciudadanos que creen que la educación en México, una vez desaparecida su principal líder sindical, llegará a la tierra prometida: la calidad en la enseñanza básica. No se trata entonces de un reacomodo de ideas o principios sino de lealtades, que apuntalen un gobierno que no las tiene todas consigo y que enfrenta una grave crisis estructural. Si no se puede mejorar la calidad de vida de las mayorías, o mejor dicho, no se pretende hacerlo, será necesario contar con alianzas dentro y fuera del país, que le cubran la espalda al gobernante frente a lo que viene: mayor pobreza para el 99% aderezada con la necesaria impunidad de los dueños del dinero y sus empleados para que todo siga igual.

Los tiempos que vivimos no son los del cardenismo o los del salinismo, por lo que resulta difícil pensar en que la vieja receta surtirá el efecto deseado. La sociedad mexicana ha visto demasiadas simulaciones como para tragarse la píldora sin chistar. Pero ¿Qué van a hacer los maestros? Son ellos los que pueden cambiar el significado de esta coyuntura. Las consecuencias del levantón para los maestros no son nada halagüeñas, tomando en cuenta el espíritu de la reciente reforma constitucional en materia educativa. ¿Surgirá una corriente que procure incrementar la autonomía y la democracia sindical? ¿Lograrán impedir el nombramiento de otro líder corrupto y servil al poder?