jueves, 19 de mayo de 2016

Patología electoral: las encuestas.


Las campañas electorales utilizan desde hace ya varias décadas las técnicas de mercadeo, particularmente las encuestas, como una manera de medir el impacto de sus mensajes en los votantes pero también para identificar las problemáticas que más preocupan a la ciudadanía. Ambas proporcionan información valiosa al candidato, lo que le permitirá afinar sus mensajes para armonizarlos con las temáticas mas relevantes en la esfera pública. Sin embargo, sin dejar de mantener su misión original, hoy por hoy las encuestas se han convertido en simple publicidad, por medio de la cual el candidato procura mejorar su imagen para hacerse pasar como el favorecido por las preferencias electorales.

Resulta difícil pensar que las encuestas no son consultadas por los equipos de campaña para conocer la eficacia de sus esfuerzos para ganar elecciones, pero los resultados reales no necesariamente se publican tal cual sin que se maquillan para utilizarlos a favor del candidato. Nadie pagaría millones de pesos a una consultora de publicidad para que le regresen una encuesta en donde aparece como perdedor aunque resulta absurdo pagar para que le oculten la verdad. La consultora deberá entonces echar mano de sus mejores trucos para obtener el resultado deseado: manipular las preguntas, seleccionar la muestra que mejor convenga al candidato, ocultar el margen de error y un largo etcétera que sólo los magos de la probabilidad conocen.

Como olvidar la campaña para la presidencia de la república en el año 2000, cuando todas las casas encuestadores, excepto una, le daba el triunfo por amplios márgenes a Francisco Labastida quien a la postre perdió, demostrando los límites de la propaganda basada en encuestas falsas. Y a pesar de ello, se intensificó el uso de encuestas para engañar al votantes, reproduciéndoles en periódicos, revistas y noticieros televisivos. Es tanta su influencia que la ley electoral prohíbe la publicación de encuestas días antes de la elección pues está comprobado su poder para torcer las preferencias de votantes que, al igual que en las casas de juego, prefiere apostar por el supuesto ganador.

Ahora bien, el resultado manipulado de una encuesta sólo puede ser efectivo si es amplificado por los medios de comunicación; repetido una y otra vez para que sea digerido por la audiencia y a la postre se convierta en factor clave en sus preferencias. En este sentido, la encuestas devienen publicidad electoral que junto con los spots y los actos de campaña conforman la triada básica de las campañas electorales. El impacto de semejante estrategia en el costo de las campañas es enorme pues los candidatos pagan con largueza a las encuestadoras, no se diga a las televisoras y a los organizadores de los mítines, que muchas veces contratan a empresas para coordinar el acarreo de 'entusiastas' seguidores que aparecen luego vitoreando a otro candidato, previo pago claro.

En el caso de las elecciones en Veracruz, la manipulación de las encuestas se ha convertido en uno de los elementos más importantes. Al inicio de la campaña el margen entre los Yunes era grande pero poco a poco se fueron publicando resultados que mostraban un crecimiento del candidato priísta hasta que con bombo y platillo se anunció el esperado empate técnico. Seguramente la diferencia ha cambiado pero resulta prácticamente imposible saber en qué medida y sobre todo en que regiones y grupos de electores pues la manipulación es evidente y desmentida por los otros candidatos. Todos gritan a diestra y siniestra sus números como si fueran los verdaderos pero sin ofrecer mayor prueba que su dudosa honestidad.

Por lo anterior alguien podría sugerir la posibilidad de que se eligiera una institución pública o de reconocido prestigio para que de manera autónoma -sin recibir pago de partidos sino financiado con recursos públicos- midiera las preferencias de los votantes y los publicara regularmente a lo largo de la campaña para que candidatos y electores contaran con una referencia confiable. Lamentablemente la decadencia del sistema político y la corrupción endémica arrastrarían al lodo semejante intento, tal como ha sucedido con órganos y tribunales electorales, por lo que por el momento no parece una opción viable. Tal vez el INE podría revistar la metodología y los resultados de las encuestas antes de ser publicados sus resultados como medio hace con los spots, pero volvemos a lo mismo.

Así las cosas, las encuestas son otro síntoma evidente de la patología electoral, pues en lugar de ser un instrumento que sirva para tomar decisiones de los candidatos o guía para el elector es mas bien utilizado para engañarlo y manipularlo. Al grito de ¡Vamos arriba en las encuestas! los candidatos quieren lograr resultados que probablemente podrían lograr por medio del discurso coherente y honesto. Pero ¿para que correr riesgos? Mejor mantener viva la esencia de la democracia liberal: la simulación y la mentira.

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