sábado, 16 de noviembre de 2013

Defender o no al federalismo

Camilo González

Si pensáramos que la noción republicana y federal [no se diga democrática] de nuestro sistema de gobierno fuera insuficiente en nuestros días -pienso que lo fue desde sus primeros días allá en las 13 colonias, no por nada la destrucción de la Casa Blanca en 1815 y reiteradamente de sus inquilinos- tendríamos que imaginar hacia dónde debiéramos cimentar entonces nuestro Estado. 

... 

Las relaciones existentes entre la producción económica son obsoletas. No sólo desde el punto de vista del trabajador, donde las han sido en toda la historia siempre así, sino de los industriales modernos y los genios financieros, que se encuentran en crisis. Por esta razón, también los Estados han entrado en una crisis profunda en la que no resuelven ni las necesidades del capital, ni las sociales. 

Así, el sistema capitalista mundial es el que se encuentra en crisis. Por lo mismo, desde el punto de vista nacional, o regional incluso, la inestabilidad política, social, económica se hace más grande. El Estado no alcanza -como la ciencia política tampoco- a resolver los problemas a los que se enfrenta. El capitalismo tampoco alcanza a resolver todos los problemas que ha creado. 

El caso de México sin lugar a dudas nos remite a una situación interesante: la diversificación económica hacia el planeta planteada desde la política exterior, frente a la posición que defiende la incorporación de México a la unión norteamericana, planteada también desde la política exterior e interior. 

Ya los primeros diplomáticos de la insurgencia entendieron y escucharon con claridad las pretensiones expansionistas de la nueva nación del norte, sobre todo después de 1815. Pasarían treinta años (la separación de Guatemala y luego la de Texas, son los primeros conflictos territoriales del país independiente) y comenzaría la guerra contra los Estados Unidos que culminaría con dos años de ocupación y la anexión de casi 2.5 millones de kilómetros cuadrados sobre el Pacífico y hacia la región central de la ahora nación norteamericana, entre otros territorios. 

El Estado nacional por tanto no fue simplemente una transformación del sistema local existente porque no había tal. El sistema existente lo podemos entender como la burocracia virreinal, y luego la que medianamente conformaron los gobiernos liberales y centralistas de lo que ocurrentemente podríamos llamar la larga primera mitad del siglo XIX mexicano. 

El Estado nacional no existía, pues no había una sola sociedad: los indígenas vivían en una sociedad aparte, los extranjeros y criollos con la hacienda como medio de producción subsistieron aun entrado el largo siglo XX, los mestizos aún no conformaban una identidad nacional. 

Nuestras condiciones políticas se explican a raíz de las condiciones que impone a nivel mundial el capitalismo y sus aparatos reales e ideológicos de dominación, a saber, ejércitos y gobiernos, partidos y medios, ciencia y universidades. 

Ahora bien, bajo estas condiciones, a lo largo de muchos años se ha construido una identidad nacional. Ramos y Vasconcelos, Paz y Basave, pero también Monsiváis, Pacheco y Pitol o la familia Revueltas que son muestra de lo mexicano, como a su manera algo tienen los partidos políticos o los grandes medios de comunicación. 

Me parece, entonces, que la primer pregunta que debemos plantear es la de si lo que vamos a proponer es precisamente un Estado nacional, y además federalista. 

Lo mexicano puede ser sustituido por otra cosa, plantean los anexionistas como Jor G. y Héctor A. C. 

Sin embargo, lo que difícilmente podrá ser sustituida es la presión internacional. 

El peso con el que carga ahora el gobierno federal de reformar para actualizar la incorporación de México al régimen internacional, será subsanado bajo cualquier medio sino es bajo el régimen democrático. Muchas experiencias previas en latinoamérica lo confirman. 

Lo federalista es, pues, de postín. 

(Así entonces es previsible que la reforma electoral planteada no se discuta en el fondo sobre si es federalista o no. La práctica impera y con ella, ganan los conservadores centralistas, en quienes recae la decisión por el momento. Así es como también la propuesta ideológica republicana, federal y presidencialista se vuelve obsoleta, pues, como en los buenos años del general Santa Ana, ambos bandos están integrados por las mismas personas.)
 
http://www.oem.com.mx/diariodexalapa/notas/s2268.htm

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