viernes, 11 de octubre de 2013

El mantra de la generación de empleos hipoteca nuestro futuro



El hinduismo, es vieja religión que para muchos es la madre de todas las religiones, tiene entre sus particularidades el uso de una frase o una palabra que repetida hasta el infinito por un creyente, desvanece poco a poco las preocupaciones de la vida cotidiana para lograr paz interior y fortaleza mental. Guardadas las distancias, en nuestro país existen una serie de ideas, materializadas en frases cortas, contundentes y sagradas, que repetidas al infinito por políticos y empresarios pretenden imponerse al conjunto de la sociedad para tranquilizarla  y poder así llevar adelante la desposesión y depredación de bienes comunes.

Uno de los más destacados es sin duda el que asume que lo primordial para el desarrollo económico es la generación de empleos, ya que sólo así se pueden mantener altas tasas de crecimiento basadas en el aumento del consumo. Pero además, empresarios y gobiernos justifican su labor humanitaria al crear fuentes de empleo, logrando engrosar su capital político declarando a diestra y siniestra que su esfuerzo por generar empleos responde directamente a la demanda central de la sociedad.

No obstante y tomando en cuenta que el desempleo sigue creciendo sin control, la mayor parte de los empleos que hoy se generan cuentan con salario irrisorios, son en su mayoría temporales y no generan antigüedad, servicio médico y demás prestaciones que hacen del trabajo una actividad que dignifica al trabajador. De hecho, el modelo de desarrollo que hoy se impone con la fuerza bruta se basa precisamente en el debilitamiento de los ingresos de los trabajadores y en la imposibilidad de contar con una representación sindical que proteja sus intereses. El movimiento magisterial es una prueba fehaciente de lo anterior pues a pesar de ser uno de los gremios más numerosos del país y de larga tradición en la historia de México, hoy se encuentra en pie de lucha para mantener derechos adquiridos a lo largo de décadas de movilizaciones y negociaciones. 

Pero además, la generación de empleos se concentra hoy en la minería a cielo abierto o en la producción de energía eléctrica, que como han denunciado una y otra vez las organizaciones defensoras del medio ambiente, arrasan con regiones enteras, contaminándolas o acabando con sus recursos naturales como el agua, la fauna y la flora. A pesar de ello, los gobiernos defienden a capa y espada dichos proyectos productivos porque generan empleo y fortalecen el desarrollo económico sin importarles en lo más mínimo en las consecuencias.

Es así como vemos en la prensa, una y otra vez, fotografías de nuestros gobernantes que con la sonrisa de oreja a oreja agradecen a las empresas (casi les besan los pies) que realizarán el saqueo y la depredación de los recursos naturales al mismo tiempo que obtendrán exenciones fiscales y todo tipo de privilegios porque claro, gracias a su desinteresado esfuerzo crean empleos. No importa que esos empleos sean precarios y sobre todo saqueen el medio ambiente en el que viven los afortunados gracias al pírrico aumento de la oferta laboral.

Resulta absurdo a todas luces que mientras los gobiernos se congratulan de crear empleos para la gente más necesitada, el medio ambiente en el que viven se degrade e inutilice para cualquier proceso productivo en el futuro. Fieles a su vocación depredadora, las empresas mineras, por ejemplo, pondrán a trabajar a los habitantes de determinada región para que acaben con su futuro, contaminando sus mantos freáticos y sus tierras de cultivo. Satisfechos por haber cumplido con la sagrada misión de generar empleos, los gobiernos se hacen de la vista gorda frente a las consecuencias de la explotación de los recursos naturales. 

Esta dinámica corresponde plenamente con la naturaleza capitalista de la sociedad en que vivimos, la cual hipoteca el futuro para gozar del presente. Al igual que muchos consumidores que comprometen el futuro de sus hijos para gozar de las ‘bondades’ del consumismo, nuestros gobernantes viven permanentemente en el corto plazo, hipotecando el futuro de millones, ya sea con el endeudamiento público irracional o promoviendo el saqueo y la depredación del medio ambiente en el que vivimos todos para darle empleo a la gente. Afortunadamente mucha gente está empezando a darse cuenta de los efectos perversos del mantra de la generación de empleos, organizándose para oponerse al ‘progreso’ y pensar en el futuro actuando en el presente. No hay de otra.

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