sábado, 5 de marzo de 2016

Crónica de la marcha del 26 de febrero en Xalapa


Giovanni Duayhe Zilli

No todos los días se vive un día democrático en México. Al contrario, esa cultura nos es tan ajena, vamos día a día reconstruyendo nuestra realidad a través del prisma del autoritarismo, que cuando vemos una manifestación genuina de democracia, nos resulta extraña, como de otras latitudes.

Xalapa, Veracruz y México tuvieron hoy un día de esos, en el que se puede constatar de primera mano el poder del pueblo, en el que una multitud organizada hace pensar, “somos más”.

Ayer jueves, después de la primera manifestación, la del FESAPAUV (el sindicato de académicos y administrativos de la Universidad Veracruzana) la tarde en las calles de Xalapa era peculiarmente tranquila.

En unos minutos, la opinión pública se enteraría de que el Gobernador de Veracruz, Javier Duarte, habría cedido a las demandas del sindicato y de la Universidad, en cuanto a presupuesto y autonomía.

Tal vez un intento de bajarle la intensidad a la segunda marcha convocada para el viernes, que no se circunscribía únicamente al sindicato, sino dirigida a la comunidad universitaria en general y sociedad civil. Una que, entre otros matices,encapsularía el malestar de la sociedad veracruzana.

Con esta incertidumbre comenzó el día viernes, ¿se debilitaría la marcha de hoy?

Tendría lugar, eso sí, a las 12 del día, saliendo diversos contingentes de las facultades y dependencias de la Universidad: las más cercanas al centro, desde Rectoría. Las más alejadas, proviniendo del sudeste, las de Negocios, Pedagogía y Psicología; y las del norte de la ciudad, Medicina, Odontología, Economía y Humanidades, desde la Facultad de Economía.

El punto de reunión: la Plaza Lerdo-Regina, en el centro de la ciudad, frente a Palacio de Gobierno.

Rumbo a las 11:30, en Rectoría, todavía no se podía solventar la duda. Poca gente, dispersa, sin el ánimo propio del que se va a manifestar. No obstante, emergieron paulatinamente: maestros, egresados, estudiantes y unos que otros padres acompañados de sus hijos.

A medida que la convocatoria se iba nutriendo, el ruido y la expectativa aumentaban. – ¡Detrás de la rafia! Y formando una columna angosta, como de cuatro metros, pero muy larga, comenzó el descenso de la calle Díaz Mirón, dejando libre un carril para la circulación de autos y camiones.

En seguida, una sirena de ambulancia. Arrimándose la columna al cerro sobre el que está cimentado el fraccionamiento Lomas del Estadio, el blanco vehículo siguió su camino sin alterar su ritmo, aumentando en ese momento la bulla de todos, como echándole porras también al accidentado, en un día en que todo era posible.

“Xalapa, escucha, también ésta es tu lucha”

Las escuelas primarias se sucedían durante el recorrido de las calles Díaz Mirón, Diego Leño, Santos Degollado, Murillo Vidal, Zamora, y la escena era la misma: cartulinas adosadas, en cuyas consignas la demanda siempre era la misma: más recursos a la educación, apoyo total a la Universidad. Y maestras, directoras y administrativas alentando a los asistentes, auténticamente.

Toda actividad del centro se paralizó, pero no provocando caos, sino en una especie de expectación y contemplación, de una marcha que llegaba en un punto crítico en la situación del estado de Veracruz, que valía la pena ver, pues el sentimiento era el mismo en todos los sectores, en todas edades.

Los niños que, asomados a las ventanas y en las puertas, probablemente nunca habían visto una acción civil como ésta, sujetaban asombrados sus celulares como para captar ese momento en que la cotidianidad se puso en pausa, en el que un grupo grande de gente, muy organizada y sin ningún ápice de violencia, interrumpía su rutina.

Los cocineros y meseros de los restaurantes salían a aplaudir, uniéndose a las consignas, riéndose de las ocurrencias de la manifestación, de la piñata de PeppaPigque iba y venía lo largo de la columna, del “¡el que no salte’s Duarte, el que no salte’s Duarte!”.

Y en las azoteas de los edificios, la gente contemplaba. Los empleados de Movimiento Ciudadano y Acción Nacional, cuyas sedes de partido se suceden en una parte de ese trayecto, muy animosos, aunque no podían salir de sus oficinas, se desgarraban las vestiduras por montarseenla manifestación.


La Plaza Lerdo estaba servida, ninguna presencia estatal ni policial. La puerta de la Catedral, cerrada. Un dron volaba sobre la escena. Los contingentes iban llegando y, como en las Olimpiadas, el audio que animaba la marcha los anunciaba: -Facultad de Derecho, Instituto de Investigaciones Histórico-Sociales, Ciencias Agrícolas, etc. Todos con sus lonas.

Si bien ya había mucha gente en la plaza,a lo lejos sobre Enríquez, finalmente, irrumpió el contingente que incluía Ciencias de la Salud, Economía y Humanidades. Faltaban ellos para que nos embargaraesa sensación de multitud como la que se vive en un estadio.

El clima, que en el comienzo era solamente nublado, fue bajando la temperatura y humedeciéndose. Hacia al final empezó a llover.

La algarabía continuó, sin embargo, echando porras, aplaudiendo, siempre soltando consignas. E incluso el grito de despeje de portero, que tan polémico le resulta a la FIFA, fue entonado un par de veces, ehhhhhhhhhhhhhh…

La agenda de los organizadores incluyó diferentes actividades: la obra de teatro “Estridentópolis”, el “son jarocho de la UV”, palabras de algunos líderes de juntas estudiantiles, de otras Universidades que se sumaron al apoyo de la Veracruzana, el recuento de reivindicaciones y reparaciones pendientes: el dinero, el mañana pago, la seguridad, los 43, los periodistas, Nadia, Rubén, Tierra Blanca… temas estatales y nacionales revueltos.

Hacia las tres de la tarde, se fue vaciando la plaza. La agenda casi había terminado, el frío y la lluvia eran ya considerables. No se mencionó nada sobre una siguiente marcha, o sobre acciones a tomar en caso de tal o cual escenario. O no lo escuché.

Quedó claro que, aunque algo tarde, una presencia civil se mostró como lo que puede ser, un contrapeso al abuso de poder. Que la situación actual ocupa un lugar prioritario en la mente del veracruzano. Que en la sobremesa se conversa sobre esto y en las escuelas se discute, y que el día de hoy fue uno de esos días de la historia del tiempo presente.

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