sábado, 23 de enero de 2016

Progresismo, populismo y neoliberalismo: escenarios para México. 1/3



Los pasados treinta años y las transformaciones que se ha desarrollado en dicho periodo en América Latina comprenden claramente las consecuencias del fin del ciclo histórico  dominado por el Estado benefactor en las sociedades de la región. A partir de los años treinta del siglo pasado, las naciones latinoamericanas iniciaron un proceso de modernización que transformó a los viejos estados liberales, obligándolos a incorporar sectores sociales tradicionalmente ajenos a las discusiones políticas para impulsar el desarrollo capitalista sobre las bases de la industrialización y la modernización de la producción de materias primas.

Las ideas sufrieron así una serie de cambios que abrieron el paso a ideologías, señaladamente el nacionalismo y el populismo, indispensables para definir el curso de la acción política y económica necesario para la modernización de los aparatos estatales que coordinaran los esfuerzos por potenciar el desarrollo económico de los países latinoamericanos, incorporándolos así a los nuevos patrones de acumulación estimulados desde los países centrales del sistema-mundo.

No fue sino hasta con el agotamiento del patrón de acumulación fordista que el espectro ideológico se modificó sustancialmente, colocando a la democracia liberal en el centro del nuevo modelo político, para armonizarlo con un nuevo modelo de desarrollo que exigía una menor regulación estatal de la economía, mayor apertura al mercado mundial y el rompimiento de los acuerdos corporativos con los actores económicos como los sindicatos nacionales.  El nacionalismo pasó a un segundo término y surgió un populismo renovado, que servía igual a gobierno de izquierda como de derecha, así como una postura relativamente radical para sustituir el viejo discurso de la izquierda socialista: el progresismo. Todo ello en medio del resurgimiento del liberalismo clásico del siglo XIX, ahora con el nombre de neoliberalismo. La articulación del neopopulismo, el progresismo y el neoliberalismo con los proyectos e intereses de los diferentes actores sociales, políticos y económicos de los países de América Latina representa sin duda un fenómeno que ha sido objeto del análisis político  para explicar el surgimiento de nuevas mayorías para formar gobiernos pero también para comprender la crisis de representación que se expresa en el enorme desprestigio e ineficacia de los partidos políticos para enfrentar los conflictos que afectan a millones de personas en la región.

Para comprender las causas y las consecuencias de la conformación de las luchas electorales en América Latina y su relación con nuevos discursos ideológicos será necesario entonces definir el concepto de ideología, el significado del populismo, el progresismo y el neoliberalismo a la luz del fortalecimiento de un nuevo modelo de desarrollo, conocido genéricamente como modelo neoliberal. Sólo entonces será posible aprehender con más detalles los conflictos políticos que se desarrollan en la región y los escenarios que se prefiguran en esta coyuntura en México.

El concepto de ideología, surgido de las cenizas de la revolución francesa, ha adoptado una gran variedad de significados asociados a conceptos como producción de significados, vida cotidiana, clase social, falsedad, dominación, intereses sociales, sentido, discurso, entre los principales.  Se mueve en un rango que va de lo racional a lo irracional, del engaño a la representación de intereses, del discurso a la acción. En todo caso, la ideología es un concepto histórico que aparece con las luchas modernizadoras de la Ilustración que estrechamente vinculadas con  la aparición de ideas políticas legitimadoras de tales transformaciones. 

Al final un elemento central del concepto tiene que ver con la idea de legitimidad y de transformación. Se justifica su uso en medio de la aparición de una visión de mundo, la modernidad, que coloca en el centro la naturalización de la idea de cambio como parte integral del desarrollo de las sociedades humanas. De acuerdo con la escuela del sistema-mundo, la revolución francesa fue la coyuntura en la cual aparecen el conservadurismo, el liberalismo y el socialismo que se distinguen en relación con el ritmo de los cambios: desde la limitación máxima, pasando por las reformas graduales hasta el cambio inmediato. Su influencia se extiende a lo largo de dos siglos, hasta la caída del Muro de Berlín en 1989, después de los cuales pierden gradualmente su poder legitimador, lo que abre la puerta a transformaciones que para algunos significó el fin de las ideologías mientras que para otros sólo fue el inicio de un proceso de resignificación frente a la cancelación de la modernidad tal como se la concibió desde el siglo de las luces. 

Simplificando, la ideología se refiere a la construcción de un proyecto, de una ruta de acción para llegar a un futuro que no necesariamente pertenece exclusivamente a una clase social determinada pero que se encuentra limitada por las condiciones histórico-sociales en la que se desenvuelve. Es por tanto, al mismo tiempo acción y aspiración, que lejos de ocultar exhibe, en un contexto contingente, la confrontación permanente de intereses diversos que prefigura la aparición de nuevas ideologías, ajenas al ciclo liberal capitalista iniciado con la revolución francesa.

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