sábado, 31 de octubre de 2015

¿Por que son necesarios los movimientos estudiantiles hoy?


En las entregas anteriores se afirmó que las características de los movimientos estudiantiles están directamente relacionadas con las transformaciones de los modelos de explotación capitalista, las cuales condicionan sus demandas y las formas de organización y de acción. La función de las universidades pasa así de ampliar la matrícula para la formación de mano de obra calificada a la completa subordinación de la producción de conocimiento a las necesidades del capital. Pero además, el desmantelamiento del estado de bienestar aceleró la decadencia de las instituciones liberales encaminadas a la formación de ciudadanía y la participación política. 
 
No se puede negar que la participación política significativa en México ha dejado de lado a los partidos políticos -a pesar de supuestas transiciones y alternancias virtuales- para reformular la dinámica participativa a partir de nuevas formas de organización y rechazando la idea de tomar el estado para cambiar el mundo. Es por ello que los movimientos estudiantiles han superado la etapa de las federaciones organizadas desde el gobierno para crear organizaciones de base con proyectos específicos, aunque sin olvidar sumarse a los movimientos antisistémicos en el plano local, nacional e internacional.

En este sentido, la lucha estudiantil sigue siendo el espacio de formación política pero ahora en un contexto que promueve la despolitización por medio del consumismo y en donde los partidos políticos y los sindicatos han olvidado su labor en pro de la formación política . Y es ése el gran atractivo de los movimientos para los estudiantes: son espacios para el conocimiento, defensa y promoción de derechos, elemento central en la conformación de una ciudadanía crítica y participativa. 
 
Es este hecho el hay que mantener a la vista a la hora de tratar de medir el éxito o fracaso de un movimiento estudiantil crítico y en franca oposición a la universidad-empresa y al estado neoliberal. No se trata entonces de seguir pensando que un movimiento triunfa en función de su impacto en el mundo institucional, como se mencionó antes, si no en la construcción de procesos de politización llevados a cabo a partir de la participación de los individuos y colectivos en un movimiento determinado. Probablemente, al final de un movimiento determinado, la frustración sea común entre muchos de los participantes pero otros acumularán experiencia que se traducirá eventualmente en nuevos proyecto y demandas, nuevas formas de acción y de organización. 
 
Si se asume entonces que el atractivo de la participación política para los estudiantes radica en la necesidad de un aprendizaje de la política basado en la crítica de la realidad social -a contrapelo del autoritarismo despolitizador- podrá comprenderse mejor la dinámica de los movimientos estudiantiles y los logros que ofrece.

Salir a la calle y protestar para defender derechos atropellados por la lógica neoliberal parece para muchos una simple manifestación de rebeldía juvenil que no lleva a nada. Se impone así la descalificación y el sentimiento de derrota entre buena parte de los participantes de las luchas estudiantiles, alimentando la anomia tan conveniente al poder. Pero si se asume que la formación y participación política es fundamental para la creación de una sociedad democrática, es necesario abandonar la mirada despreciativa y francamente discriminatoria que se utiliza para analizar a los movimientos estudiantiles. Más aún, en buena medida, la crítica al modelo deshumanizante del capitalismo contemporáneo proviene precisamente de los movimientos estudiantiles. En el caso mexicano se puede trazar una ruta de protesta estudiantil que va desde 1968, pasando por 1986, 1999 y 2012, hasta la matanza de Iguala, que ha puesto en la picota al estado y al modelo neoliberal que promueve hasta la náusea. Si bien no ha sido el único sector de la sociedad que ha protestado, no se puede negar que la luchas estudiantiles han impulsado la crítica y la defensa de derechos. Sin los movimientos señalados la historia de la resistencia en este país no podría entenderse. 
 
La crítica estudiantil ha sido y es tan incómoda al estado que la represión ha sido la constante; matanzas, desapariciones forzadas, encarcelamiento, golpizas y levantones son la manera en que, por más de cinco décadas, el estado ha respondido al desafío de las rebeliones estudiantiles. El desafío consiste en la terquedad por configurar nuevas formas de organización y de acción, opuestas radicalmente al vanguardismo de la izquierda y el autoritarismo verticalista de la derecha. Por el sólo hecho de concebir y poner en práctica dinámicas y procesos alternativos al poder, el movimiento estudiantil pisa fuerte en el presente y abre un camino hacia el futuro. Organizar proyectos sin fines de lucro, rechazar el consumismo despolitizador, colocar a la ética en el centro de la política, representa sin duda un desafío enorme a la visión del éxito capitalista. Y por ése solo hecho, los movimientos estudiantiles son hoy fundamentales en el proceso de construir un mundo donde quepan muchos mundos. Si aspiramos a la construcción de sociedades democráticas necesitamos, hoy mas que nunca, a los estudiantes participando en política, protestando en las calles, construyendo proyectos alternativos en las universidades. Los estudiantes no son sólo el futuro si no sobre todo el presente.

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