sábado, 12 de septiembre de 2015

La máscara del humanismo oculta la barbarie europea.


Las imágenes de miles y miles de refugiados caminando por carreteras y vías férreas, cargando bolsas y níños, de tierras europeas les ha recordado a muchos los horrores de la segunda guerra mundial. El conflicto supuestamente superado con la fundación de la Organización de las Naciones Unidas y posteriormente con el nacimiento de la Unión Europea parece regresar por la puerta trasera de la cuna del humanismo... y del capitalismo.

Las multitudes que huyen de las guerras en el Medio Oriente, principalmente en Siria pero también de las crisis en el África subsahariana, han desatado una discusión entre los que las consideran un peligro para la cristiandad y los que promueven la inclusión de una parte de los refugiados en diferentes países europeos oculta el hecho de que las causa del éxodo forzado está directamente relacionada con la venta de armas por parte de países como Alemania, que curiosamente se ha dado a la tarea de convencer a otros países para aceptar el ingreso de los refugiados.

Como se sabe, la guerra en Siria no es una guerra civil, como insistentemente se ha dicho en la opinión pública internacional, sino una invasión camuflada con mercenarios sirios pagados por las corporaciones internacionales y los países interesados en la explotación de los recursos naturales de la región. Parte de un ciclo de guerras que inició en 2001 con la invasión de Afganistán, por parte de la coalición encabezada por los EE. UU., la guerra contra el gobierno sirio ha provocado la muerte de mas de 200 mil personas y el desplazamiento interno y externo de mas de doce millones de personas que representan la mitad de la población siria. ¿Y todo para qué? Para derrocar al gobierno de Siria, encabezado por Bashar al-Asad, que se ha resistido a someterse a los poderes económicos occidentales.

En este contexto, las lágrimas de cocodrilo derramadas por los líderes europeos pretenden sacar provecho de la crisis humanitaria -provocada por ellos con la venta masiva de armas- y quedar como los buenos de la película. El presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, considera que se deben recibir 'con los brazos abiertos' cuando menos a 160 mil refugiados, que de acuerdo con las cifras arriba mencionadas no pasa de ser una cifra simbólica, por decirlo de alguna manera. Queda claro que no se trata de resolver la crisis humanitaria sino salvarle la cara a los países ricos de Europa y honrar, aunque sea de los dientes para afuera, lo que queda del humanismo en una región que depende de la catástrofe de vastas regiones del mundo para mantener con vida el sueño de un mundo libre y democrático.

La foto que obligó a que los líderes europeos a reconocer el problema describe el horror que ha provocado la guerra en Siria. El niño de tres años Aylan Kurdi -ahogado junto con su madre y su hermano en el fallido intento de cruzar el mar para llegar a las costas griegas- dejaba atrás todo su mundo para simplemente sobrevivir. De hecho, ya lo había intentado antes, cuando solicitó asilo en Canadá, donde reside una hermana, pero fue rechazada por no estar completa e incumplir con el reglamento. En el colmo del oportunismo, el gobierno canadiense ha ofrecido el asilo al padre de Aylan, como una manera de compensar la muerte de su mujer y dos de sus hijos. En todo caso, la hermana de Aylan declaró que no culpa de su muerte al Canadá sino al mundo entero.

La discusión en Europa se circunscribe a la cifra mágica de cuántos refugiados pueden ser aceptados y no en la manera en la que los países ricos podrían detener el flujo de armas al Medio Oriente. Y es que al final, la crisis del humanismo en Europa y el mundo tiene que ver con que el ser humano ha sido desplazado del centro de las preocupaciones de la humanidad por la sed de ganancias, por la lógica irracional del capital. Y por ello seguirán muriendo miles y miles de personas que huyendo de la barbarie chocan con el muro invisible del interés y la ganancia.

Tal vez desde nuestro país, la crisis humanitaria se vea lejana, ajena a nuestra vida cotidiana. Lamentablemente en México, el flujo indiscriminado de armas y municiones alimenta la guerra civil que vivimos. Y todo para que la industria militar florezca y mantenga viva la ilusión de Wall Street y sus lacayos: larga vida al capital. Mientras tanto, miles y miles de mexicanos siguen huyendo del país, no sólo por falta de oportunidades sino también para salvar la vida. Y al igual que Aylan, ¿cuántos niños mexicanos y centroamericanos han muerto en el intento, en medio del desierto? Pero eso si, el gobierno de México analiza la posibilidad de asilar a ciudadanos sirios para sacarle provecho a la máscara del humanismo.

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