martes, 28 de julio de 2015

La decadencia de la iglesia católica y su campaña ' a favor de la vida'


La decadencia de la iglesia católica en el mundo es un hecho evidente. La reciente visita de Bergoglio al continente con más católicos en el mundo -visitó Ecuador, Bolivia y Paraguay- tuvo claramente la intención de enfrentar el crecimiento de cultos y sectas ajenas al control del Vaticano en la región. Su discurso levantó las cejas de los sectores más conservadores e incluso de la televisora estadounidense Fox Center lo calificó como la ‘mayor amenaza mundial’. 

Sus llamados para reivindicar a los pobres, marginados, presos, indígenas así como las luchas por evitar la depredación de la naturaleza por parte de las transnacionales prefiguran una estrategia encaminada a paliar los daños ocasionados por un clero secular cada vez más entregado a los dueños del dinero y expuesto al escrutinio público por la práctica frecuente de abuso de menores y encubrimiento de pederastas por obispos y arzobispos en todo el mundo.

Pero eso no parece influir en el clero veracruzano, el cual empecinado en mantener su apoyo a las posturas políticas más retrógradas no ha estado a la altura de los tiempos que corren, a pesar de los esfuerzos de Ratzinger y ahora de Bergoglio para armonizarla con los cambios culturales de los últimos treinta años. Ciego ante el reto que representa acabar con la pederastia y el abuso de los derechos humanos básicos de las monjas -por señalar sólo dos problemas importantes- el clero veracruzano está muy lejos de encabezar a la población para enfrentar la crisis cultural y social que nos aplasta. 

Uno de los elementos clave de su decadencia –y esto no es privativo del clero veracruzano por supuesto- está sin duda representado por el pésimo nivel intelectual y político de sus cabezas más visibles así como de la estrategia general que coloca en la picota a la diversidad sexual y a los derechos de las mujeres sobre su cuerpo y su vida. 

En lugar de enderezar sus críticas al crecimiento de la pobreza y la desigualdad, al contubernio perverso entre autoridades y narcotráfico, al cinismo gubernamental saqueador de recursos públicos para ganar elecciones, el clero pretende recuperar su prestigio con base en la defensa de una familia tradicional, cada vez más debilitada por las condiciones económicas y culturales que vivimos. De cara al creciente desprestigio de los partidos políticos y la democracia liberal no concibe la posibilidad de cubrir el hueco que aquéllos han dejado, En cambio, la iglesia insiste en una interpretación obtusa del evangelio que condena y estigmatiza, que promueve el odio a la diferencia y a todo lo que sea visto como una amenaza a su particular interpretación del mundo.

Si bien es cierto que de vez en cuando los mandones de la iglesia católica en el estado han puesto el dedo en la llaga con respecto a la coyuntura marcada por el desprecio  por la vida con dignidad y la apología de la violencia rara vez se movilizan públicamente para manifestar su postura al respecto. Pero no pierden ocasión para declarar o salir a la calle a defender un “Sí a la vida”. Pero no se refieren a la vida digna de millones de personas que viven en la miseria y la humillación sino a la posibilidad de elegir, rasgo consustancial al ser humano.

En los países occidentales se tiende a señalar al Islam como el mayor lastre de las sociedades que profesan dicha religión, acusándolo de ser la causa principal de su atraso, criticando la opresión sobre las mujeres y su negativa a instituir sociedades más libres y tolerantes. Y al mismo tiempo, en el mundo occidental, la iglesia católica reproduce un discurso de odio velado o abierto, dependiendo de las circunstancias, hacia las mujeres y su derecho a elegir o a las personas que profesan la diversidad sexual.

Uno de los elementos claves para comprender el mundo en que vivimos es precisamente la existencia de sociedades cada vez más diversas, heterogéneas, en donde el reto no significa regresarlas a la edad media sino abrir canales de comunicación que nos permitan reconocernos a pesar de nuestras diferencias, sean estas culturales, económicas, políticas y sobre todo espirituales. Lejos está de comprender lo anterior Hipólito Reyes Larios, el arzobispo de Xalapa. Empecinado en defender su particular interpretación de la biblia –a contrapelo del discurso de su jefe Bergoglio- la ignorancia y la intolerancia asientan sus reales en su discurso, compuesto de frases absurdas que en lugar de unir ofenden y estigmatizan, ajenas a una mirada compasiva de la realidad en la que vivimos. ¿De qué otro modo se puede comprender que señale a las madres solteras como una plaga? 

Así las cosas, la decadencia de la iglesia católica radica en la incapacidad de sus cuadros dirigentes para analizar la realidad con objetividad y realismo político, más allá de su misión evangélica o precisamente por ella. Y mientras tanto la marcha en Xalapa no fue precisamente multitudinaria. Atrás, muy atrás, quedaron los tiempos en que, por ejemplo, la salida del santísimo era acompañada por la mayoría de la población ¿Será que tampoco ve eso Hipólito?

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