miércoles, 28 de enero de 2015

El mundo del espectáculo y las elecciones en 2015

Los partidos que debutarán en los comicios de este año necesitarán echar mano de viejas artimañas para poder mantener su registro. Una de ellas será el atraer candidatos del mundo del espectáculo para acumular votos, independientemente de que logren ganar la elección. De lo que se trata es de salvar el registro; ya después podrán venderse al mejor postor y mantenerse en el negocio, como el partido de la familia González Torres, que puede incluso llegar a disputarle el tercer lugar en las preferencias electorales a nivel nacional a Morena y al PRD, gracias a su amasiato con el PRI.

Los partidos que lucharán por sobrevivir a las draconianas reglas de permanencia en las elecciones están necesitados de candidatos conocidos por los votantes pues no cuentan con cuadros maduros y bien posicionados entre el electorado. Esa es la razón por la que personajes como Cuauhtémoc Blanco, Guillermo Cienfuegos -mejor conocido como el payaso Lagrimita- los actores Alejandro Camacho, Laura Zapata y Roberto Palazuelos (Quico, del chavo del 8) o la cantante Yuri, por mencionar algunos, están siendo cortejados sin miramientos. No hay que olvidar, sin embargo, que los partidos ‘grandes’ también le entran; baste recordar a Irma Serrano, Carmen Salinas, etc. además de los juniors y de los chapulines que ya tienen una imagen reconocida.

La primera misión de toda campaña electoral es posicionar al candidato entre los votantes pues un aspirante al que nadie conoce difícilmente puede ganar. Pero para posicionar a un candidato hay que invertir tiempo y dinero pues si se tiene enfrente a un candidato que ya está posicionado es prácticamente imposible ganar. La reducción de los tiempos en las campañas magnifica el problema para los candidatos poco conocidos por lo que echar mano de famosos es una solución que no garantiza el triunfo pero reditúa votos y cuesta poco. Ésa es la razón por lo que incluso políticos relativamente conocidos lanzan campañas políticas fuera de los tiempos electorales, utilizando todos los medios a su alcance para promover su imagen entre la ciudadanía y de paso sepultando definitivamente la vieja sentencia de que en política el que se mueve no sale en la foto.

Pero además de ser conocidos, los miembros de la farándula cuentan con una as en la manga, pues insistirán en que ellos no son políticos, que viene de fuera del sistema, lo que les proporciona una pátina de legitimidad ya que los votantes asumen que no han sido corrompidos por las mañas de los políticos tradicionales. Ése fue uno de los argumentos que mejor le funcionó a Vicente Fox en su campaña a la presidencia, a pesar de que venía de ‘gobernar’ a Guanajuato. Es por eso que Cuauhtémoc Blanco se apresuró a declarar cuando hizo pública su intención de contender para la alcaldía de Cuernavaca: “Estoy aquí para dejar en claro que no soy político, quiero hacerlo por ustedes, porque soy una persona como ustedes…” Sobra decir que ya encabeza las preferencias electorales en la ciudad de la eterna primavera, no necesariamente porque sea una persona como usted o como yo sino por su exposición sistemática en las pantallas de televisión por años.

Está claro que asociar la honestidad con la ausencia de carrera política es una falacia, un truco barato que no garantiza nada pero funciona, al menos por un tiempo. El enriquecimiento de Fox y de su familia es una clara muestra de lo anterior. Algunos consideran que es preferible un político experimentado que un neófito, olvidando el hecho de que ambos responderán a sus intereses y los de su grupo, tengan experiencia en labores gubernamentales o no. El problema de la corrupción en el sistema político no es de personas sino de estructura, aunque siempre le es útil a dicho sistema contar con políticos con fama de incorruptibles a pesar de que una golondrina no hace verano.

Al final el votante se enfrenta a un dilema: rechaza el sistema electoral, ya sea activa o pasivamente, o se entusiasma con la presencia de personajes que asocia al entretenimiento  -adjudicándole las virtudes del personaje que alivió artificialmente, sus angustias o temores con lágrimas y risas- y vota con la esperanza de que las cosas mejoren, dándole el espaldarazo a un régimen que agoniza. Por su parte, los partidos elevan las posibilidades de sobrevivir en la competencia electoral, con todos los beneficios que ello reporta a su dirigencia y de paso promoviendo la aberración de que vivimos en una democracia. La política como espectáculo se mantiene y, con la presencia de actores, cantantes y deportistas, adquiere carta de naturalización, confirmando la tendencia de que los procesos electorales se caracterizan por la confrontación de la imagen de los candidatos y no de sus ideas y proyectos. Los resultados serán los mismos y el descrédito e ineficacia de las instituciones del estado liberal seguirán su curso.

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