miércoles, 5 de junio de 2013

Medios de comunicación y procesos electorales. Retos y dilemas.


A las calamidades derivadas de los procesos electorales en México, como la saturación de espacios públicos con el rostro de los futuros saqueadores del erario o las mil veces repetidas cantinelas de los spots en radio y televisión, habrá que agregar la cobertura mediática de las campañas, que una y otra vez amplifican hasta la náusea las vanas promesas de los elegidos por las oligarquías locales y los mundos perfectos que ofrecen lograr. 

Si la tendencia a reproducir los mensajes políticos se debilitara en favor de una cobertura que tomara en cuenta las percepciones de los votantes -más allá de las encuestas y los sondeos de opinión- los medios de comunicación abonarían significativamente al fortalecimiento de la opinión pública como un espacio que pone en el centro la deliberación de los distintos componentes de la sociedad. La responsabilidad de los medios en la promoción de valores democráticos es tanto o más grande que la de los partidos políticos o los gobiernos. 

Efectivamente y como premisa básica se puede afirmar que en la medida en que los medios de comunicación valoren y practiquen la autonomía como valor central de su misión informativa, los valores democráticos serán fortalecidos y apreciados por la ciudadanía. La responsabilidad de los medios para preservar un espacio deliberativo les exige ser conscientes de que la cobertura electoral debe orientarse a los votantes, sus demandas y sus opiniones, en lugar de repetir una y otra vez lo que los candidatos repiten como merolicos en sus actos de campaña.

Para lograr lo anterior, los editores y reporteros tienen que planear la cobertura y al mismo tiempo estar conscientes de los principios éticos que guían su profesión. La planeación de las coberturas parte del conocimiento de las distintas etapas de los procesos electorales así como de las estrategias de comunicación de los partidos. Ignorar las estrategias sólo provocará que los medios reproduzcan, a veces sin pretenderlo y sin cobrar por ello, los mensajes de los candidatos, dejando de lado lo que los electorales perciben y demandan. La cobertura electoral de los medios debe procurar mantener un equilibrio en la producción de información, privilegiando, insisto, el punto de vista del votante.

Los candidatos y los partidos disfrutan de recursos legales, y no tanto, para promover sus mensajes políticos en los distintos escenarios de las campañas. El Instituto Federal Electoral (IFE) reparte tiempo en radio y televisión entre los contendientes mientras que los recursos económicos que les asigna son utilizados en gran medida para contratar espacios en los medios impresos y en el ciberespacio. En cambio los votantes no poseen recursos para hacerse oír, para manifestar sus impresiones de los candidatos y sus necesidades materiales para vivir con dignidad.

Por eso es primordial que los medios de comunicación reproduzcan sistemáticamente las opiniones de los votantes, lo que permitirá establecer una relación entre las demandas ciudadanas y sus percepciones del proceso con la oferta política de los candidatos. Así será posible que los votantes comparen las posiciones de los candidatos, no en función de quien grita más fuerte sino de quien está más consciente de sus necesidades.

Por su parte, los integrantes de los órganos electorales están obligados por ley a promover los valores democráticos. Capacitar a los trabajadores de los medios para que puedan enfrentar el enorme reto que impone la cobertura electoral resulta así de vital importancia, una obligación para los consejeros y magistrados electorales, en lugar de estar concentrados exclusivamente en los dimes y diretes entre los candidatos… y en su futuro político. Si los periodistas no conocen más que de oídas la normatividad electoral; si no están conscientes de los dilemas éticos que enfrentarán a lo largo de las campañas; si ignoran lo que está en juego en una elección, estarán irremisiblemente encaminados a producir información sin relevancia, proclive al error, redundando lo anterior en la confusión del elector que contará con pocos elementos confiables para definir su preferencia.

El papel estratégico de los medios en los procesos electorales no está en discusión. Tirios y troyanos reconocen su labor para guiar las decisiones de los votantes. Así que sin dejar de atender las propuestas de los candidatos habrá que observar y calificar la cobertura de las elecciones que realizan los medios de comunicación. Sólo así podremos tener una lectura integral de las campañas electorales pero sobre todo del desarrollo de nuestra incipiente democracia electoral. Una democracia fuerte está estrechamente relacionada con medios de comunicación autónomos, atentos a los votantes y sus percepciones de los candidatos y de la política. En caso contrario, con medios controlados y orientados exclusivamente a la oferta política, seguiremos siendo rehenes de información tamizada y controlada por los poderes fácticos. Seguiremos viviendo en una democracia virtual.

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