miércoles, 19 de diciembre de 2012

La eventual eliminación del subsidio a la gasolina en México no es más que un impuesto disfrazado


Bien dice Enrique Galván Ochoa en su columna Dinero del lunes 18: “El panismo inventó el mito del subsidio a la gasolina como una forma de ocultar un negociazo. Si tal subsidio existiera sería para las refinerías de Estados Unidos a las que Pemex compra el combustible, no para ayudar a los consumidores mexicanos.” Y es que a lo largo de los últimos años los vaivenes en el precio de petróleo han provocado que en algunas ocasiones la gasolina sea más barata al norte del Rio Bravo. 

Si la gasolina sale más barata en Estados Unidos ¿por qué se sigue ‘subsidiando’? Agréguele a lo anterior que no toda la gasolina que se consume en nuestro país es importada. Alrededor de la mitad de lo que se consume la produce PEMEX y, según los que saben, su costo de producción es uno de los más bajos del mundo. Incluso en estos momentos, en algunos estados de la unión americana está por debajo de lo que pagamos aquí. Entonces todos los argumentos que giran alrededor de que el ‘subsidio’ sólo beneficia a los que tienen auto no tiene otra intención de ocultar la realidad: el cobro de un  impuesto sin el aval del congreso, para subsidiar a las petroleras yanquis y a los administradores del erario público.

En estos días –aunque la idea no es nueva- la burocracia priísta y los intelectuales que la apoyan alimentan el engaño al afirmar que la política de ‘subsidio’ a la gasolina es injusta porque beneficia a los que más tienen. Con una buena dosis de dramatismo promueve la idea de quitarle el apoyo a la gasolina para que, con los ingresos obtenidos se apoye a los más necesitados. Esta especie recuerda las ocurrencias de Vicente Fox quien, cuando fue presidente, trató de justificar su propuesta para cargar el IVA a medicinas y alimentos con la promesa de regresárselo a la gente ‘copeteado’ vía programas sociales. Aquí se nota la continuidad de la política económica en el gobierno federal, independientemente del partido que gobierne, lo que demuestra que dicha política no está diseñada por los partidos políticos sino por los centros financieros internacionales.

Envalentonados con el regreso a Los Pinos, el parque jurásico simplemente no quiere ver que las recetas de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo (OCDE), del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional  -que una y otra vez ‘recomiendan’ a países como México profundizar en la modernización económica- son un salto al vacío, o mejor dicho un atraco a las arcas nacionales. Son los organismos internacionales los que más han insistido en que hay que liberar los mercados y acabar con los subsidios, aunque se hacen los desentendidos cuando se les recuerda, por ejemplo, que la agricultura estadounidense es una de las más subsidiadas en el mundo. En nuestro país el subsidio es una barbaridad, un síntoma de subdesarrollo y corrupción; en los países centrales una atinada e intocable política pública.

Algunos  sectores empresariales en México se han mostrado contrarios al aumento de los energéticos pues suponen, con razón, que el consumo de sus productos descenderá en la medida en que los hogares dispongan de más dinero para el transporte. El costo de los combustibles impacta directamente en todas las áreas de la producción y por ende en el del precio final de todas las mercancías. Y con el aumento irrisorio al salario mínimo la  baja en los ingresos será brutal. El insistir en que subsidiar la gasolina sólo beneficia a los que tiene automóvil es olvidar que los aumentos en cascada que provocaría la medida afectarían sobre todo a los que menos, que se verán obligados a dispones de una rebanada mayor de sus ingresos para transportarse lo que los colocará en mayor desventaja para adquirir los bienes de consumo básico que además subirán sus precios para absorber el aumento de los energéticos.

Quitar o no quitar el ‘subsidio’ a la gasolina en México es un falso dilema que pretende ocultar el sometimiento de nuestros ‘representantes’ para con las grandes corporaciones internacionales y Wall Strett. Hoy por hoy los beneficios del petróleo mexicano son para todos (políticos, transnacionales y especuladores) menos para la mayoría de los mexicanos. Y eso no va a cambiar con la eliminación del ‘subsidio’ sino todo lo contrario. En realidad lo que se pretende es ampliar los ingresos del estado sin cargar con el costo de aumentar impuestos, enfrentando el desgaste generado por las discusiones en el congreso y su discusión en la sociedad. De ese modo se evitaría cobrarles impuestos a los grandes capitales para seguir soportando la captación de recursos en el empobrecimiento de la población. Más de  lo mismo.

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