jueves, 17 de mayo de 2012

La educación no es la solución a los problemas de México


En medio de una ofensiva orquestada desde Los Pinos y alentada por los dueños del dinero en contra de los maestros y de la educación pública, no tengo más remedio que explicar porque no creo que la educación sea la panacea para salir del hoyo en que nos encontramos. Lejos de mi ponerme del lado de la líder vitalicia del SNTE; lo que me interesa es criticar al mito liberal por excelencia: sólo la educación hace a los ciudadanos responsables y conscientes de sus grandes responsabilidades.

A partir de la creación del estado liberal, una vez consumada la aventura napoleónica, los ideólogos de la libertad formularon el argumento de que la única manera de conceder el sufragio universal y arribar a la democracia era por medio de la educación. Sólo así, nos siguen diciendo, vamos a formar una ciudadanía responsable y a la altura de las demandas de una sociedad libre y democrática. Mientras no lleguemos a este estadio civilizado, según los emisarios liberales, el autoritarismo será la única manera de mantener el curso de la historia pues la ignorancia del pueblo sólo conduce a la tiranía.

En nuestras tierras y después de la revolución un emisario de la derecha liberal conservadora, José Vasconcelos, inició una cruzada que me recuerda las telesecundarias que hoy se instalan en poblaciones rurales,  con tecnología de punta, pero que no sirve porque en el aula no hay luz. Del mismo modo, Vasconcelos repartía libros de los clásicos griegos entre personas analfabetas, alimentando el mito de que la educación nos hará libres y dignos de pertenecer a la civilización occidental, aunque fuera por ósmosis. Hoy por hoy, la campaña de desprestigio en contra de los maestros de primaria y secundaria pregona a los cuatro vientos que mientras la educación no sea de calidad el país seguirá siendo pobre. Más aún, que ésa es la causa fundamental de nuestra situación.

Y lo dice el presidente que pertenece a un partido que por cálculo político se alió sin miramientos con la burocracia sindical priísta desde el año 2000, cuando la señora Marta revivió a la Gordillo para apuntalar el sexenio de su marido. Parece que ahora los momios han cambiado y, otra vez el presidente en turno, para mejorar su deteriorada imagen y de paso darle un empujoncito a Chepina en plena campaña electoral, se lanza en una aventura conjunta con televisoras, empresarios y la ultraderecha católica para decirnos que hoy el peligro para México son los maestros y la educación pública.

Lo que sostiene a toda esta maniobra política es el viejo mito liberal de que la educación es la clave para desarrollar un país, cuando en realidad –recordando al sociólogo francés  Pierre Bourdieu- la educación pública y privada no tienen otro objetivo que reproducir las condiciones de explotación y discriminación que caracterizan el sistema en el que vivimos. Comparto con él la idea de que, en general, la educación oficial está para esclavizar al ser humano y no para emanciparlo. En este sentido, todo este proyecto por la ‘calidad’ de la educación no es más que una directiva del Banco Mundial para reforzar a la educación como un proceso estupidizante (auto sic) que aleja al individuo de la capacidad para pensar por sí mismo y romper con los prejuicios que nos caracterizan. Lo que se pretende con ese modelito educativo es profundizar la dominación de los poderosos y evitar que países como el nuestro rompa la dinámica de la explotación y el sometimiento.

Si se asume que el estado liberal ha muerto, no queda más remedio que alejarnos de sus mitos fundacionales. Entre ellos destaca el de la educación, que hoy es principal factor para explicar desde el poder la causa de nuestra situación y ocultar las causas verdaderas del fracaso. Y si bien es cierto que ésa burocracia sindical es parte del problema, habrá que agregarle otras tanto o más importantes: la impunidad rampante, el sometimiento a las políticas yanquis como el TLCAN y el Plan Mérida, la discriminación y el racismo que sostienen el sistema económico actual. De otro modo seguiremos en las mismas.

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