miércoles, 11 de abril de 2012

El TLCAN y la obesidad en México

Después de 18 años de operación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte las consecuencias parecen ser más negativas de lo que se pudo haber pensado en 1994. En ese momento algunos analistas (los menos porque la mayoría de ellos festejaban nuestra entrada al primer mundo) señalaron algunos de los problemas que provocaría semejante acuerdo. Entre los más importantes estaban la pérdida de la soberanía alimentaria, financiera y comercial que en conjunto someterían aún más la economía mexicana a los objetivos de Wall Street. Sin embargo, las consecuencias negativas después de casi dos décadas de vigencia van mucho más allá de consideraciones económicas o políticas y tienen que ver con cuestiones como la salud pública.

Un estudio elaborado por el Instituto de Políticas de Agricultura y Comercio, ubicado en los EEUU, señala que entre 2000 y 2006 el problema de la obesidad y el sobrepeso en México se ha incrementado en un 12 por ciento, debido a la proliferación de productos procesados, con altos contenidos de azúcar y grasas, provenientes de la industria alimenticia estadounidense. El Dr. David Wallinga, uno de los responsables de la investigación asegura que “Mientras el panorama alimentario en México se asemeja al de Estados Unidos, con más refrescos, carnes procesadas y botanas con altos niveles de grasa y dulcificantes, no resulta sorpresivo que la lucha contra la obesidad en México y sus factores de riesgo –diabetes, derrames cerebrales y enfermedades cardiacas– también se haya americanizado(La Jornada, 06/04/12)

Para darnos una idea de las proporciones del problema, el estudio afirma que el incremento en la energía diaria promedio obtenida de grasas en nuestro país aumentó de 23.5 por ciento a 30.3 por ciento; en un 6.3 por ciento en los carbohidratos refinados; y en 37.2 por ciento en el consumo de refrescos. Es tal el dominio de nuestros ‘socio’ comercial que “… controla el 98 por ciento del mercado de importaciones de productos ‘listos para comer’ y otros procesados como el de botanas procesadas”(La Jornada, 06/04/12) Pero además de la invasión de productos chatarra, México ocupa el tercer lugar en inversión directa estadounidense en el sector alimentario, lo que no deja lugar a dudas de lo atractivo que resulta para las industrias de alimentos procesados estadounidenses por la enormes ganancias que genera.

Como consecuencia de lo anterior, el crecimiento de empresas en México como Mc Donald’s o Wal-Mart se ha disparado en los últimos años. Por ejemplo, el número de tiendas de Wal-Mart, entre 1993 y 2001, ha pasado de 114 a 561 tiendas mientras que hoy por hoy Mc Donald´s posee más de 500 puntos de venta en 57 ciudades de nuestro país. No podría faltar aquí el apunte de un economista políticamente correcto, o sea, neoliberal, que dijera que hay que esas inversiones generan empleos y en eso coinciden presidentes municipales como el de Xico, para no ir más lejos. Pero tal argumento pasa por alto el hecho de que esos empleos están pésimamente remunerados, con largas jornadas laborales y sin derecho a la formación de un sindicato para la defensa de los intereses de los trabajadores. Asimismo, negocios con una visión depredadora y monopólica como Wal-Mart, provoca al cierre de innumerables comercios medianos y pequeños que no pueden competir en la guerra de precios que impone la transnacional, lo que provoca desempleo no sólo por el cierre de comercios sino por la contracción de la economía local pues Wal-Mart compra la mayoría de sus productos en China.

Resulta terrible ver cómo las y los mexicanos gastamos en comida chatarra y, al mismo tiempo, el incremento en el gasto social para la atención de la obesidad, la diabetes y enfermedades cardiovasculares. Por ello insisto en la idea de que hay que eliminar -no revisar como dicen algunos- el TLCAN porque nos perjudica mucho más de lo que nos pudiera beneficiar y las consecuencias las estamos pagando todos.

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