miércoles, 15 de febrero de 2012

Chepina y los derechos de las mujeres


Finalmente se resolvió el proceso de selección en el PAN para elegir a la persona encargada de competir para la presidencia de la república. Para algunos fue una sorpresa; para otros la confirmación de la debilidad del inquilino de Los Pinos. Para un servidor representa, ni más ni menos, la expresión más clara de la manera en que los sectores fundamentalistas católicos (Yunque, Legionarios, Opus Dei) se han apoderado de un partido que nació laico, desconfiado de los fanatismos religiosos y que pregonaba -bajo el liderazgo de Gómez Morín- el respeto a la libertad individual por encima de credos e ideologías nacionalistas.

No cabe duda de que el desgaste del PAN en el ejercicio del poder político lo ha convertido en un partido que ha olvidado sus orígenes y que hoy ha perdido el rumbo y la misión que lo trajo a la vida institucional en nuestro país, echándose en brazos de los dueños del dinero. El triunfo de Josefina Vázquez Mota -la del apellido políticamente incorrecto en tiempos de la guerra contra las drogas- no deja lugar a dudas de lo anterior, no sólo por haberle pedido a sus correligionarios que antes de ir a votar en la elección interna fueran a misa sino porque a su paso por la Secretaría de Educación se esforzó para acabar con la educación gratuita y laica, pilar ideológico de la Nación.

En este sentido, la crítica a su perfil político no puede basarse en que sea una mujer, como de manera histérica lo manifestó Nino Baxin, líder del Congreso del Trabajo en el puerto de Veracruz, cuando irónicamente utilizó los argumentos de la derecha confesional para descalificarla. Y si no juzgue usted: “A la mujer le falta un poco más, aprender, meterse en cuestiones sociales. Porque al pedir equidad se olvidó de la familia, de los hijos” El machismo exacerbado no representa más que la ausencia de argumentos sólidos para la crítica de la candidata panista y un botón de muestra del alto grado de subdesarrollo de la nomenclatura priísta en el estado. No, la crítica debe apuntar a sus acciones y sus ideas, a su pertenencia a grupos políticos que han demostrado su odio a las libertades básicas del ser humano.

El triunfo de Chepina, insisto, demuestra la derechización del PAN ya que su triunfo obedece al apoyo de los sectores empresariales más conservadores y al Yunque, que tiene como finalidad, según su propio credo “…defender la religión católica y luchar contras las fuerzas de Satanás, así sea mediante la violencia (para) instaurar el reino de Dios en la tierra.” Si las mujeres mexicanas creen que votando por una mujer van a lograr avances en la defensa de sus derechos se equivocan rotundamente. Su alianza con los fundamentalistas católicos no va a ser puesta en riesgo para promover las luchas de las mujeres en contra de la discriminación, la violencia y la marginalidad. Muy por el contrario, pues en el remoto caso de que llegue a ganar, su gobierno se empeñaría en echar atrás los avances en materia de derechos de la mujer y de cualquier libertad que atente contra el monopolio católico de las conciencias.

Como bien señala Luis Hernández Navarro en su más reciente artículo de opinión, la táctica electoral de Chepina se concentrará en ocultar precisamente su antifeminismo y su conservadurismo para tratar de venderse como una defensora de la mujer y de sus derechos. Contando con que será la única mujer que compita por la presidencia, el discurso pro derechos femeninos parecería inevitable y natural pero falso. Si bien el machismo sigue vivito y coleando, como todos sabemos, muchos hombres no se van a animar a votar por una mujer para presidente. Sin embargo, habrá que seguir de cerca las preferencias electorales del sector más grande del padrón electoral: las mujeres.

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