viernes, 10 de junio de 2011

Ernesto Cordero y la realidad nacional

Gerardo Peláez Ramos
Rebelión


Allá por 1920 el pueblo de México llamaba a las necedades, tonterías y habladurías sin sentido bonilladas, para honrar a Ignacio Bonillas, candidato presidencial de Venustiano Carranza, que no era, naturalmente, ningún gallo frente a Álvaro Obregón, indiscutible gran militar vencedor de Pancho Villa y reconocido líder político que encabezó al ascendente Grupo de Sonora. Pese al éxito de que gozó, el término bonilladas no tuvo mucha duración y pronto pasó a ser cosa del pasado. En los días que corren, círculos crecientes de mexicanos se refieren a los cuentos de Foxilandia (¿o Calderonlandia?) con una palabreja de moda: corderadas, en honor a Ernesto Cordero, actual secretario de Hacienda.

No es para menos. El señor Ernesto Cordero se ha dado a la tarea de maquillar la situación económica nacional con afirmaciones falaces, fantasiosas y poco cuerdas que a nadie engañan. De todas sus ocurrencias, tres son las que destacan y sobre las cuales no sobra hacer algunos comentarios.

De acuerdo con el titular de la Secretaría de Hacienda: “Hay familias mexicanas que con ingresos de seis mil pesos al mes tienen crédito para una vivienda, tienen crédito para un coche, se dan tiempo de mandar a sus hijos a una escuela privada y están pagando las colegiaturas”. Esta afirmación está tan alejada de la realidad económica y social que vive México, que les hizo recordar a los mexicanos la famosa canción que interpretaba Pedro Infante, Oye Bartola, que decía a su esposa que con dos pesos pagara “la renta, el teléfono y la luz”.

Cordero está ni más ni menos que como el marido de Bartola: quiere que los ciudadanos de este país acepten ideas descabelladas acerca del poder adquisitivo de la moneda nacional. Para empezar, los trabajadores mexicanos, mayoritariamente, no ganan seis mil pesos, y ni de lejos esta cantidad tiene el poder de compra que le asigna el secretario de Hacienda del gobierno espurio de Felipe Calderón. Esta tesis “hacendaria” muestra en toda su crudeza el grado de divorcio del panismo y la realidad en que viven decenas de millones de trabajadores asalariados. Ernesto Cordero, que no destaca por sus conocimientos, su capacidad oratoria y su arrastre de masas, piensa posicionarse en la disputa interna del PAN por la obtención de la candidatura a la Presidencia de la República, mediante la adopción de mensajes que no aceptaría ni siquiera el famoso jefe del amarillismo informativo y destacado antimexicano William Randolph Hearst.

Tampoco cantan mal las rancheras los otros precandidatos del Partido Acción Nacional a la Presidencia de la República, entre quienes sobresale el conocido porro y agente patronal, Javier Lozano Alarcón, secretario del Trabajo y Previsión Social; sin embargo, según afirman muchos analistas políticos, el gallo de Calderón es el inefable Ernesto Cordero.

Posteriormente, ya encarrerado, Cordero sostuvo que "hace mucho tiempo que México dejó de ser pobre… es un país de renta media…” De nueva cuenta, gracias a esta tesis sacada de la manga, acaparó la atención de los medios de comunicación tanto impresos como electrónicos, así como algunas críticas de dirigentes partidistas, diputados, senadores, periodistas y académicos.

Carlos Fernández-Vega, analista económico y político de gran prestigio, informa que en México sólo cuatro de cada 100 mexicanos ocupados ganan más de 17 mil 400 pesos mensuales (de 10 salarios mínimos para arriba) y 10 de cada cien entre esa cantidad y 8 mil 730 pesos (de cinco a 10 salarios mínimos). El 86 por ciento restante obtiene mucho menos de 291 pesos por día. En consecuencia, sólo 14 de cada 100 mexicanos ocupados constituirían el país de renta media propagado por el secretario de Hacienda calderonista, es decir, 6.7 millones serían clasemedieros mientras alrededor de 41 millones obtienen de 5 mil 400 pesos mensuales para abajo. De éstos, la mayoría, como cabe suponer, gana mucho menos.

Empero, la derecha en el poder no entiende de razones y sólo se especializa en sostener sandeces mayúsculas. Y Cordero no es la excepción. Por eso planteó con descaro inaudito: "Por primera vez en la historia reciente de México, el salario mínimo ha incrementado su poder adquisitivo, si quieren de manera muy modesta, pero al menos con un salario mínimo cada vez se pueden comprar más cosas y esto es por el control de la inflación y la estabilidad de los precios". De esta manera, salió a la luz otra magnífica corderada, la cual choca frontalmente con las condiciones en que viven los trabajadores asalariados.

No sin razón, SDP noticias lo desmintió en toda la línea: “Falso. En 2006 el Sindicato Independiente de Trabajadores de la Universidad Autónoma Metropolitana (SITUAM), el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la Facultad de Economía de la UNAM, y el Centro de Investigación Laboral (Cilas), dieron a conocer un estudio conjunto en el cual demostraron que el poder adquisitivo del salario mínimo en México se redujo 22% durante el sexenio de Vicente Fox. Peor: unos 30 millones de trabajadores en ese entonces recibían menos de un salario mínimo, convirtiendo a México en el país de América Latina donde hubo la reducción más drástica del salario”.

Líneas después, agrega la misma fuente : “entre 2006 y 2010 el poder adquisitivo del salario mínimo cayó 47.1% , con lo cual alcanza para menos productos de la canasta básica, reveló un estudio del Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM) de la UNAM.

“ Es decir, una pérdida acumulada de casi 70% del poder adquisitivo del salario mínimo en una década, lo cual es peor que las pérdidas del poder adquisitivo que hubo con el PRI en los 80s (50%) y en los 90s (20%).

“ Hay más: en 2010 se redujeron los empleos con sueldos de más de 5 salarios mínimos y aumentaron los empleos de menos de 2 salarios mínimos. Es decir, disminuyó el salario de los mexicanos”.

Por más vueltas que Cordero le dé al asunto, los neoliberales panistas no pueden oscurecer los hechos con falsificaciones groseras de la coyuntura por la que atraviesa el país, y lo cierto es que han empeorado las condiciones de la nación en, prácticamente, todos los órdenes, pero de manera especial en el poder adquisitivo de los ingresos de los obreros, empleados, técnicos y profesionistas asalariados, los campesinos pobres y medios, los artesanos y los pueblos indígenas. La década de dominación panista constituye una auténtica pesadilla para el pueblo mexicano. Los beneficiarios del neoliberalismo son los grandes capitalistas nacionales y los inversores extranjeros.

Así, pues, el PAN es responsable, junto con el Partido Revolucionario Institucional, del desempleo y los salarios de hambre de los trabajadores mexicanos, del desmantelamiento y empeoramiento de la seguridad social, de la expulsión de mano de obra de México hacia Estados Unidos y de la baja en la calidad de la educación. Si a esto se agregan el crecimiento de la economía informal, la desnacionalización del aparato productivo, los retrocesos en la laicidad del Estado mexicano, la peor inseguridad en los últimos 80 años, el ascenso del narcotráfico y el crimen organizado, la proliferación de guardias blancas y grupos paramilitares, la existencia de cientos de presos políticos y el alineamiento internacional con Estados Unidos, se tiene que llegar a una conclusión: el Partido Acción Nacional está reprobado como partido al frente del gobierno y su lugar debe ser el de una modesta secta de oposición de la ultraderecha cavernícola. Se lo ha ganado a pulso. Las corderadas no pueden ocultar esta realidad.

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