lunes, 7 de febrero de 2011

La feria II


Reanudemos el ejercicio crítico cuyo formato dinámico obtuvo gran aceptación la semana anterior. Nótese que no se trata de una lisa y llana afición personal a la censura infatigable del discurso oficial. Por el contrario, es el discurso oficial el que acusa una afición irrefrenable a las alusiones puramente etéreas y a las quimeras verbales obscenamente eyaculatorias. Y sencillamente no se pueden permitir estos atropellos al lenguaje y a la inteligencia sensible del hombre común.

Durante una conferencia que ofreció el representante del capital extranjero en México, Felipe Calderón (el ídolo de Hillary), en el marco de su participación en el Foro de Davos, el jefe del Ejecutivo Federal se refirió con su tradicional estilo escueto y optimista a la situación social, económica y política que vive el país. Su mensaje fue el siguiente: “A pesar de las acciones violentas de los criminales… México es un destino seguro para invertir”.

Quinta –y ahora sí la última y nos vamos– nota marginal crítica: W. Humboldt alguna vez observó: “El hablar es condición necesaria del pensar”. Sin afán de menospreciar el carácter axiomático de esta sentencia, pienso que si Humboldt hubiera tenido el infortunio de escuchar una declaración cualquiera de nuestro estimable presidente (con minúscula) se habría inclinado, con toda seguridad, a tallar en piedra indeleble la aseveración citada, pero al revés: “El pensar es condición necesaria del hablar”. Ya que el señor Humboldt no tuvo la oportunidad de hacerlo, yo si quisiera aprovechar la ocasión para extender una cordial invitación a las autoridades a que asistan a la mucha o minúscula razón que poseen y en virtud de ésta procuren evitar las insensateces retóricas tan nocivas para la salud intelectual… En fin, a manera de ejercicio, tratemos de desentrañar el contenido latente que ocultan las disparatadas acotaciones de Calderón Hinojosa:

Si prescindiéramos de la abstracción cuasi-mística “acciones violentas” y en su lugar operáramos con alusiones concretas, especificas, puntuales, el discurso del mandatario mexicano se vería algo así: “A pesar de los 36,000 muertos que ha dejado mi política errática de combate a la criminalidad, de los cerca de 1,200 menores de edad asesinados en lo que va del actual sexenio, de los casi 19,000 levantones (secuestros) registrados en los últimos cuatro años [cada día hay un promedio de 18 secuestros en el país], del geométrico incremento de adictos a la droga en México [en el periodo 1998-2008 se cuadruplicó el índice de adicción] y que nos remite al esquema fallido referente a la salud pública [¿seguridad nacional?], de la desaparición sistemática de activistas, empresarios, funcionarios públicos y civiles, del incremento exponencial del crimen común a escala nacional, del derramamiento de sangre que “adereza” las contiendas electorales en distintos estados, de la incontenible ola de violencia feminicida en la frontera norte del país, de la flagrante y consuetudinaria violación a los derechos humanos en México y de la escandalosa impunidad reinante, del colapso físico y moral de las instituciones que administran la justicia, de la proliferación de la violencia mediática, del baño de sangre generalizado que no ceja, de las balaceras cotidianas, de los granadazos periódicos, de los cuerpos de hombres y mujeres incinerados, cercenados, barbáricamente mutilados; insisto, a pesar de tales ‘acciones violentas’, México es un destino seguro para invertir… máxime para emprendedores interesados en la carrera armamentística”.

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