domingo, 27 de febrero de 2011

Cardenal: pájaro tropical poeta


La suerte no existe. Dios no juega a los dados con el Universo.

- Albert Einstein

Permítaseme como entremés esto: El escritor nunca sabe qué va a ocurrir con su libro creado. Lo mismo da: correrá con propia suerte, y va a prosperar o ser olvidado, o ambas cosas en su tiempo; de lo único que sabe es del trabajo que le costó, del amor que le puso, y de las dudas afloradas en la creación, sumergiéndole en la desesperanza, y en la sensación de impotencia y rencor. Es el avatar del escribidor que espera ser leído: no vive de lo que escribe. Por decidido amor para seguir escribiendo, se vive de lo buscado intencional o de lo que dispongan las circunstancias, y no existen iguales: mientras Shakespeare escenificaba sus tragedias en Londres con éxito, Cervantes cobraba impuestos para sostener la Armada Invencible en los mares y poder darle al mundo su Quijote. El inglés era próspero, y pobre el español: reflejo en esa época de sus países.

Actualizo: Díjome Augusto Monterroso que para el escritor latinoamericano sus tres cosas más importantes son: las nubes, escribir y si logra esconder lo escrito; porque quien nazca en este hemisferio, y se le ocurra dedicarse a leer y pensar, y de allí a escribir tendrá como gane estas posibilidades: encierro, destierro o entierro (trastocando a estos sustantivos digo: hierro-fierro manufacturado para el ataúd del escribidor).

También por él conozco a su compatriota nicaragüense Ernesto Cardenal: sacerdote y místico, poeta y revolucionario (dualidad compactada); brillante pájaro tropical cantando sus versos o diciendo sus palabras; siempre de profundo buen humor para su defensa entusiasta de los otros (Los olvidados de Dios del cineasta español-mexicano Luis Buñuel), y con regocijo por lo bello y valioso atacar el escarnio y miseria de Nicaragua-Somoza-Dictador. Y en su éxodo americano, decide asilarse en México, y nos honra. Y aquí este pájaro del amor y odio a sus anchas y a gusto canta aunque la rama cruja: En México estos cantos no se daban desde los dados por Pablo Neruda, chileno asilado, en los finales de los 40 en su “Canto General” latinoamericano.

Y aquí el Cardenal libre caminando sobre las aguas y las nubes, y lo más milagroso, sobre la tierra poder desgranar su canto, y creyendo en lo imposible con su cantar es posible para él lograr lo imposible: pájaro con barba Whitmaniana (Venid a mí, poetas/. Soy a quien esperabais/. Por mí seréis grandes: Walt Whitman, norteamericano). Y Cardenal no escribe un solo verso sin estar lleno de vida, sin metáforas-adornos, coronados por amor: “Invito a todos que se acogen al abrigo de estos muros de muerte/, a todos los que lloran en esta margen por un país de amor y eternidades/, a todos los que agonizan sobre femeninas dunas calcinadas/; invito a hacer un viaje, más allá de donde el mar levanta su humareda/, mas allá del horizonte donde el ataúd del mundo definitivamente se cierra/ bajo el peso de un cielo insostenible de lápidas azules/, invito a hacer un viaje, muy lejos de esta tierra, de esta ciudad y su mortaja/, antes que la última embarcación se marchite cercada por el polvo/, porque es necesario partir, porque es necesario partir”.

En el pasado octubre y en la Feria del Libro Universitario en Xalapa sentí a este Cardenal cantando al verlo y escucharlo. Tiene razón Monterroso en llamarlo el Pájaro Tropical Poeta nicaragüense, asilado como él en este país dador: México…

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