lunes, 3 de enero de 2011

Truculento 2010


¿Recuento de los daños colaterales? ¿Daños colaterales del recuento? Desconozco que es más nocivo para la salud mental: ¿los daños manifiestos o el examen de los agravios que trastornaron a México y el mundo durante este 2010? Año fatídico sin lugar a dudas. Cualquiera que sea el enfoque, ya sea personal, íntimo, o general, extrínseco, el sentir es el mismo: quebrantamiento espiritual y somático. El oprobio reclama para sí la dirección del mundo humano. Desvalijado de toda facultad creativa, el pensamiento humano vive una suerte de retroceso: oscurantismo decorado con pinceladas de Juicio. Instintos sublimados que en el vaivén de un pantano movedizo adquieren el rango de Razón. Interpretaciones sobre interpretaciones: refritos teóricos insuperables. Conceptos ampliamente rebasados: la realidad supera la actual capacidad de cognición. Parálisis intelectual: categorías caducas que procuran explicar la actividad humana, y que en su intento imposibilitan fijar y poner en circulación nuevas categorías explicativas.

Atendiendo a este preludio, aterricemos en cuestiones más concretas. En este lúgubre escenario referido confluyen todos los males de cuyos síntomas somos víctimas y victimarios todos los hombres. El 2010 es un año paradigmático en lo concerniente a la capacidad destructiva del hombre. Las muertes causadas por los bombardeos estadounidenses aumentaron a granel, y tales crímenes siguen y seguirán exentos de sanción alguna (Pakistán siendo la más reciente víctima). Con la excusa de una crisis económica, a todas luces inducida, aquellos que se auto-confirieron la posesión y el usufructo del mundo (léase, los conglomerados financieros norteamericanos) han logrado para sí ganancias astronómicas, generando, a la par, extraordinarios cinturones de miseria en todas las regiones del mundo.

En México hemos resentido este implacable atropello quizá como ningún otro país. Con un gobierno consagrado a la satisfacción de los intereses del vecino del norte, la sociedad mexicana ha sido encadenada a un único proyecto nacional cuya única misión es la expoliación de nuestro territorio y nuestro trabajo. En México se hace evidente el papel real y efectivo del Estado moderno: la contención de la desestabilización social dentro de fronteras políticamente decretadas en aras del ininterrumpido lucro a gran escala. El pueblo mexicano está secuestrado: su secuestrador es el Estado. La guerra contra el narcotráfico es el telón que encubre una guerra abierta contra la sociedad. Los costos humanos son altísimos: desde el 2006 se contabilizan 30 mil 200 muertos, la mitad de ellos, esto es, 15 mil, sólo en 2010: el Estado mexicano elimina, con el uso abierto de la fuerza, a la población marginal que el propio Estado engendra. Lo que estamos presenciando es la descomposición social y política de México en su expresión más álgida: una guerra de seres marginales contra un Poder monopólico.

La cotidianidad está impregnada por este conflicto social. La distinción entre lo interno (México) y lo externo (el mundo) es estrictamente nominal e inútil. La polarización y precarización del universo humano, en todos sus rubros y esferas, solo es comparable con periodos decadentes de estadios civilizatorios previos.

El 2010 será, a mi juicio, un punto de bifurcación en la historia moderna: la actual desmembración del mundo humano conducirá a una nueva unidad. Que tal síntesis sea humanamente deseable dependerá única y exclusivamente de nosotros.

¡Que el 2011 sea la bisagra en cuyo seno se reedifique plausiblemente la sociedad!

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