martes, 31 de agosto de 2010

La quiebra de Mexicana

El día de ayer a mediodía la compañía Mexicana de Aviación decidió, ante los problemas financieros y administrativos que atraviesa, suspender todos sus vuelos dejando en el aire (de manera figurada, afortunadamente) a miles de usuarios que habían adquirido ya boletos para viajar.

El objeto de la suspensión es, supuestamente, analizar los esquemas posibles de solución, de manera que la empresa pueda reestructurarse, a través de un concurso mercantil, ya sea financiera o administrativamente.

Es curioso como una compañía que hace apenas tres años realizaba una oferta por más de 200 millones de dólares para adquirir a su competidor directo, Aeroméxico, aparentemente se encuentre en una quiebra virtual.

Más curioso aún, cuando la aerolínea cuenta con dos subsidiarias (MexicanaClick y MexicanaLink), que aparentemente se encontraban operando con normalidad, sin problema financiero alguno.

El gran problema de Mexicana, en realidad, son sus costos de operación. Los trabajadores de la empresa (pilotos, sobrecargos y personal de tierra) tienen un contrato colectivo de trabajo con sus patrones mediante el cual gozan de prestaciones que los trabajadores de otras aerolíneas no tienen.

Desde 2005, en el que Mexicana es adquirida por el Grupo Posadas, los dueños de la empresa han batallado por liquidar el contrato colectivo, mismo que resulta en “pérdidas” para la compañía en términos de pago de sueldos, prestaciones y pensiones.

Las dos aerolíneas subsidiarias de la empresa, Click y Link, al ser de reciente creación, cuentan con un contrato colectivo mucho más flexible que les permite contratar y despedir trabajadores con mayor facilidad, así como menores salarios, jubilaciones, prestaciones y servicios de seguridad social para sus empleados. El convenio firmado en enero del 2007 con el Sindicato Nacional de Trabajadores de Transportes, Transformación, Aviación y Servicios Similares, modificó y flexibilizó las condiciones laborales de los trabajadores, con el supuesto repetido mil veces de aumentar la productividad, en detrimento de los derechos laborales de los empleados.

El margen de ganancia de ambas empresas es, por lo tanto, mucho mayor, puesto que el contrato colectivo de trabajo (al ser mas reciente) no representa una carga económica tan fuerte, y está firmado con un sindicato a la medida, que de manera periódica permite a los dueños de las empresas realizar recortes de personal y baja de salarios sin mayor problema.

Para Mexicana, por otro lado, los compromisos adquiridos por los trabajadores son más de los que los dueños están dispuestos a pagar.

El Grupo Posadas decidió deshacerse de la empresa, y el grupo empresarial Tenedora K (del Grupo Industrial Omega, firma dedicada a los bienes raíces y el Grupo Arizan, negocio de distribución de automóviles) se hizo con el 95% de las acciones de la misma.

El objetivo es uno: reestructurar Mexicana para hacerla rentable una vez más. La estrategia, también: reducir en la medida de los posible las prestaciones y sueldos de sus trabajadores, para atraer así mayor inversión.

A los trabajadores de Mexicana, en adición de no cobrar su salario por 100 días en el caso de los mil pilotos de la compañía y dos meses en el caso de los sobrecargos, se les pide acepten renunciar de manera voluntaria (evitando así el pago de liquidaciones) para contratar de nueva cuenta al 25% del personal bajo un nuevo contrato colectivo que resulte menos oneroso para la empresa.

Estamos hablando de más 8 mil personas que se quedarían sin trabajo, todo ello en aras de disminuir los costos de operación y aumentar el margen de ganancia de la empresa.

Lo más probable es que, al final de esta novela, los nuevos dueños de la empresa logren salvar a la misma de una supuesta quiebra, y a los trabajadores de Mexicana no les quede de otra más que aceptar los lineamientos de trabajo que sus patrones decidan.

El gobierno, por supuesto, no meterá las manos, y de nueva cuenta se pondrá evidencia quién manda: el dinero.

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