viernes, 7 de mayo de 2010

Napoleón Purépecha


Exhorto a todas aquellas malévolas voces que alguna vez arremetieron contra la figura del Honorable Presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa, para que ofrezcan una atenta disculpa a este Gran Napoleón Moderno que a base de entrega y pundonor conquistó la salvación de un pueblo condenado a la eterna penumbra.

¡Sí, señoras y señores! Este hombre, víctima del vilipendio furibundo de bandoleros, resentidos, mequetrefes y verduleras, ha puesto el pecho a las balas y ha confrontado con inexorable gallardía a los predadores infernales que amenazaron con menoscabar la integridad moral, física y humana de las y los mexicanos. Gracias a su valiosa e impávida intervención, México sorteó con éxito aquello que él mismo bautizó, cual paradigma providencial, “Los cinco jinetes del Apocalipsis” (influenza humana, crisis, crimen organizado, sequía y baja en la producción del petróleo).

Siguiendo el tenor de sus ilustradas apreciaciones, debo decir que México no sólo libró plausiblemente los enormes retos que el mundo globalizado y competitivo acarrea, si no que además, logró afianzarse como una de las economías emergentes más dinámicas y exitosas a escala continental y mundial. Es por esta razón, que el propio Presidente, en el marco de su visita de Estado en Alemania, asentó sin titubeo alguno que México “podría cumplir algunos de los requisitos más severos que se les exige a los países de Europa por pertenecer a la Unión Europea.” Sensatas y consecuentes palabras las de nuestro Señor Presidente. De no ser por nuestra condición geográfica, bien podríamos sustituir a la alicaída Grecia y competir de tú a tú con las grandes potencias europeas.

Cierto que nuestra inserción en el Grupo de los Veinte (G-20, que reúne a las economías más fuertes y a las principales emergentes) acarreó un costo político sin precedentes. Numerosos grupos y sectores rezagados, rancios y retrógrados han desplegado una férrea y tozuda oposición al Proyecto Nacional del Presidente y su distinguido séquito de emprendedores. Empero, estos “ciudadanos”, carentes de patriotismo e iniciativa, no podrán frenar nunca el curso y el irrefutable liderazgo de México en todo el orbe. “México es un gigante”, afirma acertadamente nuestro secretario de Economía.

Eran de esperarse estas irrupciones de inconformidad, pues realmente son pocas las mentes visionarias que ven en México un destino ejemplar de inversión en el mundo. La faena no ha sido fácil; y el apaciguamiento de estas fuerzas oscuras y nocivas, menos. En virtud de superar la actual crisis, la Presidencia de la República ha tenido que implementar una serie de medidas de contención a la misma. Gracias al apoyo logístico y financiero del Fondo Monetario Internacional, hemos sido capaces de enfrentar con éxito las fuerzas recesionarias. Esta es la parte que no ven –o no quieren ver- ciertos grupos subversivos, que a diestra y siniestra promueven el desorden e infunden temor a la población. Su nula pericia en los asuntos económicos les impide advertir y apreciar que los programas de austeridad, los recortes al gasto público, el aumento del IVA y de los impuestos especiales, la reducción drástica de beneficios salariales y de pensión, el alza a los precios de productos básicos, la extinción de empresas públicas, el rescate de la banca privada basado en fondos públicos, los recortes presupuestales en materia de educación y salud, en una palabra, la reducción holística e integral de servicios públicos y sociales, forman todas ellas parte de un estrategia sagaz y eficiente para el combate a la pobreza, la inseguridad y el subdesarrollo crónico que padecen las y los mexicanos.

Estas mentes anubarradas, no obstante, no claudican en su intento de injuriar la labor de nuestro Presidente. No comprenden que la única fórmula para restaurar la competitividad de nuestro país es, por un lado, cerrando el déficit fiscal a base de prestamos internacionales y el incremento en la recaudación de impuestos, y por el otro, reduciendo salarios y costes con base en el desempleo generalizado. ¡Maldigo a aquellos ciudadanos que no estén dispuestos a vivir sin empleo!

Está claro que nuestro Señor Presidente, auténtico guerrero purepecha, está dispuesto a hacer todo lo que sea necesario a fin de cumplir con las obligaciones internacionales que recaen sobre sus firmes y gentiles hombros, aún si esto presupone arrojar al vacío –una lástima que no existan campos de exterminación- a todo un pueblo indispuesto al sacrificio.

A aquellos irresponsables que no estén facultados física y mentalmente para cargar con el peso del Progreso de las mayorías, o estén en desacuerdo con los designios de nuestro aguerrido y napoleónico mandatario, les exhorto a que salgan del país y emigren a nuestro estado hermano en la Unión Americana, Arizona, para que aprendan lo que es amar a Dios en tierra ajena.

¡He dicho!

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