viernes, 30 de abril de 2010

Circo, Maroma y Teatro


Es bonito y conmovedor cuando las voces de una nación entera se unifican para apoyar o impugnar solidaria y fraternalmente un mismo hecho. Especialmente cuando se trata de un esfuerzo “fríamente calculado” y en sumo hipócrita.

Con motivo de la reciente aprobación de la ley antiinmigrante, conocida como SB-1070, en el fronterizo y “hermano” estado de Arizona, distintos sectores de la sociedad mexicana (Iglesia, Gobierno, Sector Privado, Sociedad Civil) se alinearon en torno a una misma consigna para condenar esta incitativa a todas luces “Xenófoba”, “Racista” y “Discriminatoria”. Fue una auténtica bocanada de oxígeno en tiempos de irreductible tensión. Desde la presidencia se escuchaban cánticos acongojados en clara señal de lamento y empatía: “De paisano a paisano, del hermano al hermano, por querer trabajar, nos han hecho la guerra, patrullando fronteras; no nos pueden domar...”. La Iglesia Católica mexicana también salió en defensa valerosa de nuestros hermanos migrantes (resulta curioso que nunca haya salido en defensa de las víctimas de pederastia clerical) y reclamó a las autoridades del país “un trabajo más intenso y eficaz”. La iniciativa privada, en la voz del titular del Consejo Coordinador Empresarial, emitió un llamado a la ciudadanía para dejar de comprar productos provenientes de Arizona en rechazo a esta ley que “atenta contra los derechos humanos de los connacionales”.

El primero en increpar osadamente a los promotores de esta norma que criminaliza a los inmigrantes indocumentados en Arizona fue el “Señor Presidente de la República” (nótese el entrecomillado), Felipe Calderón. En referencia a esta ley, el titular del Ejecutivo declaró que se trataba de “legislaciones oportunistas impulsadas en coyunturas claramente electorales, que no garantizan adecuadamente el respeto a los derechos fundamentales de las personas”. (¡Escucharon bien señores legisladores en Estados Unidos, se los dice alguien que conoce bien estos menesteres del oportunismo!). Asimismo, adelantó que en su próxima visita al país vecino en mayo próximo “estará presente el tema, indeclinablemente, de los derechos de los mexicanos en Estados Unidos y en cualquier parte del mundo”. ¡Si, escuchó bien lector, Del Mundo! Este audaz e intrépido mandatario nuestro no solo combate el “narco-terrorismo” y las epidemias sanitarias a escala planetaria, sino que además aboga por el respeto moral y jurídico de los migrantes en todo el mundo. Creo que nunca en la historia de nuestro país había existido un presidente tan ejemplar, y por que no decirlo, heroico.

Sin embargo, dice la sabiduría popular que “del dicho al hecho hay un gran trecho.” Y nada más verídico y puntual que esto último. Lo cierto es que ni Estados Unidos ni México ni ningún país en el mundo han trabajado con seriedad para resolver los profundos problemas asociados con la migración sistemática de poblaciones enteras. Y en esto del olvido y la negligencia no hay país más paradigmático que nuestro querido México. Para muestra un botón.

Hace unos días Amnistía Internacional publicó un informe titulado “Víctimas Invisibles: Migrantes en Movimiento en México”, donde se elabora un recuento de los abusos que sufren cientos de miles de centroamericanos en su intento por llegar a Estados Unidos. Es bien sabido por todos que existen rutas de tránsito de migrantes bien definidas a lo largo y ancho del país. También es conocido el abuso que padecen hombres, mujeres y niños al cruzar por nuestro territorio. El documento inclusive señala que la travesía por México es “una de las más peligrosas del mundo”, pues son las misma autoridades las que “participan en asesinatos, secuestros y violaciones”. Tan solo en el último semestre cerca de 10 mil migrantes fueron secuestrados, una cifra que, sobra decir, no tiene precedentes.

A decir verdad, creo que el presidente mexicano si cuenta con las credenciales necesarias para autonombrarse defensor mundial de los migrantes, pues el rasgo característico de esta espuria iniciativa ha sido siempre la retórica, la demagogia, el engaño. Y si no que le pregunten a los millones de mexicanos que llevan décadas viviendo –o subsistiendo- en condiciones de precariedad y desamparo absolutos en la Unión Americana. Si la ley nunca los amparó en su propio país, menos lo hará fuera de sus fronteras.

Esta aparente consternación de las autoridades en México en relación con la norma SB 1070 y la persecución de paisanos en suelo norteamericano, es apócrifa, simulada, hipócrita. Busca crear una atmósfera de unidad nacional en torno a un mismo asunto en virtud de atenuar el vendaval de críticas que recaen sobre un gobierno y una administración incompetentes, ilegítimos. Pretende desviar la atención de los problemas más profundos y serios que azotan al país. Por ejemplo, la incontenible violencia.

En medio de este simulacro de solidaridad y sentimentalismo fingido, el verdadero gobierno –no aquel que da la cara- ha iniciado la subasta entre inversionistas privados de las áreas que alguna vez pertenecieron a Luz y Fuerza del Centro. Asimismo, ha autorizado la expropiación de miles de hectáreas en el ejido de Cacahuatepec, Gro., para la creación de un proyecto hidroeléctrico que encabeza la Comisión Federal de Electricidad. Esta claro que lo que se pretende es la extensión del sector basándose en fondos públicos para después entregar la obra culminada a la incitativa privada, seguramente de procedencia extranjera.

Así que mientras nuestros honorables representantes dicen sentirse ofendidos por el trato que reciben nuestros paisanos en tierras foráneas, la venta del país a empresas igualmente foráneas se perpetra sin el menor recato y con la entera colaboración de ellos mismos.

En uno de sus últimos alegatos en relación con la ofensiva legal de Arizona, el mandatario Felipe Calderón señaló lo siguiente: “Vamos a actuar, estamos actuando y actuaremos más.”

Señor presidente: De eso no nos queda la menor duda. Los mexicanos sabemos que ustedes no saben hacer otra cosa que actuar, actuar y actuar.

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