martes, 24 de noviembre de 2009

Plazo corto a la manifestación

El aumento al pasaje durantes el jueves, el viernes, el sábado, el domingo y hasta el lunes pasado por la noche por supuesto que generó molestias. Las cifras de las oficinas públicas anuncian horrorizadas que el sueldo mínimo es de 55 pesos al día; que son 14 de transporte si nada más se toman dos camiones y 32 si se toman seis.
En Xalapa el tráfico se volvió a desquisiar. Y hubo una manifestación más.
Bajaron las tarifas, alegarán felices.
Pero la comisión que pudo haber sido construida para organizar los comedores estudiantiles; la comisión que pudo haber conseguido pintura para sus escuelas; la comisión que sin querer se organizó allende la autoridad... sin pedir permiso para manifestar un agravio, sin tener que rendir cuentas a nadie, porque la condición de autoridad está fundada en la rendición de cuentas y la función de ciudadano -sobre todo el estudiante universitario- no está fundada en ningún tipo de rendición de cuentas.

Y para eso me permito tomar una cita de la columna de Katia de Artigues que me dejó sorprendido. Sobre todo porque he seguido los dimes y diretes divinos:

“Ellos lo condenan:

“—(la reforma constitucional estuvo) inspirada en Dios… (él) tomó el control del Congreso en defensa: José Eduardo Ortiz González, coordinador de la Asociación Ministerial Evangélica de Veracruz, al referirse a la reforma con al (sic) cual se penaliza el aborto en ese estado...”

o esta otra, tomada de mi colección personal, con las palabras del obispo de Veracruz, Luis Felipe Gallardo Martí del Campo:

“En cuanto a las limosnas, es como si me quisiera meter a fiscalizar a cada individuo en lo que hace con su dinero. Tú regístrate y paga tus impuestos. No tienes derecho a saber más. El como uno gasta su dinero es cosa privada de cada quien. Hay cosas fiscalizables y cosas que no”.
La coyuntura -la famosa coyuntura- se esfumó en una negociación no fiscalizable... de una comisión que no funcionó con todo el sentido del mundo, aunque sea al revés.
Qué tiempos aquellos -aún comentan algunos- en que en la universidad se discutían los problemas.

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