miércoles, 21 de octubre de 2009

Adelgazando al Estado

De la noche a la mañana. Mientras festejábamos el heroico pase de México al mundial de fútbol, la Policía Federal tomaba las instalaciones de la empresa pública Luz y Fuerza del Centro, encargada de abastecer de electricidad a más de 20 millones de personas. (¿Por qué hubo la necesidad de involucrar elementos policiacos para cerrar una empresa perteneciente al mismo gobierno?)

Al día siguiente nos enterábamos de su liquidación, debido, al menos oficialmente, a la falta de eficiencia en el servicio y a los pasivos que venía arrastrando.

Ríos de tinta han corrido ya desde el 12 de octubre, ya sea a favor o en contra de la acción emprendida por el gobierno de Calderón.

Los que apoyan la medida acusan al SME de ser el culpable de todas las desgracias: que si la inoperatividad de la empresa se debe al contrato colectivo de los trabajadores, que si la corrupción dentro de la misma es propiciada por los mismos miembros del sindicato, etcétera.
Economía, Gobierno, La Voz de la Nación
Pregunto yo: ¿cuál es la diferencia entre el SME y cualquier otro sindicato? ¿Por qué, de repente, la luna de miel entre las agrupaciones sindicales y el gobierno se ha terminado?

¿Se trata acaso de un verdadero golpe al sindicalismo charro que tanto ha servido a las clases poderosas de nuestro país? No se por qué, pero lo dudo.

El corporativismo, mismo que se constituyó a la par del régimen priista y por ende, del México moderno, sigue tan vigente como antes. Ahí están los sindicatos de PEMEX o el SUTERM (electricistas de la Comisión Federal de Electricidad). Por supuesto, el SNTE de la maestra, quién encabeza junto al Presidente la famosa alianza por la calidad de la educación.

La corrupción existe en todos y cada uno de ellos, así como existe en mayor o igual proporción en las esferas de la administración pública. Sus líderes y todas sus fechorías son solapados por los gobiernos mientras les sean rentables política o económicamente. Gobiernos priistas, gobiernos panistas. Mientras los sindicatos, y principalmente sus líderes, sigan cooperando, el engranaje sigue funcionando.

El problema viene cuando se presenta un negocio de miles de millones de pesos (como es el caso, con la concesión de una extensa red de fibra óptica que permite ofrecer los servicios de triple play) y el sindicato se convierta en un obstáculo. Cuidado entonces, que hasta empresas desaparecen.

¿Que los trabajadores del SME gozaban de enormes privilegios? Nadie lo duda: cotizar por 30 años para poder recibir una pensión que alcance para apenas sobrevivir es un privilegio que pocos pueden tener. Preferible liquidarlos ahora a crear un problema como el del ISSSTE.

Las mafias sindicales son, en efecto, uno de los muchos problemas que enfrenta nuestro país. Sin embargo, resulta patético el intento de disfrazar un proceso de privatización diciendo que se trata de un proceso de democratización y modernización de las organizaciones obreras de nuestro país. No se trata de una advertencia a todos aquellos líderes corruptos: se trata de quitar el obstáculo inmediato de enfrente para que el dinero pueda fluir hacia unos cuantos bolsillos.

Sólo en México: mandar a la calle a 42 mil trabajadores cuando somos uno de los países más afectados por la crisis. Solo falta que quieran subir impuestos.

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