lunes, 31 de agosto de 2009

¿Ya lo pasado... pasado?

¿Quién no conoce al príncipe de la canción y a su famosa consigna “ya lo pasado, pasado”?Como estudiante, más de una vez he revisado libros de historia en los que se describe a México y como un país sin oportunidades, oprimido, retrógada y plagado de descontento pasivo. Trescientos años de conquista, alternancias absurdas por parte de los diligentes del poder político y económico y sus correspondientes contrincantes, retrocesos imperialistas, guerras y guerrillas; mientras tanto la explotación ininterrumpida de las mayorías sobremediacadas con paliativos engañsos.

Despues conocer la sangrienta y terrible histora de nuestro país, salgo a la calle y parece que no he levantado la vista del libro, o que sólo he dirigido la mrada a una edición corregida y aumentada. Lo que era un viejo pero importante registro histórico se convirtió en una elaborada y compleja novela contemporánea con todos los elementos necesarios para sorprender a cualquier asiduo lector.

Nuestra realidad social, de repete se muestra llena de vacíos de información y poca transparencia, como las cuentas bancarias de los principales accionista en la Bolsa de Valores; los personajes principales de una eneredada trama que sucede en todos los lugares del mundo y afecta a todas las personas del mundo, son siluetas que visten máscaras de todo los colores y las formas como el principal accionista de una monopolio telefónico o el dueño de la principal distribuidora de maíz; así mismo, el libro de la realidad, se muestra lleno de nudos y coyunturas de tensión que desembocan en desenlaces totalmente inesperados como el hoy tan mediatizado destino de los paramilitares de Acteal, o el triunfo de Salinas en el ochenta y ocho.

Las oportunidades que tiene un mexicano promedio para soñar y (más importante aún) para vivir, son tan reducidas como en los tiempos del porfiriato. Siantes sólo se podía ser peón, ahora se puede ser mesero mal pagado, cajero malpagado, vendedor de rosas, de periódicos, de herbalife, obrero en una fábrica explotadora amparada por la ley. La raya, ahora se llama salario mínimo y cobro de IVA en alimentos y medicinas, impuestos crediticios, etc.

Por otro lado, la pintoresca militarización con quen nos amenaza poco a poco Calderón, es un maravilloso guiño estétco e histórico, a la fuerza militar que oprime al mexicano desde la revolución cuando el estado se nota enclenque frente a una situación de precariedad económica y descontento social, a las viejas represalias militares como en el sesenta y ocho, el noventa y cuatro, y el noventa y ohco.

No hay nada nuevo bajo el sol, el principe de la canción se equivocó y el pasado continua sobre nuestras espaldas, haciendo que nos preguntemos un eterno ¿cómo puede ser?

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