martes, 2 de junio de 2009

El pobre espectaculo

A propósito de la “gran” final del fútbol mexicano nos ha surgido una pequeña y superflua reflexión (aunque no sepamos que reflexiones no lo son), dirigida al gremio futbolero, y es que el vacío emocional que últimamente el fútbol nacional se ha encargado de sembrar en nuestros fanáticos y apasionados corazones, podría ya compararse al vacío que ha dejado el pensamiento en el mundo de occidente.

La selección nacional, culmen de nuestra crisis futbolística, últimamente se ha encargado a la perfección de acrecentar este oscuro vació que se ha apoderado de nosotros - pues mientras los equipos nacionales centroamericanos y del caribe se han dedicado a trabajar y crecer en lo deportivo -, los jugadores “estrellas” del “gigante de CONCACAF” con sus polifacéticas cualidades se han ocupado al parecer de todo menos del fútbol. En el contexto actual del soccer nacional pareciese que la máxima virtud del futbolista ya no es la de cultivar las cualidades técnicas y mentales que un deportista debe desempeñar, esto ha pasado a segundo plano, pues en realidad pareciese que la virtud a la que el futbolista actual aspira se encuentra fuera de las canchas, esta la encontrará saliendo en el mayor numero posible de comerciales y anuncios de revistas o espectaculares, ya sea de tortillas desabridas o tenis coloridos de mal gusto, eso es lo de menos.

Una nueva modalidad para alcanzar tan codiciado status, seguramente de mucho éxito comercial, es la “adivinación”, pues se pronostica con toda seguridad el futuro de un jugador joven, augurándole una trayectoria gloriosa: “éste es nuestro próximo ronaldinho”, y como bien se predijo, una indiscutible carrera llena de éxitos y triunfos, aunque sea en los anuncios comerciales, porque de fútbol no hemos visto mucho. Cosa no de preocupar, habiendo tanto trabajo en las telenovelas.

Lo cierto es que nos importa poco lo que cada quien haga con su vida, ya sea profesional o privada, y aunque sigamos viendo a nuestros jugadores nacionales, confundirse al llegar a la línea de meta, (pues no saben si es mas importante meter un centro preciso o posar con precisión hacia la cámara) y nos sigamos desencantando cada vez más de nuestro fútbol, señores: en las canchas nos gustaría ver un mejor espectáculo. Mejor circo al pueblo.

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