viernes, 22 de mayo de 2009

Construcción de un régimen político mexicano

I
Parte central de la construcción de un régimen propio de nuestro país ha sido el corporativismo, el cuál puede ser clasificado como un corporativismo de segunda generación, en el que la integración de las clases sociales, y una supuesta armonía entre el capital y el trabajo, permiten forjar un patrón de desarrollo.

Hay que tomar en cuenta que el proceso histórico mexicano no se da en un contexto aislado del resto del mundo. Desde la Conquista hasta la Revolución Mexicana, cada evento trascendente dentro de la historiografía nacional corresponde a una realidad internacional que escapa el marco nacional.

No se puede entender el proceso de colonización de la Nueva España sin comprender el surgimiento, auge y declive del mercantilismo como la forma dominante en las relaciones políticas y comerciales de los siglos XVI y XVII.

El proceso de acumulación originaria en México comienza desde la Conquista y se extiende por todo el periodo Colonial. Hablamos de 300 años de explotación humana, especialmente en el área de la minería, que permiten conformar una riqueza suficiente como para buscar la independencia de la corona española.

Liberales y conservadores durante el largo siglo XIX se enfrentan buscando el control de esa fuerza de trabajo, hasta el Porfiriato durante el cuál el desarrollo industrial permite consolidar esa armonía entre el capital y el trabajador asalariado.

Y el gran logro de la Revolución Mexicana, aglutinar a toda esa fuerza productiva dentro de una sola institución, El Partido, garante de la justicia social y la vida democrática del país, defensor de las clases indefensas y aliado de los trabajadores.

La sustitución de importaciones, el crear una industria nacional capaz de satisfacer las demandas de la población y crear una riqueza nacional, aunque esta se quedase en manos de unos pocos mientras que el salario mínimo garantice una vida digna para el asalariado.

Y llegamos a la década de los ochentas cuando el modelo de producción fordista keynesiano deja de ser rentable, cuando se ha alcanzado el tope de la producción, y es necesario un modelo de acumulación flexible que permita al Estado, entre otras cosas, socializar las pérdidas cuando la financiarización y el capital especulativo no puedan sostenerse más.

II

Es indudable que los procesos vividos en México no son propios ni únicos en el mundo. La dominación como parte fundamental de los regímenes actuales, democráticos o no, permite la transferencia y apropiación del valor así como la legitimación de las relaciones de desigualdad existentes en todo el globo.

El régimen político mexicano no es sino una variante más del régimen de dominación y acumulación capitalista existente en todo el mundo. Tiene sin lugar a dudas sus peculiaridades y mantiene una relativa autonomía así como rasgos específicos. pero no hay que perder de vista que es parte un conjunto de elementos que siguen la lógica del capital y hacen de la dependencia mercantil una forma de subordinación social.

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